¿Qué acrobacias políticas debe hacer ahora Angela Merkel? Panorama político de Alemania post elecciones 2017

Ideele Revista Nº 274
Foto: K22H.

El domingo 24 de setiembre de 2017 se llevaron a cabo elecciones generales en Alemania para nombrar parlamentarios y parlamentarias del Bundestag y designar a la persona que ocuparía el cargo de Canciller por cuatro años. Las elecciones pueden graficarse en dos hechos: 1. el espectacular ingreso de la ultraderecha al escenario político del parlamento; y 2. el fin de la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, que había regido durante años los destinos de las alemanas y alemanes.

En la noche del domingo hubo algunos ganadores y muchos perdedores. Entre los primeros se encuentra sin duda el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (Alternativ für Deutschland –AfD), cuya elevada votación (12.6 %) fue un baldazo de agua fría para muchos. Mientras que entre los perdedores se ubican los integrantes de la Unión conservadora de la actual Canciller Angela Merkel (compuesta por la Unión Cristiana Democrática –CDU y la Unión Cristiana Social de Bavaria –CSU), que perdió ocho puntos porcentuales en total respecto de su elección anterior (pasó del 40.5% en el 2013 al 32.9% en el 2017). Esta votación, a pesar de que le alcanza para continuar en el cargo de Canciller, representa su segundo peor resultado a lo largo de la historia. En las últimas semanas de la campaña, los dos grandes partidos de la Unión conservadora (el CDU y el CSU) cayeron en las encuestas aceleradamente y muchos culpan de ello a adormecedora estrategia de Merkel.

La gran ironía de estas elecciones es que el estilo de Angela Merkel mostró ser un lado positivo para ella, pero negativo para su partido. Su estilo de hacer política, que apunta a buscar consensos, apropiarse de las posiciones de otros partidos y evitar el debate abierto, logró hacer de ella un personaje intocable, en el sentido de que las críticas contra ella no tenían mayor impacto en su imagen. Sin embargo, estas mismas críticas rebotaban sobre su partido (CDU) y acabaron sustrayéndole el respaldo de la población. En ese sentido, en el debate público alemán es muy recurrida la metáfora del Teflón para referirse a la actual canciller.

Fue justamente esta característica la que hizo ahora que la Unión haya perdido tantos puntos y que el otro partido de la gran coalición (el SPD) proclamara que prefería irse a la oposición antes de desaparecer en otra gran coalición con Merkel y el CDU/CSU hasta el 2021. Y es que el SPD está obteniendo cada vez menos votos: su resultado actual (una diminución de 25.7% en el 2013 a 20.2% en el 2017) fue el peor desde la guerra. Al renunciar a la posibilidad de seguir en el gobierno, como parte de la gran coalición, el SPD casi que obliga a los demás partidos negociar una combinación nueva para formar gobierno. El resultado podría ser la coalición llamada Jamaica, por los colores de los partidos involucrados (negro de la Unión, amarillo de los Liberales y verde de los Verdes).

Durante los últimos ocho años, el bloque centrista que fue la coalición de los dos grandes partidos había dejado muy poco espacio a la oposición e inhibió necesarios debates sobre los problemas del país. Esto le ayudó a la agenda populista de ultraderecha de AfD.

Alemania, a pesar de estar bien económicamente según algunos indicadores, sufre desde hace varios años una precarización laboral profunda. La brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande. A muchos jubilados no les alcanza la pensión y se van a los basureros públicos a coleccionar botellas. Berlín es la capital de inquilinos atrapados en un círculo de desempleo, adicción y problemas sociales. Aún con el recientemente introducido salario mínimo, muchas personas ganan tan poco que tienen que someterse a recibir subsidio. Este subsidio básico, pagado por el seguro de desempleo que cada empleado paga, requiere un escrutinio total de los bienes y las cuentas del recipiente. Además hay que estar disponible para el mercado laboral 24/7. Si uno quiere salir de la ciudad de residencia, aunque fuera para una visita familiar el domingo, hay que pedir permiso. Adicionalmente existe una crisis en el sector del cuidado (cuidado de anciano, niños, enfermos, etc.) que se manifiesta en la ausencia de profesionales para el sector. Por ende, muchos ancianos y enfermos no reciben una adecuada atención.

"El miedo al desconocido y la ignorancia alimenta el racismo, mientras la convivencia real lo disminuye".

Como si fuera poco, hay dos tendencias sociales que se han desarrollado desde hace decenas de años. La reunificación apurada en el año 1990 creó problemas sociales, cuyo precio lo estamos pagando hasta hoy. La mayoría de los votantes del partido de ultraderecha provienen de la antigua República Democrática Alemana y son hombres blancos. El AfD, que surgió durante la crisis del euro en el 2013 como un partido escéptico a la Unión Europea, ha triplicado su número de votantes a nivel nacional en tan solo cuatro años y tienen representantes en cada uno de los 16 estados de Alemania. ¿Cómo consiguieron ese éxito? Con una mensaje claro que exacerba tendencias racistas, sexistas e antidemocráticas que ya existían, incentivándolas con Fakenews (noticias falsas), provocaciones calculadas y una interpretación apocalíptica de la realidad alemana. Esto va de la mano con el crecimiento de tendencias nacionalistas y xenofóbicas en el país. Grupos nacionalistas han aprovechado como caudal político la llegada a Alemania de miles de refugiados, sobre todo de creencia musulmana de Siria. Sin embargo, es curioso que el rechazo y la islamofobia es más grande en regiones donde menos migrantes y refugiados viven. El miedo al desconocido y la ignorancia alimenta el racismo, mientras la convivencia real lo disminuye. En ese sentido, las estadísticas muestran que localidades que menos migrantes reciben en Alemania del Este, votaron en mayor medida por el partido de ultraderecha.

Frente a ese escenario, a los demás partidos (CDU, CSU, SPD, FDP, die Grüne -los Verdes, die Linke -la Izquierda) ahora les tocará el reto de enfrentar a la ultraderecha sin caer en la lógica de volverse ultraderecha ellos mismos.

El SPD ya se está reorganizando como partido de la oposición. Muchas voces críticas que se mantuvieron calmadas durante las campañas, ahora se proclaman en favor de menos estructuras rígidas, más jóvenes y mujeres, menos poder para los funcionarios. Como consecuencia de la noche de las elecciones parece asomar una ola de políticos nuevos, atraídos por la promesa de renovación.

Dentro de la Unión conservadora, compuesta por la CDU y CSU hay dos tendencias. El CDU opta más por un curso centrista, mientras que el CSU se destaca en ocasiones pescando por el voto derechista con posiciones populistas. En las negociaciones de la coalición Jamaica, es probable que ellos intenten otra vez imponer posiciones derechistas, sobre todo en el área de inmigración.

El partido liberal (FDP) no había entrado al Bundestag en las elecciones del 2013 por no alcanzar el porcentaje mínimo requerido (5%). Por su trabajo durante la legislatura 2009-2013, el FDP en coalición con la Unión es recordado por regalar beneficios de impuestos a su clientela élite. Esta vez, tras una campaña de diseño moderno y centrada en un candidato joven, volvieron exitosos con 10.7%. Su campaña fue marcada por un enfoque en el tema digitalización, muy necesario y poco trabajado por los otros partidos, a pesar de que la infraestructura digital en muchas áreas de Alemania queda detrás de países pobres por falta de cobertura y velocidad. Además el FDP dio que hablar por un fuerte euro-escepticismo y la toma de posiciones derechistas en cuestiones de migración.

Los ambientalistas (Verdes) que comenzaron cómo un partido de rebeldes alternativas hace algunas décadas, hoy día representan más bien gente de clase media con conciencia ambiental y antiracista, pero pragmática. En estas elecciones ganaron un poco de votantes (de 8.4% en el 2013 a 8.9% en el 2017), pero son el partido con menos asientos en el parlamento.

Por otro lado, aunque los resultados del partido la Izquierda muestran también cierta mejoría (de 8.6% en el 2013 a 9.2% en el 2017), lo más probable es que ella no se sume a una coalición que forme gobierno. Los partidos conservadores se niegan a entrar en coalición con ellos, basado en cuestiones ideológicas. Sin embargo, la Izquierda, los Verdes y los socialdemócratas (SPD) comparten muchas posiciones. En varios de los estados federados alemanes ya han habido coaliciones entre ellos, pero nunca a nivel nacional.

Toca ver cómo estos partidos negociarán los acuerdos de coalición. Para Merkel, los Verdes y las voces progresistas dentro de la CDU, podrán servir cómo un escudo contra tendencias de derecha. Hasta para una buena mediadora como ella, va a ser una acrobacia política desafiante arribar a los consensos necesarios para formar gobierno.

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