“Es lo que hay”

Ernesto de la Jara Abogado. Fundador y exdirector del Instituto de Defensa Legal
Ideele Revista Nº 256
(Caricatura: Carlín, Diario La República)

Así como el “ahí” se convirtió en una respuesta habitual frente a “¿cómo estás?”, ahora ha surgido el “es lo que hay”, como una manera de justificar que debemos resignarnos a nuestra realidad y a actuar a partir de ella y no desde nuestros deseos. En estos tiempos se usa mucho respecto a la contienda electoral en curso: Hay que optar entre lo que hay. Esta es una reflexión a contracorriente de la cultura-breve.

Terminamos el año en el umbral del fin del gobierno de Humala, entrando a la recta final de un proceso electoral que, ya está claro, se basará en golpes bajos, y que nos puede llevar a un nuevo gobierno igual o peor que el que termina. Aunque hay algunas opciones mejores y otras peores.

El fin de Humala
En pocos meses, el presidente Humala llegará al fin de su mandato. Noticia que hay que valorar por varios motivos. Primero, porque termina un mal gobierno; segundo, porque gracias a Dios que pudo llegar al final (su aislamiento y los golpes de la oposición llegaron a poner en riesgo este desenlace), y por último, porque se va sin intentar quedarse, por más que su debilidad debe de haber sido la causa que no le permitió siquiera contemplar la posibilidad (¿alguien lo habría acompañado?).

El punto de partida es que es mucho más lo que hizo mal o dejó de hacer, que algunos de sus aciertos.

La absoluta falta de liderazgo desde el primer momento y hasta el final es la primera crítica que se le puede hacer. Ello contribuyó al surgimiento de la idea de la “pareja presidencial” (tan eficazmente lanzada por García). Hasta hubiera sido mejor que nos tocara un ex militar que gritara al hablar o se comportara como si estuviera en un cuartel, y no uno que se ganó el apelativo de “cosito”.

El constante maltrato y expulsión de sus aliados y militantes apenas se inició el gobierno (Salomón Lerner, por ejemplo), no solo habla muy mal de la pareja presidencial, sino que fue un error garrafal. Provocó que desde muy temprano se quedara sin operadores políticos y que terminara con una representación congresal mínimo. Y si la acostumbre era no tener consideración con los suyos, cómo no entender que se haya tratado pésimo a los de afuera, cuando no todos tendrían que haber sido enemigos.

Quienes votaron por Humala, creyendo en él y en su plan de gobierno, tienen toda la razón de acusarlo de haber traicionado sus promesas y al grueso de sus electores. Humala no solo no cumplió con sus planteamientos, sino que se apegó rápidamente al sector empresarial más conservador, dándole casi todo de lo que exigía sin pedirle nada a cambio.

Un ejemplo, en esta línea, es el tratamiento que se le ha dado a los conflictos sociales, tan importantes para el Perú y la mayoría de los países en la región (según el último reporte de la Defensoría del Pueblo son 143 casos). El presidente Humala comenzó promulgando la Ley de Consulta en Bagua, y terminó dando normas que en la práctica significan una flexibilización de las obligaciones que las empresas tenían que cumplir a favor del medio ambiente y de los derechos de las comunidades indígenas y la población local (procedimientos más rápidos y con menos garantías, eliminación de sanciones por violar normas, entre otras).

Los empresarios le recriminan al presidente todo lo contrario, que no llegó a cumplir con la imposición de los proyectos cuestionados, tal como prometió (Conga va ); pero lo que realmente ocurrió es que lo intentó y con fuerza, pero sin poder doblegar la oposición de la población.

A este nivel el gobierno actual, al igual que el anterior, cayó en lo que internacionalmente se conoce como la “criminalización de la protesta”, al haber dejado un número significativo de muertos, heridos y detenidos como parte de su respuesta a los conflictos sociales (la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos registra 50 muertes y 750 heridos). Aun en casos en que determinados sectores de la población incurren en actos de violencia totalmente condenables, que también originan muertos y heridos de policías (también víctimas, ya que se les manda sin preparación y sin las armas adecuadas), el desafío de un estado democrático es saber responder con energía pero sin cometer excesos. Más si eso es lo que ofreció una y otra vez durante la campaña electoral.

Lo más grave es que hasta ahora no se avizora la vía que podría hacer compatible todos los derechos e intereses que están involucrados en el funcionamiento de las empresas extractivas.

Y encima tampoco ha habido una buena y oportuna reacción frente a la caída de los commodities. El 2015 fue bautizado como el “año de la diversificación productiva”, pero no solo no se ha tomado ninguna medida concreta en esa dirección (mas allá de un plan de diversificación que no termina de despegar), sino que las esperanzas económicas siguen puestas principalmente en que no caigan más los precios de los minerales y en que prosperen determinados proyectos mineros que se han ido paralizando, por desavenencias con la población (según el Instituto Peruano de Economía son 15 los proyectos paralizados). ¿Pero, por qué habrían de prosperar, si no ha habido un cambio de la situación y no se ha diseñado un plan que permita llegar a acuerdos?

En (in)seguridad (el problema considerado por la población como el número uno, según las encuestas), el presidente empezó anunciando que él en persona presidiría el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, pero inmediatamente se desentendió del problema. Y terminaron pasando siete ministros del Interior.

Muchas normas, compras, discursos de mano dura, propuestas inviables (¿prosperará la eliminación del 24 x 24, sin un verdadero incremento de remuneración?). Pero sin reformar la policía, luchar contra corrupción en, cambiar la situación de las comisaría e iniciar una nueva formación parcial.

El resultado ha sido fatal: incremento del crimen organizado, enfrentamiento entre mafias, sicarios, delincuencia común generalizada y muy violenta.

La incapacidad del gobierno frente a este problema, se expresa también en el hecho de que se haya terminado recurriendo a la declaratoria de emergencia, por ahora en el Callao, pero diciendo que no le temblará la mano para hacer lo mismo en otras zonas del país. Una medida así quiere decir que no se está priorizando el desarrollo de la “inteligencia” o la colaboración eficaz, que ya han demostrado ser mucho más útiles.

Un abuso sumamente grave ha sido los innumerables seguimientos realizados por la DINI (se dice que fueron más de 100 mil personas), las búsquedas en la Sunarp y las escuchas ilegales, por más que no hayan pasado a mayores en términos prácticos, y que Villafuerte no terminó siendo un nuevo Montesinos, como algunos vaticinaron.

En derechos humanos, se continuó con la línea de no proporcionar la información existente en los archivos oficiales sobre las violaciones de derechos humanos ocurridas durante los años de violencia política, lo que permitiría destrabar los juicios pendientes. Tampoco se ha hecho nada respecto al plan nacional que se viene exigiendo para encontrar los restos de más de los más 16,000 desaparecidos. En cuanto a las reparaciones a favor de las víctimas, puede ser verdad que este gobierno haya asignado más recursos económicos que los anteriores, pero es una burla el monto fijado: S/. 10,000 soles por única vez, sin importar el número de víctimas y de familiares

El balance del gobierno en cuanto a corrupción es también negativo. No se ha tomado las medidas necesarias para fortalecer a las instituciones encargadas de luchar contra ella; por ejemplo, no se le ha asignado, los recursos económicos requeridos por los juzgados, fiscalías y Tribunales especializados, ni se han fortalecido las procuradurías, atentando más bien contra su independencia.

El gobierno alega a su favor que durante su gestión se ha golpeado a la mafia de Orellana y Álvarez, cuando no existe razón alguna para que se atribuya estos éxitos , que sido productos de acciones de determinadas autoridades y de la presión de periodistas de investigación, organizaciones de la sociedad civil y de la ciudadanía en general. Lo mismo se podría decir frente a la captura de Martín Belaunde.

La primera dama en su laberinto
Lo que viene sucediendo con la primera dama empeora el balance del gobierno en el ámbito de la corrupción. Es Nadine misma la principal responsable de que las sospechas contra ella hayan ido creciendo. En lugar de salir inmediatamente a explicar los ingresos bancarios que con razón se le cuestionaron, optó por una estrategia destinada a cerrar las investigaciones en base a recursos procesales.

Esta fue su estrategia, por ejemplo respecto a la investigación que le abrió una de las fiscalías por lavado de activo, apelando a “la cosa decidida”, a través de un habeas corpus, que fue declarado fundado en dos instancias, pero que terminó siendo desestimado por el Tribunal Constitucional (TC).

Sobre esta decisión del TC, en honor a la verdad, habría que decir que como había fundamentos para fallar en uno u otro sentido, sorprendió que la sentencia haya salido por unanimidad. ¿Qué tanto funcionó - por lo menos frente a algunos de los magistrados la fuerte presión política que se hizo desde el Congreso, entidad que puede destituir a los miembros del TC?

Ahora, también es objetivo que la anterior investigación a la que se agarraba Nadine había sido muy floja y adoptada por fiscales cuestionados. Además, a la primera dama no le convenía para nada tratar de evitar la justicia a través de ese tipo de métodos, a no ser que no tuviera elementos de defensa, tal como dio la impresión.

Luego incurrió en una serie de contradicciones gravísimas frente a las agendas, al decir primero que no eran de ella y después reconocerlas. Su resistencia a realizar la pericia grafotécnica pesa mucho también en su contra.

Se dice que todo tendría que ver con una serie de irregularidades relacionadas con la financiación de las dos campañas de Humala, en parte proveniente de Chávez. Aun si esta hipótesis fuera cierta, y así sea verdad que la mayoría de los partidos políticas han sido acusados de lo mismo, la primera dama no está exonerada de culpa y está obligada a responder.

Varias de las investigaciones que se le han abierto (van ocho) carecen de fundamento (por ejemplo la de usurpación de funciones), pero hay otras que sí tienen sustento, por lo que en ellas se debe de llegar al fondo del asunto, sin permitir que se vuelvan a evitar apelando a argumentos formales. Ahora parece que se usará el de “la prueba prohibida”, pero el Tribunal Constitucional tiene una línea jurisprudencial que permite hacer apreciaciones diferentes, en función del tipo de caso, por más que la Corte Suprema se acaba de pronunciar inexplicablemente en sentido contario (caso Rómulo León Alegría y Químper).

Keiko Fujimori va primera en las encuestas y podría ganar las elecciones, pero eso no quita que participó de un régimen que saqueó el país, dio un golpe de Estado, controló a los medios de comunicaciones y a las instituciones e hizo un fraude electoral

La concentración de medios
Sin embargo, el hecho de que haya elementos suficientes para que la primera dama tenga que responder ante la justicia, no impide reconocer que ha habido desde el comienzo del gobierno –años antes de que aparecieran las agendas– una campaña feroz contra ella, proveniente del Grupo El Comercio y de la oposición, fundamentalmente de apristas y fujimoristas. Que en una encuesta de Ipsos haya salido que la gente cree que Nadine es más corrupta que Montesinos y García es una señal inequívoca de esa campaña. No se trata de quién robó más o menos, sino de que es muy elocuente que exista una percepción que objetivamente no tiene nada que ver con la realidad.

¿Por qué el Grupo El Comercio le ha dado sin piedad tanto palo a Nadine y a Humala, si ellos se apegaron desde el comienzo a intereses que no están reñidos con los de ese grupo? Es una pregunta válida, que muchos se formulan, frente a la que se pueden hacer una serie de reflexiones, pero que escapan al hilo conductor de estas reflexiones.

Lo positivo
Entre los puntos positivos que habría que reconocer al gobierno está, en primer lugar, el desarrollo de los programas sociales (la inversión social se ha incrementado en más de un 50%). También lo que se está haciendo en el último período en educación. La sentencia de la Haya (pero lo que viene sucediendo le da la razón a quienes dijeron que lo resuelto no significaba el fin del conflicto fronterizo con Chile). El haber tenido como ministros y en algunos otros cargos públicos a gente honesta y capaz (aunque dándoles muy poco margen de acción). La continuidad de una estabilidad económica de por sí importante (la caída reciente se debe más a factores externos). El respeto en lo fundamental de la institucionalidad democrática, comenzando por la libertad de prensa, y, por último, el no haber indultado a Fujimori.

Opiniones de un testigo (no garante) de la juramentación en San Marcos
¿Este balance donde prima claramente lo negativo, debe llevar a que el grupo de testigos que para apoyar a Humala promovió abiertamente en el 2011 el juramento de Humala en la Casona de San Marcos a favor de la democracia (del que formé parte), debe de arrepentirse? Por lo menos en mi caso –y creo que en el de muchos– la respuesta es no, y estoy seguro que lo volvería a hacer, por varias razones.

Primero, porque sigo creyendo que el regreso del fujimorismo a través de Keiko era –y es– lo peor para el país. Fuimos muchos los que, bajo esa premisa, y en las circunstancias de la segunda vuelta en el 2011, creímos que solo habían en realidad dos opciones: a favor de Humala o a favor del fujimorismo. La pasividad o el voto en blanco o viciado jugaban en pro de Keiko, ya que si se dejaban las cosas tal como estaban, sin hacer que Humala sumara algunos puntos, como provocó el juramento, era un hecho que ganaba Keiko.

La segunda razón por la que no me arrepiento en absoluto, tiene que ver con la diferenciación que hay que hacer entre quienes votaron a favor de Humala por convicción y expectativas, de quienes lo hicimos solo por considerar que era “el mal menor”, manteniendo serias “dudas” frente a lo que podía ser su gobierno, pero dudas que en el caso de Keiko se convertían en “certezas”, dada su trayectoria fujimorista (expresión y comparación creadas por Steven Levitsky).

Cinco años después, muchos creemos que esas dudas –pese al balance negativo del gobierno– se resolvieron favorablemente: Humala no se va a quedar en el poder; no fue un satélite de Chávez; no fue un populista radical que tiró por la borda el crecimiento económico; no optó por una posición belicista frente a Chile; ha respetado básicamente la institucionalidad democrática. A este nivel, Humala sale mucho mejor de lo que podría haber sido.

¿Y el capitán Carlos? Ningún punto del juramento estaba referido a él. Desde el primer momento quienes apoyamos a Humala para impedir que regresara el fujimorismo, reconocimos que el caso Madre Mía –más allá de la absolución que había habido a favor de Humala– era un sapo amargo que había que tragarse. Nunca se omitió el punto.

Pero por lo menos no eran los innumerables sapos que tenían que engullirse quienes optaron –directa o indirectamente– por el fujimorismo. Además, ya había un precedente similar que tuvieron que soportar hasta los que en el 2011 no querían aceptar a Humala como el mal menor en nombre de los derechos humanos: cuando se votó por García –indiscutible violador de derechos humanos–, quien en el 2006 era para muchos – yo incluido , el mal menor frente al Humala de ese entonces.

La oposición
El hecho de que el gobierno haya jalado, con una nota baja, no quiere decir que la oposición haya aprobado.

Un escenario en que el pésimo nivel de la gran mayoría de los representantes de la oposición ha sido clarísimo –aunque compartido con el oficialismo– es el Congreso.

Dejando de lado pleitos bochornosos e insultos que llegaron hasta mentadas de madre, la pregunta fundamental es: ¿Cuáles son las normas importantes que se han dado en estos 5 años? Tal vez se podrán mencionar algunas (tipo la ley de educación, por más que tuvo una fuerte oposición), pero el ejercicio de la función de legislar ha sido pobrísima. Se podría decir que ha primado el rol de fiscalización, dado los graves casos de corrupción que se han ido investigando, pero es indudable que gran cantidad de comisiones de fiscalización (con muy pocas excepciones), han sido neutralizadas por los sectores políticos justamente investigados, presentes en el mismo Congreso. Esas comisiones han significado más bien plata al agua, como muchos han dicho.

Los acuerdos bajo la mesa han sido también una constante (en el oficialismo, pero también en la oposición). El principal ha sido sin duda la famosa repartija, en la que, calculadora en manos, los diversos sectores políticos se repartieron cuotas en cuanto a quienes deberían ser los miembros del TC, el Defensor del Pueblo y el Presidente del BCR. Felizmente, la indignación ciudadana, los hizo retroceder.

Una gran cantidad de congresistas han ido dando señales de una absoluta falta de capacidad para ejercer el cargo, y de una inmoralidad expresada en la comisión de delitos, frente a los que muchos se han salvado a través del típico mal uso de la inmunidad parlamentaria.

El oficialismo y oposición son también responsables de que en los últimos años no haya habido un solo debate público de fondo. En estos 5 años, la política se ha reducido fundamentalmente a una sucesión de escándalos y escandaletes. Muchos de ellos merecían atención, ya que no eran asuntos menores, al estar vinculados a graves casos de corrupción; pero se debió encontrar la manera de abordar los problemas principales del país. La consecuencia ha sido que la política y sus representantes han bajado varios peldaños más.

Otra de las faltas que se le podría achacar a la oposición es su embestida sin tregua contra el gobierno, la misma que hay que distinguir de las fuertes críticas válidas que han provenido de analistas políticos.

Los ataques al oficialismo siempre dan réditos políticos, mucho más si se trata de un gobierno aislado, que le cuesta entender que no está en condiciones de seguir atacando a todos, sin operadores políticos y llenos de puntos vulnerables por su propia culpa. Pero esta vez, en ciertos casos de algunos sectores políticos dicha actitud respondía a razones adicionales muy concretas. En el caso de los apristas, ellos querían firmar la paz pero a cambio del cese de la Megacomisión que investigaba los narcoindultos y otras graves denuncias contra García. Mientras que el humor de los fujimoristas, por lo menos en los primeros años, dependía de si el gobierno cerraba las posibilidades del indulto a Fujimori.

En sentido contrario a lo dicho, hay quienes opinan que más bien la oposición ha ayudado al gobierno, ya que siempre acudió –dejando los ataques destemplados del oficialismo– a los sucesivos llamados al diálogo (el de Ana Jara, el de Cateriano, entre otros). Pero todos sabemos que esas rondas de negociaciones son fundamentalmente para la foto.

También se dice que por la orfandad del gobierno y su bajísima popularidad, más las acusaciones de corrupción contra la primera dama, la oposición se podría haber tumbado al presidente Humala mediante la figura de la vacancia, y que más bien se le perdonó la vida. Ahora, dicho desenlace no se produjo, pero se llegó a discutir, y por suerte todos se convencieron que a nadie le convenía, dada lo cercanía de las elecciones.

Que hay que bailar, hay que bailar. Bien, regular o pésimo, pero el bailecito es clave. Y hasta ahora el ganador indiscutible en esta categoría es Acuña, con el “totó”, bailado por la Yahaira Plasencia, aunque Keiko no se queda atrás con su Tony Rosado. 

Elecciones y realpolitik
Al ver a los candidatos que van en los primeros puestos de la encuesta es imposible –en la gran mayoría de casos– dejar de asociar sus nombres a la palabra corrupción.

Keiko Fujimori va primera en las encuestas y podría ganar las elecciones, pero eso no quita que participó de un régimen que saqueó el país, para lo que se dio un golpe de Estado, se controló a los medios de comunicaciones y a las instituciones y se hizo un fraude electoral para perpetrarse en el poder (ella era la primera dama, vivió en el SIN durante muchos años, se le pagaba sus estudios por vías no convencionales). Ello fuera de las muchas acusaciones que en los últimos años ha habido contra importantes fujimorista.

Contra García han habido serias denuncias e investigaciones sobre actos de corrupción, de las que se viene salvando a través de mecanismos como la prescripción y acciones de amparo. Digamos que no es poca cosa haber concedido más de 5,000 indultos o conmutaciones de penas a favor de delincuentes condenados, entre ellos más de 3000 narcotraficantes.

Toledo tiene Ecoteva y Acuña innumerables denuncias de tipo penal. No hay duda que en esto PPK gana por goleada. No es lo mismo que hayan personas que lo acusan política y periodísticamente de hacer lobby a favor de determinadas empresas, que estar vinculado a casos de corrupción.

En el ámbito de violaciones de derechos humanos vinculadas a violencia política también hay una disputa para ver quién de los candidatos resulta ganador. Fujimori: Grupo Colina, Cantuta, Barrios altos. García: Penales, Rodrigo Franco.

No habría que mencionar a Urresti porque el nacionalismo prácticamente no aparece en las encuestas, pero digamos de todas maneras que es nefasto que Humala y Nadine se hayan atrevido a poner como su candidato a alguien que está enfrentando un juicio por el asesinato del periodista Bustíos.

Una segunda reflexión sobre el proceso electoral ya iniciado, tiene que ver con el discurso de cada uno. ¿Quién está diciendo mínimamente la verdad de lo que piensa y haría si llega al poder? Es obvio que pragmáticamente hay que buscar sintonizar con los electores, sobre todo con los sectores mayoritarios. Sería absurdo, por ejemplo, exigirle a un candidato que salga a decir que la desigualdad le interesa un bledo, por más que ya ha demostrado que es así; pero en la mayoría de los casos, es evidente que lo que sostiene es exactamente lo opuesto a lo que se cree. ¿Cuántos saldrían airosos si se les somete a un detector de mentiras?

La política no es cosa de vírgenes
No es cosas de vigentes, efectivamente, pero tampoco de piratas. Las alianzas que se han dado entre las organizaciones políticas esta vez han excedido todo límite. Los que fueron juntos la vez pasado ahora se repudian, y quienes se odiaron en el 2011 ahora se aman. El premio mayor se lo lleva sin lugar a duda la alianza entre Alan (Apra) y Lourdes (PPC), enemigos a muerte que antes se han acusado de todo.

El impensable amor entre el fujimorismo y Vladimiro Huaroc habla pésimo de ambos, y nada se diga de Vilcatoma, quien de supuesta luchadora anticorrupción terminó con quienes representan el régimen más corrupto de nuestra historia. La incorporación de Anel Townsend a la organización de alguien como Acuña pasará a ser un ejemplo histórico del oportunismo político.

Que el sector de la izquierda compuesto por Únete (Gonzalo García) y Bloque Nacional (Tejada) haya buscado a Democracia Directa (un vientre de alquiler bastante impresentable) para participar en la elecciones, también ha sido fatal. PPK, si bien se ha mantenido muy distante a este tipo de amarres, tampoco se salvaría, si se confirma que está llevando como vicepresidenta a Mercedes Araoz, quien no tuvo ningún reparo en ser Ministra de García y luego su candidata a la presidencia, además de vinculársela a los sucesos de Bagua por sostener que si se derogaban los decretos en cuestión se caía el TLC con EE.UU, algo que después se demostró que no era verdad (y eso, sin contar la incorporación previa de Heresi). Si Susana Villarán ha renunciado a su partido –hecho de por sí criticable– para unirse a Acuña o a Toledo –Ecoteva sería parte de lo mismo. Y la lista continúa: el ético pastor Lay con Acuña. Solidaridad Nacional con la casi inexistente UPP (aunque acá hay una cierta coherencia), Simon expectoró a Guerra García –multi camisetas– “porque no hizo clic”.

Todas estas alianzas responden a objetivos políticos que hay que analizar, pero no está mal pasarles antes un escáner para medir estándares mínimos de honestidad.

También es increíble ver a quienes hasta hace muy poco defendían con supuesta pasión y convicción a determinadas personas (sea autoridad o posible candidato), hacer ahora lo mismo pero frente a alguien completamente distinto. O a quienes hasta hace poco defendían lo indefendible de Nadine y Humala, convertidos en el cuchillo de ellos. Ya las salidas tirando la puerta de una serie de personajes vinculados a las organizaciones con pocas posibilidades electorales, anunciaban estos cambios de camiseta.

¿Y dónde está la izquierda? Simplemente no está. Y es lamentable porque podría expresar las demandas de un sector de la población. Verónica Mendoza, quien tiene las mayores posibilidades en este sector, aparece en las encuestas con solo un dos por ciento. Además, hasta ahora no se le ha escuchado propuestas relevantes y viables. Y así como la honestidad es un punto a su favor, no condenar de manera categórica lo que está sucediendo en Venezuela es un punto en contra.

También cabe preguntarse si, ¿alguien como Arana, pese a no tener el carisma de Mendoza, no podría haber canalizado mejor la posición del post extravismo, la que –más allá de que no se comparta– sí es una diferencia esencial frente al modelo que defienden los otros candidatos?

El otro sector que hay que contemplar, porque puede terminar siendo, sobre todo en la segunda vuelta, es el porcentaje significativo importante de la población que no se siente identificada –aunque por razones muy diferentes en cada caso– con ninguno de los candidatos y de las posiciones en pugna, y que terminará escogiendo al mejor (o al menos malo) entre lo que hay.

Al son del Totó
No podemos cerrar estas reflexiones sin referirnos al aspecto musical de la campaña. Que hay que bailar, hay que bailar. Bien, regular o pésimo, pero el bailecito es clave. Y hasta ahora el ganador indiscutible en esta categoría es Acuña, con el “totó”, bailado por la Yahaira Plasencia, aunque Keiko no se queda atrás con su Tony Rosado.

 

Nota final
Este texto fue escrito antes que se anunciara la postulación de Susana Villarán como primera vicepresidenta en la fórmula de Urresti, por el Nacionalismo. Se trata, sin duda, de un suicidio político y moral. Nada puede justificar que quien fue secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, integrante de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. ministra de la Mujer y parte del equipo profesional del Instituto de Defensa legal, compita en las elecciones junto a quien está en la etapa de juicio oral por el asesinato del periodista Bustíos y ha sido denunciado por violación de derechos humanos, además de otros cuestionamientos insalvables.

En cuanto a Meche Aráoz, lamentablemente el rumor se confirmó con las consecuencias del caso. ¿Cómo podrá Pedro Pablo Kuczynski diferenciarse de Alan García si comparte la candidata a las presidenciales? En FIN.

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Interesante análisis. En el

Interesante análisis. En el caso particular de la izquierda, sigue perdida en el espacio desde los años 80, cuando las guerrillas le quitaron las banderas del socialismo y no encontró manera de explicar su inconsecuencia respecto a lo que había invocado (y luego renegado) durante los 60s y 70s. Se acomodó a la derecha sin ser totalmente aceptado pese a haberse prodigado en resaltar sus méritos (¿?) en la lucha contra Sendero. Así, en todas su páginas, foros, prensa y demás alaban el socialismo de Chávez, pero cuando la derecha los arrrincona exigiéndoles una posición en contra arrugan en defender (inconsecuencia otra vez, incluso cobardía electorera) dicho proceso político. El pueblo no les cree desde hace 30 años nada. Por eso son eso:nada.

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