Cuba después de la muerte de Fidel

Ideele Revista Nº 266
Foto: EFE

He estado en Cuba muchas veces. En las buenas y en las malas. Por eso me creo con derecho a escribir estas líneas de balance que son solamente mías y no pretendo que sean de alguien más. Es un diálogo conmigo mismo.

¿Hay mendigos en Cuba? No. Pero la gente vive penurias para alimentarse. Y a pesar de ello, Cuba exhibe los mejores indicadores sociales de América incluyendo a Estados Unidos.

¿Hay pobres extremos? No. Pero hay pobreza. Los cubanos no son ricos, podría decirse que la población es en promedio una clase media pobre.

¿Hay pandillas de jóvenes delincuentes? No, pero hay delincuencia. Delincuencia menor, no las bandas típicas de América Latina. Y también hay antisociales irrecuperables como en todas las sociedades.

¿Hay niños desnutridos? No.

¿Hay analfabetismo? No.

¿Hay niños abandonados? No, pero hay familias con graves problemas sociales.

¿Hay “homeless”, personas y familias sin casa viviendo en la calle como en Londres, Sao Paulo, Nueva York, Río? No. Pero hay tugurios, deterioro de las viviendas, hacinamiento, especialmente en La Habana. La revolución no ha podido, o no ha querido, enfrentar en serio el problema de la vivienda de los cubanos y cubanas. En el campo o el interior es otra cosa.

¿Hay prostitución? Sí. Hay muchas trabajadoras sexuales como en todos los países. Desde el llamado “período especial”, las penurias para alimentarse y el turismo estimularon el trabajo sexual remunerado Pero no hay tráfico de niñas para pedófilos como en Tailandia, el Suroriente y Europa. Aunque hay trabajadoras sexuales adolescentes. Hace tiempo que abandoné la ilusión ingenua de que socialismo significa ausencia de prostitución.

¿Hay democracia? No, no la hay bajo el modelo  franco – norteamericano. Hay un sistema parlamentario con representantes elegidos por el pueblo, en el poder local y los centros de trabajo. No dominan en la política los grandes negociantes y comerciantes sino el Partido Comunista de Cuba que es de hecho el Partido de Cuba, tal  como el Partido Comunista Chino es el Partido de China.

En China, los comunistas son una dictadura de setenta millones sobre mil seiscientos millones. En Cuba, hay un millón de militantes comunistas sobre once millones de cubanos. Si descuentan los niños, el Partido es Cuba. El Partido Comunista Cubano tiene importantes diferencias con los partidos comunistas que existieron en el sistema soviético. Entre otras, que los militantes son elegidos por el pueblo.

En ocasiones, esta dictadura de partido ha tenido colisiones con los disidentes. Y las seguirá teniendo en la medida que el régimen se defienda y no encuentre manera de procesar  los desacuerdos y diferencias. Las democracias de modelo franco norteamericano tienen para eso el sistema de partidos. Pero muchos partidos de esas democracias son refugio de aventureros amorales que trafican con los temores y los instintos del pueblo. Ese sistema no existe en Cuba. Sin embargo, el problema del pensamiento libre, de los individuos que no tienen siempre que estar ligados a lo imperante ni aceptar todo lo que se dice, es un tema para discutir, como parte de la necesidad de oxigenar la sociedad y buscar un sistema mejor. No todo es la guerra entre Cuba y la Pequeña Habana. Hay cubanos inteligentes y honestos, que son críticos del régimen.

¿Hay outsiders en Cuba? Con ese sistema, desde luego que no puede haber.

Los más agresivos adversarios de la Cuba socialista son a la vez, defensores de la democracia occidental.

No olvidemos que Sócrates fue condenado a muerte por burlarse de la democracia ateniense. Que Bolívar y Monteagudo criticaron a la democracia y eran partidarios de un gobierno que fuese, o monárquico o de sabios, bajo la dirección a largo plazo de la gente que tiene valores. O, como quería Bolívar, la presidencia vitalicia con una cámara de senadores elegidos por sus méritos, no por elección popular. Al criticar despiadadamente la sociedad peruana de su época, Bolívar y Monteagudo anunciaron todo lo que después sucedería con la democracia criolla, por discriminadora y corrupta. Ellos querían una aristocracia que no estuviese basada en el dinero sino en la virtud. Lo mismo dijo José Ingenieros allá por los veinte del siglo pasado, al resaltar el rol de los hombres singulares y temer a las multitudes que, en sus palabras, “se arrebañan”. La democracia es un tema demasiado serio para entregarlo a los instintos, las emociones o los temores de los sectores que eligen a las Keiko o los Kenji del mundo.

¿Hay presos políticos en Cuba? La revolución cubana ha sido y es atacada pero no es comprendida. Se la quiere liquidar, no mejorar. Nunca hubo diálogo de verdad entre la revolución y sus opositores que se autodefinen como democráticos a la manera occidental.

¿Hay tortura sistemática de los presos como en toda América Latina? No.

Fidel era una especie de rey moral aceptado por la mayor parte del pueblo. La otra parte, la que no acepta, está en Miami. Mientras Cuba llora, la Pequeña Habana hace fiesta. Las dictaduras no son necesariamente malas, los romanos y griegos elegían dictadores cuando era necesario. Las democracias no son necesariamente buenas ni indispensables. Fidel no era un tirano, coexistía con una democracia directa.

¿Hay corrupción? Los hurtos, el denominado “mercado negro”, son comunes en una austera economía cotidiana, donde la gente hace frente todos los días a la escasez. Una extendida marginalidad actúa al lado y por debajo del socialismo formal. Esa marginalidad ya es parte del sistema real. Pero no existe la gran corrupción de las organizaciones en que se agrupan los delincuentes de cuello y corbata. El cubano es un pueblo abnegado, sufrido y a la vez tiene humor y astucia. Los que no quieren vivir esa vida están en Miami. ¿Qué pasaría en el Perú si Estados Unidos diese visa de residencia a todos los peruanos que pisen territorio norteamericano, como lo hacen con los cubanos disidentes?

¿Hay ineficiencia? Sí. El socialismo también es el “sociolismo” (¡y qué mi socio!) como dicen los cubanos. Excepto en las empresas estatales controladas por el Ejército, que son las más importantes, en muchos lugares de producción se trabaja mal, sin temor al despido, porque hay estabilidad laboral. En el resto del continente y del mundo hay trabajadores y trabajadoras que cumplen jornadas interminables, trabajando de pie o en terribles condiciones, porque tienen pánico a quedarse sin trabajo.

¿Se han hecho millonarios los líderes de la revolución como los dirigentes del PRI mexicano, el PSOE español, el laborismo inglés de Tony Blair o el aprismo de García? Evidentemente no. En algunos casos viven mejor que el pueblo, pero su diferencia de nivel con el resto es mínima. Por lo general, viven padeciendo la misma escasez que sufre el pueblo de Cuba. Igual que todos.

¿Hay televisión basura? No. Algunos canales de televisión educativa llegan directamente a las escuelas. Hay miles de trabajadores culturales, rentados por el Estado.

¿Hay libertad de expresión? La prensa es escasa y deficiente. Las revistas tienen circulación muy restringida. Falta una prensa ágil que podría recibir y trasmitir los reclamos y las quejas de la gente, que no son pocos. No estoy hablando por supuesto de una prensa dominada por los anunciantes, los periodistas vendidos y las grandes empresas.

No quiero referirme a la educación y la salud. Se ha dicho ya mucho sobre ello.

¿Hay mafias ligadas al tráfico de personas, al contrabando o al narcotráfico? No.

¿Hay represión contra los movimientos sociales? No. Los movimientos sociales son asimilados y monopolizados por el Partido Comunista y las organizaciones que pertenecen a su red, bajo el modelo soviético: mujeres, jóvenes y niños, son asimilados por la revolución porque ésta tiene que estar en alerta permanente frente a sus enemigos por razones obvias. La idea de la sociedad civil agrupada en ONG no existe, aunque hay ONG nacionales e internacionales que trabajan en las condiciones que exige el respeto a la soberanía de Cuba. Algunos disidentes están financiados por enemigos que operan desde el mundo occidental.

Cuba es el único país del mundo que, como Atenas, no es gobernado por los comerciantes. Y por eso quieren acabar con ella como en el lejano pasado acabaron con Sócrates, con los cátaros, los valdenses, Jan Hus, Thomas Muntzer, con los primeros cristianos y todos aquellos grupos que no aceptaban la propiedad privada y optaron por vivir de otra manera que lo exigido por los grupos dominantes.

¿Es Cuba actual el tipo de régimen que yo busco? No. No creo que sea el régimen ideal. Cuba es un experimento, un desafío, una tarea a cumplir por los propios cubanos, un proyecto que no está terminado y que está condicionado por mil limitaciones. El ideal del socialismo es una sociedad de productores libres, como quería Marx. Pensar así, como siempre he pensado, no es obstáculo para que yo resalte los inmensos logros de Cuba. No soy, como advertía Vallejo, “leal ciento por ciento” (¿recuerdan?: “Cuídate del leal ciento por ciento, cuídate España de tu propia España”). Cuba es un experimento social construido por quienes quieren vivir bajo el dominio de valores, no gobernados por el becerro de oro.

Revolución es libertad y libertad es revolución. Pero desgraciadamente, no hay revolución sin problemas. No hay gobierno sin culpa, decía Saint Just. Solo quiero decirles a mis amigos, los que atacan a Cuba desde la izquierda y la centro izquierda que, si no están de acuerdo, luchen por algo mejor aquí y ahora y no por una variante maquillada del odioso, criminal y abominable sistema en que vivimos. Quiero verlos.

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