De la mediocridad y de la corrupción: reflexiones sobre la clase política peruana

Daniel Parodi Historiador
Ideele Revista Nº 275

Recién escribo este artículo porque he querido siempre evitar parecer pedante o soberbio, porque he pensado que -bueno o malo, pues no soy quien para juzgarme- soy en todo caso un ciudadano privilegiado en un país donde la educación y la cultura ocupan el último lugar en la preocupación de los políticos. Y lo mismo sucede en el ámbito mundial, donde la medianía de productos culturales de consumo masivo ha suplantado la adhesión popular a las utopías ideológicas.

Hoy prefiero reconocerme culto: ¡Pero culto por encima de la clase política! Y mi cultura no abarca solo el conocimiento, sino que incorpora valores, civismo, respeto por la dignidad del otro, virtud ciudadana, y una clase política carente de ellos está perdida, como perdido su proyecto, su utopía, si es que la tiene, tanto como la sociedad que, se supone, representa.

Lo que pasa es que me quedé en el modernismo y, aunque me declaro seguidor de François Lyotard soy, en realidad, todo lo contrario: ¡Me hice político antes del fin de las utopías! Pero muy poco antes, y aunque me alcanzó la historia para adherirme a una en 1980, solo fue para presenciar el derrumbe simultáneo de todas en 1989.

Lo advirtió el susodicho Lyotard diez años antes:

“La novedad es que en ese contexto los antiguos polos de atracción constituidos por los Estados-naciones, los partidos, las profesiones, las instituciones y las tradiciones históricas pierden su atracción. Y no parece que deban ser reemplazados, al menos a la escala que les es propia (…). Cada uno se ve remitido a sí mismo. Y cada uno sabe que ese sí mismo es poco”. (La Condición Posmoderna, 1979)

Y por ello me parece grave la omisión que la historia del Perú, la escrita, la que se difunde y enseña, hace del APRA, porque dijo Andreas Huyssen que en el tiempo de la incertidumbre, el pasado es lo único cierto. Y en las bambalinas de la tradición inventada sobre la traición ideológica de Haya de la Torre, nuestra intelectualidad marxista y posmarxista no solo le ha impedido a nuestra sociedad conocer la impronta democrática de aquel, sino que la ha privado también de recoger el ejemplo de su impronta moral, a la que las primeras generaciones de apristas se abnegaron con igual devoción que a sus utopías políticas: se trataba de crear un nuevo hombre, uno ciudadano, republicano, no invocaban necesariamente a Rousseau, pero vaya que lo tuvieron presente.

"La traición viene de adentro, de los pseudoapristas que han abandonado nuestro siglo XX, político, ideológico y moral para reemplazarlo, no por la incertidumbre posmoderna del siglo XXI, sino por el pisco y la butifarra del siglo XIX".

En 1934, la Federación Aprista Juvenil (FAJ) publicó su Código de Acción, un pequeño folleto que contiene la Ética Fajista, cuyo artículo primero no es otro más que el inspirador AMA SUA, AMA LLULLA, AMA KELLA, adjudicado a los Incas. El segundo dice “con la austeridad de tu vida, con tu amor al estudio, con tu dedicación al trabajo y con tu ejemplo generoso, vence los obstáculos que dentro y fuera del hogar pudieran presentársete”. Y luego sigue así, priorizando la formación en valores éticos y morales antes que en conceptos políticos. Para los apristas viejos no había discusión, lo primero subordinaba necesariamente lo segundo.

Pero de qué puedo responsabilizar a la izquierda, si difícilmente es esperable la traición del contrincante. La traición viene de adentro, de los pseudoapristas que han abandonado nuestro siglo XX, político, ideológico y moral -incontestablemente forjado en la muerte, persecución y clandestinidad de miles de correligionarios- para reemplazarlo, no por la incertidumbre posmoderna del siglo XXI, sino por el pisco y la butifarra del siglo XIX; vale decir, por el clientelismo patrimonialista y la repartija de cargos directivos.

Por fuera de Alfonso Ugarte, el viejo izquierdista le llama “epopeya democrática” al asesinato de las libertades civiles en Venezuela sin que nadie, entre sus filas, le enmiende la plana. A la izquierda peruana se le perdió algo, se le perdieron treinta años de historia y por más que los busca no los puede encontrar. ¿Y cómo dicen que dijo el psicólogo citado por la expresidenta de la comisión congresal de la mujer? ¿Que “si te pica por otro lado” no hagas o digas que cosa? Luego entendemos por qué nos indignamos más por el hashtag “PerúPaísDeVioladores” -al punto que las congresistas que lo promovieron podrían ser sancionadas por la comisión de ética parlamentaria- que por las sesenta mujeres que cada día son víctimas de abuso sexual en el Perú.

En simultáneo, un bizarro conciliábulo de personajes pantagruélicos desfila ante la justicia, vociferando su inocencia y no solo en nuestro país, sino en toda América Latina. La diferencia es que aquí, mal que bien, los procesan. Sí, punto a favor de nuestra democracia solo que, o no nos damos cuenta, o, lo que es peor, nos revienta. Pero todavía falta el Mundial de Rusia 2018 y, con él, ¿el indulto a Fujimori entre los festejos de los goles de Perú? ¿Y qué nos hacemos con los que esperan sentencia, si liberamos al peor de todos? ¿Y qué le decimos a los jóvenes? ¿Temblaremos de nuevo ante los niños como la generación responsable de la guerra del Pacífico? (Gonzáles Prada)

Que el posmodernismo no nos confunda, la obsolescencia de las grandes utopías y de los metarrelatos no es patente de corso para la mediocridad, ni es canjeable por la corrupción más hedionda, ni por la crisis moral más obscena. Detengámonos en cada uno, juzguémoslos bien, con justicia en la culpa y reivindicación en la inocencia, a las personas y a las empresas, limpiemos la cancha del mañana, a ver si a mis estudiantes, al menos, les dejamos el terreno parejo para alumbrarse como generación, porque ellos no se merecen heredar nuestro presente.

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Excelente Daniel! Pero no

Excelente Daniel! Pero no podrás negar que hubo corruptos que fueron mediocres éticos pero verdaderos maestros construyendo los sistemas de corrupción más sofisticados que hayamos conocido. Lula, con su gran socio Odebrecht, Néstor Kirchner y su asistente Julio de Vido, Vladimiro Montesinos y su chupe Alberto y ni hablar de los mexicanos cuya mención requería una lista del tamaño de una guía telefónica! Hugo Chávez vendía el petróleo a US$120 barril y se lo robaba a a 220!

¡Los jóvenes a la política!

¡Los jóvenes a la política!
Eddie Cóndor Chuquiruna

Hoy recordé a Saúl Cóndor Medina y con él a Víctor Raúl Haya La Torre, porque ambos hicieron de la política un apostolado. Haya solía concluir que la verdadera misión es la que se reviste de corazón. Saúl demostró que solo la pasión que enraíza en nuestros actos e intenciones es la que nos forja para el reto de la buena política. Lo demás es espíritu acomodaticio e interés. El político genuino es el que comprende que su sacerdocio y su magisterio trascienden al poder efímero. Decía Haya: “Quienes han creído que la misión del aprismo es llegar a Palacio, están equivocados… la misión del aprismo es llegar a la conciencia del pueblo, antes que llegar a Palacio. A la conciencia del pueblo se llega… con la luz de una doctrina, con el profundo amor a una causa de justicia, con el ejemplo glorioso del sacrificio…”

Luis Alberto Sánchez también nos transmitió la sustancia de la política. El éxito no es alcanzar los pináculos deseables o el poder, es servir, “servir en cualquier capacidad. Realmente gozo sirviendo, me molesta mucho cuando no puedo servir. No me ha interesado mucho el sobresalir. … lo que me interesa es seguir sirviendo y seguir haciendo cosas”. Saúl vivió para servir a su San Gregorio y Agua Blanca en San Miguel Cajamarca.

Ahora que la corrupción acosa a América Latina y cuestiona la esencia de la política, los jóvenes que pisan en el umbral de la política deben memorizar estas frases y entender que la verdadera transformación del Perú y el mundo está en sus manos si es que entienden la política como una entrega, como una misión, como una docencia del desprendimiento, como un trabajo del No Yo. Pero el espíritu no es suficiente, debe ser una entrega colmada, con contenido de ideas y propuestas. Los jóvenes deben comenzar estudiando, para dilucidar qué ha cambiado desde los años germinales de los grandes debates en el siglo XX hasta hoy ¿Es una señal de nuestra decadencia como países que las grandes preguntas se respondan en una fiscalía o ante un juez o una comisión investigadora? La política no debe quedarse en los periódicos, debe explorarse en los grandes libros y en las líneas de los grandes maestros ¿Cuáles son hoy las grandes preguntas que se hacen los jóvenes? ¿Las que leen con pasmo en las portadas de los diarios? ¿Debemos volver atrás e inspirar nuestra acción en las interrogantes sobre el régimen económico que Haya, Mariátegui y Víctor Andrés Belaunde gestaron en la conciencia nacional? ¿Debemos resolver el gran reto geográfico que se planteó Belaunde Terry? ¿Y el espíritu de exploración y respuesta que se planteó el joven Riva Agüero de los “Paisajes peruanos? ¿Y las grandes dudas sobre la educación de los sabios pioneros?

No hay futuro sin jóvenes que vuelvan a las viejas grandes preguntas, porque de la ausencia de preguntas nace la sed mercantil y el espíritu fenicio, el hambre de fugaces lumbres, la avidez de fama. Los jóvenes deben entender, como Haya, Sánchez, Mariátegui y los Belaunde, que la política es un sacerdocio, una misión, un servicio; pero que fertilizarán la tierra solo si se acompaña de preguntas, de doctrinas, de propuestas claras.

¿Qué papel les toca a los jóvenes políticos para adecentar y centrar el debate? ¿Qué papel tienen los partidos políticos para formar nuevas generaciones? ¿Qué puede aportar una ley de partidos para que los jóvenes sean visibilizados?.

Por tal razón es pertinente mencionar que uno de los actuales temas de reforma en Perú y Latinoamérica es el de la crisis estructural de los partidos políticos. Muchos de estos son combis electorales (alimentadas por el voto preferencial) que lleva a las organizaciones a preferir la participación de solventes postulantes a la de aquellos jóvenes que, desprovistos de recursos, solo tienen como sustento su capital intelectual. Pero el intelecto no paga una campaña, la paga el financista al que lo mueve poco o nada el cambio, el ideal o el apostolado. La regeneración de la política solo será posible si es que cambiamos los viejos patrones de juego y apoyamos el encumbramiento de jóvenes valores, de esos que en germen constituyen la base de la institucionalización de las organizaciones con vista a futuro. A ellos debemos formarlos en democracia, en Estado de Derecho, en pasión por la justicia social y en vocación por la libertad.

El Perú a 196 años de vida independiente y otros países no se definen, han perdido el gesto de la pregunta, son países cuyas generaciones se suceden sin fecundar, por eso no tienen nuevos líderes con visión apostólica sino -en su mayoría- mercaderes haciendo política. La voz lapidaria de González Prada no tiene eco en la formación de una nueva intelectualidad, joven, potente, estremecedora, que nos arrastre y nos subvierta.

Los años venideros deben ser un tiempo para ellos, para los que postulen una conciencia limpia, una doctrina clara y una virtud sólida. Solo así afrontaremos el bicentenario con la génesis de la esperanza ¿Estamos preparados para una política en serio desde los jóvenes? La respuesta subyace como médula en el mensaje del maestro en el Politeama: “los troncos añosos y carcomidos produjeron ya sus flores de aroma deletéreo y sus frutas de sabor amargo. ¡Que vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”

Coincido plenamente con la

Coincido plenamente con la totalidad de lo aseverado aunque no creo que históricamente sean patrimonio del APRA los mejores arrestos y chispazos morales que han salpicado nuestra historia política.
Sólo una acotación lingüística: bizarro significa valiente, arrojado y no grotesco o raro.

Entrevista