El fujimorismo cada vez más cerca del poder

Daniel Parodi Historiador
Ideele Revista Nº 271
Foto: Andina.

El Perú es fujimorista, aceptémoslo. Por fujimorista no me refiero necesariamente a militar o simpatizar con la familia Fujimori o Fuerza Popular. Creo que la voz “fujimorista” hoy refiere más cosas, específicamente la nueva cultura política-popular dominante que, a falta de mejores estudios, podemos definir con los siguientes conceptos: autoritaria, clientelista, asistencialista, conservadora, católica-cristiana, machista, homofóbica y achorada.

Es por eso que la mayoría de peruanos que están en la periferia de la Alianza por el Progreso (APP) de César Acuña son fujimoristas funcionales, mientras que el Partido Aprista se debate entre inclinarse definitivamente hacia esta tendencia -básicamente su ala alanista- o rescatar los ideales republicanos y civiles de igualdad, justicia social y ciudadanía que caracterizaron toda la trayectoria de su líder y fundador Víctor Raúl Haya de la Torre. Por cierto, que la dicotomía informal-formal atraviesa trasversalmente el debate y se inclina claramente hacia la primera de las dos tendencias.

Por esa razón no sorprende que Fuerza Popular, encaramada en el Poder Legislativo con sus hoy 71 parlamentarios, esté, con más paciencia de la que pensamos, preparando las condiciones para hacerse del poder, ya sea en 2021, o antes si se presentan las condiciones.

La facilidad con la que desde el principio arrinconaron al gobierno con la censura al exministro Jaime Saavedra se expresó luego cuando impidieron el posicionamiento del Ejecutivo, tras su destacada labor afrontando las desgracias naturales originadas por el “niño costero”. Fue así que primero cercaron al ministro Martín Vizcarra y luego a Alfredo Thorne, a través de una pieza clave con la que coparon una institución del Estado: el contralor Edgar Alarcón enquistado en la Contraloría, chuponeando a diestra y siniestra.

Toda moneda tiene sus dos caras y esta no es la excepción. Chinchero fue un negociado desde antes de asumir el presidente Kuczynski el cargo de jefe de Estado. El interés de sacar adelante el proyecto a como dé lugar es un pasivo que este gobierno debe asumir, máxime ante una mayoría parlamentaria opositora a la espera de la mínima ocasión para tirarse abajo todo lo que se cruce por su camino, la institucionalidad democrática si fuese posible. Luego, el recurso de sacar a la luz el indulto a Fujimori, cada vez que la crisis prende, parece un refrito más peligroso, en la medida que paulatinamente se debilita el Ejecutivo y se posiciona la oposición congresal -y mediática- del fujimorismo.

"La facilidad con la que desde el principio arrinconaron al gobierno con la censura al exministro Jaime Saavedra se expresó luego cuando impidieron el posicionamiento del Ejecutivo, tras su destacada labor afrontando las desgracias naturales originadas por el 'niño costero'".

Coherencias e incoherencias, culpas y responsabilidades

No hace falta decir que me opongo al fujimorismo por tratarse de un proyecto caudillista-clientelar para el que la institucionalidad democrática y los valores republicanos se subordinan a intereses subalternos. Eso no me impide negar que se trata del proyecto más cohesionado, y que Fuerza Popular es la organización que de lejos cuenta con la mayoría de adhesiones a nivel nacional.  

En el Perú la batalla, en términos generales, tiene por contendientes, de un lado, al fujimorismo autoritario-clientelista y, por el otro, a los republicanos liberales, léase demócratas. Si de seguro pocos están entendiendo a quiénes me refiero por republicanos-liberales es porque, a diferencia de sus contendores, están dispersos, no se cohesionan y no alcanzan a constituirse en una tendencia movilizadora, como sí lo hace el fujimorismo.

Por una parte, el Frente Amplio no termina de decantarse por la social-democracia, para lo cual un deslinde claro de Verónika Mendoza -y de nadie más que Verónika Mendoza- respecto de la satrapía madurista sería un indispensable primer paso. Esto dejando de lado sus seculares divisiones, esta vez entre los partidarios de la lideresa cusqueña y los del padre Arana. ¿No puede Mendoza recolectar las firmas necesarias en Cusco, donde goza de gran aceptación?

Digo esto porque en la actualidad, la otra organización política con capacidad de movilización es precisamente el Frente Amplio y su entorno izquierdista. Para muestra basta recordar el rol fundamental que jugó su lideresa al llamar a votar por PPK para salvar la democracia en la segunda vuelta de 2016. Postura resuelta y principista que extrañamos en Alan García, al frente de un APRA, cuyo venerado líder-fundador jamás dudó en realizar los mayores esfuerzos y desprendimientos por construir y salvaguardar la democracia en el Perú.

Luego, el único grupo auténticamente republicano-liberal, con un sesgo de derecha que supone mantenernos en el modelo económico que adoptamos en la década de 1990, es Peruanos Por el Kambio, que, sin embargo, no es -ni se preocupa demasiado por serlo- un partido político cuando el Perú contemporáneo cuenta con una vasta mesocracia que del mayor agrado se sumaría a un proyecto partidario cuyos lineamientos básicos sean ordenar la sociedad, formalizarla, potenciar la ciudadanía en el civismo y el reconocimiento del otro, el respeto de la ley y del marco constitucional, la justicia social, etc. En otras palabras: sí hay público para crear -o relanzar si un APRA renovada asumiese el desafío- una fuerza política institucional y democrática poderosa que le plante cara al fujimorismo. Lo que falta es una élite política capaz de emprender el proyecto. Al respecto, los celestes de Enrique Cornejo y los morados de Julio Guzmán están empeñados en recolectar las firmas necesarias para constituirse en partidos. ¿Serán estos los republicanos del futuro? Está por verse.

"Un futuro triunfo fujimorista significará la confirmación y consolidación de lo que seremos como país, como identidad nacional y le dará su forma definitiva a la cultura política-popular que marcará nuestros caminos el siglo XXI".

A manera de conclusión

El fujimorismo ha puesto en jaque a la democracia: sencillamente le impide al Ejecutivo gobernar, pero, al mismo tiempo, se trata de una organización y una cultura político-popular que sabe lo que busca y es coherente con sus fines, por deleznables que estos pudiesen parecernos. Lo dramático es que su avance, su victoria parcial, se debe tanto a la claridad de sus objetivos como a la casi ausencia de otras fuerzas que le planten cara.

Recuerdo que pasó lo mismo en 2011 y 2016. Entonces la preocupación fue siempre ver a quién endosarle nuestros votos para evitar que ganen los “antisistémicos” del fujimorismo; en 2011 elegimos entre dos antisistémicos y creo que escogimos al menos malo, no por su capacidad de hacer cosas, sino por todo lo contrario. En 2016 elegimos al técnico, literalmente a última hora, por apenas 30.000 votos.

Pero a este paso llegará el día que no haya otro outsider o “mal menor” para librarnos de un poderoso y muy bien organizado proyecto político caudillista-autoritario que no vendrá -como no lo hizo la primera vez- a quedarse cinco años y devolverle mansamente el poder al pueblo por la vía electoral. Décadas de encarnizada lucha no se pagan en un quinquenio, sino en veinte o treinta años. Un futuro triunfo fujimorista significará la confirmación y consolidación de lo que seremos como país, como identidad nacional y le dará su forma definitiva a la cultura política-popular que marcará nuestros caminos el siglo XXI.

Si seguimos esperando un outsider en 2021, el jaque a la democracia se convertirá prontamente en mate y la responsabilidad será toda nuestra. Criticar al fujimorismo hace tiempo es insuficiente, ha llegado el momento de movilizarse para construir una auténtica república cívica, ciudadana, democrática y constitucional.

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Me parece un articulo sesgado

Me parece un articulo sesgado. Es difícil ser objetivo cuando hay de por medio una posición política definida. No hay tal fujimorismo. Es una etiqueta puesta para definir un objetivo politico y combatirlo en la práctica. Creo que una sociedad democrática se construye en base a un movimiento realmente auténtico y honesto en el qu el respeto por el otro es indispensable, pero dentro del narco de la legalidad y la formalidad. Ajenos a esto, es casi imposible forjar seriamente un país o una nación. Ni Keiko ni Verónica son alternativas. Es un equipo de gente que, lejos de ser elitista, enfoque su quehacer histórico hacia la identidad nacional sin apasionamientos pero si con una convicción del cambio en todo nivel.

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