El totalitarismo islámico contra los valores democráticos del mundo

Mariella Villasante Doctora en Antropología social (EHESS, Francia). Investigadora asociada al IDEHPUCP.
Ideele Revista Nº 276
Foto: Provincia.

El día viernes 24 de noviembre, los fieles de la mezquita de Al-Raudah, en el pueblo de Bir al-Abed (de 2,500 habitantes, a 40 km de la ciudad Al-Arish, en el norte del Sinaí), se encontraban rezando cuando sufrieron el más grande ataque terrorista de la historia de Egipto [95 millones de habitantes]. Rodeando la mezquita con cuatro carros todo terreno, unos cuarenta hombres armados, enmascarados, usando uniformes militares y enarbolando una bandera negra, hicieron explotar una bomba al interior y luego entraron y abrieron fuego contra los fieles, asesinando al menos 305 personas, entre las cuales 27 niños, y produciendo además al menos 128 heridos.

El atentado ha sido reivindicado por la organización Estado Islámico [EI], nacida en 2013 en Iraq a partir de la tristemente célebre organización Al-Qaeda. En junio de 2014, el jefe de guerra Al-Bagdadi se proclamó “califa, sucesor del profeta Mohammed” bajo el nombre de Ibrahim. Contrariamente a Al-Qaeda, el Estado islámico [EI] promovió la expansión territorial del movimiento y en dos años logró controlar el norte de Iraq (40%) a partir de la ciudad de Mossul, y cerca de 25% del territorio de Siria.

En julio de 2017, Mossul ha caído en manos de las fuerzas del ejército de Irak, apoyado por una gran coalición internacional liderada por los Estados Unidos y por 22 países occidentales. Luego, el 17 de octubre, la ciudad de Raqa, principal bastión del EI en Siria ha sido liberada por las fuerzas conjuntas occidentales, por los combatientes Kurdos [pueblo repartido entre Turquía, Iraq y Siria] y por las fuerzas del dictador sirio Bachar al-Assad, apoyadas por Rusia.

Actualmente el EI ha perdido 90% de los territorios que había sometido; sin embargo, la coalición internacional conducida por los Estados Unidos considera que “entre 3,000 y 7,000 terroristas del EI continúan luchando en Irak y en Siria.” Sin embargo, a pesar de las pérdidas militares, el Estado Islámico no ha desaparecido y ha adoptado una doble estrategia terrorista: por un lado, el pase a la clandestinidad de miles de jóvenes terroristas dispuestos a ofrendar sus vidas por esta nueva “causa revolucionaria” (como otrora el comunismo), y un retorno masivo a sus países de origen, sobre todo a Europa occidental (Francia, Reino Unido, Bélgica), nuevo centro del terrorismo islamista mundial. Por otro lado, el EI extiende sus actividades en Libia y en el Sahel sobre todo a través de las organizaciones terroristas Boko Haram (Chad, Níger), y Al-Qaeda en el Maghreb Islámico (AQMI: Mali, Mauritania, Argelia); y también en Somalia, en Filipinas y en Egipto. En Afganistán, el EI recluta jóvenes que pertenecen a la nebulosa de los Talibanes. La guerra contra esta organización islamista sanguinaria esta pues lejos de estar terminada y durará varias decenas de años (France Culture, 19 de octubre y 24 de noviembre de 2017).

Egipto afronta ataques terroristas desde 2013, pero éstos se han extendido sobre todo en la península del Sinaí, con el grupo local “Ansar Bayt Al-Maqdis”, bajo el liderazgo de Muhammad al-Isawi (alias Abu Ussama). Esta rama ha dado su “lealtad” absoluta al Estado Islámico desde fines de 2014. En esta zona cercana a la frontera con Israel y con la banda de Gaza, las fuerzas armadas egipcias son incapaces de imponer su dominio, a pesar de la existencia de centenas de puestos de control militar en toda la península que estuvo un tiempo anexada por Israel (durante la Guerra de seis días de 1967, hasta el Acuerdo de Camp David de 1979). A partir de 2000, y con la Segunda Intifada, se ha desarrollado un importante tráfico de armas, de drogas y de todo tipo de mercadería entre la frontera egipcia y la Banda de Gaza. Precisemos que el Sinaí está mayoritariamente habitado por confederaciones de Beduinos originarios de Arabia y con lazos de parentesco en Jordania, Israel y Palestina; lo cual explica la tensión constante que los opone al Estado egipcio.

Desde 2000, varios actores armados combaten en esta región: las fuerzas armadas de Egipto y de Israel, el Hamas palestino, los terroristas del Estado Islámico y los guerreros beduinos. En una palabra, se trata de un territorio sin Estado, de 60,000 km2, ideal para el desarrollo de organizaciones terroristas o simplemente criminales. Luego del atentado de la mezquita, los Beduinos del Sinaí, organizados en milicias civiles de autodefensa, han reiterado su demanda de apoyo militar del Estado egipcio para luchar contra el Estado Islámico; actualmente, las milicias de los Sawarka y de los Tarabin están en proceso de establecer una alianza militar para luchar contra el EI y han lanzado un llamado al gobierno egipcio para que los apoyen anulando el toque de queda y dándoles apoyo logístico y armas (RFI del 26 de noviembre).

El terrible atentado del 24 de noviembre de 2017 tiene un precedente. En octubre de 2015, un atentado realizado por la rama egipcia del Estado Islámico había costado la vida a 224 pasajeros de un avión ruso poco después de su despegue del aeropuerto de Charm El-Cheikh, en el sur del Sinaí. Luego del ataque a la mezquita sufí de Bir al-Abed, el presidente egipcio, Abdel Fattah Al-Sissi, ha prometido una “respuesta brutal” a los atacantes y ha instaurado tres días de duelo nacional. En la noche del sábado 25 de noviembre, las fuerzas aéreas han bombardeado varios vehículos utilizados en el atentado y algunos depósitos de armas y de municiones. Por su lado, el gobierno de Israel ha presentado sus condolencias a los familiares de las víctimas del atentado y ha afirmado su apoyo al Estado egipcio en la lucha común que están teniendo contra el terrorismo islamista. El ministro de Educación, Naftali Bennet, ha declarado que el atentado testimonia del hecho que un nuevo orden mundial ha sido creado, en el cual la distinción concierne los que apoyan el terrorismo (como Irán y el EI), y los que apoyan la humanidad (Le Monde, 24, 25 de noviembre; The Times of Israel, 24 y 27 de noviembre).

"El odio contra los Sufis no puede sin embargo explicar esta masacre espantosa que recuerda algunas otras que hemos vivido en nuestro país durante la guerra del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso, contra el Estado y la sociedad".

¿Porqué las huestes bárbaras del Estado Islámico, que están perdiendo la guerra en Siria y en Iraq, atacan cada vez más a musulmanes? Para comprender esta aparente anomalía hay que precisar que el mundo islámico se ha dividido en dos grandes ramas: el sunismo mayoritario [que sigue la sunna, la tradición del profeta Mohammed], y el chiismo minoritario (Irán) que representa una variante no ortodoxa si se puede decir así. El EI es la expresión más extremista del sunismo, y como Al-Qaeda, ha sido apoyado por Arabia saudita que pretende ser la única potencia árabe, y que se opone al Irán chiita. Esta división política de tinte religioso está a la base de la beligerancia que opone actualmente el mundo árabe y musulmán, a las potencias occidentales que se oponen a su avance (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania…). En ese contexto, el EI es una rama extremista e integrista de la corriente salafista [de salaf, ancestros] islámica nacida en el siglo XVIII, que pretende “regresar al tiempo del profeta Mohammed”, al modo de vida ascético que (supuestamente) caracterizaba el siglo VII en la actual Arabia Saudita.

Después de haber atacado de manera sistemática a las fuerzas armadas de Iraq y de Siria, el EI ha comenzado a desarrollar cada vez más atentados contra civiles indefensos, en particular los cristianos de Oriente (por ejemplo, a los Yazidis de Iraq que están siendo diezmados), pero también a musulmanes que los yihadistas [de yihad, guerra santa] acusan de ser “heréticos”, como los sufís, o “colaboradores con el enemigo occidental” como miles de Sirios e Iraquíes que tratan simplemente de sobrevivir a la barbarie islamista.

La mezquita Al-Rawdah es frecuentada por adeptos de la confrería sufí, una corriente mística del islam cuyo mensaje central es de tolerancia, de paz y de amor de Dios y de la humanidad. El EI considera que los sufís son “heréticos” y “politeístas’. En realidad, lo único que distingue a los sufís en el mundo musulmán es su apego al culto de los santos muertos, hombres y mujeres, muy cercano al culto cristiano; y la práctica de ritos y de rezos que incluyen cantos y danzas religiosas. El horrible atentado perpetrado contra los fieles de la mezquita sufí tenía el fin de matar a un gran número de personas, pero también transmitir el mensaje de abandonar el sufismo bajo pena de terror y de muerte.

El odio contra los Sufis no puede sin embargo explicar esta masacre espantosa que recuerda algunas otras que hemos vivido en nuestro país durante la guerra del Partido Comunista del Perú, Sendero Luminoso, contra el Estado y la sociedad. Como aquella que perpetraron los senderistas en Soras (118 muertos el 16 de julio de 1984), o aquella otra que perpetraron las Fuerzas armadas en Putis (123 muertos, diciembre de 1984). En el fondo, el Estado Islámico expresa su odio y su deseo de muerte a todos aquellos que no quieren aceptar el islam salafista, obscurantista y sanguinario que emergió en Arabia Saudita en el siglo XVIII, y que sigue estando a la base del poder en ese país, que impone su dominio global en razón de sus riquezas petroleras. La posición del EI puede ser descrita como una variante post-moderna del totalitarismo contemporáneo. Es decir, una visión que considera que todos los que no aceptan una ideología, un modo y una práctica de vida insertada en tal o cual ideología, que pretende imponer la “felicidad sobre la tierra” —llámese comunismo, nazismo, fascismo, o islamismo—, deben desaparecer de la faz de la Tierra. Lo absurdo de la condición humana no tiene limites…

El viernes 1ro de diciembre, la mezquita Al-Raudah había sido restaurada a tiempo para recibir a los fieles para las plegarias de este día santo en el calendario religioso musulmán pues se festeja el nacimiento del profeta Mohammed (Mawlud). Entre los fieles había personalidades militares, políticas y religiosas de Egipto, en particular el imam de la mezquita Al-Azhar del Cairo, principal institución del islam sunita y el muftí de Egipto. En la ciudad de El Cairo, centenas de fieles sufís han celebrado también el Mawlud cantando y rezando en la mezquita Al-Hussein. La zona había sido protegida con decenas de policías pues se temía otro atentado. Sin embargo, el atentado del 24 de noviembre no ha sido aún reivindicado por el Estado islámico (24 heures, 2 de diciembre).

Reflexiones finales

• Tenemos que tomar conciencia de estas realidades que condicionan nuestra situación local en el mundo global en el que vivimos. Ni el Perú, ni ningún país latinoamericano está fuera de las grandes evoluciones mundiales que marcan nuestro presente y que condicionan nuestro futuro. Y en ese marco estrecho, las vicisitudes políticas de nuestro país —dramáticas en este momento de enfrentamiento con el fujimorismo agresivo, antidemocrático y violento—, deben tomar en cuenta el hecho evidente que en el presente y en el futuro no se puede ni aceptar ni tolerar ninguna forma de autoritarismo y de arrinconamiento de los valores de la democracia y de la justicia social.

• La sociedad egipcia y las otras sociedades musulmanas, igualmente subdesarrolladas y mal gobernadas como nuestras sociedades en América Latina, están actualmente asediadas por el terrorismo islamista del Estado Islámico y por la represión estatal que ello implica. Esta situación no es lejana de nosotros sino por las barreras mentales que aún tenemos que sobrepasar; los Egipcios, y tantos otros pueblos musulmanes, afrontan el terrorismo, la represión y una guerra interna similar a la que hemos vivido entre 1980 y 2000, cuyas secuelas no están aún terminadas (la violencia contra las mujeres y contra los débiles en general es parte de esta herencia lamentable). Por ello es urgente solidarizarnos con estos pueblos y defender los valores modernos de la igualdad, de la tolerancia, de la fraternidad y de la libertad. En tanto ciudadanos y en tanto seres humanos.

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Referencias:

Mariella Villasante, Sobre el Estado Islámico: ¿La caída de Mossul implica el fin del terrorismo islamista?, Revista Ideele n°272, octubre de 2017.

http://revistaideele.com/ideele/content/sobre-el-estado-islámico-¿la-ca%C3%ADda-de-mossul-implica-el-fin-del-terrorismo-islamista

France culture:

https://www.franceculture.fr/geopolitique/ce-quil-reste-en-syrie-et-en-irak-de-lorganisation-etat-islamique

https://www.franceculture.fr/emissions/les-enjeux-internationaux/les-enjeux-internationaux-vendredi-24-novembre-2017

Time of Israel:

http://fr.timesofisrael.com/au-moins-54-morts-et-75-blesses-dans-lattaque-dune-mosquee-dans-le-sinai-egyptien/

http://fr.timesofisrael.com/apres-le-massacre-dans-une-mosquee-israel-explique-se-tenir-epaule-contre-epaule-avec-legypte/

http://fr.timesofisrael.com/lattentat-dans-une-mosquee-temoigne-de-limpuissance-egyptienne-au-sinai/

RFI: http://www.rfi.fr/moyen-orient/20171126-egypte-tribus-sinai-pretes-soulever-contre-etat-islamique

24 heures: https://www.24heures.ch/monde/moyen-orient/Mosquee-pleine-sept-jours-apres-le-massacre/story/27759667

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