El voto por Humala en estado de emergencia

Ernesto de la Jara Abogado. Fundador y exdirector del Instituto de Defensa Legal
Ideele Revista Nº 215

Había una vez una contienda entre un hombre y una mujer, que dio origen a una batalla campal entre los partidarios de ambos. Ganó él por un estrecho margen. Acertijo: ¿Qué podría pasar para que los que se arriesgaron por el primero comiencen a alejarse, mientras que los que lo atacaron ferozmente pasen a aplaudirlo?

Recordemos la historia desde el comienzo, para ver si hubo en ella un giro inesperado, por más que todavía no se sepa el final.

“De un lado hay certezas, del otro hay dudas”
Entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales esta afirmación se convirtió en una frase célebre. Y lo real —maravilloso— fue que ella podía ser leída al revés y al derecho. A favor de Humala, la duda era si como Presidente sería el ultrarradical del 2006 o el moderado del 2011. A favor de Keiko, la incertidumbre que se planteaba era si ella misma gobernaría y no su padre, y si haría un gobierno muy distinto al de los 90.

Los opositores a Humala plantearon que con su triunfo se venía el fin de la historia del Perú. Sería otro Chávez; estatizaría todo, sin respetar la propiedad privada; ahuyentaría la inversión, trayéndose abajo el crecimiento económico que nos había costado tanto.

También tomaría los medios de comunicación y los convertiría en sus voceros; botaría de una patada a su entorno de campaña para rodearse de sus amigos militares, especialmente de los de su promoción; se quedaría en el poder para siempre.

Peor aun: intervendría las AFP, reclutaría a un hijo por familia para adiestrarlo para una inminente guerra que él provocaría contra Chile y haría que la raza cobriza dominara a la blanca. En distintos momentos fue acusado de violador de derechos humanos, terrorista, corrupto, frívolo, saco largo, cachaco bruto, etcétera.

Las bolsas de plata provenientes de la élite empresarial y la campaña mediática de periódicos como Correo, La Razón, Expreso y —en este caso— El Comercio, ayudaron a difundir este perfil en el país y afuera. Basta recordar lo que pasó con Bayly.

Los que creíamos que del lado de Humala estaban las dudas, y que cualquier cosa era mejor que el regreso de la época más oscura del país, la década del 90, compartíamos muchas de las preocupaciones anteriores. Ahora, también nos dábamos cuenta de que a los peligros reales se les agregaban otros falsos, producto de una articulada guerra sucia.

Además —así no supiéramos si cumpliría o no—, nos sonaban bien las promesas de mantener el crecimiento económico pero con inclusión social, el anuncio de una verdadera lucha contra la corrupción, un discurso pro derechos humanos y el compromiso de un nuevo esquema —justo e inteligente— para la solución de los conflictos similares.

Muchos de los que optamos de manera expresa por Humala, ante la disyuntiva electoral en la que nos encontrábamos, exigimos determinadas garantías que, creemos, Humala otorgó, manifestando que el apoyo sería hasta el 5 de junio, fecha en la que, desde la sociedad civil, se volvería a cumplir el papel fundamental de la fiscalización, actitud que también ha cumplido, por lo menos nuestra institución.

El comienzo
La primera sorpresa —grata— vino al comienzo. Empezó a haber un balance compartido en gran medida por los que votaron a favor y en contra de Humala en el siguiente sentido: mejor de lo que se esperaba, con puntos a favor y en contra, leídos éstos de acuerdo con el cristal con que se miren.

Para los que votaron a favor de Humala, los puntos más representativos del lado claro de la Luna fueron la convocatoria de personas independientes, provenientes de la sociedad, para cargos importantes; los 3.000 millones de dólares (aunque sean menos), que —contra lo que decía García— se logró que los mineros aportaran; y la Ley de Consulta, a la que también se había opuesto García. Luego vinieron Pensión 65, el anuncio de la creación de un Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, entre otras medidas.

Del lado de los opositores a Humala, bastó un hecho para que lo vieran mejor y hasta con cariño: se dejó a personas del régimen anterior en cargos relevantes; comenzando por nombrar como Ministro de Economía al último Viceministro de García en dicho Ministerio. Esto se interpretó como una señal inequívoca de que habría una continuidad en la política económica y no se cambiarían las reglas para la inversión privada.

Con esta política de “dar algo para este lado y algo para el otro”, logró neutralizar los planes de sabotaje que ya se habían comenzado a manifestar desde el campo enemigo, así como a tener a todos contentos. La gran pregunta era: ¿Hasta cuándo se podía conceder a cada quien lo que quería?

Por otra parte, uno de los temores fundados siempre fue que, siendo Humala presidente, ex militar, su régimen se fuera poco a poco militarizando. ¿Ocurrió? Desde el comienzo ha habido pasos preocupantes —felizmente, hasta ahora solo pasitos— en esa dirección. Se ha cuestionado mucho la presencia en el entorno de Humala del ex capitán Adrián Villafuerte, vinculado al régimen fujimorista y cuyo único mérito es ser amigo del Presidente, y quien ha actuado de manera casi clandestina y con mucho poder, a pesar de no tener cargo o funciones específicas. Es una exageración decir que es el Montesinos de este Gobierno, pero éste es, obviamente, un punto sobre el que hay que poner los reflectores.

Otra decisión equivocada fue el nombramiento de dos ex militares —aunque formalmente civiles– en Defensa y Orden Interno, ya que ellos al poco tiempo demostraron ser la expresión del grupo de ex militares que no han evolucionado y que siguen estando a favor del autoritarismo y contra los derechos humanos. Especialmente Mora, por sus reiteradas declaraciones contra el trabajo de derechos humanos.

También se produjeron cambios entre los militares y policías en actividad, que hasta ahora no se sabe bien si fueron purgas anticorrupción o una manera de acercar al poder a los amigos del Presidente.

Uno de los temores fundados siempre fue que, siendo Humala presidente, ex militar, su régimen se fuera poco a poco malitarizado. ¿Está ocurriendo?

Cinco meses después
Transcurridos los cinco primeros meses se produce una gran sorpresa, positiva para algunos, negativa para otros.

Y se da en relación con un proyecto minero —Conga— en el departamento de Cajamarca, que implica una inversión de 4.800 millones de dólares por las empresas Yanacocha y Newmont, pero al que se opone frontalmente un amplio sector de la población local. Sin tomar en cuenta para nada los cuestionamientos de los lugareños, ni que el proyecto se desarrollaría en un departamento donde ambas partes tienen una historia larga de enfrentamientos y conflictos, el Presidente sale a decir: “Conga va”. Decisión que es el detonante de un paro de protesta que va tomando grandes dimensiones.

Tarjeta navideña
Frente a Humala se hicieron todo tipo de especulaciones, pero a nadie se le ocurrió prever que en la primera tarjeta navideña mandada por Palacio de Gobierno estarían incluidos los siguientes elementos:

Cajamarca en estado de emergencia por 60 días.

Renuncia y pleito con algunos de sus colaboradores.

Un Gobierno que ha permitido que las empresas se salgan de la foto, y lo dejen solo contra la población de Cajamarca, cuando los cuestionamientos son contra ellas.

Detenciones sin orden del juez de varios dirigentes, representantes de la población de Cajamarca, en el momento en que salían nada menos que del Congreso.

Varios de los sectores empresariales y de los medios de comunicación que llevaron la guerra sucia contra Humala candidato, hoy lo respaldan.

Varios de quienes votaron por él comienzan a sentirse decepcionados o a preocuparse pensando que lo ocurrido con el proyecto Conga pueda ser la señal definitiva de la dirección que seguirá definitivamente el régimen.

Un Gobierno que ilegalmente le ha cortado los recursos al Gobierno Regional de Cajamarca.

Un Presidente que dice que revisará el Servicio Militar Voluntario y el voto militar ante todo el Ejército, sin aclarar de lo que se trata.

Un Humala que ante la Policía afirma que se necesita mano dura.

Un Humala cuya aprobación ha crecido enormemente en el sector “A”, donde se ubican sus ex enemigos.

Conga
¿Por qué siendo Conga un proyecto importantísimo para todos (Estado, empresa y población), no se aprovechó para imponer un nuevo esquema de solución, en el que quien no concede pierde?

Se prefirió el estado de emergencia al acuerdo al que se había llegado en Cajamarca entre 5 ministros, incluido el Premier, simplemente porque no se admitió que los dirigentes fueran a consultar a la población. Lo que podía tomar tan solo unas horas para ir a consultar a sus bases, como se suele hacer. Se manejan varias hipótesis respecto de la actitud presidencial frente al proyecto Conga.

La primera: que haya sido capturado por los más poderosos empresarios, como suele suceder. Segundo: que el sector más conservador del Gobierno haya ganado las pugnas internas. La tercera: que creyera, equivocadamente, que si ponía la mínima condición a las empresas, el país perdería los 4.800 millones de dólares, además de cuantiosas indemnizaciones, y que eso inhibiría a toda la inversión privada de continuar en el país o venir a él.

Cuarto: que haya temido que los conflictos sociales le generaran poco a poco una situación inmanejable. Quinta: que “militar es militar”, que nos engañó cuando prometió un gobierno democrático.

Conga: ¿Va o no va así?
En cualquier caso, hay un error en su punto de partida: la disyuntiva no es entre Conga va y Conga no va. La posición puede ser Conga no va así, pero va si es verdad lo que dice la empresa después de revisarse el informe de impacto ambiental, el procedimiento con el que fue adoptado, para establecer de manera objetiva qué se gana y qué se pierde, y cómo deben distribuirse los beneficios económicos. Lejos de ser ésta una manera atrasada de proceder, es la forma moderna cómo se está actuando en otros países.

En la foto inesperada tiene que estar también el segundo vicepresidente, Omar Chehade, sentado en el banquillo, además de un asesor brasileño (Favre) que, lejos de contribuir con el Gobierno, le está haciendo otro quiñe.

Caja de sorpresas
¿Seguirá el presidente Humala por el camino que en las últimas semanas ha tomado? ¿O retomará su posición de mantener el crecimiento económico pero con inclusión social, honestidad, respeto de los derechos humanos y de la democracia?

No hay todavía una respuesta final y, como dijo Bedoya Reyes, Humala es una caja de sorpresas.

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