Juan Gargurevich: "El periodismo de antes no es mejor que el de ahora"

Patricia Wiesse Directora de la Revista Ideele
Gerardo Saravia Editor de la Revista Ideele
Ideele Revista Nº 268
Foto: Facebook.

Un periodista de la generación del 50 al que se puede considerar una institución viviente. Tiene una nutrida biblioteca sobre historia del periodismo y ha escrito 15 libros sobre el tema. Lee a los grandes escritores que han sido periodistas. Su amor por el oficio solo se equipara al que siente por la música cubana y Marilyn Monroe.


Has pasado por muchas redacciones de diarios. ¿A qué sección te gustaría regresar?

Yo he sido un periodista todo terreno. Nosotros le llamamos a eso periodismo de infantería, porque en el periodismo hay diferentes actores: los intelectuales y escritores que están de paso, los profesionales de alto nivel y los reporteros que salen a la calle.

Los obreros del periodismo.

Así es. Al final, esos son los más importantes porque son los que construyen el periódico. Eso es lo que más me gusta. Yo regresaría a la sección policial. Me encantaba salir de comisión a La Victoria, a los Barrios Altos a ver los crímenes. Me encantaría que un periódico me dé la oportunidad de hacer una práctica preprofesional de un par de meses.

En esa época se hacían buenas crónicas policiales.

Y ahora también. El otro día tuve una discusión severa con varios colegas. Yo sostenía que no era cierto que el periodismo de antes era mejor. El mejor periodismo siempre es el de hoy. Puede que antes hubiera mejores periodistas, pero ellos construyen las noticias de acuerdo al contexto y éste no es mejor o peor.

¿Alguna vez has trabajado en la sección política?

No. Yo siempre he tenido una línea de izquierda democrática, nunca milité en ningún partido político. Siempre he sido un izquierdoso de verdad, hasta viví en Moscú un par de años. Pero nunca trabajé entrevistando a políticos o en el Congreso.

¿Por una decisión personal o por las circunstancias?

Por las circunstancias. En el periodismo hay mucha casualidad. Es una vocación muy fuerte. Somos como los artistas; no puedes ser otra cosa, a pesar de que nos pagan mal.

¿Has tenido problemas por tus posiciones políticas?

Sí, durante toda mi trayectoria. Yo ingresé a trabajar en La Crónica en el año 1954, y he estado en varias redacciones. He estado en el momento más importante que fue el de la revolución velasquista. En la primera etapa estuve a favor de la revolución y en contra de los periódicos oligárquicos como El Comercio y La Prensa. En ese momento yo era jefe de redacción de Extra, un periódico básicamente policial, pero estaba ligado al sindicato de periodistas. Saqué un libro contando esa historia en el año 1972.

Uno de los principios que los periodistas defienden es el de la libertad de expresión. ¿Cómo se puede comprender el apoyo a un régimen que expropió los diarios?

Es que la libertad de expresión tiene un determinado marco teórico. Cuando estuvimos en la revolución velasquista tratamos de construir uno distinto, que se expresaba en un periodismo diferente, que no estuviera ligado a los intereses económicos.

¿Lo que dices es que los marcos teóricos cambian de acuerdo a los regímenes y contextos sociales en los que se implementan?

Voy a contarles una anécdota que grafica esto. Hace algunos años yo fui jurado del premio de periodismo José Martí en La Habana, y teníamos que reunirnos con los responsables del periódico del partido, el Granma. La primera plana de ese día era la noticia sobre una exitosa inauguración del congreso del partido comunista de Mongolia. Cuando conversamos con el responsable del partido nos explicó que nosotros teníamos un marco teórico totalmente distinto al de ellos. La relación con Mongolia era muy estrecha porque tenían tratados comerciales y para ellos era muy importante lo que ocurría en ese país.

¿Por qué no funcionó la idea de entregar los diarios a los diferentes gremios durante el gobierno militar?

Hay un libro muy interesante que se llama La revolución por decreto de Dirk Kruijt. No se pueden hacer cambios de tal envergadura con decretos. Imagínense, reunir a los periodistas de La Prensa y El Comercio y decirles que a partir de ese momento eran revolucionarios. Eso era imposible.

Debe haber sido un momento muy emocionante.

Yo estuve en la toma de Expreso. Hasta ahora estamos enfrentados entre nosotros. Hace poco publiqué una opinión en Facebook, y un periodista que fue despedido entonces respondió: “No olviden que Gargurevich es una lacra del periodismo nacional”. Son posiciones y hay que respetarlas. Lo que no se debe hacer es insultar.

Así que tu jefe fue Ulloa.

Era el dueño.  Antes de la expropiación él iba todos los días y estaba muy atento al proceso de la salida del diario y de los contenidos. Nosotros decíamos que era el gato del despensero porque era también ministro de Economía, y además era el hombre que conseguía préstamos y endeudaba al Perú a través de varias empresas. En ese momento la corrupción era muy fuerte. Siempre recibía comisiones de los bancos por los préstamos.

Eres un apasionado del periodismo y uno de los pocos historiadores de la prensa. Tu libro Historia de los medios es un clásico en las facultades.

Los historiadores no se han dedicado a la prensa sino a los efectos que la prensa tuvo sobre determinados hechos políticos. Contar cabalmente la historia del periodismo requiere una mirada multidisciplinaria. He leído un libro sobre un diario chileno que está escrito por tres personas: un periodista que estudió los modos de producción del periódico; un administrador–economista que estudió cómo se vendía; y un historiador que estudió el contexto.

El periodista es el historiador del día a día.

Así decía Camus. Lo que pasa es que hay una diferencia entre los periodistas y los historiadores: los primeros buscan la veracidad, en cambio los historiadores se demoran mucho más porque buscan la verdad. Los periodistas no tenemos que decir la verdad, solo ser veraces. Ver algo, contarlo y ser leal a nuestros principios de veracidad.

Todavía se discute sobre el principio de la objetividad promovido por el periodismo clásico norteamericano. Tú vienes de esa escuela.

Yo tengo claro que la objetividad no existe, ni cuando te miras al espejo. Todo el mundo sabe que un periódico imprime línea política en las noticias que publica. La elección de la fotografía y el lugar en la página conforman una decisión política, y lo gracioso es que los periodistas creen que son objetivos. En La Prensa Beltrán decía que la página de opinión era suya, y que en todo el resto del periódico los periodistas decidían. Pero como todos eran anticomunistas y antiapristas no había mucha diferencia.

"Hace poco publiqué una opinión en Facebook, y un periodista que fue despedido entonces respondió: 'No olviden que Gargurevich es una lacra del periodismo nacional'".

¿La clasificación conservador-liberal te parece válida para entender cómo los sectores reaccionan ante los hechos sociales?

La mayoría de episodios de la política peruana se entienden así. Ha habido constituciones conservadoras y liberales, presidentes conservadores y liberales. San Martín era conservador y Bolívar era liberal. Yo creo que el buen periodismo es el liberal porque no tiene las prisiones en las que te encierra la religión, por ejemplo, que no deja avanzar en el conocimiento de las cosas.

¿Llegaste a ser militante del Partido Comunista?

No militante, pero sí cercano. Algunas veces escribía para el periódico Unidad. Mi asociación era la Organización Internacional de Periodistas, de tendencia prosoviética, con sede en Praga. Viajé mucho; conocí todos los países socialistas. Después viví dos años en Moscú, en una época dura. Todavía estaba Breshnev y se perseguía a los disidentes.

¿Fuiste a trabajar?

Sí, me contrataron en la Editorial Progreso, que publicaba libros en español para Latinoamérica. Estos eran traducidos por españoles que utilizaban palabras como pardiez o gilipollas. Entonces nos contrataron a un cubano y a mí como correctores para convertir los libros del español al castellano.

¿Cómo te fue con el idioma?

No hablaba ruso. Vivíamos de manera austera; no era fácil. Finalmente nos regresamos porque mis hijos estaban en el colegio y no había equivalencia con los colegios de acá.

Tú fuiste uno de los fundadores de la revista Marka en el año 1975.

La fundó un grupo de Vanguardia Revolucionaria en el que estaban Humberto Damonte, Jorge Flores, Eduardo Ferrand. Coincidíamos en que se debía romper la hegemonía que tenían los periódicos del gobierno velasquista. Los militares eran demasiado susceptibles a la crítica; además, en esa época, Velasco ya estaba derrotado y rodeado por unos generales sinvergüenzas que se habían enriquecido.

Estuviste en el grupo de deportados en la primera fase del gobierno militar.

Eso ocurrió porque le dijeron a Velasco que había una conspiración que abarcaba a los sectores políticos y periodísticos.La verdad  es que todo eso fue un psicosocial armado por los militares que querían derrocarlo. Una de esas acciones fue armar una redada y meter presos como a 40 personas. A mí me llevaron con Humberto Damonte y César Lévano a la PIP de Chorrillos donde estuvimos tres días, y después nos deportaron a Buenos Aires. Estuve dos meses ahí y pude conocer bien la ciudad. Felizmente todavía no estaba Videla en el poder y nos trataron bien. Cuando Morales Bermúdez derrocó a Velasco, una de sus primeras medidas fue la amnistía. Así regresamos todos. Pero unos años después, en el marco de la Operación Cóndor, el propio Morales deportó a un grupo de políticos de izquierda a Argentina.

Regresaste y ya no volviste a la revista Marka.

No, porque me puse a escribir el libro sobre Mariátegui y el de la historia de los medios. Cuando decidí escribir el libro sobre Mariátegui hablaba de él todo el día. Lo traje a casa. Desayunábamos mi mujer, mis hijos y Mariátegui.

¿Cómo era el Mariátegui periodista?

Mariátegui era una persona excepcional. Siempre he sido su admirador. Fue autodidacta, solo estudió primaria. Es notable cómo a los 24 años logró sacar un diario que fue La Razón. En esa época era mucho más complicado que ahora. Participó en una de las mejores épocas del periodismo peruano, que va desde 1915 a 1919. Valdelomar y Yerovi también fueron de ese grupo, y había más diarios y revistas que ahora.

¿Qué te impresiona de Mariátegui como ser humano?

Bueno, que era un superdotado. Cómo sería de inteligente que a los 11 años se enfermó y lo internaron en la Maison de Santé, y cuando salió de la clínica después de dos meses, ya hablaba francés. Aprendió inglés traduciendo cables en la prensa. Aprendió italiano en el barco que lo llevaba a ese país, y cuando viajó a Alemania aprendió el idioma para poder leer a Marx en alemán.

¿El periodismo influyó en su formación socialista?

De todas maneras. Se inició con su experiencia juvenil de trabajo en el diario El Tiempo, el más radical de su época. Fue ahí que siguió las noticias sobre la Revolución bolchevique y se entusiasmó con aquella vía que llevaba al poder al proletariado. A La Razón le imprimió una clara línea clasista, proletaria.

Has vivido hitos como el de la salida del primer diario popular en el Perú. Nos referimos a Última Hora, sobre el que has escrito un libro.

Última Hora hacía periodismo popular y es lo mejor que ha habido. Su salida en 1950 inauguró una nueva etapa porque introdujo la jerga que, siendo coloquial, nunca se había utilizado en los titulares de algún diario. Estoy en contra de los que dicen que la revolución periodística nació con La Prensa en 1903, cuando Pedro Beltrán decidió modernizarla para contar con una mejor herramienta política.

Pero La Prensa fue el primer diario moderno del Perú.

Sí, pero solo importó formas, principalmente del Herald Tribune, y encontró traductores hábiles, pero sin estilo propio. En cambio, Última Hora consolidó su estilo desde su primer titular. Halló un atrayente público masivo, popular en el amplio sentido, que no consumía “cultura culta”. Ni su financista, Pedro Beltrán, ni su fundador, Raúl Villarán Pasquel, y su equipo de periodistas fueron plenamente conscientes de sus aciertos. Ambos tenían sus propios intereses. El primero buscaba el poder político y al segundo lo movilizaba la pasión y el narcisismo.

"Es que ahora los periodistas deben ser multidisciplinarios. Un día de estos en La Católica vamos a tener que eliminar las especialidades y hacer una sola carrera que sea la de Comunicaciones. Un periodista tiene que saber de audiovisuales, de desarrollo, de publicidad".

Y a los diarios chicha de los 90, ¿se les podría considerar diarios populares?

Para nada. Hay unos periódicos que solo tienen la forma. Son infames.

Justamente, esa década de los 90 fue una época nefasta en todo sentido, pero particularmente para los medios de comunicación. ¿Qué pasó el 5 de abril de 1992 en La República?

Entró la policía y tomó el periódico. Y pasó una cosa notable: publicaron al día siguiente la edición con espacios en blanco como protesta por ese atentado severo contra la libertad de expresión. Fue una época muy mala porque Montesinos intentó reprimirlos, pero después se dio cuenta de que era mejor comprar a los periodistas. Aunque es importante decir que, paralelamente, también se hizo buen periodismo. Fue una época muy investigada y denunciada por los propios periodistas.

Después, con el cambio de gobierno, se generó un momento propicio para democratizar los medios, pero Toledo tuvo un comportamiento blandengue.

Simplemente no intervino y les renovaron las licencias a los canales que se habían vendido al fujimorismo. Lo que hizo Toledo fue volver al régimen antiguo de extensión de licencias. Ahora que dudamos tanto de la figura de Toledo, a lo mejor no fue una decisión política, sino una de tipo económica que respondía a un lobby que hizo que todo volviera a foja cero.

Si pasas revista a los profesionales que trabajan en periodismo, te das cuenta de que los mejores periodistas no estudiaron esa carrera. Sobre ese punto hay diversas posturas. ¿Cuál es la tuya?

Hay una visión extrema que sostiene que solo pueden ejercer el periodismo los que estén colegiados. Yo soy tolerante con los buenos periodistas. Pero lo que ustedes dicen era antes. Por ejemplo, ahora todos los redactores y practicantes de El Comercio han estudiado periodismo. Lo que pasa con el periodismo en el Perú es que tenemos tres categorías bien diferenciadas: el de opinión, que está hecho por especialistas que no son necesariamente periodistas; el de televisión, que representa una mala imagen en general, porque es de tipo reporteril malo, en el que se interroga a las personas y se les preguntan estupideces; y el escrito, que es el que aprecio más y es muy bueno.

¿A quién hay que leer para aprender a escribir?

Yo leo a Jack London. Puede ser también Alejandro Dumas o Sandokan. Es la mejor manera de aprender.

¿Se puede enseñar a escribir?

Sí se puede. Hay personas que tienen vocación pero no tiene talento para escribir y necesitan entrenamiento especial. Lo que no se puede es enseñarles las reglas de ortografía. Los que tienen mala ortografía la tendrán toda su vida.

Últimamente han aparecido muchos periodistas que también son escritores. Comienzan escribiendo crónicas y después pasan a la literatura.

O al revés. Valdelomar hacía crónicas para sobrevivir. Ahora hay una nueva generación que asume el Nuevo Periodismo, que no es otra cosa que aplicar las herramientas de la literatura al periodismo. Hay periodistas que han escrito libros magníficos como Nuevos Juguetes de la Guerra Fría de Juan Manuel Robles, o De dónde venimos los cholos de Marco Avilés. Miguel Sánchez es un periodista joven que ha ganado un premio hace poco. Están Jeremías Gamboa y Jaime Bedoya. Tengo unos amigos a los que llamo “viejitos nostálgicos”. Ellos me decían que los periodistas de ahora ya no escriben como los de antes. Por favor, hay periodistas jóvenes que escriben como los dioses.

Pero es cierto que la tendencia es a escribir más corto; por ejemplo, en el periodismo digital los textos son muy breves y tienen un estilo de “tip” o de resumen.

No, lo que pasa es que cada vez la gente lee menos. Pero eso no quiere decir que la gente es más inculta, sino que tienen otra manera de aprender. Es un prejuicio que tenemos los viejos.

Después de tu larga experiencia como decano de una facultad de comunicaciones, ¿es necesario estudiar cinco años periodismo?

Es que ahora los periodistas deben ser multidisciplinarios. Un día de estos en La Católica vamos a tener que eliminar las especialidades y hacer una sola carrera que sea la de Comunicaciones. Un periodista tiene que saber de audiovisuales, desarrollo, publicidad.

Por todo lo que nos has dicho, parece que fueras enemigo de la frase “todo tiempo pasado fue mejor”.

Sí, no me gustan los viejos nostálgicos. 

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