La crisis política de Venezuela se apodera de las calles

Juan Nagel Editor de Caracas Chronicles
Ideele Revista Nº 236
(Foto: elquintopoder.cl)

Los estudiantes venezolanos, junto con sus líderes de la oposición, salieron a la calle el 12 de febrero para exigir cambios en la dirección del país. La protesta, a nivel nacional, terminó provocando el derramamiento de sangre. El miércoles, tres manifestantes fueron asesinados, lo que llevó al Gobierno y a la oposición a acusarse mutuamente de haber provocado los hechos.

Los estudiantes han estado protestando contra el Gobierno desde hace varias semanas. Sus causas son numerosas: Venezuela está sufriendo el crimen desenfrenado, la creciente inflación y la escasez de alimentos básicos. Una nueva “Ley de Precios Justos” establece una tasa máxima de ganancia de 30% para todos los bienes y servicios e impone una pena de expropiación inmediata a todas las empresas que no cumplan. Esto solo hace que la escasez se agrave.

Hasta ahora, las protestas fueron relativamente limitadas. Se concentraban principalmente en los bastiones occidentales de San Cristóbal y Mérida, dos ciudades medianas ubicadas en los Andes, cerca de la frontera con Colombia. Las dos ciudades son bastiones de la oposición. Pero el 12 de febrero, un día en el que los venezolanos conmemoran una batalla en la guerra de la Independencia liderada por jóvenes, la protesta creció en la mayoría de las ciudades venezolanas, incluyendo Caracas, la capital.

Los medios locales han ignorado la historia. La mayoría de canales televisivos y radiales pertenecen al Gobierno o están sujetos a la autocensura. Incluso los reporteros que pertenecen a uno de estos medios tienen cuentas anónimas de Twitter que les permiten evadir las directrices corporativas sobre lo que puede ser reportado. En cuanto a los periódicos, muchos de ellos siguen escribiendo editoriales contra el Gobierno, pero ahora éste se está negando a facilitarles divisas para importar papel. Muchos periódicos han dejado de circular, mientras que a los más influyentes les están advirtiendo que pueden cerrarlos en cualquier momento. Mientras tanto, el presidente Nicolás Maduro ha insinuado la aplicación de nuevas reglas que regularían la propiedad de los periódicos y su contenido.

Como en muchos lugares del mundo, las redes sociales han hecho el trabajo que los medios tradicionales se han negado a hacer. Fotos de estudiantes golpeados circulan en Twitter y Facebook. Estas redes también han relatado la historia de las detenciones por las autoridades militares.

Curiosamente, las protestas no solo han expresado la disconformidad con el Gobierno, sino también han sacado a relucir los conflictos en la oposición. Henrique Capriles, el excandidato presidencial de la oposición y el supuesto líder, se ha distanciado públicamente de las protestas. Los principales organizadores de la oposición, la legisladora María Corina Machado y el líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, son considerados como los principales rivales de Capriles. A pesar de sus diferencias, Machado, López y Capriles han mostrado moderación en sus comentarios públicos, pero hay profundas divisiones en cómo la oposición debería responder rápidamente al deterioro del clima económico y político.

A pesar de que las protestas han sido enérgicas, también son desorganizadas

Tienta hacer comparaciones entre la situación de Venezuela y la de Ucrania o Tailandia. Sin embargo, hay ciertas diferencias.

Venezuela ha soportado 15 años de chavismo, un periodo que ha visto protestas callejeras y masivas. La mayoría de ellas concentradas durante los últimos años de Hugo Chávez. En 2002, los manifestantes demandaban su dimisión; en 2007, querían que vuelva a abrir un canal de televisión que acababa de cerrar. La multitud perdió en ambos casos. Chávez sobrevivió, y el canal de televisión nunca volvió a abrir; hoy en día, el Gobierno controla todos los medios de comunicación.

El fracaso para lograr un cambio dejó un sabor amargo en la boca de muchos en la oposición. El sentimiento generalizado entre sus líderes y los activistas era que no valía protestar contra un Gobierno autoritario con una chequera cargada de ingresos petroleros.

¿Qué es lo que se está apoderando de las calles ahora? ¿Qué ha cambiado? En dos palabras: lo demográfico.

Los estudiantes que actualmente protestan eran demasiado jóvenes para hacerlo en el 2002. Ellos no han vivido la decepcionante experiencia de sus padres y familiares de aquel entonces. Esto plantea serios desafíos: a pesar de que las protestas han sido enérgicas, también son desorganizadas.

Mientras que todos los manifestantes quieren que el Gobierno de Maduro termine, no tienen una visión clara de cómo lograrlo. Ellos no creen que unas elecciones limpias se puedan dar en Venezuela desde que el Gobierno tiene el control de todas las instituciones públicas, y también afirman que no quieren un golpe de Estado. La falta de enfoque de las protestas es la razón principal por la que personajes como Capriles se muestran escépticos.

Al otro lado de la vereda proverbial, los manifestantes se están enfrentando a un Gobierno mucho más armado y menos restringido. A diferencia de antes, el Gobierno venezolano está dispuesto a enfrentarse a los manifestantes con pandillas armadas similares a los milicianos de Basij de Irán, que jugaron un rol fundamental en liquidar las protestas en 2009.

El movimiento de protesta se enfrenta a enormes obstáculos, tanto internos como externos, por lo que su resistencia es, en el mejor de los casos, dudosa. Aun así, los venezolanos parecen estar decididos a resolver sus conflictos en las calles, signo de un sistema político enfermo.

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