La guerra siria asomó su nariz por Toronto

Ideele Revista Nº 271
Foto: Imdb.

En la castigada Siria, las bombas no cesan de caer. En Europa occidental, el terrorismo sigue haciendo historia. Es por eso que el festival internacional de cine documental HotDocs de Toronto dedicó una sesión a la guerra en Siria, cuyas escenas e imágenes del conflicto dejaron al público en fúnebre silencio. De los 230 documentales procedentes de 58 países que se proyectaron, ocho estuvieron enfocados en el conflicto sirio. En pantalla, el panorama de la violencia fue un elocuente retrato de guerra, crímenes, destrucción, muertes y desplazamientos.

Ciudad de fantasmas, del americano Matthew Heineman, por ejemplo, cuenta la historia de un grupo de ciudadanos periodistas, autodenominado “Raqqa está siendo masacrada en silencio”, que arriesgan sus vidas para documentar y denunciar las atrocidades que el Estado Islámico comete en Raqqa.

La producción noruega, Reclutando para la yihad, de Adel Khan Farooq y Ulrik Imtiaz Rolfsen, muestra cómo un misionero islamista noruego, Ubaydullah Hussain, recluta jóvenes para el Estado Islámico.  

Infierno en la tierra, de Sebastian Junger y Nick Quested, se centra en la caída de Siria y en los orígenes de ISIS. Basada en más de 1,000  horas de metraje, la cinta contiene perturbadoras imágenes de decapitaciones de varios rehenes.

El documental Los últimos hombres de Alepo, premiado  como Mejor Documental Extranjero en el Festival de Sundance, nos introduce al mundo de un grupo de rescatistas sirios que hace todo por salvar la gente de su ciudad. A través de dramáticas escenas en las que estos rescatan de los escombros cráneos y partes del cuerpo, la cinta registra de manera concreta las consecuencias del conflicto. 

Revista Ideele conversó con Feras Fayyad, cineasta sirio y co-director de la cinta.

¿Cómo fue que se te vino a la mente contar esta historia?

Soy de Siria, de las afueras de Alepo. La idea se me ocurrió mientras me encontraba en la cárcel.

¿Cómo así que en la cárcel? ¿Por qué?

Estuve encarcelado dos veces en las celdas de Assad por haber hecho comentarios sobre la libertad de expresión.

¿Qué tipo de comentarios?

Comentarios que fueron poco halagadores hacia el presidente Assad y los Estados Unidos.

¿Y por eso fue que te encarcelaron y torturaron?

Así es. Por eso fui humillado y torturado. Fue algo espantoso. Pero no fui el único; muchas fueron las víctimas de tortura y lo continúan siendo. Cada vez que oía los gritos de tortura, sentía la obligación moral de crear un registro de los abusos cometidos... Pensé en los rescatistas, conocidos localmente como Defensa Civil Siria y como Cascos Blancos en el extranjero, con una pregunta que me venía frecuentemente a la mente: ¿qué era lo que los motivaba a ir a esos lugares de los cuales la gente huía?

"Quise mostrar en imágenes que, a pesar de toda la violencia, todavía existe un sentido de la vida en Alepo, una de las ciudades más peligrosas del mundo".

¿Obtuviste tu respuesta?

Mira, a pesar de lo que sucede en su entorno el pueblo sirio sigue con sus quehaceres cotidianos. Trata de vivir una vida “normal”. La gente va al mercado, a la farmacia, camina por las calles, se enamora, se casa y tiene hijos…

Quise mostrar en imágenes (y espero haberlo logrado) que, a pesar de toda la violencia, todavía existe un sentido de la vida en Alepo, una de las ciudades más peligrosas del mundo. La gente sentía un gran amor por la vida y trataba a toda costa de ignorar la muerte que deambulaba en su entorno.

Al mismo tiempo, quise captar todos esos actos humanitarios de los cuales la prensa no habla. Quise poner en pantalla ese gran amor que los rescatistas sentían por su gente, por su ciudad y por su país. Hacían lo que hacían porque querían ayudar a su gente y quedarse en su país. Pese a la violencia, no tenían ninguna intención de abandonar su ciudad.

¿Qué tan difícil te fue ponerte en contacto con ellos?

No tuve dificultades en encontrarlos, pero lo que sí me costó fue convencerlos para participar en el documental. Eso me tomó aproximadamente cinco meses.

¿Cuánto tiempo duró el rodaje del documental?

De 2013 a 2016, pero decidí empezar a contar esta historia a partir de 2015  cuando Rusia empieza los bombardeos en Siria. La historia empieza con la agresión militar rusa porque esta ha provocado mucho más destrucción, más víctimas y la pérdida de más vidas.

¿Mientras filmabas en Alepo, no temías por tu vida o que te vuelvan a encarcelar?

No. Mira, yo crecí en Alepo; y después de ver morir a tanta gente, decidí mostrarle al público lo que estaba sucediendo allí, mostrarle lo que significaba la vida y la muerte en Alepo. Quería que el público fuera testigo de los bombardeos y que se preguntara: ¿Cómo alguien puede aún querer vivir en una ciudad donde caen del cielo más de 20 bombas al día? Esa era mi motivación. Así que al ver cómo los rescatistas arriesgaban todo por salvar a víctimas de los escombros ni siquiera me puse a pensar en que yo estaba en peligro.

¿Llegaron a ver tu documental los rescatistas que aparecen en el mismo? De ser así, ¿cuál fue su reacción? 

Sí, lo vieron y se emocionaron. Lloraron mucho.

¿A quién va dirigido este documental?

Este documental va dirigido a todo el público, pero en particular me gustaría que lo viera el presidente Trump, los responsables de formular políticas en Estados Unidos, las organizaciones de derechos humanos y la prensa internacional... Esta es la peor crisis humanitaria de los últimos 20 años y la comunidad internacional no la puede seguir ignorando.

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