Las cifras y la banalización del feminicidio

Angélica Motta Antropóloga e Investigadora de la Universidad Cayetano Heredia
Juan Carlos Enciso Psicólogo social e investigador de la Universidad Cayetano Haredia
Ideele Revista Nº 277

Foto: USI.

Documento sin título

Los casos de feminicidio no cesan en el país, recientemente hemos visto con profunda indignación que ni las niñas están libres de la violencia feminicida. María Jimena, una niña de once años a quien su padre dejó en la puerta de una comisaría para un curso de vacaciones útiles fue interceptada por un sujeto que luego de violarla, la mató y quemó dejando su cuerpo calcinado en plena vía pública. Sí, la interceptó en las inmediaciones de una comisaría, así de nula es la protección policial.

El problema del feminicidio es alarmante y la respuesta estatal deficiente, no existen medidas efectivas de prevención y protección y no es tomado en serio por las autoridades encargadas de impartir justicia. Las más diversas y atroces expresiones de violencia contra las mujeres suelen quedar impunes, como es el caso de la deplorable agresión que perpetró Adriano Pozo contra Arlette Contreras, y de la que todo el país fue testigo (vía video), pero de la cual este agresor ha sido absuelto.  

En medio de este panorama desolador donde debería ser consenso sumar fuerzas para exigir que el feminicidio sea tomado en serio como la emergencia que es, desafortunadamente existen voces que banalizan el problema y una de las estrategias más frecuentes es la presentación tendenciosa de cifras.

Lo han hecho sobre todo los sectores más conservadores en lo que se refiere a temas de género y sexualidad[1]. Personajes críticos de la supuesta “Ideología de género” buscan así oscurecer una evidencia flagrante de algo que se empeñan en negar: la existencia de relaciones opresivas de género.

Sin embargo, infelizmente, la ausencia de un apropiado enfoque de género ha generado interpretaciones desafortunadas desde sectores que no necesariamente se encuentran en el extremo del conservadurismo fundamentalista. Así por ejemplo, Huaytalla (2017) en un artículo en este mismo medio que titula “Mitos y verdades de los homicidios en el Perú”[2], luego de una introducción en la que señala que “Grandes relatos fabulosos y dramáticos, llenos de emoción, se contagian y dan por sentados hechos en la sociedad […] sumergidos en historias fuera de la realidad”, se refiere al feminicidio como una de esas suerte de “fábulas” afirmando: “Mito 2: El Perú tiene una ´alarmante cifra de feminicidios´”.

Dar a entender que la cifra de feminicidios en el Perú no es alarmante es una aseveración de carácter muy ligero que resulta contraproducente en un país donde entre el 2009 y el 2016, se registra que murieron 884 mujeres por feminicidio y donde además las tentativas reportadas llegaron a 1,061 en ese mismo periodo, mostrando una clara tendencia al aumento como se observa en el siguiente gráfico:

En lo que sigue de este texto revisaremos las cifras comparadas que Huaytalla presenta en dos niveles de análisis comparativo: nacional y regional (a nivel de América Latina y el Caribe), proponiendo comparaciones más pertinentes y/o complementarias, para una comprensión cuantitativa más cabal de esta grave problemática.

La comparación a nivel nacional

Para sostener que las cifras de feminicidio no son alarmantes en el país, la estrategia comparativa que Huaytalla encuentra más relevante consiste en: (1) una comparación general entre víctimas de homicidios hombres (78,7%) y mujeres (21,3%) y (2) señalar el porcentaje de feminicidios (4%) del total de homicidios a hombres y mujeres.

(1)    Sobre la comparación entre víctimas hombres y mujeres

Si lo que se busca es determinar la gravedad relativa del feminicidio a partir de una comparación de la condición de víctimas de hombres y mujeres (como propone el autor) no basta, y hasta resulta tendencioso, solamente comparar el total general de homicidios de unos y otras, bastante más relevante es la comparación de situaciones de muerte análogas para ambos sexos.

Un feminicidio no es el equivalente al homicidio de una mujer, se trata del asesinato de una mujer por el lugar subordinado que ocupa en las estructuras de poder de la sociedad. Esto no tiene un correlato en los hombres, ya que no existe una estructura social y de poder que los coloque en situación de subordinación con respecto a las mujeres. Sin embargo, para una aproximación, se puede comparar la prevalencia del tipo de feminicidio más común, el íntimo (el asesinato de la mujer en manos de su pareja / expareja), con su contraparte en el caso de los hombres. Si consideramos esas cifras vemos lo flagrantemente más grave y alarmante que es el tema para el caso de las mujeres. Del total de muertes en manos de la pareja el 78% de las víctimas fueron mujeres, mientras que el 22% fueron hombres.

 

Además, del total de hombres que fueron asesinados el 1,7% lo fue por su pareja o ex pareja, mientras que en el caso de las mujeres esta cifra asciende a 22,2%. Es decir que 1 de 5 mujeres asesinadas lo fueron en manos de su pareja o ex pareja, cifra indudablemente alarmante. A diferencia de otro tipo de homicidios este tiene el agravante de ocurrir en el contexto de un vínculo afectivo que coloca a la víctima en gran vulnerabilidad.

Por otro lado, las cifras disponibles también nos permiten acercarnos a las causas de los homicidios en hombres y mujeres y por tanto ver la prevalencia diferenciada, considerando los aspectos que más se acercan a la problemática del feminicidio. Así, para causas como celos, violencia sexual y violencia familiar existe una marcada mayor prevalencia de muertes de mujeres que de hombres, siendo particularmente alarmante la diferencia cuando se trata del tema de abuso sexual (mujeres 92,9%, hombres 7,1%).

Finalmente, el dato general de víctimas de homicidios por sexo que presenta Hauytalla (hombres 78,7% y mujeres 21,3%) no deja de ser relevante como marco general de estos crímenes. En esa linea, para completar el panorama general de los homicidios de manera comparativa por sexo resulta importante también ver lo que ocurre del lado de los perpetradores. Desafortunadamente, los datos para el Perú no están disponibles[5] pero contamos con datos globales que nos acercan a esta realidad, así el Estudio Mundial sobre Homicidio de Naciones Unidas (2013) afirma que: “cerca de 95% de los homicidas a nivel global son hombres, un porcentaje más o menos constante de país a país y entre regiones, independientemente de la tipología de homicidio o el arma empleada”(p. 3)[6]

Entonces si bien, como visibiliza Huaytalla, los hombres mueren más por asesinato que las mujeres, son también quienes matan en una proporción más elevada, podemos afirmar con Segato (2016)[7] que “hay proporcionalidad entre el grado de violencia letal que ejercen y la que reciben”. En el caso de las mujeres en cambio, esta proporcionalidad no existe, ellas mueren ampliamente más de lo que matan (p. 162).

Este marco nos permite ubicar los datos de feminicidio de manera integrada a una dinámica mayor de criminalidad y violencia en la cual se observa que existe una clara tendencia a la letalidad asociada con la masculinidad.

(2)    Sobre la comparación del feminicidio y otras formas de homicidio

En una segunda estrategia comparativa a nivel nacional, Huaytalla busca demostrar lo no alarmante de las cifras de feminicidio señalando que solo el 4% de todos los homicidios, de hombres y mujeres, son feminicidios. Sin embargo, este primer acercamiento es muy limitado. Para entender mejor el peso del feminicidio frente a otros tipos de homicidio, sería altamente relevante analizar además la prevalencia de este tipo de crimen - que afecta solo a mujeres - en el conjunto de otras formas de asesinatos de mujeres.

Las cifras muestran para el conjunto de homicidios de mujeres que aquellos con causas vinculadas al feminicidio son los más prevalentes. Así, de las quince causas de homicidio registradas oficialmente en 2016[8], en el caso de las muertes de mujeres los celos de la pareja figuran en el primer lugar, es decir que los celos son la causa por la que más se mata a las mujeres en el país. Dato que se condice con el hecho de que 1 de cada 5 mujeres murieron en manos de sus parejas o ex parejas. Por tanto, en el conjunto de acciones homicidas que acaban con la vida de las mujeres, el feminicidio es la situación más alarmante.

La comparación regional

El segundo argumento que usa Huaytalla, para afirmar que las cifras de feminicidio en el país no son alarmantes, es la comparación de la tasa de ocurrencia del mismo en el Perú con otros países de América Latina y el Caribe. Señala a partir de datos de CEPAL (2016)[9] que el Perú no se encontraría entre los países con mayor prevalencia.

Al respecto, es importante aclarar que América Latina y el Caribe es la región del mundo donde se dan los mayores índices de violencia contra las mujeres. Así, “entre los 25 países con las tasas más altas de femicidio en el mundo, 14 están en América Latina y el Caribe” (Onumujeres, 2017)[10]. Tomando en cuenta este extremo de letalidad que representa la región para las mujeres, el hecho de no encontrarnos en los primeros lugares no puede llevar a concluir que las cifras en el país no son alarmantes.

Por otro lado, si se trata de comparaciones amplias, una revisión de la base de datos[11] de donde proviene el ranking global de femicidio[12] referido por Onumujeres (que incluye 221 países) muestra que el Perú se encuentra en el tercio superior (puesto 74). 

Reflexión final

Muchas mujeres, e incluso niñas, mueren por la violencia estructural de género que es endémica en nuestro país, se trata de cifras alarmantes y no, decir esto no es un “relato fabuloso y dramático”, no es un “mito” o una “historia fuera de la realidad”, desafortunadamente es una muy dolorosa experiencia cotidiana cuya urgencia es preciso evidenciar y denunciar de manera permanente.

La violencia letal está asociada de manera contundente a la masculinidad, los hombres matan y mueren más, mientras que las mujeres mueren mayoritariamente en manos de hombres, y una proporción muy signicativa en manos de hombres con los que tienen/tuvieron vinculos afectivos muy cercanos. Por tanto, la necesidad de actuar respecto de estos asuntos desde una perspectiva de género es urgente. Son cruciales cambios profundos que desmonten de raíz la asociación entre violencia y masculindad(es) para evitar que tantos hombres sigan matando mujeres y matándose entre sí de manera endémica, los beneficios serán para todas y todos.




[1] Al respecto ver el análisis del discurso de una conferencia sobre la supuesta “Ideología de género” en el CAL:  https://wayka.pe/homofobia-y-misoginia-en-el-colegio-de-abogados-una-des...

[4] INEI (2017) Base de datos del Registro Nacional de Delitos en las Dependencias Policiales. INEI: Perú. Recuperado de: http://iinei.inei.gob.pe/microdatos/.

[5] Si bien está previsto el recojo de estos datos en los instrumentos usados por el INEI, no tienen disponible esta importante información.

[7] Segato, R. (2016) La guerra contra las mujeres. Editorial Traficante de sueños: Madrid. Recuperado de: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/map45_segato_web.pdf.

[8] INEI (2017) Base de datos del Registro Nacional de Delitos en las Dependencias Policiales. INEI: Perú. Recuperado de: http://iinei.inei.gob.pe/microdatos/.

[12] A diferencia del feminicidio, el femicidio es el homicidio a mujeres. No existen datos cuantitativos globales comparativos de feminicidio y, sin embargo, la prevalencia de feminicido y femicidio entre países tienden a guardar proporcionalidad como lo demuestra un comparativo de ambos para la región de América Latina y el Caribe (para la que sí se cuenta con ambos rankings cruzando las fuentes consignadas).

Agregar comentario

Medio ambiente

Colaboraciones

Ciencia