Lecturas de la historia

Ideele Revista Nº 237

(Foto: revistacaos.com)

He leído con frecuencia, en muchas publicaciones de los últimos años, aseveraciones que dan por cierto que al final el capitalismo le ha ganado la batalla al socialismo, y que quienes pensaban que el último era una solución han tenido que reconocer su error. Considero que esa lectura de la historia es bastante limitada y que olvida las circunstancias en que vivieron algunos filósofos, pensadores y políticos que fueron partidarios del marxismo que, por cierto, eran muy diferentes a las actuales.

Lo primero que hay que reconocer es que la receta que consideraba al Estado como el necesario conductor de la economía ha fracasado, ya que la caída del Muro mostró los niveles de corrupción a que tal alternativa conducía, que superaban con creces los del mundo capitalista.

Por otro lado, creo que es importante matizar, ya que en esa supuesta batalla entre capitalismo y socialismo o comunismo se han producido influencias mutuas de las que muchos no se han dado cuenta. El mundo capitalista que criticaba Marx, o incluso Lenin o Mao, no tiene nada que ver con el que vivimos: ha sido superado largamente y es hidalgo reconocer que muchas de sus mejoras se las deben al temido comunismo, que llevó a concesiones que quizá no se hubiesen hecho si éste no hubiera existido, como la jornada de 8 horas, las vacaciones, la estabilidad laboral, e incluso los derechos humanos. En pocas palabras, pienso que el capitalismo de nuestros días está teñido de socialismo. (Incluso la intervención del Estado, no como conductor de la economía pero sí como árbitro y regulador de varias actividades, es hoy aceptada y tuvo un importante teórico en Keynes.)

Miradas las cosas de esa manera, considero que podemos decir que ha habido una cierta simbiosis entre la tesis y la antítesis y no que una se ha impuesto sobre la otra, salvo que se extrapolen ciertos conceptos fundamentales de los dos extremos como son el estatismo —que no es patrimonio del comunismo, ya que también lo aplicaron el fascismo y el nazismo— y la libertad económica como la entienden los neoliberales economicistas, que todavía no se han dado cuenta de que su “economicismo” es profundamente marxista.

En los análisis históricos, sobre todo cuando se hacen a poca distancia de los hechos, suelen simplificarse procesos que en el fondo son más complejos, como la relación entre los denominados mundos comunista y capitalista. Un ejemplo evidente en nuestros días es el caso de China, un híbrido que muchos considerarían contradictorio, pero que en algunos aspectos está funcionando relativamente bien y en otros muy mal.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué hubiera pasado con China si no se hubiera dado la revolución maoísta? ¿Sería la potencia que es hoy día? ¿Algo parecido respecto de Rusia? Y, claro, habría respuestas diversas y todas serían especulaciones, como las de ¿qué hubiera pasado con Chile si no hubiera ocurrido el golpe Pinochet o con el Perú si Fujimori hubiese intentado hacer las cosas respetando la Constitución vigente?

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