Percepciones sobre corrupción

Ernesto de la Jara Abogado. Fundador y exdirector del Instituto de Defensa Legal
Ideele Revista Nº 235

Interpretaciones de la encuesta de EL COMERCIO IPSOS

En la última encuesta nacional urbana de El Comercio Ipsos, publicada el domingo 16 y el lunes 17de este mes, se ratifica que la gran mayoría de los peruanos pensamos que vivimos en un país profundamente corrupto.

Esta vez se demuestra cruzando de manera elemental dos variables: la altísima desaprobación de las instituciones (en el caso del Congreso 80%, del Poder Judicial 77% y del Gobierno 69%), y el hecho de que el 54% de los encuestados diga que el principal problema de las instituciones públicas es la corrupción.

Cómo será de importante la percepción de corrupción como la principal explicación de este rechazo de las instituciones, que los otros cuatro problemas mencionados (falta de recursos, ineficiencia, etc.), ni siquiera en conjunto llegan al 50%.

Hay así un claro consenso sobre la inmensa corrupción de las instituciones. La disputa es sobre cuál lo es más. Según la encuesta encargada por Proética a Ipsos, el 55% le da el premio al Congreso, el 53% a la Policía Nacional y el 49% al Poder Judicial. En realidad es casi un empate técnico.

La idea de que estamos ante una corrupción generalizada se expresa cuando –en la última encuesta de Ipsos– alrededor del 74% cree que en todas las instituciones se tiene grandes posibilidades de coimear o, peor aún, que en todas se logrará hacerlo. Acá la Policía se lleva el premio mayor con casi 10 puntos más.

Ahora, frente a este problema, el sector privado no se libra de la tentación. De acuerdo a otra encuesta hecha por Ipsos, esta vez en CADE 2012, el 76% de los encuestados consideró que los empresarios pagarían coimas si se les pidiera.

¿Qué puede sentirse ante tanta corrupción? Lo que siempre se dice: ira, indignación y sed de justicia contra la impunidad.

Sin embargo hay algunos datos en la misma encuesta que nos demuestran que no es tan así, y que mas bien la corrupción es vista como un pecado bastante tolerable y hasta perdonable. Cómo explicarnos si no que políticos frente a los que hay –por decirlo menos– graves denuncias de corrupción, o que han participado de gobiernos claramente corruptos, sigan teniendo un importante nivel de respaldo. Según la encuesta que estamos comentando Alan García tiene una aprobación del 28%, Toledo del 20%, Keiko Fujimori del 38% y Castañeda 46%.

Son niveles de aprobación que superan al de casi todas las autoridades por las que se pregunta, incluidos los ministros que podrían ser considerados como las estrellas de la película, como es el caso del Ministro de Economía, quien con su 21% de respaldo pierde frente a todos los nombrados, con la única excepción de Toledo con quien empata.

Y lo peor es que no se descarta para nada que la mayoría de ellos acaben disputándose las próximas elecciones presidenciales. ¿Dónde quedó la rabia por tanta corrupción?

Otro aspecto a remarcar es que la percepción de la corrupción puede depender del cristral con que se mire. Por ejemplo, quienes respaldan al Presidente Humala suelen poner entre las tres o cuatro razones para ello la lucha que desarrolla contra la corrupción, mientras que los que desaprueban ponen en el mismo puesto la total ausencia de medidas frente a ella.

Es acertado que se haya comenzado a medir la percepción de la corrupción en más instituciones. Y los índices encontrados también son muy altos. En esta encuesta, más del 73% cree que el personal municipal es sobornable, el 51% piensa lo mismo de los profesores y el 40% de los empleados de bancos. Una percepción cercana a la realidad, ya que la Coordinadora del Sistema Anticorrupción bajo el nuevo código procesal penal, la Jueza Susana Castañeda, acaba de presentar un informe sobre el 2013 en el que se hace referencia a varias condenas de profesores de las UGEL, sea para conseguir un nombramiento o para pasar a un alumno en el examen.

En los informes que el IDL sacó a comienzos del año pasado (WATCHiman anticorrupción febrero-marzo 2013) se alertó cómo se venían incrementando  notoriamente las denuncias de corrupción a nivel de municipios distritales.

Entre las prioridades que según la reciente encuesta debería tener el Gobierno luego de la sentencia de La Haya, aparece la lucha anticorrupción en cuarto lugar, después de educación, seguridad y crecimiento económico. ¿Hará caso el Gobierno? De acuerdo a la encuesta, sólo el 12% cree que la corrupción habrá disminuído en los próximos 5 años.

 

El hecho de que sólo el 10% crea que se podrá lograr un acuerdo multipartidario como el de La Haya pero para combatir la corrupción, se puede deber a la convicción de que ningún partido está realmente interesado en hacerlo, pero también a que es iluso creer que los partidos se unirán para tratar de resolver un problema, cuando muchos de ellos son parte del problema.

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El Perú está lejos de ser la

El Perú está lejos de ser la estrella macroeconómica de la región que nos quieren hacer creer es debido a un panorama laboral grave, a las debilidades de una estructura productiva simple basada en materias primas y a su corrupción institucional. Las variables en las que estamos rezagados: justicia, educación, inseguridad, ciencia, tecnología y corrupción institucional del Estado, son las que más importan en el mediano y largo plazo. Ningún país con las características institucionales del Perú ha logrado desarrollar o sostener su crecimiento. Es una ilusión pensar que si no hay cambios sustanciales ahora vamos a poder mantenerlo. La complacencia de la sociedad al respecyo se debe a su falta de ideas y a que es bombardeada con una publicidad falsa sobre su real progreso económico. En términos de desarrollo es la séptima. Su PBI per cápita es 60% inferior al de Chile. Lo más espectacular del Perú es su insularidad intelectual; el desconocimiento de su propia verdad. Y para abundar, tomen como ejemplo especializado el libro de Acemoglu y Robinson "Why nations fail?" ¿Por qué fracasan los países? y vean el índice temático, con muchas referencias a Perú. Los autores toman el caso de Perú como un país que con una institucionalidad crónicamente corrupta no desarrollará. Fracasará. Son pesimistas.

La situacion por la cual atraviesa el Ministerio Publico no representa crisis. Crisis es un termino muy elegante para describir lo que en realidad constituye un estado de pudredumbre cronica en el sistema judicial que permite que narcos, corruptos y familiares de corruptos queden impunes. Cada semana vemos como en nuestras narices Alan Garcia queda limpio luego de indultar cientos de narcos de alto calibre con animo de lucro, como la sobrina de Cesar Vega Vega -Karina Ungaro Morales- estafa de nuevo y no le pasa nada, como el sobrino de la nefasta abogada aprista Judith de la Mata, gracias a la mano negra de Vega Vega, camina libre luego de matar a un padre de familia tras atropellarlo, como los Sanchez Paredes siguen siendo reyes en la cuna de Haya de la Torre tambien con el apoyo de Vega Vega, y como la excongresista Tula Benites Vasquez es otorgada una absolucion vergonzosa por parte de la Corte Suprema. Jose Pelaez Bardales es un subalterno de la red de Vega Vega; con eso ya esta dicho todo.

La leccion que se dilucida es si uno es aprista, narco, mason, corrupto y/o, al menos, familiar de un corrupto aprista, no tiene nada de que preocuparse, por mas culpable que sea de sus delitos y crimenes, va a salir libre y no tendra que devolver el botin robado, ni pagar por ningun perjuicio causado.

Hay que cantarlas claras y esa es la mera verdad.

Esta lacra, que no es nueva

Esta lacra, que no es nueva sino es intrínseca a la existencia de las sociedades, tiene mucho que ver con los valores que se reflejan en las mismas sociedades. Si el proceso de globalización en las que están insertas casi todos los países motiva a la devaluación de valores por motivos económicos, es obvio que la corrupción campeará siempre. Los Estados deben de actuar con mayor énfasis desde las escuelas para apremiara valores distintos.

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