Poderoso caballero es don dinero

Ideele Revista Nº 268
Foto: Andina.

En el afán de encontrar las causas a los problemas de corrupción que en realidad son endémicos y que han aflorado en nuestros días de manera escandalosa, se ha intentado ensayar varias explicaciones, como que el modelo neoliberal es el culpable o que se debe a la decisión del Partido de los Trabajadores del Brasil que desde el poder político intentó someter o manipular a su entorno latinoamericano. Es cierto que la corrupción no tiene ideología, pero hay algunas que incrementan sus posibilidades.   

Mi impresión es que hay que escarbar más para encontrar las verdaderas causas y para decirlo en una frase creo que el origen es cultural y es el endiosamiento del dinero. En nuestras sociedades las mayorías piensan que todo vale si se trata de hacer fortuna, incrementar la que se tiene o empezar a amasar una nueva. La visión economicista –en esto tiene responsabilidad el neoliberalismo– ha enfocado todos sus esfuerzos en solucionar los problemas económicos, la búsqueda del ‘bienestar’ ha reemplazado a la realización integral del ser humano. Ya lo dijo hace muchos años Erich Fromm cuando hizo notar que se había reemplazado al ser por el tener.

La concepción individualista, que considera a cada hombre como una isla olvidando su carácter social, ha llevado a que las personas traten de ser competitivas en vez de competentes, a que el éxito sea individual y no social y que nuestro modelo económico esté enfocado en que las empresas compitan tratando de hacer las mayores utilidades posibles. Se dice que el afán de lucro también impulsa la innovación, incrementa la productividad y mejora los estándares de vida, pero me temo que es justamente esa manera materialista de ver las cosas la que nos ha llevado adonde estamos. En nuestros tiempos, el marketing es un instrumento para que compremos y sigamos comprando cosas que no necesitamos y que de allí se deriven una buena cantidad de puestos de trabajo, de tal manera que hemos creado un círculo vicioso del que en apariencia no podemos salir.

"Se dice que el afán de lucro también impulsa la innovación, incrementa la productividad y mejora los estándares de vida, pero me temo que es justamente esa manera materialista de ver las cosas la que nos ha llevado adonde estamos".

La necesidad de cambiar de paradigmas se hace evidente. Lo que está pasando en el mundo nos lo está diciendo a gritos, pero hay demasiados intereses involucrados, aunque es probable que lo que defienden en el fondo no les convenga tampoco a ellos. Creer que el camino a la felicidad es la acumulación de bienes y dinero es evidentemente falso. Lo repiten de una u otra manera los más lúcidos de los que han hecho millones.

Por otro lado, vivimos en una sociedad en la que todos quieren aparentar ser felices. Publicamos los logros, pero ocultamos nuestros fracasos, así conseguimos que los demás crean que nos va mejor que a ellos. Es una suerte de competencia sobre a quién le va mejor y por supuesto los ingresos y capacidad de gastar son centrales. La gente con más clase trata de no enrostrar su nivel de vida, pero hay otros, los nuevos ricos, que hacen todo lo contrario y hasta hacen alarde de su dinero. Son pocos a los que el sistema no ha penetrado y viven dedicados a su realización como personas.

La mayoría pasa su vida en la más absoluta frivolidad y está convencida que es la mejor manera de hacerlo. Hay los que la dedican a construir grandes imperios económicos que luego gastan sus descendientes en vidas carentes de sentido y que con frecuencia derivan en las drogas y en el vacío más absoluto, mientras otros viven en la miseria. Hacerse las preguntas clásicas de la filosofía es para muchos una pérdida de tiempo, intentar profundizar sólo los lleva a sentirse culpables, por lo que lo evitan, los años se pasan entre viajes, veranos, amoríos y una banalidad que atraviesa toda la existencia y que se transmite de padres a hijos.

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