Quitar la tierra

Patricia Wiesse Directora de la Revista Ideele
Gerardo Saravia Editor de la Revista Ideele
Ideele Revista Nº 272

La comunidad indígena Nuevo Amanecer Hawai la integran 80 familias de diversa procedencia: asháninkas, ashéninkas, machiguengas y yaneshas. Cada una de ellas habla su idioma nativo y, la mayoría, también el español. Su economía se basa en la caza, la pesca y una agricultura aún rudimentaria. Nuevo Amanecer Hawai es una de las miles de comunidades indígenas que existen en el país. No tendría nada de particular si no fuera porque un grupo de colonos aliados con empresas madereras los quieren echar de su territorio, aduciendo que no son indígenas y que el territorio no les pertenece.


El asháninka es el grupo mayoritario de esta comunidad: habita 32 mil hectáreas de las regiones de Pasco, Junín y Ucayali desde tiempos inmemoriales. Es un pueblo aguerrido que no dudo en enfrentar a Sendero Luminoso cuando esta organización quiso convertir su territorio en una base de apoyo y enrolar a sus hijos en la lucha armada. Los que viven acá se definen como personas pacíficas; lo único que quieren es que los dejen tranquilos, aunque esta paz les esté costando muchas batallas.

La subversión empezó a tocarles la puerta en los años 1988 y 1989. Desde ese entonces, se enfrentaron en diversas oportunidades en el río Piyari, cuya traducción es Río Seco. El asháninka Alfredo Hidalgo cuenta que a pesar de tener solo 12 años ya participaba de la guerra, porque cuando se trata de defender a su pueblo lo hacen todos, sin distinción: “Ellos nos decían que el Partido es bonito y querían engañar a nuestros dirigentes, pero  nosotros no nos dejamos. Querían llevarse a nuestros hermanos menores para incorporarlos a su lucha, y nosotros nos resistimos. Por eso quisieron matar a nuestras autoridades. Nosotros tenemos el chicua, que es un ave que nos avisa que es una ave cuando viene un enemigo, dice chiii quaaaa”.

La guerra contra Sendero

La guerra contra Sendero fue dura y terminó en un éxodo masivo. Los indígenas tuvieron que abandonar su lugar de origen y refugiarse en poblados aledaños por recomendación del propio ejército, ya que la situación se había vuelto sumamente peligrosa. Algunos, luego de un tiempo, recalaron en la ciudad. Tal fue el caso de la familia de su jefe histórico Mauro Pío Peña. El actual jefe es su hijo, Víctor Pío Flores.

“El ejército le dijo a mi padre que nos dispersemos. Nosotros nos refugiamos en la comunidad San Pascual, en donde estudié hasta tercer año de primaria. De ahí mi papá nos sacó a la ciudad de Satipo, y por eso aprendimos a hablar el castellano perfectamente. Para nosotros era una equivocación el idioma. Mis ancestros hablaban el ashéninka, pero en Satipo hablaban el asháninka. Para evitar equivocaciones nos hemos ido mejor por el castellano”, afirma Víctor Pío Flores.

Cuando el territorio estuvo pacificado deciden regresar. Mauro Pío, como si fuera un Moisés indígena, convenció y reagrupó a su gente y los animó a hacer el camino de retorno. La tierra prometía.

Aproximadamente en el año 1993, su padre le dijo que iban a retornar, que el coronel Ganoza le había asegurado que la zona estaba pacificada. Juntó a toda su familia y llegaron a reconstruir la comunidad, decididos a restablecer sus fronteras. Pero cuando regresaron a su tierra, se encontraron  con que gran parte ya había sido ocupada y que no eran bienvenidos. Ellos que habían salido huyendo de la guerra y que regresaban a vivir en paz, no sabían el infierno que les esperaba. Los asháninkas debían prepararse para otra guerra.

En el año 2006, luego de fatigosas gestiones, finalmente la Dirección de Agricultura de Pasco emite una resolución por la cual los reconoce como comunidad, pero les faltaba el título para convertirse en formales y legítimos propietarios de esas tierras. Faltaba esa última batalla.

El nombre original de la comunidad es Piyari, pero como los colonos que la habían invadido se habían adelantado en registrarlo, Mauro Pío vio por conveniente cambiarle de nombre. Una tarde cuando visitaban la tierra en la que habían vivido sus abuelos, descubrieron restos de una antigua plantación de piña Hawai y la idea surgió como una iluminación: “¿Por qué no le ponemos de nombre Nuevo Amanecer Hawai?”. Lo planteó en una asamblea, y la comunidad aceptó.

La guerra contra los invasores

Una vez obtenida la resolución, el siguiente paso era buscar la titulación. Parecía más o menos simple, pero ellos no sabían que cierta gente que iba a hacer lo imposible para que ello no ocurra. El 18 de junio de ese año 2006 ingresó a su territorio la empresa maderera Productos Forestales Balarín, con un grupo de colonos y matones que incendiaron sus casas y por la fuerza los sacaron del lugar.

“Trajeron a gente desconocida que entró con maquinarias diciendo que ellos eran los dueños, que nosotros no éramos nada y que teníamos que irnos. Entraron a las tres de la mañana con sus caras pintadas de negro. Con amenazas nos subieron a camionetas y nos botaron en Puerto Ocopa. Al jefe lo agarraron del cuello y le dijeron: te vas o te mueres”, relata Gonzalo Pío, otros hijo del líder histórico Mauro Pío, y actual dirigente de la comunidad.

Este ataque fue denunciado a la policía de Satipo. Esta institución les aseguró que resolverían el problema y sancionarían a los culpables, pero que era mejor que se retiraran de manera momentánea. “Nosotros inocentes le creímos”, admite Gonzalo Pío. Todos los agresores están en libertad.

El enfrentamiento siempre es desigual. No solamente en cuanto a las armas: flechas y lanzas contra pistolas y escopetas. También en el ámbito judicial, que es el determinante.

El empeño de los invasores no solo se sustenta en su capacidad de disuasión. También tienen  títulos de propiedad sobre esas tierras que les fueron otorgados por Cofopri sin respetar la propiedad ancestral, durante la gestión de Alan García (2006 al 2011).

El gerente de pueblos indígenas de la Municipalidad de Satipo, Richard García explica: “Los funcionarios de Cofopri vendían a los colonos espacios supuestamente libres, y ahora ellos ahora reclaman la propiedad sobre esas tierras”. La municipalidad apoya a los indígenas, pero el entrampamiento consiste en que los títulos otorgados de manera irregular a los colonos se sobreponen a la comunidad Nuevo Amanecer Hawai. Ahora los colonos han entablado un juicio al gobierno regional para que anule la resolución que protege la propiedad de los indígenas. 

El abanderado principal de esa demanda es un colono llamado Daniel Urrutia. Sin embargo, los vecinos de Nuevo Amanecer Hawai, que también son colonos, no conocen al tal Urrutia y no están de acuerdo con su acción judicial.

Urrutia y sus seguidores argumentan que la comunidad no es indígena, lo cual no resistiría el más elemental peritaje antropológico. El objetivo del demandante coincide  con los intereses de las empresas madereras: se trata de echar a los  indígenas de sus tierras.

"Hacía varios años que se estaban preparando para esa batalla. Ellos sabían que en cualquier momento volverían".

En octubre del año 2011 se produjo el último enfrentamiento. Un grupo de colonos se preparaba para asaltar nuevamente la comunidad de Nuevo Amanecer Hawai, pero se encontró con un ejército asháninka pertrechado con sus armas ancestrales.

Hacía varios años que se estaban preparando para esa batalla. Ellos sabían que en cualquier momento volverían. Los indígenas les ganaron la iniciativa y los agarraron con las manos en las armas, preparándose para el ataque. Treinta indígenas se enfrentaron a una coalición conformada por colonos, madereros, indígenas de otras comunidades y delincuentes comunes, que en total sumaban 80. En esos años la comunidad había cosechado muchos logros; luego de la resolución construyeron la escuela  y  construyeron, por fin, una ruta de acceso, no importa que sea una trocha algo rudimentaria.

Gonzalo Pío relata: “Estábamos justo inaugurando la carretera y la empresa trajo a la gente de la comunidad Mango Verde, junto con sus matones. Nos enfrentamos en el río Piyari. Como la justicia nos pedía evidencia, tuvimos que arriesgar nuestra vida para quitarles las armas. Ellos tenían cámaras y ahí sacamos las fotos que usamos como nuestra evidencia, junto con las armas. Les ganamos la posición y la iniciativa. La batalla duró como dos horas. Ellos disparaban y nosotros tirábamos la flecha donde escuchábamos que sonaba el tiro. Los agarramos justo cuando el ingeniero estaban parcelando nuestras tierras”.

Al final detuvieron a 36 personas, entre indígenas  y colonos, y los entregaron a la policía. Los detenidos habían reconocido ante sus captores que Balarin les había pagado 30 soles diario y que cuando los botasen les iban a dar 100 más, pero ante la policía negaron esta confesión. Los indígenas dicen que la justicia les fue hostil. El fiscal los amenazó con ponerles cadena perpetua, bajo el cargo de secuestro. En ese momento, ellos debieron presionar para que se registren las evidencias que estaban negando Balarín y sus hombres: las armas y las fotos.

Los han querido empapelar bien, acusándolos, sin ningún sustento, de violación y robo. Los indígenas creen que el sistema de justicia está coludido con las empresas madereras. Ahora viven con mucho temor ante la amenaza de los madereros y un Estado en el que no confían nadita. Están seguros de que los van a volver a atacar.

Sus temores son por demás fundados. A su jefe Mauro Pio lo mataron el 26 de mayo de 2013. El lugar que escogieron sus asesinos fue de leyenda: la puerta de la UGEL de Satipo. Pío había ido a recoger la resolución que autorizaba el funcionamiento del colegio de la comunidad. Su muerte no pudo estar rodeada de mayor simbolismo. Lo mataron luchando por el progreso de su comunidad.

“Esa tarde mi papá se acercó y le dijo a mi mamá que iba a recibir el documento  de la institución. Dijo: ‘Hay que hacer un caldito de gallina; vamos a ponerle alegría a la comunidad’ y se fue de la casa de mi hermana mayor en Satipo. En la entrada de la UGEL dos personas se le acercaron y de frente le dispararon dos balazos en la cabeza. El asesino fue el administrador de la empresa Balarín, el mismo que días antes lo había amenazado. Lo detuvieron dos años y luego lo soltaron, a pesar de que existían muchas pruebas en su contra”, señala Víctor Pío, su hijo y sucesor.

Víctor sabe que tiene que andar con cuidado. Cada vez que se moviliza a la ciudad o a otras comunidades debe hacerlo con seguridad. Las amenazas no se han hecho esperar. Hace poco le mandaron un mensaje que decía: “Vas a morir como tu padre”.

“Los invasores me están amenazando. Queremos que se haga  justicia, nosotros estamos pidiendo lo que es de nosotros, lo que nos corresponde. No le estamos quitando la tierra a nadie; al contrario, nos la quieren quitar a nosotros. Siempre estamos pensando en el jefe. Que en paz descanse en estas tierras que él ha pensado para sus nietos”, añade.

El jefe

Mauro Pío es ahora un personaje casi mítico en su comunidad. Una especie de padre fundador. Fue él quien los reagrupó y de manera paciente los fue convenciendo de regresar a su terruño. Su nombre primigenio era Mauro Shari María Mahuanca, pero de niño fue vendido por su padrastro a un colono. Lo cambiaron por escopetas y ollas. El pequeño Mauro lo ayudaba a cultivar la tierra y le proveía de leña que cortaba en el monte. El padrino lo trató como a un hijo y le dio su apellido. Luego lo mandaron a estudiar al convento de Puerto Ocopa donde los niños huérfanos o refugiados de la guerra eran recibidos por los religiosos. Hizo hasta quinto de secundaria y al salir conoció a la madre de sus hijos, con la que regresó a su tierra. Algunos años después el jefe quiso que sus hijos lo superaran. “En la época de la subversión mi papá nos llevó a la comunidad de San Pascual. Él siempre nos decía que teníamos que ser mejores que él porque mañana más tarde siempre nos van a querer engañar y atropellar. Nosotros también hemos estado internados y estudiamos hasta tercero de secundaria”, cuenta Gonzalo Pío.

La visión de Mauro era mucho más amplia. Él no pensaba en regresar  para vivir igual que antes. Nuevo Amanecer Hawai es, como todo pueblo indígena, una comunidad que carece de los servicios básicos. No tiene luz ni desagüe. El rio grande está lejos, pues la aldea se encuentra a 1,800 metros sobre el nivel del mar. Por suerte, un hilillo de agua baja por una cuenca aledaña y es lo que la sostiene.

Papelito manda

El no contar con seguridad legal sobre sus territorios tiene graves consecuencias. La falta de una adecuada atención en salud y una educación deficiente son problemas estructurales en el Perú, y es mucho peor en el sector rural. Pero en aquellos que no tienen ni siquiera el título, el olvido es absoluto.

Hace tres años a la comunidad le donaron un kit de primeros auxilios que incluía 1 camilla de metal, 2 coches para curaciones, 1 esterilizador, 2 lámparas, 3 balanzas y 2 porta-suero. Se trataba de un equipo básico, pero podía ser de gran utilidad considerando las condiciones en las que se encontraban y se encuentran: no existe ni una posta médica en toda la comunidad. Desgraciadamente, el kit sigue intacto porque nadie sabe cómo usarlo.

La única representación del Estado es la escuela pública que cuenta con los tres niveles: inicial, primaria y secundaria. Es el orgullo de la comunidad porque fue imaginada y construida a pulso por Mauro Pío. Su asesinato en la puerta de la UGEL es el fatídico retrato de su perseverancia.

Hasta ahí nomás llega la presencia del Estado. Nuevo Amanecer Hawai  no cuenta con  ningún programa social, a pesar de que su situación la pide a gritos. Los niños en los colegios no conocen Qali Warma, y los ancianos no saben que existe Pensión 65. La falta de un título sobre su territorio los hace invisibles ante la burocracia estatal.  

Jesús Manuel Azañero es profesor de primaria y director de la escuela. Acompaña a la comunidad desde el año 2012 y, a pesar de que él es citadino, ha vivido como un indígena más sus logros, penas y batallas. “Desde que llegué siempre había esos problemas sociales porque no han arreglado lo de su terreno. Al inicio la cantidad de alumnos era de 21 o 22; ahora ha bajado. Algunos padres se van porque buscan una economía mejor, en vista que la comunidad produce poco café. También tienen temor de que venga el enemigo. Quisiéramos que esto cambie. Los municipios vienen acá, se comprometen, pero nos piden el cambio de dirección. Como no tenemos título, cuando vamos a reclamar los programas sociales no nos hacen caso, como si no existiéramos”, se queja el profesor.

Se trata de una comunidad muy pobre, con ingresos exiguos que ingresan a cuenta gotas por la venta de café. Recién en los últimos tiempos los comuneros contemplan de una manera seria su ingreso al mercado. Recursos naturales no les faltan: producen un café exquisito, además de la yuca y el plátano que se reproducen en cantidades industriales en esas zonas. Lo que necesitan es el apoyo estatal con créditos y mercado.

Hace dos años formaron la cooperativa Arahuac Capeshe. El Ministerio de Agricultura  aprobó un crédito de 9,000 soles para cada productor cafetalero en la campaña de apoyo a los afectados por la plaga de la roya amarilla. La condición para hacer efectivo el préstamo fue que ellos debían plantar el café en macetas, lo que sería verificado tres meses después por funcionarios del ministerio. El dinero les iba a servir para trasladar las plantas a suelo fértil. Los indígenas sacaron de donde no tenían para conseguir los plantones. Pasaron los tres meses y la verificación nunca llegó. Los dejaron plantados y endeudados.

"Además de ello, también tienen un frente interno con el cual lidiar: lograr que todos los comuneros entiendan que los tiempos han cambiado".

En la actualidad los comuneros solo pueden acceder a crédito por campañas. En esa oportunidad se trató de una excepción ya que la roya amarilla, que suele arrasar con los cultivos de café. Normalmente no son sujetos de crédito porque no tienen el título.

Además de ello, también tienen un frente interno con el cual lidiar: lograr que todos los comuneros entiendan que los tiempos han cambiado: que la caza, la pesca y la recolección son parte de su cultura y que jamás dejarán de practicarlas, pero que la realidad ahora exige actividades que les puedan generar un  mayor ingreso.

Nuevo Amanecer Hawai está a tan solo cinco horas de Satipo. Pero en realidad la distancia es mucho mayor, y en momentos de emergencia puede ser infinita. La carretera solo llega hasta la cuarta parte del recorrido. Todo lo demás es una  trocha que en tiempos de lluvia se vuelve inaccesible. Un taxi desde la ciudad cuesta 500 soles. En casos de urgencia lo único que queda es caminar unas 8 horas a pata pelada hasta la población más cerca que es Puerto Ocopa.

Sucedió hace dos meses. El sobrino de Víctor, Alexander Núñez, de 14  años, se rompió la pierna mientras ayudaba a cortar madera de los árboles. Como no había movilidad, lo tuvieron que llevar cargado. Se demoraron un día y medio en llegar a Puerto Ocopa, donde no lo pudieron atender y lo derivaron a La Merced. Tampoco lo atendieron. La fractura era de cuidado y les dijeron que lo lleven al Hospital del Niño en Lima, lo cual fue otro suplicio. Ahí estuvo abandonado durante seis días y solo le administraban analgésicos porque no había reactivos. Al sétimo día recién lo operaron.

Tristeza adentro

“Esta es mi tierra llena de naturaleza

Que lleva el nombre Nuevo Amanecer Hawai,

su gente es dulce alegre y acogedora

pues si llegamos aquí ya no queremos salir

pues quedaremos enamorados de su verdor y color”

(Poema recitado por Hans Alvaro Pio Casanche, de cuatro años).

Es el 4 de junio y se celebra la fiesta de San Juan. Los pobladores han preparado diversos números artísticos. Los mayorcitos de la escuela secundaria hacen una representación de aquella vez que capturaron a sus agresores y desbarataron su plan. Su arte habla de los triunfos y omiten el pesar.

Sin embargo, los mayores la tienen clarita. Alfredo Hidalgo nos ataja al momento de despedirnos: “¿Qué les parece el clima? El clima es bonito, ¿no? Pero la tristeza se lleva por dentro. Yo he tenido más de 20 enfrentamientos con los invasores y siento que en cualquier momento van a volver. Nuestros niños tienen miedo, por eso trabajamos cerquita para saltar por cualquier cosita que se presente. Así como nosotros les apoyamos, queremos que nos apoyen con nuestro título, para vivir sin estar peleándonos”.

Alfredo se refiere a que durante la época de la guerra contrasubversiva y la del conflicto con el Ecuador, muchos de los indígenas de su comunidad sirvieron al ejército. Hay muchos licenciados entre ellos, pero ya están hartos. Cuando el país estaba en riesgo ellos pusieron el pecho; ahora está en juego su territorio y su propia vida.

 

Pedido acatado

El Instituto de Defensa Legal ha hecho suyo el pedido de Alfredo Hidalgo y ha asesorado a la comunidad en la demanda de amparo que ha interpuesto ante el Juzgado Mixto de la Corte Superior de Justicia de Pasco. El recurso señala como responsables al Gobierno Regional de Pasco, porque la Dirección Regional de Agricultura no tituló a la comunidad Nuevo Amanecer Hawai, ubicada en el distrito de Raimondi, provincia de Atalaya, región de Ucayali; al Ministerio de Agricultura porque no dictó los lineamientos nacionales a todos los gobiernos regionales para la titulación de las comunidades indígenas y campesinas; al Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre por emitir concesiones forestales en el territorio de esta comunidad sin que estuviera titulada y obviando la consulta previa; a la Dirección de Agricultura de Ucayali por haber emitido certificados a favor de asociaciones agrarias dentro del territorio de la comunidad sin haber realizado la consulta previa.

La abogada Cruz Silva, del IDL, sostiene que en total son ocho los derechos constitucionales que se han amenazado y violado. Estamos hablando de algunos fundamentales como el derecho a la propiedad y el territorio, a la identidad cultural e integridad social y física, a la consulta previa, a los recursos naturales, entre otros.

Sobre la aplicación del convenio 169 de la OIT, éste procede porque, según la abogada, “la condición de pueblo indígena de los asháninkas ha sido reconocida por el Ministerio de Cultura en la guía metodológica de la ley de consulta y en su base de datos”.

También en la demanda se establece que este pueblo fue obligado a abandonar su territorio por el terrorismo, entre los años 1988 y 1999. No se trató de una migración voluntaria. La prueba de esto está en el documento enviado en setiembre de 1999 al coordinador del Programa de Repoblamiento, por el teniente coronel Pedro Ripalda, en la que señala: “la situación subversiva en el sector de responsabilidad del BCS 312 está prácticamente controlada. Desde 1997 no se han registrado actividades de este tipo debido al patrullaje disuasivo que se viene realizando”.

El repoblamiento ocurrido a inicios del año 2004 se acredita con la carta del jefe de la comunidad al coordinador del Pronaa Satipo, en la que le solicita alimentos, herramientas agrícolas, ollas calaminas y motosierras. “En calidad de repoblantes y teniendo planeado volver a nuestro lugar de origen el 20 de diciembre, somos 26 familias que regresamos con la finalidad de cultivar nuestras tierras abandonadas”. Y firma Mauro Pío.

Y así hay un conjunto de documentos que acompañan la demanda que prueban que ellos hicieron todas las gestiones, pedidos y solicitudes y que fueron los diferentes organismos estatales los que pecaron por omisión. El año 2006 la Dirección de Agricultura de Pasco solicitó al jefe  regional del Programa de Titulación en Pasco que se realice el trabajo de saneamiento físico-legal del territorio comunal, que concluye tres años después cuando les otorgan solamente una constancia de posesión.

Por ello la comunidad pide lo siguiente: ordenar a la Dirección Regional del Ministerio de Agricultura del Gobierno Regional de Pasco la titulación inmediata de la comunidad Nuevo Amanecer Hawai. Ordenar al Ministerio de Agricultura que dicte los lineamientos para la titulación inmediata de todas las comunidades a nivel nacional. Ordenar al Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre que deje sin efecto las concesiones forestales concedidas en dicha comunidad y que realice ahí el proceso de consulta previa. Ordenar a la Dirección de Agricultura de Ucayali que anule los certificados de posesión que ha entregado a las asociaciones agrarias dentro del territorio de esa comunidad.

Es importante no perder de vista que estos ciudadanos peruanos fueron víctimas de la violencia política y que merecen que el Estado se manifieste a su favor por primera vez.

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Mis saludos y respeto por

Mis saludos y respeto por esta Publicación, porque fui parte de esa lucha y por eso también soy parte de los denunciados por estos invasores, pronto estaré nuevamente con ellos,
saludos, de
Johnny Paulino Romero
Cmte General de la Seguridad Indígena Amazonica (ejercito ashaninka)

Entrevista

Ciencia