Recuerdo de "Mamá Angélica"

Ideele Revista Nº 274
Foto: Nelly Plaza / lamula.pe

Conocí a mamá Angélica en la oficina de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, había llegado recién de la ciudad de Ayacucho para una serie de reuniones con diferentes autoridades políticas. Al presentarme me acogió de manera muy tierna; me habló en quechua, se dio cuenta por mi rostro de sorpresa que no entendía y soltó su dulce sonrisa preguntándome, en castellano, si yo era casada y si tenía hijos. Así era Angélica Mendoza de Ascarza, una mujer que en su mirada demostraba la valentía, el amor y su gran sentido del humor.

Mamá Angélica fue un gran ejemplo de lucha. Ella conocía perfectamente el sufrimiento, la incertidumbre, la desesperanza, la desolación de no saber qué le sucedió a su hijo. El 02 de Julio de 1983 en la madrugada, los militares le arrebataron de su seno de madre a su querido hijo Arquímedes, estudiante de la Universidad San Cristóbal de Huamanga. Él fue llevado detenido al cuartel “Los Cabitos” de donde nunca salió. Desde esa fecha, ella inició un largo camino buscando a Arquímedes por calles, cuarteles y quebradas, donde vio cuerpos mutilados. En este duro camino se encontró con otras mujeres, madres, esposas e hijas que también buscaban a sus familiares, con quienes fundaron la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (ANFASEP).

Lidiar con estos sentimientos era una carga muy pesada. “¿Por cuántos dolores habrá pasado? ¿Habrá tenido frío? ¿Habrá tenido hambre?”, eran las preguntas que se hacía al recordar con lágrimas la ausencia de su hijo, pero también la esperanza de encontrarlo con vida y retornar a su casa donde ella mantenía en orden y limpieza su habitación. Su tenacidad la ayudó a afrontar esta terrible situación, su fuerza y ánimo por la verdad y justicia eran ejemplos para los familiares que le mostraban respeto y aprecio.

Mamá Angélica siempre será un referente en la defensa de los Derechos Humanos, por su incansable y valerosa lucha que la llevó a denunciar a nivel nacional e internacional las desapariciones forzadas. Su carácter firme la ayudó en el largo y sufrido camino, perdiendo el miedo de hablar en castellano, de movilizarse a lugares lejanos de nuestra patria para ser escuchada y contar la verdad sobre los terribles sucesos de violencia y terror que se vivía en nuestro país.

Como presidenta de ANFASEP y frente a las necesidades de muchos hijos y esposas  de personas desaparecidas, mamá Angélica, con la ayuda de organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, construyó un comedor popular a fines de 1984 que fue apadrinado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, lugar que acogía a cientos de hijos de desaparecidos. Actualmente es el Museo de la Memoria “Para que no se Repita” en Ayacucho.

Era grande el nivel de convocatoria que tenía como presidenta de ANFASEP. En su acostumbrada marcha todos los 30 de agosto por el Día Internacional de los Desaparecidos, los familiares marchaban con la foto de su desaparecido. Lo más representativo de la marcha era ver a mamá Angélica cargando una cruz de madera con las palabras “Verdad y Justicia” y detrás de ella la gran arpillera que unía las historias de las desapariciones contadas a través del bordado. Caminaban por las calle de Lima y terminaba en una vigilia frente al Palacio de Justicia, velas encendidas, cánticos en quechua y su lema que no dejaban de gritarlo “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, cientos de personas acompañábamos a los familiares en su exigencia para que encuentren justicia.

Días antes de su muerte, mamá Angélica pudo escuchar la sentencia de condena al exteniente Coronel Humberto Orbegozo y al jefe de Destacamento de Inteligencia de Ayacucho Pedro Paz Avendaño, del Cuartel Los Cabitos, responsables de la detención y posterior desaparición de cientos de campesinos y de estudiantes, entre ellos su hijo Arquímedes. Sentencia que confirma que ella siempre dijo la verdad frente a su denuncia.

El pasado 28 de agosto partió mamá Angélica. En mi recuerdo siempre estará una mujer valiente, sencilla, apacible y muy cariñosa. Estoy segura que has logrado encontrar a tu hijo y abrazarlo para siempre.

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