Rescatemos la política

Ideele Revista Nº 276
Foto: Correo.

 "Los lugares más profundos del infierno están reservados para aquellos que en épocas de crisis moral se mantienen neutrales" - Dante Alighieri

 

El resultado frustrado de la intentona de vacancia presidencial, y acto seguido, el reciente indulto a Fujimori, han sacudido como violentos sismos todas las certezas y alineamientos políticos en nuestro país, y sus réplicas aún no permiten vislumbrar con claridad cuál será el nuevo mapa de fuerzas en el próximo período. Algunos ejemplos: el antifujimorismo, que le dio el triunfo por estrecho margen a PPK en las últimas elecciones y que contribuyó a frustrar la iniciativa de vacancia, ha pasado sin duda a ser oposición. La bancada de Keiko, hasta hace muy poco con mayoría absoluta y sólidamente cohesionada, hoy ya no podrá seguir usando y abusando de su poder. AP y el partido aprista han sufrido fisuras que les costará recomponer. El propio oficialismo ha visto reducirse su bancada parlamentaria, ha perdido a sus dos ministros más populares y enfrenta una diáspora de funcionarios de alto nivel, que encuentran incompatibles sus convicciones personales con el último movimiento de fichas del gobierno, al indultar a Fujimori en un proceso apresurado y a todas luces irregular.

En lo personal, creo que hay que dejar a los juristas y peritos la discusión sobre el carácter del indulto y –quizás lo más discutible– la aplicación del derecho de gracia presidencial, que exime al expresidente de todos los otros procesos que actualmente están en curso.

Lo que a mi entender es el signo más preocupante es que se ha producido en los hechos una alianza entre dos “pragmáticos” que puede tener graves consecuencias para la institucionalidad del Perú en vísperas del bicentenario de la Independencia. Me explico: Alberto Fujimori no solo surgió como un outsider en contra de los políticos tradicionales y sus organizaciones partidarias; además, no tuvo ningún reparo en abandonar su programa de gobierno (no shock) para adoptar el de su opositor; luego del autogolpe, ignoró por completo el principio de separación de poderes y junto a su socio Vladimiro Montesinos tejió una red que además de manejar al Poder Judicial y al Legislativo (¿alguien duda de las “compras” de congresistas en la salita del SIN?) logró neutralizar o destruir al Tribunal Constitucional, al sistema electoral e incluso al poder informal de la prensa libre, comprando directores y dueños de estaciones de televisión, la línea editorial de la “prensa chicha” y muchas otras acciones que resultaría muy largo enumerar en detalle.

Su novísimo aliado, PPK, a quien muchos consideraban apolítico, no solo supo distraer al electorado de su nacionalidad norteamericana, sino que también dio la espalda a sus electores en su promesa del no indulto, actuó a espaldas de su gabinete y de su bancada, ejerció el derecho de gracia de forma anticonstitucional. Es el Presidente de frases como “no me preocupa un poquito de contrabando” o “si quieren fumar su troncho, no es el fin del mundo”. Pues bien: ahora que tendrá que continuar gobernando sin bancada, sin “gabinete de lujo” y con una movilización popular en contra, la tentación autoritaria seguramente lo rondará; más aún, si escucha los consejos de su nuevo aliado.

Por lo señalado en el párrafo anterior, considero que el más serio riesgo para el Perú sería la consolidación de un polo “pragmático” dispuesto a olvidar el marco constitucional, la jurisdicción supranacional, los derechos humanos fundamentales y otros avances de consolidación de la democracia, en torno a PPK y en nombre de la estabilidad del gobierno.

Un primer signo podría ser la designación del nuevo ministro del Interior, Vicente Romero, quien cuando era un oficial policial en actividad no tuvo ningún reparo en participar abiertamente de campañas proselitistas para Alberto Fujimori. Igualmente riesgosa, en el otro lado, es la aglutinación de fuerzas sin propuestas positivas, marcadas claramente por el “anti” pero sin claridad sobre lo que plantean o defienden. Un movimiento así puede ser un buen caldo de cultivo para propuestas violentistas que, aunque casi derrotadas, aún sobreviven con pequeños remanentes y pueden reavivarse bajo los vientos favorables de la coyuntura actual.

¿Qué podríamos hacer entonces? En mi opinión, es el momento de juntar todas las fuerzas comprometidas con el fortalecimiento de la democracia en el país. Esta confluencia debería abarcar desde liberales de “derecha” hasta las corrientes de izquierda democrática, pero sobre todo, tendría que atraer e incluir a colectivos que se han venido movilizando por los derechos de las minorías, contra la discriminación y el abuso.

La misión de este conglomerado sería no solo defender los avances en la institucionalización de la democracia, sino fortalecer la expresión ciudadana e ir dando forma –ojalá– a una alternativa de gobierno para el año 2021 que no nazca detrás de un nuevo “outsider”, sino detrás de principios y un programa de gobierno que sean auténtica expresión de la voluntad de las mayorías. Esto, para mí, sería rescatar la política de las manos de los “políticos” para dársela a sus auténticos depositarios.

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