Tiempos inciertos

Eduardo Toche Investigador (DESCO)
Ideele Revista Nº 215

Las recientes encuestas* muestran a un Presidente con buenos resultados de popularidad que, interpretación mediante, podrían leerse como una consolidación inicial de su Gobierno. Aun cuando la opinión recabada haya sido fundamentalmente urbana y se levanten dudas sobre el momento en que se realizó la encuesta, el hecho de que mantenga cotas altas en todos los sectores sociales y muestre un crecimiento notorio en el sector A son sin duda datos alentadores para el Gobierno. Al menos, le otorga oxígeno para el cortísimo plazo.

Pero el vaso medio lleno puede estar medio vacío, según el gusto. Craso error se cometería si la aprobación es traducida como confianza. La encuesta de Ipsos Apoyo, por ejemplo, evidencia también que un tercio de peruanos —nada menos— no está conforme con el desempeño del Gobierno. Incluso, su desaprobación se concentra en tres rubros bien definidos: existencia de corrupción, inseguridad ciudadana y el hecho de estar frente a un gobierno “mentiroso” —es decir, en aspectos que fueron los ejes fundamentales de la campaña electoral de Ollanta Humala—, mientras que su aprobación tiene un fundamento sólido en la percepción positiva respecto al crecimiento económico.

En suma, el Gobierno ha salido airoso en su última fotografía. Por ahora, se beneficia de aquella inercia conservadora que genera una situación de bonanza económica, a lo que se suman las buenas noticias que provienen de la lucha antiterrorista ante una población muy sensibilizada con el tema, de tal manera que ve pasar con algo de comodidad los cuestionamientos sobre las promesas electorales.

Pero la película continúa y, al parecer, lo que se avecina no será semejante al escenario descrito. En esa línea, una primera cuestión es que no aparece en el horizonte inmediato un fuerte recurso mediático que permita, si no un retoque a los próximos retratos de popularidad, al menos evitar que se le mire con más detenimiento que el políticamente conveniente. Por ahora, lo mejor que ha podido ocurrirle es que los medios de comunicación hayan estado ocupados casi exclusivamente con la captura de Artemio, por lo que no le han dedicado mayor espacio a la inmutabilidad gubernamental frente a los desastres generados por las lluvias. Podría agregarse que tampoco han osado preguntarle al Ministro de Economía sobre los escenarios que estamos construyendo ante los probables impactos de la crisis económica mundial.

Ahora los reflectores están colocándose en un lugar menos propicio para el Gobierno. Ya se inició la operación desenlace del proyecto Conga, con el anuncio de la conformación del equipo de peritos, de donde se derivarán seguramente las maneras como procesarán los sucesivos conflictos que aparecen en el ámbito medioambiental (Tacna, Espinar, Arequipa y demás).

Pero, en la medida en que no se ha explicitado cómo se materializará la fórmula “Conga va”, la desconfianza continúa extendiéndose desde los inversionistas, pasando por las autoridades regionales y generando un incipiente “polo opositor” entre un difuso conglomerado de liderazgos sociales y políticos que, al parecer, han empezado a intuir por dónde vienen los límites del Ejecutivo.

El 47% de empresarios encuestados por SAE Apoyo Consultoría considera que las inversiones se pueden deteriorar significativamente si dicho proyecto se paraliza. Mientras, un 50% manifiesta que algunos sectores específicos se verían afectados. En enero, dos tercios de los empresarios mostraban su confianza en la reanudación de Conga.

Por otro lado, el Presidente Regional de Cajamarca anunció que convocará a sus propios equipos de peritos, con lo que quedó meridianamente claro que habrá una colisión con los resultados que obtendrá la comisión del Gobierno, que, a su vez, tendrá que hacer grandes esfuerzos para despejarse de la aureola negativa que la rodea, pues las mismas encuestas que referíamos indican que la población consultada cree que hará “lo que el Gobierno les pida”.

Preocupa entonces que estén ausentes estos temas importantes para el debate. También la serie de señales que conducen a sospechar que no se vislumbra desde el Ejecutivo una estrategia que permita conducir la nave en los tiempos de tormentas que parecen avecinarse. En otras palabras, los reacomodos de diciembre, explicados como una forma de darle coherencia al manejo gubernamental, parecen no haber obtenido los resultados que se querían.

En términos generales, éstos fueron entendidos como parte de una disputa entre izquierda y derecha por ganar terreno en la orientación del Gobierno. A la distancia, no parece haber sido así. Si bien lo que podría denominarse el “ala izquierda” del Gobierno de Gana Perú fue puesta de lado, esto no significó un avance de sectores de derecha en él, sino que apareció como resultado probable una autonomía (discrecionalidad) más amplia del presidente Humala, lo que no es nada bueno en tanto se ha debilitado y hasta diluido una tensión política necesaria dentro del Gobierno, que abre las compuertas para la acción directa de los lobistas y grupos de presión.

Solo así puede explicarse la circunstancia de que al poco tiempo de haberse instalado el nuevo Gabinete empezaran a correr rumores del apartamiento de su presidente, a la vez que voceros calificados del oficialismo manifestaban, si no su desagrado, al menos su incomodidad con el titular de la PCM; incluso, se llegó a suponer que entre ellos podría estar su reemplazante. Debió salir la Primera Dama, como vocera calificada e inopinada del Ejecutivo, para poner fin a este entrecruzamiento de versiones, dejando finalmente sin juego a la Vicepresidenta de la República y al Presidente del Congreso. Sea como fuere, el premier Valdés no parece ser el indicado para las tareas listadas en la agenda: no se le percibe idóneo para el manejo de la conflictividad social.

De esta manera, la actual calma chicha antecede, sin duda, a tiempos más agitados, y la interrogante cada vez más densa se centra sobre la capacidad política del Gobierno para dar cuenta de esta situación. En todo caso, se abren varios escenarios hipotéticos, uno de los cuales sería el confrontacional. ¿Cómo lo enfrentaría el Gobierno? Por lo que muestra, no parece tener mayores argumentos, de modo que no debe extrañarnos la preocupación cada vez más extensa frente a un Ejecutivo que aparece encerrado en sí mismo y con rencillas internas entre sectores que parecen pugnar por mostrarse en toda su magnitud.

Si así fuera, el eventual reforzamiento de la militarización del Gobierno de Gana Perú sería una posible respuesta, cuyos fundamentos residirían en los sustratos de lo que se viene diciendo. ¿Cuánto de ello responde a una manera militar de entender el país, que se fue formando a lo largo de un siglo y aún define la articulación afectiva entre sus miembros? Una señal muy interesante podría ser la cantidad de veces que usaron los voceros gubernamentales, ex militares o civiles, términos como “orden”, “disciplina” y “cohesión” para caracterizar al Gabinete Ministerial que se conformó en diciembre. Pero no solo ello. También está la importancia otorgada y el tratamiento que empiezan a tener algunos temas delicados, muy similares a los enfoques de los militares sobre ellos.

Por ejemplo, la amnistía al presidente Fujimori y sus correlatos sobre los enjuiciamientos al personal militar que cometió violaciones contra los derechos humanos. Al respecto, recordemos al ex ministro de Defensa Daniel Mora plantear una solución de “punto final” que poco tiempo después retomarían voceros civiles. A esto se suman las diversas expresiones desde el lado oficialista acerca de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y las maneras como el Gobierno ha organizado su posición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Además de la definición que ha delineado para caracterizar a las protestas sociales e, incluso, el uso cada vez más frecuente de términos como “amenaza medioambiental” para referirse a una serie de acontecimientos tan complejos como la disputa en torno a la gestión de los recursos naturales y las actividades extractivas informales/ilegales. Otra muestra es la óptica que predomina actualmente en la estrategia antidrogas; sin dejar de lado que el diferendo con Chile —en el que está pendiente el fallo del Tribunal de Justicia Internacional de La Haya— busca militarizarse a toda costa.

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*El artículo fue escrito antes de las encuestas donde se mostraba un ligero bajón en la aprobación presidencial.

 

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