Un crecimiento insostenible

Carlos Parodi Universidad del Pacífico
Ideele Revista Nº 256
Alonso Segura y Julio Velarde junto a la presidenta del Fondo Monetario Internacional (Foto: Andina)

Estamos cerca de cerrar 2015; la pregunta es: ¿realmente es tan sólida la economía peruana? Durante 2015, tanto nuestro Ministro de Economía como el Presidente del Banco Central han sido catalogados como de los mejores de América Latina. Inclusive los organismos internacionales calificaron a una nota de 9.9 sobre 10. Quiero pensar que lo hicieron por dos razones: la primera es porque los galardones se anunciaron durante las reuniones anuales del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional desarrolladas aquí en Lima están aquí y ni modo de hablar mal del anfitrión; la segunda, porque han comparado nuestro desempeño con la década de los ochenta. Menciono lo anterior porque una mirada al desenvolvimiento de la economía peruana nos muestra lo siguiente:

En primer lugar, la economía se ha desacelerado; basta decir en que en 2010, según cifras del propio FMI, crecimos 8.5% y la proyección para este año del mismo organismo es 2.4%. Un crecimiento no sostenible no es sólido. No olvidemos que el crecimiento económico es importante por dos razones: en primer lugar, aumenta la recaudación tributaria y por ende la capacidad de gasto público; en segundo lugar, aumenta el empleo, aunque la magnitud del aumento dependerá de los sectores que lideren el crecimiento.

En segundo lugar, la inflación estará fuera de la meta este año (se proyecta más de 4%, siendo la meta planteada por el BCRP de 3%); además la cifra es un promedio de los precios de los bienes y servicios que componen la canasta básica (a partir de los cuales se calcula la inflación). De ahí que algunos precios suban más que otros. Lo real es que más de la mitad de los mismos han subido, entre los que destacan el pollo, la papa, el apio y la electricidad.

En tercer lugar, en lo que va del año, nuestro BCRP ha vendido más de 10 mil millones de dólares, que han salido de la posición de cambio, para evitar que el tipo de cambio siga subiendo. Esto significa más 1000 millones de dólares mensuales en promedio. Le quedan 24 mil millones en posición de cambio, que es aquella parte de las reservas disponible para ser usada en la venta de dólares; es claro que si vende menos (que es lo esperable) el tipo de cambio seguirá subiendo con el consiguiente problema inflacionario. Como referencia, en Brasil el tipo de cambio ha subido entre enero y noviembre de este año cerca de 50%, mientras que en Colombia un poco menos de 30%; en Perú: 11%.

En cuarto lugar, uno podría decir, “pero esto es coyuntural o temporal”. Sin embargo en el último el Panorama Económico Mundial presentado por el FMI en octubre se señaló lo contrario; inclusive las materias primas seguirán con tendencia a la baja por varios años más. Con lo cual “no entrarán” más dólares que faciliten la estabilidad cambiaria. Esto es, la situación económica mundial se está deteriorando aún más. Aquí deberíamos sumar el caso de China, cuyos líderes anunciaron que para el período 2016-2020 solo crecerán a ritmos de 6.5% anual, muy por debajo de los niveles cercanos a 11% anual, que determinaron el auge de la economía peruana entre 2003 y 2012.

En quinto lugar, la deuda total (pública y privada) ya presenta montos preocupantes, en especial la privada. Cualquier lector puede responder fácilmente a la siguiente pregunta: ¿no es cierto acaso que se están usando tarjetas de crédito para comprar alimentos? Eso ocurre porque hay menos empleo que antes, más allá de las cifras.

En sexto lugar, la posición fiscal es deficitaria, lo que significa que el gasto público es mayor que los ingresos públicos. La diferencia se cubre con deuda. Esta situación no la teníamos hace pocos años. La proyección oficial del MEF es un déficit fiscal cercano a 3% del PBI en 2016, diferencia que se cubre con deuda, justo en el momento en que la FED (Reserva Federal) piensa subir las tasas de interés y con ello se encarecería el crédito.

Podemos agregar más factores, como el hecho que es un año preelectoral, la turbulencia política, el fenómeno del niño, la falta de liderazgo, la ausencia casi total de reformas institucionales, etc. No es bueno decir que estamos bien, no solo por lo comentado líneas atrás, sino porque la última vez que se sostuvo lo mismo, en el período 2003-2012 “nos la creímos” y pensamos que era para siempre. Y hoy vemos los resultados.

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