Va ganando el JNE

Ernesto de la Jara Abogado. Fundador y exdirector del Instituto de Defensa Legal
Ideele Revista Nº 258
(Foto: Andina)

El escenario electoral ha cambiado radicalmente de un momento a otro. Contra lo que se pronosticaba, a Keiko se le está moviendo el piso. En un momento se llegó a pensar hasta que podía ganar en primera vuelta; qué tiempos aquellos, ahora eso es imposible y hasta puede perder en segunda vuelta. Primero se le acercó Guzmán, y ahora kuczynski, Barnechea y Mendoza, cualquiera que pase a la segunda vuelta, puede terminar como vencedor. En la última encuesta de Ipsos, ya PPK le ganaría, y los otros candidatos están cerca, mientras que ha crecido el voto duro contra ella.

Por si fuera poco, ha sido denunciada ante el Jurado Nacional de Elecciones por tratar de comprar votos entregando plata y objetos. Y lo que se está exigiendo con razón es que si a Acuña se le sacó por eso, por qué Keiko va a tener corona. Sin embargo, la medida es tan arbitraria y desproporcionada (a Acuña se le debió sancionar no por eso sino porque había mentido en su hoja de vida), que si se le aplica quedaría como una víctima, y ella intentaría organizar una respuesta ante el abuso. Es mucho mejor ganarle en la cancha, como puede ocurrir. El reclamos debe ser, entonces, que se le deje sin importar que objetivamente ha estado repartiendo regalitos.

Pero, además, difícil de creer que el JNE se vaya a atrever. Si lo hizo con Acuña, fue porque se trataba de un impresentable al que nadie lo defendería; hasta las personas de su entorno más íntimo, como Anel Townsend y el pastor Lay ya habían renunciado, aunque es obvio que tarde, y que siempre se les recordará como personas que no tuvieron ningún escrúpulo de subirse al carro de alguien como Acuña, a cambio de quien sabe qué, y que al comienzo defendieron las inocultables denuncias de plagio.

Una razón más para que el JNE calculara que con Acuña no habría ningún problema, es que en realidad se le estaba haciendo un favor, pues lo ayudaban a que no continuaran las denuncias e investigaciones contra él. Prueba de ello, es que apenas se conoció la noticia, vimos a un Acuña con cara de alivio, diciendo que acataba la resolución. Después, cambió de opinión, y presentó un recurso de reconsideración, pero ha sido para salvar las apariencias, y no para perjudicar a su lista al Congreso.

Sacar a Acuña también puede haber sido parte de la estrategia del JNE para evitar el escándalo por retirar a Guzmán. Obviamente era mejor sacar a dos que solo a Guzmán. Habría sido también el colmo que Acuña se quedara, y Guzmán saliera. Y de hecho ayudó, porque gran parte de los medios presentaron la noticia juntando a Acuña con Guzmán, como si se tratara de dos candidatos similares, que fueron sacados por razones parecidas.

Pero Keiko obviamente no es Acuña. Y por ello los del JNE deben ser conscientes que estarían poniendo en riesgo unas elecciones que ellos mismos han hecho tambalear. No es gratuito que haya tenido que salir el Primer Ministro a aclarar que las elecciones no serán postergadas, que la palabra fraude haya estado rondando por el ambiente y que lo sucedido haya sido criticado severamente por personas, instituciones y medios de comunicacióndel país y del extranjero.

Entregar la cabeza de Huaroc para apaciguar las aguas comenzó desde el momento en que todos los fujimoristas se limitaban a decir que es él quien debe de responder por sus actos. Ya se le sacó como postulante al Congreso por Huancayo, y tal vez lo saquen de la fórmula presidencial. Total, no es uno de ellos, solo lo llamaron para hacer creer que el fujimorismo había cambiado, para lo cual ya fue utilizado. Bueno, pues, quien a hierro mata a hierro muere, a desleal, desleal y medio.

Ahora, el que se le esté moviendo el piso a Keiko, no nos debe de hacer perder de vista que sigue en un primer lugar, muy por encima del segundo, y con voto muy sólido en los sectores D y E.

Un segundo cambio en el proceso electoral ha sido sin duda la arbitraria expulsión de Guzmán por el JNE. Nos ubicamos entre quienes creen que si bien el asunto era controversial, habían mucho más argumentos jurídicos para mantenerlo, y de todo tipo: es discutible si Todos Por el Perú subsanó o no las observaciones señaladas por el Registro de Organizaciones políticas (ROP), al punto que los miembros del JNE que votaron en minoría (entre ellos su Presidente, Francisco Távara), opinaron que sí lo hizo, por considerar que era válida la asamblea del 21 de enero del 2016, a diferencias de los otros tres. Los dos también criticaron al ROP por no haber notificado una resolución importante a Todos Por el Perú. Es decir, el voto en minoría no solo se ha ceñido a aspectos constitucionales, como se ha levantado, sino que entra a pronunciarse sobre los puntos de carácter administrativo.

Otro argumento importante tiene que ver con analizar si se ha cumplido o no con el bien jurídico tutelado por la disposición que habría incumplido Guzmán. Lo que se pretende al establecer mecanismos para que elecciones de las organizaciones políticas sean democráticas, es evitar los fraudes internos. Por tanto, si nadie de Todos Por el Perú había reclamado, podía interpretarse que lo perseguido formalmente por la norma reglamentaria, se había cumplido inequívocamente en los hechos.

De otro lado, como todo esto ocurría a un mes de las elecciones, con un Guzmán ya con una alta intención de votos, luego de marchas y contra marchas del propio jurado, frente a una normatividad nueva, estábamos ante un caso frente al que correspondía hacer la famosa ponderación: ¿que debía priorizarse, una disposición estatutaria de rango menor, o el derecho de participación política (tanto el de Guzmán como el de quienes querían votar por él)? Y obviamente debió prevalecer lo segundo.

Más aún, si el mismo tipo de observaciones se le puede hacer a otras organizaciones, comenzando por Alianza Popular (Apra –PPC), y si se sabe perfectamente que ninguna de las que están en la contienda ha cumplido realmente con los requisitos exigidos por la ley. Que arroje la primera piedra, la organización que, efectivamente, ha elegido a todos sus candidatos democráticamente, o que posee todo lo que aparece en los papeles presentados.

La decisión del JNE no fue ni siquiera por unanimidad, sino 3 a 2, y entre estos últimos –se reitera por su importancia– estuvo nada menos que el Presidente del JNE. Aunque hay quienes dicen que esta división fue parte de un plan, tanto para dar la apariencia de que un verdadero debate interno como para ir sacando poco a poco una decisión que ya estaba tomada de antemano.

En todo caso, sorprende la tranquilidad de Francisco Távara, después de haber dicho en su voto que la exclusión de Guzmán era una medida irracional y desproporcionada, y que los de la mayoría estaban atentando contra el debido proceso, por haber resuelto sin motivar bien su resolución. ¿Dada la importancia de la medida, no debió imponerse para que la decisión tuviera que adoptarse por consenso?

Más allá de la comprensible realpolitik, lo que hubiera sido ideal es que los otros candidatos se manifestaran pidiendo que Guzmán se quedara, y responsabilizando al JNE de enturbiar las elecciones en caso contrario. 

Las sospechas sobre la actuación del JNE se han ido agudizando en la medida que se iban conociendo las vinculaciones de varios de sus miembros con el Apra y el fujimorismo, y con personajes turbios.

La reacción de los otros candidatos ha sido patética, además de, decepcionante en algunos casos. Más allá de la comprensible realpolitik, lo que hubiera sido ideal es que se manifestaran pidiendo que Guzmán se quedara, y responsabilizando al JNE de enturbiar las elecciones en caso contrario. Sin embrago, hicieron todo lo contrario, con la excepción de Verónika Mendoza, quien se opuso abiertamente. Es la primera vez que se ve una alianza entre una serie de candidatos absolutamente disímiles entre sí, pero unidos para contribuir a que se expulse al candidato que les iba ganando, a la búsqueda de ocupar su lugar y apropiarse de sus votos. Es un mal precedente y todos los que actuaron en esa dirección, saben que una parte de los votos que ahora tienen son votos mal habidos.

Un hecho agravante es que ellos y muchos más vienen criticando el marco normativo electoral vigente, por ser demasiado formalista e intervencionista, proponiendo que apenas se pueda se modifique totalmente; sin embargo, aún así, se propició la aplicación de este marco absurdo al caso de Guzmán.

También estoy entre los que creen que el Grupo de El Comercio y sus aliados jugaron eficazmente contra Guzmán. Es cierto que otros medios, como La República, adoptaron la posición contraria. Pero hay sin duda un desequilibrio en cuanto al grado de influencia que se puede tener, debido, justamente, a la existencia de una concentración de medios, que actúan claramente en un mismo sentido.

Todo esto es importante de considerar desde una perspectiva democrática, más allá de Guzmán, quien –igual que muchos otros– era un candidato coyuntural, improvisado, sin partido, sin equipo y sin un verdadero planteamiento de gobierno. Lo que tenía a su favor es que proyectaba una imagen más novedosa y menos atada a determinadas propuestas. Pero lo que lo ayudó más fue el cargamontón contra él.

Al respecto, se dice que todos han tomado una posición –a favor o en contra– de acuerdo a sus propios intereses. Difícil de demostrar lo contrario. Pero lo que sí es objetivo es que hay intereses e intereses. De hecho los más interesados con lo que sucediera con Guzmán eran los otros candidatos a la presidencia. Luego vienen los candidatos al Congreso. En tercer lugar se ubican los militantes. Y, por último están los que, por estar en la “periferia” de uno de los candidatos, saben muy bien que si ganan, serán convocados para un determinado cargo.

También hay que mencionar que el JNE se ha traído abajo una serie de grupos parlamentarios vinculados a diferentes organizaciones, igualmente por razones administrativas, solo que estos casos, por darse fundamentalmente en el interior del país, han pasado desapercibidos. Pero el hecho constituye otra manera de perturbar las lecciones.

Que todo esto enturbia las elecciones y le quita legitimidada los resultados es un hecho. Siempre quedará la duda sobre qué hubiera pasado si no se sacaba a Guzmán. Pero pese a las irregularidades, lo resuelto por el JNE es la última instancia, y se tiene que acatar. La única posibilidad distinta es que la justicia constitucional diga que se han vulnerado las garantías del debido proceso, a través de una medida cautelar, a partir del amparo que podría interponer Guzmán. La posibilidad está prevista en la Constitución y en reiterados precedentes del TC, aunque es casi imposible que ocurra, fundamentalmente por razones de tiempo.

Como era de esperar, la salida de Guzmán, por un lado, y la de Acuña, por otro, ha sido la causa fundamental de las movidas que se acaban de producir en el tablero electoral. Según la referida encuesta de Ipsos, ahora ocupa el segundo lugar PPK, quien, de venir cayendo, ha subido de 9% a 14%. Barnechea también ha subido de 4% a 9%, y Verónika Mendoza de 4% a 9%, García (6%) y Toledo (2%), siguen, en cambio, bastante rezagados.

Esta distribución de preferencias, acentúa la percepción de que un buen sector de la población está buscando al candidato que represente lo nuevo. Lo difícil es determinar cuál es el concepto que se maneja de nuevo, y a quién se percibe con dicho perfil.

El que la pareja presidencial haya renunciado a Urresti es intrascendente para el proceso electoral, pero demuestra la debilidad del gobierno, ya que lo ha hecho como el último recurso para intentar salvar la inscripción del partido nacionalista. Y para que fuera un hecho consumado, se ha salteado a los propios candidatos, quienes se enteraron de la decisión después de haberse presentado ante el JNE. Todos ellos fueron tratados como basura, tal como dijo Abugattás. ¿Cómo estará Susana Villarán quien sacrificó todo, hasta su nombre, y ahora se ha quedado sin nada?

Lo hecho ha precipitado nuevas renuncias y denuncias, que comienzan a dar la sensación que estamos ante un gobierno que se cae a pedazos.

Otra novedad es que en los últimos días ha aparecido un nuevo actor: la calle. Viene habiendo una seguidilla de movilizaciones contra el fujimorismo, representado por Keiko, pero que en realidad van más allá. Es sin duda un despertar ciudadano, que expresa un descontento general por lo que viene siendo.

A partir de acá todo puede suceder por diferentes razones. Como se ha visto, las fichas se siguen moviendo. ¿Cómo repercutirá en cada uno la campaña de demolición que ya se ha iniciado de todos contra todos? Sobre todo porque estamos frente a postulantes vulnerables, sea individualmente, por lo que representan, por su trayectoria, por sus planteamientos y por sus candidatos al Congreso. Habría que preguntarse también; ¿cuáles serán los candidatos preferidos por los medios de comunicación, especialmente por los de mayor influencia? Y, por último, no hay que olvidar que en estas elecciones, el JNE viene jugando su propio partido, sin saberse bien si lo hace por torpeza o vocación de protagonismo, o movido por intereses nada santos. No nos sorprendería que siguiera metiéndose en todo y expidieran más resoluciones absurdas hasta el mismo día de las elecciones.

 

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