Ocho efectos de la pandemia en el crimen

Escrito por , Crédito de imagen: Andina.pe

El impacto que está generando el virus Covid-19 es total. Ha significado la desaceleración de la globalización. En muy poco tiempo, ha logrado detener los vínculos físicos de las personas a escala mundial, y en términos económicos ha sido comparada con La Gran Depresión de 1929[i]. Algunos politólogos sostienen que esto podría conducirnos hacia el surgimiento de un nuevo orden internacional[ii], mientras que los historiadores se preguntan por si este sería el verdadero inicio al siglo XXI[iii]. De ser esta su dimensión: ¿cuál es su efecto en el crimen? 

Sin ánimo de hacer futurología del delito o quiromancia del crimen, se pueden trazar algunas ideas sobre el crimen de hoy y el posible mañana. Sin embargo, es menester indicar que estas ideas deben tomarse como un conjunto hipótesis en constante confrontación, pues los datos disponibles aún son limitados. Del mismo modo, es importante tener presente que resulta prematuro el margen de tiempo dedicado a apreciar los cambios en su dimensión completa, ya que la información muestra, probablemente, un subregistro mayor a otros marcos temporales.

Para emprender tal tarea, es importante considerar dos elementos de orden. Por un lado, descifrar su impacto en dimensiones temporales (corto y mediano plazo); y, por otro lado, trazar el espectro -según corresponda- a los crímenes y la respuesta estatal contra los mismos. Desde luego, todo ello depende de una cosa:  la intensidad y la duración de la pandemia.

Situación en el tiempo inmediato

Con la cautela necesaria, a continuación, se presentan cuatro efectos del Covid-19, en el crimen y en la seguridad a corto plazo.

Para tal consecuencia, es necesario advertir qué condiciones o contextos acaban de modificarse en el crimen y la seguridad. Manuel Eisner[iv] sostiene las siguientes: i) las actividades de rutina, ii) las emociones, iii) el precio y la disponibilidad de bienes, iv) el costo de interacción por riesgo de infección, v) las oportunidades de ventas, vi) el control social formal e informal, vii) desempleo y miedo al futuro.

Una vez advertidas estas modificaciones, el saldo para apreciar los cambios resultarán menos confusos. 

Efecto 1: La ralentización de los delitos patrimoniales

No se requiere gran pericia en los estudios del crimen para advertir que los delitos -algunos de ellos- vienen reduciéndose en el tiempo corto que lleva la pandemia. Una rápida lectura de las teorías de la actividad rutinaria, el control social, la elección racional, entre otras, pueden explicarlo muy bien. Sin embargo, lo más importante no está en indicar la variación general del delito, sino en precisar qué tipo de ellos se modifican y a qué se debe.

En distintas partes del mundo, se han registrado -según los reportes administrativos- una diferenciada disminución de delitos patrimoniales (robo y hurto) ¿Por qué estos se han reducido? En sencillo: i) se producían en espacios públicos, ii) los actores del mismo también se encuentran confinados. De este modo, el descenso de los delitos contra el patrimonio, en un primer momento, no responde en sí al Covid-19, sino a las múltiples respuestas desde los Estados, lo que en realidad representa un efecto colateral.

Este fenómeno de ralentización se produce en distintas partes del mundo. En Lima, capital del Perú, el número de denuncias se redujo en un 84%[v], durante los 20 primeros días de confinamiento. En España, el director de la Guardia Civil, mencionó que luego de 6 días del “estado de alarma”, se habían reducido, hasta en 50%, las infracciones penales[vi]. En la misma línea, en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos, el Departamento de la Policía indicó que los robos a la propiedad bajaron un 16% y los asaltos otro 15%[vii]. Por su parte, en Rio de Janerio, Brasil, el Instituto de Segurança Pública indicó que los robos en la calle, en el mes de marzo, se redujeron hasta en un 42%, si se la compara con el 2019[viii].

La ralentización en el tiempo corto no parece ser una regularidad en todos delitos, y menos, a nivel territorial. Por ejemplo, en Ceará, un Estado de Brasil, la tasa de homicidios en abril es de 14 homicidios por día, mientras que en enero se contabilizaban 8.5 diarios[ix]. Por su parte, en Tamaulipas, México, en los primeros días de anuncio de medidas contra el Covid-19, el número absoluto de homicidios se contrajo, y luego retomó su tendencia habitual[x]. Lo cual podría advertir que se requerirá mayor atención en las propias dinámicas criminales del territorio y las capacidades del Estado, con el fin de comprender los fenómenos específicos.

Efecto 2: Se reduce la producción y se desabastece el mercado de drogas

Un fenómeno colateral que vienen generando la pandemia -en este primer momento- es la reducción y el desabastecimiento de las drogas. Lo que en la práctica genera una interrupción de ganancias ilícitas.

Las tres causas que han marcado este giro son: i) la restricción del transporte, ii) el cierre de fronteras, y iii) el confinamiento de las personas. Este hecho inédito afectó toda la cadena de suministros a los traficantes de drogas. Desde el abastecimiento de productos químicos, su traslado, producción, y posterior distribución en la región, los países y continentes. En la práctica, podríamos estar asistiendo ante una crisis, y nueva versatilidad de los traficantes de droga. Por ejemplo, en Japón, los Yakuza han sido, históricamente, los mayores productores de metanfetamina, sin embargo, se ven seriamente afectados por no obtener productos químicos para producirla[xi]

Según el Observatorio Peruano de Drogas[xii], se ha producido una caída de precios a nivel nacional en hoja de coca (-46%), pasta básica de cocaína (-23%) y clorhidrato de cocaína (-25%), en comparación a los meses de enero a abril de 2020; no obstante, también existen comportamientos diferenciado según territorios. De hecho, las mayores reducciones se muestran en el VRAEM y el Sur Amazónico, mientras que en La Convención – Kosñipata, ubicados en Cusco, los tres indicadores analizados registran un alza.

Esto también ha generado crisis paralelas que afectan a la ciudadanía. De hecho, ya se vienen dando procesos de migración masiva de los cocaleros que trabajaban en el VRAEM, debido a la baja a la producción y al precio de la hoja[xiii]. Este territorio concentra 69 distritos de las regiones de Ayacucho, Apurímac, Cusco, Huancavelica y Junín, con una población de 467.010, y es la zona de cultivo de coca con mayor extensión, alcanzando las 21.646 hectáreas y produce aproximadamente 78.511 toneladas métricas de hoja seca de coca, es decir, el 67% de la producción del Perú[xiv].  

En este escenario, cabe preguntarnos: ¿qué está sucediendo en el terreno del consumo de la droga? Algunas ideas: i) Las ventas de droga han aumentado de dosis dado que el confinamiento ha reducido la movilidad necesaria para la provisión, ii) se está produciendo un desabastecimiento de drogas (“la plaza se está secando”), iii) se vienen intensificando nuevos mecanismos de entrega y venta (internet, uso de material médico, otros). Cabe recordar que el informe de UNODC, señaló que a nivel mundial existen alrededor de 35 millones de personas con trastornos por el consumo[xv], quienes, en muchos casos, padecen de enfermedades y marginación.

En la práctica, se vienen desarrollando seis procesos:  i) menor producción de droga, ii) caída de los precios, iii) inicio de desabastecimiento en territorios de consumo, iv) migración de productores, v) crisis en algunas organizaciones criminales (producción, traslado, distribución), y vi) cambio de estrategia y versatilidad de algunas organizaciones criminales. 

Efecto 3: La violencia de género aumenta a pesar de que los registros no evidencien su magnitud

Producto de las respuestas a la pandemia y la convivencia obligada, la violencia del espacio público se ha reducido e incrementado la violencia al interior de los llamamos “hogares”, y son más víctimas las mujeres, niñas y niños. Estas variaciones nos sugieren que la relación de poder y género se vuelven más perversas y agobiantes en restricciones espaciales y temporales por el confinamiento.

En el encierro por la pandemia, los abusadores se encuentran en el hogar, disponen de mayor tiempo, están en una situación de tensión, estrés e incertidumbre por el futuro, y a su vez, las mujeres, niños y niñas que con ellos conviven, se ven más limitadas en sus oportunidades para pedir ayuda y sus redes de soporte se ven reducidas. Entonces, en tanto el confinamiento se mantenga, las vulnerabilidades a la violencia se podrían agravar sin que se obtengan registros que evidencien su dimensión.

A pesar de lo grave del asunto, en distintas partes del mundo los registros estadísticos oficiales no logran aprehender la realidad debido a lo excepcional y particular del contexto. Por ejemplo, en Brasil, según un reciente estudio de Forum Brasileiro de Segurança Pública, entre los meses de febrero y abril se han reducido las denuncias, mientras que, en las redes sociales, las mismas muestran aumentos de hasta un 431%[xvi]. A todas luces, estamos antes un gran subregistro de magnitudes insospechadas. 

En el Perú, según las cifras del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables[xvii], si se comparan los meses de marzo 2019 y 2020, se notará una variación de menos de 29 (-78%), respecto a los casos de tentativa de feminicidio, y otra de menos de 9 (-69%) en torno al feminicidio. En relación a la violación sexual, se puede advertir que el número de atenciones se ha reducido en 317 (57%) casos, si se comparan las mismas fechas. Por el contrario, existe un aumento de 3057 (+22%) llamadas a la Línea 100 por violencia contra la mujer e integrantes del grupo familiar, si se comparan los meses de marzo 2019 y 2020. De hecho, ya antes de la pandemia el número de denuncias era muy reducida: en enero de 2020 solo el 17,6% realizó la denuncia de un hecho delictivo, es decir, más de 80% no lo hizo[xviii].

A pesar de la reducción en los registros administrativos, estos números deben mirarse con cautela, pues no expresarían toda la realidad. Esta aparente reducción también se está produciendo en Europa. Por ejemplo, en Portugal, la variación de delitos de género se redujo en 458 (33%) casos si se comparan las fechas del 13 de marzo al 17 de abril de 2019 y las mismas fechas de 2020[xix]. Sin embargo, todo indica que estamos ante un aumento de la violencia dentro del hogar, a pesar de que los registros administrativos no lo reflejen.

Efecto 4: Las nuevas funciones y prioridades de los agentes de seguridad

En tiempos previos a la pandemia, la atención estaba en los delitos convencionales (robo, hurto, homicidio, otros); sin embargo, la emergencia sanitaria ha removido las prioridades y, por tanto, dibujado un panorama desconocido. Ahora la atención ha sido trasladada a los problemas de control y seguridad que están desencadenando la pandemia, lo que en la práctica significa tareas adicionales y distintas en los agentes de seguridad, entre ellos: la Policía, los serenazgos, las fuerzas armadas, y los agentes penitenciarios.

En la Policía, el nuevo panorama conllevó a la suma de tareas conocidas y desconocidas en medio de una crisis sanitaria y de corrupción en el alto mando. Entre ellas destacan: i) tareas conjuntas con Fuerzas Armadas, ii) coordinaciones con personal médico, iii) atención a ciudadanía, iv) aumento de trámites documentarios virtuales, v) control de orden público a escala nacional, generando -en conjunto- agotamiento físico y emocional. 

Esta sobrecarga de trabajo a niveles exponenciales en el control, condujo a que existan policías infectados, que derivaron en una posterior disminución del personal. En el año 2018 se realizaron un total de 150 575 detenciones[xx], mientras que en las primeras semanas del “estado de emergencia” se efectuaron más de 33 mil[xxi] de ellas, lo que quiere decir que el 20% de todas las detenciones de un año se han producido en solo catorce días. En ese mismo marco temporal, en España se detuvieron a 1 534 personas por infringir el “estado de alarma”[xxii]. Por su parte, el ministro de Defensa de Chile, Alberto Espina, indicó que en los 28 días de “toque de queda” se detuvieron a 1 255 personas[xxiii]

Finalmente, las nuevas funciones de la Policía no solo deben estar concentrados en el control público, sino en los delitos que resultan un problema en medio de la pandemia, estos son: i) la violencia de género, ii) el crimen organizado, y iii) la ciberdelincuencia. De igual manera, merece atención la creación y el cambio normas y protocolos policiales, en especial, aquellos que impactad directamente en la modificación de sus prácticas culturales durante el ejercicio de sus funciones: detención de infractores, formación, desplazamiento en unidades, horas de almuerzo en comedores, entre otros.

Perspectivas para un posible futuro del crimen

¿Qué va suceder luego de la pandemia? ¿Qué se avecina después del confinamiento? Dependiendo de los tiempos de transición y salida, los delitos y la seguridad se alterarán. Lo más importante tal vez no sea solo detenerse en el corto tiempo, sino en indagar –tal como lo advierten Juanjo Medina y Fernando Miró– en los cambios hacia el largo plazo[xxiv].

De este modo, las siguientes líneas buscan presentar al menos cuatro ideas sobre el crimen y la seguridad que se acercan o ya estamos en el inicio de ellas. Se trata pues de los siguientes cambios: i) delitos orientados a las crisis, ii) modificaciones en el control social y la seguridad, iii) expansión de la ciberdelincuencia, iv) nuevas oportunidades de las organizaciones criminales. Desde luego, esto dependerá del tiempo de las crisis que genere la pandemia.

Efecto 5: Los delitos se orientan a las crisis

Inmediatamente después del confinamiento, y sin que ello signifique superar la pandemia, lo que parece develarse es una gran repercusión en el crimen. Un aumento de denuncias y delitos de oportunidad (robo y hurto), un incremento de los registros administrativos de violencia género, y una nueva percepción de seguridad. Desde luego, sus secuelas variarán según características territoriales, tipos de delitos, integración del crimen con el tejido social, relación con el Estado, y por supuesto, crisis emergentes.

En tanto se mantenga la pandemia, los delitos sanitarios tendrán una mayor prevalencia. No se trata de desplazamientos de sujetos que antes cometían otros delitos, al menos, no del todo, sino de oportunidades en falsificar medicamentos, alterar precios, traficar material sanitario, vender suministros médicos, hasta robo de farmacias y mercados.

Ahora bien, ¿pueden las crisis económicas o situaciones extremas variar los escenarios de los delitos? De otro modo: Si existe crisis económica o cambios de vida, ¿aumentan los delitos?

El estudio de Leitner  y otros[xxv] evalúa el impacto de un desastre natural, el huracán Katrina de agosto de 2005, con el crimen en el estado de Luisiana – EE.UU; y, sugiere que las tasas de criminalidad permanecen estables o se reducen en regiones que fueron evacuados de las áreas golpeadas por el huracán. De igual manera, sustenta que la criminalidad en Orleans Parish cayó después de la tormenta; sin embargo, algunos delitos patrimoniales (robo, asalto a residencias y hurto) retornaron a los niveles pre-Katrina, mientras que, hacia fines del 2007, los asesinatos y robos agravados excedieron los promedios previos al fenómeno ambiental.  En el mismo caso, Timothy y Joanne[xxvi] concluyen que la amenaza de victimización violenta fue real para algunos; sin embargo, ello no dominó la experiencia de víctimas de la tormenta.

Unos de los momentos más dramáticos del siglo XX fue el tiempo post Segunda Guerra Mundial en Europa. Y, sobre ello, el historiador británico Keith Lowe[xxvii] dice: “a medida que la guerra se extendía por el continente, el robo y el saqueo se extendieron con ella”. En Francia, los robos se triplicaron durante la guerra. En Berlín, para comienzos de 1946, en promedio, se producían 240 robos al día. Otro grave problema fue el comercio ilegal; y, la violación sexual, en especial, el aumento de las violaciones en toda Europa durante la etapa final de la guerra. Dice: “En el conjunto de Alemania, se cree que casi dos millones de mujeres alemanas fueron violadas después de la guerra”.

Por otro lado, Cantor y Land[xxviii], en un estudio para los Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial, muestran que la relación entre tasa de desempleo y tasa de criminalidad pueden ser positivos, negativos o nulos, dependiendo del tipo de crimen y los efectos de oportunidad o motivación criminal, es decir, no existen una relación única. No obstante, Hernández[xxix] en un estudio para el caso del Perú, relacionó el crecimiento económico con el aumento de la delincuencia en el Perú, concluyendo que, desde el año 2007, ambos -junto a la urbanización creciente y excluyente- han coincidido en su tendencia al alza.

En síntesis, se pueden destacar los siguientes elementos: i) Incremento de registros administrativos de violencia de género, ii) variación de denuncias y delitos de oportunidad, iii) impacto en la percepción de seguridad, iv) aumento de delitos sanitarios, iv) ausencia de relación directa entre crisis económica (tasa de desempleo) y crecimiento de delitos, v) relación entre crecimiento económico y aumento de delitos, y vi) aumento de delitos contra la propiedad, la vida y la libertad en situaciones límites de vida.

Efecto 6: La nueva manera del ejercicio del control social

El virus del Covid-19 ha generado una nueva amenaza a la seguridad. No por el delito convencional ni el terrorismo, sino por un virus alojado en las personas. Este hecho ha trastocado todo el control social, y ha tomado forma de “estado de emergencia” o de “estado de alarma”, manteniéndose, probablemente, luego de la pandemia con algunos matices.  

Los estados de excepción han sido medidas de carácter provisional y extraordinarias; sin embargo, para el italiano Agamben[xxx], se estarían convirtiendo en un paradigma normalizado. Lo que viene ocurriendo por la pandemia no sería una excepción, pues la sensación de amenaza permanente o peligro inminente se alojará de ahora en adelante. En América Latina, este escenario ya se venía gestando a través de la demagogia punitiva, la misma que podría encontrar un camino perversamente fértil en detrimento de los modestos pero importantes avances de prevención.

En la práctica, esto podría desencadenar una nueva manera del ejercicio del control social formal e informal y, en lógicas específicas, una profundización del control público y la persecución del delito. No se trataría solamente del efecto en el orden público sino en la seguridad ciudadana en su conjunto. De hecho, ya se vienen produciendo los siguientes cambios: i) participación de las fuerzas armadas, ii) incremento de sanciones por delitos de desobediencia, iii) cambios de estructura normativa, y iv) agotamiento físico y emocional de la Policía.

Efecto 7: La expansión de un “nuevo” delito: la ciberdelincuencia

La ciberdelincuencia está expandiéndose, aprovechando las condiciones de la inmovilización social, lo que ha generado que la población mundial interactué más a través del ciberespacio para comunicarse, trabajar, realizar compras, efectuar pagos y cobros, etc. Europol señaló que el número de ataques cibernéticos contra instituciones, organizaciones e individuos es significativo y es probable que aumente. Entre ellos resaltan: i) pornografía en red, ii) ciberfraudes, iii) ciberestafas, y iv) noticias falsas (Fake News).

Al parecer no hay un desplazamiento o cambio de modalidad de los delincuentes, sino que, se han generado mejores condiciones y oportunidades para que los ciberdelincuentes incrementen su accionar.

Si bien, la ciberdelincuencia ha encontrado la coyuntura oportuna para expandirse, también es necesario indicar que la cifra de ciberdenuncias en el Perú ha estado incrementándose durante los últimos años. En el 2016 se registraron 666; en el 2017, 1,937; 2,878 en 2018 y 3,012 en el 2019[xxxi]. Y todo indica que este año superaremos con facilidad estas cifras.

Por ello, diversos países en el mundo, empezando por los miembros de la Unión Europea, han implementado acciones coordinadas para prevenir la escalada de estos delitos, a través de campañas informativas en redes sociales, además de implementar herramientas destinadas a las policías locales, intercambio constante de información y cooperación en investigaciones internacionales[xxxii].

Efecto 8: Las nuevas oportunidades de las organizaciones criminales

Más allá de la adaptación de las organizaciones criminales, las medidas restrictivas producto de la pandemia han interrumpido sus principales actividades ilícitas, como en la droga y la extorsión. i) El tráfico de drogas depende en gran medida del comercio ilegal, ya sea vía aérea, terrestre o marítima, como es el caso de la metanfetamina en Japón[xxxiii]; y ii) la extorsión de las actividades económicas locales, como en México y en el norte peruano. En ambos casos, se han visto considerablemente afectadas.

Sin embargo, estas han encontrado nuevas oportunidades de explotar al máximo esta histórica crisis, tan es así que, están brindado “apoyo” a la ciudadanía, con el objetivo de acumular futuros favores y gestionar poder[xxxiv]: en México, la familia del “Chapo Guzmán” ha entregado cajas de alimentos con la cara de su padre, al igual que el Cartel de Jalisco; a la par de El Salvador, país en el que las pandillas han hecho lo propio en sus barrios. En las favelas de Brasil, por su parte, el Comando Vermelho ha establecido toques de queda. En Italia, el crimen organizado regala comida y otorgan préstamos en zonas donde la ayuda del gobierno no llega; y en Japón, regalan mascarillas a farmacias y jardines, etc. Para el caso peruano no se ha visto algo similar, quizás porque son organizaciones menos estructuradas y con menor interés de legitimación social; sin embargo, aún quedan vacíos sobre su “colaboración” entre pares en medio de crisis.

En algunos países de Latinoamérica, el blanco delictivo se ha trasladado a los suministros médicos, siendo el caso más resaltante el del robo de 15 000 pruebas diagnósticas y más de dos millones de artículos de protección y seguridad en San Paulo, Brasil. En México, se robaron barriles con unos 200 kilos de gel antibacterial, además de 20 equipos médicos destinados a la atención de pacientes con COVID-19 y varios ventiladores mecánicos en las instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Algo similar sucedió en Perú[xxxv]. De otro lado, Naciones Unidas ha reportado que grupos delictivos vinculados al tráfico de drogas en los países de los Balcanes estarían incursionando en el tráfico de medicamentos falsificados[xxxvi].

En síntesis, podemos destacar cuatro ideas de las organizaciones criminales: i) se han visto seriamente afectadas por las respuestas ante la pandemia, ii) han encontrado nuevas oportunidades en medio de la crisis ii) existen respuestas particulares de dichas organizaciones según territorios, y iv) las organizaciones criminales se vienen adaptando en un escenario de crisis.

A modo de cierre

El efecto de la pandemia en el crimen es notorio.  No existe fenómeno que no haya tenido algún impacto. La discusión está en su magnitud según el tiempo de análisis. En algunos casos se trata de aumento-reducción, ganancias-perdidas, oportunidades-restricciones, colaboración-aislamiento y versátil- invariabilidad.

En cualquiera que fuera los casos, la crisis pandémica no solo requiere del orden público, por el contrario, es necesario atender los posibles fenómenos delictivos que tendrán mayor impacto y prevalencia en todo el tiempo de pandemia y posterior a ella. Por ello, se requieren diseñar e implementar estrategias para neutralizar y reducir los delitos.


[i] Muggah R. y Steven D. (2020, abril 23). We urgently need major cooperation on global security in the COVID-19 era. World Economic Forum.

[ii] Tocci, N. (2020, marzo 20) International Order and the European Project in Times of COVID19. Obtenido en: https://www.iai.it/en/pubblicazioni/international-order-and-european-project-times-covid19

[iii] Aurare A. (2020, abril 19). ¿Comienza ahora el siglo XXI? La Gaceta.

[iv] Eisner, M. (2020, abril 1).  Crime in Times of the Pandemic. An Outline of Research Issues [Diapositivas de PowerPoint]. Recuperado 28 abril, 2020, de https://www.vrc.crim.cam.ac.uk/covid-19-research    

[v] Perú21. Crímenes disminuyen en  un 84% debido al estado de emergencia nacional para fremar el Covid-19 Obtenido en: https://peru21.pe/lima/coronavirus-peru-covid-19-policia-nacional-covid-19-crimenes-disminuyen-en-un-84-debido-al-estado-de-emergencia-noticia/?foto=12

[vi] La Opinión. “La delincuencia baja un 50% durante el estado de alarma”. Obtenido en: https://www.laopinioncoruna.es/espana/2020/03/20/delincuencia-baja-50-durante-alarma/1487709.html

[vii] Univisión. Los delincuentes también se quedan en casa por el virus: hay menos asesinatos, balaceras y robos en EEUU. Obtenido en: https://www.univision.com/noticias/estados-unidos/los-delincuentes-tambien-se-quedan-en-casa-por-el-virus-hay-menos-asesinatos-balaceras-y-robos-en-eeuu 

[viii] Instituto de Segurança Pública. Obtenido en: http://www.isp.rj.gov.br/Noticias.asp?ident=437

[ix] Ricardo Moura. O vírus e a violencia. Obtenido en: http://observatorioseguranca.com.br/o-virus-e-a-violencia/

[x] Balcázar M. (2020). ¿El COVID 19 acelera la violencia criminal? El caso Tamaulipas. Obtenido en: https://www.animalpolitico.com/seguridad-180/el-covid-19-acelera-la-violencia-criminal-el-caso-tamaulipas/ 

[xi]Cerantola A. (2020, abril). Japanese Gangs Vie for Power Amid Pandemic. Obtenido en: https://bit.aY35m

[xii] Devida. (2020). Monitoreo de precios de hoja de coca y derivados cocaínicos en Zonas Estratégicas de Intervención. Serie Reporte N.º 001-2020. Lima, Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas – DEVIDA.

[xiii] Noticias Ser. (2020, abril 8). Caída de producción y precio de hoja de coca genera migración de agricultores del VRAEM. Obtenido en: http://www.noticiasser.pe/ayacucho/caida-de-produccion-y-precio-de-hoja-de-coca-genera-migracion-de-agricultores-del-vraem

[xiv] Peñaranda. (2019). El VRAEM presenta una baja asignación de inversión pública. Obtenido en: https://www.camaralima.org.pe/repositorioaps/0/0/par/r870_1/iedep.pdf   

[xv] UNODC. (2019). Informe Mundial sobre las Drogas 2019. Obtenido en: https://wdr.unodc.org/wdr2019/prelaunch/WDR2019_B1_S.pdf  

[xvi] Forum Brasilero de Seguranca Pública. (2020, abril 20). Violência Doméstica Durante Pandemia de Covid-19. Obtendo de: http://forumseguranca.org.br/publicacoes_posts/violencia-domestica-durante-pandemia-de-covid-19  

[xvii] Minisetrio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. (2020, marzo). Programa Nacional para la Prevención y Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres e Integrantes del Grupo Familiar – AURORA Boletín Estadístico.

[xviii] INEI. (2020). Boletín Estadístico de Seguridad Ciudadana. Obtenido en: http://m.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/boletin_seguridad_ciudadana_departamental.pdf

[xix] República portuguesa. (2020, abril 27). Relatório sobre a aplicação da 2.ª declaração do estado de emergencia. Obtendio en: https://www.portugal.gov.pt/pt/gc22/comunicacao/documento?i=relatorio-sobre-a-aplicacao-da-2-declaracao-do-estado-de-emergencia

[xx] Policía Nacional de Perú. 2019. Anuario Estadístico Policial. Lima.

[xxi] RPP. Obtenido en: https://rpp.pe/peru/actualidad/coronavirus-en-peru-covid-19-mas-33-mil-fueron-detenidos-por-desacatar-el-estado-de-emergencia-en-las-primeras-dos-semanas-martin-vizcarra-noticia-1255188

[xxii] La Vanguardia. Obtenido en: https://www.lavanguardia.com/politica/20200328/48131464368/detenidos-1500-personas-violar-confinamiento-dos-semanas-estado-alarma-coronavirus.html

[xxiii] La Tercera (2020, abril 11). Gobierno informa que se han realizado casi un millón y medio de controles. Obtenido en: https://bit.ly/2VTNOVJ

[xxiv] CRIMINA. (2020). Webinar “Delincuencia urbana y otras fromas de criminalidad”. Realizado el 30 de marzo de 2020. Obtenido en: https://www.youtube.com/watch?v=uNcMCQDENqY

[xxv] Michael Leitner, Michelle Barnett, Joshua Kent y Tom Barnett. (2011). The Impact of Hurricane Katrina on Reported Crimes in Louisiana: A Spatial and Temporal Analysis, The Professional Geographer, 63: 2, 244-261.

[xxvi] Timothy Brezina y Joanne M. Kaufman. (2008). What really happened in New Orleans? Estimate of the threat of violence during the Hurricane Katrina disaster, Justice Quarterly, 25: 4, 701-722.

[xxvii] Keith Lowe. 2012. Continente salvaje. Europa después de la Segunda Guerra Mundial . Galaxia Gutemberg.

[xxviii] Cantor, David y C. Kenneth Land (1985), “Unemployment and Crime Rates in the Post-World War Ii United States: A Theoretical and Empirical Analysis”, American Sociological Review 50, núm. 3.    

[xxix] Hernández, W. (2016). Teorías y evidencias del “dilema urbano” en el Perú: ¿Por qué crecimos económicamente con violencia? (2000-2012). Economía Vol. XXXIX, N° 77, 2016 / ISSN 0254-4415

[xxx]Agamben, G. (2005). Estado de excepción Homo sacer, II, I. Obtenido en: http://geopolitica.iiec.unam.mx/sites/default/files/2017-08/Agamben%20Giorgio%20-%20Estado%20de%20excepcio%CC%81n%20-%20Adriana%20Hidalgo.pdf 

[xxxi] Andina. Estos son los delitos informáticos más frecuentes en el Perú, según la Policía. Obtenido en: https://andina.pe/agencia/noticia-estos-son-los-delitos-informaticos-mas-frecuentes-el-peru-segun-policia-781320.aspx

[xxxii] Europol. (2020). Pandemic profiteering. How criminals exploit the covid-19 crisis.

[xxxiii] United Nations Office on Drugs and Crime. 2020. COVID-19 and the drug supply chain: from production and trafficking to use.

[xxxiv] El País. La mafia es inmune al virus. Obtenido en:  https://elpais.com/sociedad/2020-04-18/la-mafia-es-inmune-al-virus.html

[xxxv] Insightcrime. (2020). Robo de implementos médicos crece en Latinoamérica por coronavirus. Obtenido en: https://es.insightcrime.org/noticias/noticias-del-dia/robos-implementos-medicos-coronavirus/

[xxxvi] United Nations Office on Drugs and Crime. (2020). COVID-19 and the drug supply chain: from production and trafficking to use. Obtenido en: https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/covid/Covid-19-and-drug-supply-chain-Mai2020.pdf

Sobre el autor o autora

Arturo Huaytalla
Sociólogo, con postgrado en Psicología por la UNMSM. Especialista en seguridad ciudadana. Ha publicado el libro “Cuando los cerros bajan. Estudio de la violencia delictual en dos barrios limeños”.

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