El país en cuidados intensivos

Escrito por Crédito de imagen Andina.pe

Toca que asumamos, de una vez por todas, que tenemos que enfrentar un escenario que ha resultado  mucho más grave y complejo de lo que nos imaginábamos cuando comenzó, momento en que ya veíamos la situación muy difícil.  Así,  en marzo se pensaba que no nos quedaba otra que asumir  una cuarentena que duraría quince  días o tal vez un mes, con todos los problemas que una medida súbita de ese tipo ocasionaría a diferentes niveles.

A ello se  sumaría el  grave daño económico que se generaría, tanto por la paralización de las actividades productivas, como por la gran cantidad de recursos que el Estado tendría que gastar – y que de hecho ha gastado,  como no podía ser de otra manera – para que la población más pobre pudiera resistir, para que las empresas soportaran y no tuvieran que recurrir a los despidos y para adquirir diverso y mucho material sanitario (mascarillas, respiradores, oxígeno, etc.)

Sería un tiempo muy  duro, pero que nos permitiría enfrentar la parte sanitaria con el menor número de muertes posibles, frenando el contagio y mejorando nuestra infraestructura en salud, lo que significaría poner al virus bajo control, por lo menos en su expresión más virulenta .

A partir de ese momento lo que nos iba a tocar era comenzar a revertir el referido daño económico, también algo muy duro y que tomaría su tiempo, pero, finalmente, viable, sobre todo porque veníamos de un largo período de crecimiento económico. 

De un buen plan a resultados inesperados

Sin embargo, estamos en junio, y, pese a haberse  extendido una y otra vez el confinamiento (van más de 90 días),  las cifras indican que continua incrementándose el número de muertos y contagiados  (cerca de 8,000 y 248,000, respectivamente,   al 19 de junio),  lo que implica que estamos en plena pandemia y en un pésimo momento.  Por algo hemos pasado a ser el sexto país con mayor número de enfermos de COVID-19, acabando de superar nada menos que a España, una realidad que veíamos con espanto.

Por lo mismo, el costo  económico ha seguido creciendo hasta niveles inimaginables ,  tanto porque se han tenido que mantener y aumentar subsidios y ayudas, como porque la economía ha estado semiparalizada mucho más tiempo de lo que se había supuesto. De acuerdo a información oficial, solo en Abril la economía cayó el 40 %, y se calcula que a fin de año habrá decrecido en 12.5 %, una de las caídas más pronunciadas en el mundo.

Hace tan solo unos días, se ha comenzado una reactivación económica que irá avanzando de manera progresiva.

Ahora está claro que se trata de una reactivación que  se ha decidido no porque hemos se logrado alcanzar  la “meseta”  prometida, ni porque se haya producido  el “martillazo” anunciado. No, nos  hemos echado a andar porque es imposible continuar con dicha paralización, como lo demuestra el hecho de que hace un buen tiempo mucha gente no acata el confinamiento porque si no trabaja no come.

Y es por eso que  por más que se están adoptando una serie de protocolos, de acuerdo a la actividad económica que se trate, y se están promoviendo medidas de seguridad en general, no se puede descartar  que  continúe y hasta se dispare el número de muertos y contagiados. Si con un largo confinamiento no lo hemos podido evitar, es incierto y peligroso lo que pueda ocurrir una vez de vuelta a la calle.

La preocupación aumenta cuando se nota que el Gobierno de pronto ha decidido correr en esta reactivación. El 15 de junio hubo  un mensaje presidencial absolutamente centrado en lo económico, en un tono que parecía que la parte sanitaria ya estaba superada.

Una vez más se demuestra que la realidad de nuestro país es un caldo de cultivo que potencia todo tipo de amenaza y hace mucho más difícil su enfrentamiento. Salvando la abismal distancia que hay entre los fenómenos, eso se demostró en el pasado frente a Sendero Luminoso, y hoy lo volvemos a experimentar frente a un virus.

Reconocer esto no equivale a renegar de la cuarentena adoptada o desconocer  que también han habido logros. Habría que comenzar reconociendo que cuando a mediados de marzo el presidente Vizcarra decreta la cuarentena, lo hace con el respaldo de la gran mayoría de la población, como se vio en las encuestas, y este apoyo mayoritario se ha mantenido durante todas las extensiones. Al 18  de junio, el presidente mantiene un respaldo del 70 % (Ipsos), lo cual es altísimo. Incluso en los últimos días se está viendo una disminución en el número de contagios (en Lima misma) lo cual, de mantenerse, sería una muy buena señal

Entonces,  mal se hace cuando se habla de “la estrategia del gobierno”,  ya que lo hecho ha sido lo que la gran mayoría de los peruanos ha querido, puesto que era lo que muchos expertos nacionales e internacionales recomendaban hacer. Han sido muy pocos los que han estado en contra y, dentro de estos, una buena parte ha tenido motivaciones políticas-extrasanitarias, cuyo origen es la animadversión contra Vizcarra.

Siempre quedará la pregunta de cuántos habrían sido los muertos y enfermos sin el largo confinamiento, debate que difícilmente pueda pasar de la especulación, aún para los expertos .

Tampoco se puede dejar de valorar las significativas mejoras que en corto tiempo se han producido en -por ejemplo- la infraestructura sanitaria relacionada con el Covid-19 , o hechos como que se han  multiplicado exponencialmente el número de pruebas aplicadas, que  ha bajado el número de contagiados por cada persona infectada,  que son cada vez más los que se curan, entre otros.

Pero nada de eso nos puede llevar a negar la gravedad de la situación. No se trata de colaborar a generar pánico, algo que se debe evitar,  pero la pregunta es clave: ¿así de grave y compleja es la situación de hoy? Por más que el gobierno no lo llega a admitir en toda su dimensión, parece que sí, dadas las cifras que existen, la ausencia de otro tipo de explicación de la situación que resulte convincente y de los análisis hechos fuera, los  que generalmente ponen al Perú entre los países que peor están.

¿Por qué no se produjeron los resultados esperados? Sin negar graves errores y omisiones por parte del Gobierno, que cada vez salen más a la luz, y que continúan cometiéndose, me ubico entre los que creen que se debió mas a los problemas de fondo que arrastra históricamente el país: pobreza, desigualdad, atraso, pésima situación de la salud pública, informalidad, corrupción, mentalidades, ineficiencia del Estado, mala relación de lo público con lo privado,  falta de compromiso y solidaridad empresarial, etc, etc.

Una vez más se demuestra que la realidad de nuestro país es un caldo de cultivo que potencia todo tipo de amenaza y hace mucho más difícil su enfrentamiento. Salvando la abismal distancia que hay entre los fenómenos, eso se demostró en el pasado frente a Sendero Luminoso, y hoy lo volvemos a experimentar frente a un virus.

Pero ahora lo más importante de responder es ¿qué hacer? Más allá de la parte especializada,  hay una serie de medidas urgentes: que el gobierno reconozca la nueva situación y adecúe los planes; que se produzcan cambios ministeriales, porque es evidente que hay algunos ministros que funcionan mejor que otros. Debe de haber mayor  transparencia e información en cuanto a cifras, datos, hechos, circunstancias, etc ; debe crearse mayores vías de participación para que todos los sectores que quieran y puedan aportar lo hagan; esto último implica que el presidente adopte la costumbre de convocar a los mejores sin importar si son o no de su círculo ; también ayudaría  a que no se sigan cometiendo errores; hay que poner un especial énfasis en evitar la corrupción.

Resulta clave volver a tener algunos ejes de acción en torno a los que cierre filas el país, para que exista una unidad en términos de respuesta, y a la vez neutralice el tipo de medidas irresponsables , inadecuadas y contraproducentes que vienen siendo adoptadas por el Congreso.

Como punto aparte hay que mencionar que es decisivo que dejen de haber sectores que, por una un otra razón, no acatan el distanciamiento físico o las medidas de higiene. Esto tiene que ver con la adopción de medidas que lo permitan (por ejemplo, que todos tengan acceso al agua y a un transporte público adecuado ) y, a la vez, con estrategias de comunicación adecuadas.

Lo peor que puede pasar es que adoptemos una actitud negacionista  en cuanto al agravamiento de la situación sanitaria, más allá las razones que la expliquen, y que emprendamos una normalización de la situación, como si el virus estuviera bajo control. La reactivación económica es inevitable, debido a que también es un asunto de sobrevivencia, pero seamos conscientes que se dará conviviendo con un virus que está en un momento especialmente agresivo.

Sobre el autor o autora

Ernesto de la Jara
Abogado. Fundador y exdirector del Instituto de Defensa Legal y de la Revista Ideele. Actualmente se desenvuelve como abogado independiente, profesor en la PUCP y especialista en temas sobre el sistema de justicia.

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