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Los evangelios por tierra

(Foto: La República)

En el Perú se discute sobre economía abusando de los números macro que muchas veces desfiguran lo que acontece en la realidad de un país tan complejo como el nuestro. Y más aún, cuando hay gente que los maneja en función de sus intereses económicos, ideología política o producto de su supina ignorancia. Pero lo que más molesta es que hay quienes, sin ninguna investigación y como si tuvieran una bola de cristal barata, opinan y hasta pronostican. De esos falsos gurús y farsantes, hoy está repleto el país. Para hacer una opinión en verdad seria, debemos partir por señalar que la economía pretende ser una ciencia social que administra la escasez y la abundancia. Lo subyacente entonces es que ella busca el “bienestar” de una comunidad. ¿Verdad que suena muy bonito? Tirios y troyanos suelen señalar que esa medida está en función del Producto Bruto Interno (PBI). Pero ¿es esto cierto? No necesariamente. Hay cosas que atañen al PBI y otras que no. En primer lugar, este se liga a la producción de bienes y servicios por los “residentes” de un país, sean estos nacionales o extranjeros. Y de allí la confusión que hubo en México hace decenas de años, cuando se instauró el NAFTA (North American Trade Agreement). El PBI mexicano se fue hasta las nubes, pues muchas empresas estadounidenses (maquiladoras, en su mayoría) se instalaron en ese país a fin de aprovechar las ventajas tributarias del tratado. Hubo mayor producción, pero los excedentes salían de México.

Un segundo problema de reducir el “bienestar” solo a lo que dice el PBI es que si una economía adolece de falta de empleo, no es lo mismo el crecimiento de un sector tecnificado que otro que produce con mucha mano de obra.

Existe un tercer elemento a considerar en el PBI: gran parte de este es “estimado” por el INEI, dado la informalidad de nuestra economía. Así, por ejemplo, no tenemos ni idea de cómo se estima el sector “servicios” que tiene a veces un valor mucho mayor que los sectores productivos. También se conoce, de buena fuente, que hay un intento del INEI por registrar la cada vez mayor producción de cocaína, pero a un nivel muy simple y subestimándola, a pesar de los estragos que causa en el “bienestar” de la población. Y ni qué decir de la minería ilegal, que causa tanto daño al medio ambiente y a las localidades en que ella se desarrolla.

Un ejemplo
En la época del primer gobierno de Alan García, del cual nadie sensato puede negar la inflación y el desorden que tuvo la economía, la exposición de indicadores macro fue perniciosa. Máxime con un presidente que tenía un revoltijo sobre los conceptos económicos. Por eso el ex presidente, en aquella época, posiblemente no entendía que el Índice de Precios al Consumidor (que para todos los efectos se liga a la inflación) partía de una canasta de consumo que se auscultaba con periodicidad y medida sólo para Lima, y para la denominada “familia promedio”, ignorando que este promedio avizora restricciones serias, cuando hay diferencias grandes de demanda de consumo, entre familias ricas y pobres.

Además de esta probable distorsión de no “segmentar la demanda”, se usaba el índice de Laspeyres, el cual sólo registra cambios en los precios pero no en las cantidades, las que asume como de consumo fijo. Así que si la canasta registraba que la familia promedio consumía, digamos, 10 pollos al mes. De esta manera, la proporción del incremento del precio del pollo redundaba de manera notable en el índice inflacionario, al margen de que esta familia consumiera menos de esa cantidad o sustituyera el ave con pescado.

Al no captar ese dato y al promocionar inmensas tasas de inflación que llegaban al 40% por mes, los precios de muchos productos, que por las características del mercado, podían subir, pues simplemente se indexaban aunque esa “inflación” no estuviera ligada a sus costos, dado que por ejemplo en el caso de productos importados algunos enfrentaban un tipo de cambio relativamente fijo y esto arrastraba aún más a la inflación. Esto no quiere decir que no promocionando el índice o tratándolo de ajustar a uno como el de Fisher (que mide también cambios en las cantidades), no se hubiera llegado a una etapa híper inflacionaria. Pero esta manera de medir la inflación, de hecho, la magnificó.

Por ello es que mucho de lo que discurre y trasciende sobre economía en los medios de comunicación es una verdad a medias y que, además, sostenidamente obedece a intereses de tipo comercial, ideológicos o a la propia ignorancia de los que opinan. Un hecho claro se vio cuando el régimen de Fujimori subió en 1990 la gasolina en 4,800% (48 veces más, sólo de agosto a diciembre) y no pasó nada, pues estábamos enfrascados en virgencitas que lloraban o en tratar de meter a la cárcel a Alan García por el tema de los penales, o en creer en eso de la sustitución de cultivos por el tema de la droga, medida que fue bautizada como la “doctrina Fujimori”. Es decir, una impresionante abundancia de psicosociales que distorsionaban la realidad socio económica.

La economía, entonces, no explica todo lo que los economistas dicen que ella meridianamente explica. Hay que tenerlo muy en cuenta cuando un gurú, con o sin su “bola de cristal”, se despachea sus anchas ante la vista y paciencia del algún cándido periodista de la TV peruana y eso promueva que la asignación de recursos o las decisiones que se tengan que tomar para ajustar la política económica, no sea la adecuada y no tome en cuenta otro tipo de variables que le hacen a ella.

El pensamiento Webb
En este contexto, es menester advertir que el profesor Richard Webb viene recurrentemente sosteniendo que la economía, como se le concibe por decenas de años, no es suficiente para entender el “bienestar” que ella busca. En su libro Conexión y despegue rural, nos advierte que existe una alta correlación entre la ruralidad y la productividad. Y en base a encuestas en 176 distritos rurales de alta pobreza, comprueba que el despegue se ha efectuado hace dos décadas, explicándose, entre otros factores, por la construcción anual de kilómetros de caminos y, por ende, de vehículos que hacen servicios al interior del país, así como a la difusión del internet y el acceso masivo al teléfono celular. Esto reforzado por el avance de la electrificación rural.

Es más, hace poco Webb publicó un artículo que va en contra de todo lo que se señalan los “opinólogos”, respecto al desastre de Cajamarca. Advierte que aunque repiten la cháchara de que esta región no gasta por falta de gestores, tanto en la región como en las provincias, el gasto se ha triplicado en los últimos 6 años. Para mayor abundamiento, muestra que de un presupuesto primigenio, para el año 2013, de S/ 1,937 millones que fue ampliado a S/ 3,408 millones, Cajamarca gasto el 79% de este último, lo que significó el 139% del presupuesto original. Apunta Webb que la ejecución del presupuesto en la región, que era del 68% para el año 2001, subió también en un 80%, y que en los 127 municipios distritales el gasto se ha incrementado en 8 veces, pese a que se dice que hay una falta de capital humano. Esto no quiere decir que Webb esté avalando el tema de los anti mineros. Pero sí advierte que tanto el Gobierno como los proclives a este tipo de inversión, no han estudiado la realidad. Máxime si alguien por allí pretendía que, al mismo estilo de Alaska, los de Conga les den dinero a las familias aledañas a la zona de inversión minera como si la cosa fuera tan simple.

Una última atingencia que Webb hace en su artículo es el contraste que hace entre el PBI y el ingreso familiar en Cajamarca. Señala que desde el año 2007 este ingreso ha ido creciendo un 6.8% en promedio anual, casi el doble del promedio en el país. Tal vez sea por ello que la minería no es percibida por los cajamarquinos como motor del desarrollo en su región.

Como sea, es evidente que hay que hacer mucha mayor investigación para optar por una clara y sana política económica que enrumbe a la región, la cual obviamente no es tarea de solo de profesionales de la economía.

En el otro lado de las orillas
Adex, vía el economista Gastón Pacheco, ha salido públicamente a pedir una especie de Tratado de Libre Comercio Interno, haciendo una alegoría entre los aranceles e impuestos. El Leit motiv de este planteamiento estriba en un cambio profundo en la política laboral, supuestamente llena de obstáculos para los empresarios y que impide su libre contratación, introduciendo costos adicionales a favor de un “sector privilegiado” y promoviendo así una mayor informalizaciónde los trabajadores con todo lo que esto acarrea. SostienePacheco que una inmediata baja del IGV en unos 2 puntos, así como del Impuesto a la Renta a la mitad, sería compensada por un incremento del 4.1% al 20% enlos dividendos, así como por una mayor eficiencia recaudatoria. La propuesta aduce que los 4 millones de trabajadores formales seguirían con su régimen, pero los potenciales 11.5 millones que trabajan en el sector informal tendrían un nuevo régimen laboral.

Como contraparte,Humberto Campodónico en La República y Santiago Pedraglio en Perú 21 se oponen al planteamiento. Campodónico alude a que Adex quiere alterar los derechos de los trabajadores en cuanto su modalidad de contratación y salarios. Señala que los empresarios no quieren entender que la informalidad es el producto de lo insuficiente que es la demanda por empleos en el país, debido a la falta de diversificación productiva.

Por su parte, Pedraglio sostiene que los empresarios han vuelto con la cantaleta de que si se reducen los derechos laborales se incrementa la competitividad y se reduce la informalidad. Para rebatir ambos argumentos señala que la ley Mype tiene 10 años y la reducción de la informalidad es de apenas 3.2%, y enfatiza que siguen existiendo 87% de unidades productivas informales. Asimismo, dice que en el Foro Económico Mundial se midió la eficiencia laboral de varios países y Perú ocupo el puesto 51 de 144 países, y que Colombia y México anduvieron por el 80 y 121respectivamente, mientras que Chile se ubicó en el 50.

Por lo visto, los puntos de vista de Adex y de los analistas citados se muestran irreconciliables. En lo personal, me parece que los argumentos esgrimidos tienen mucha carga subjetiva.

El nefasto duopolio
Ya hemos señalado que entre agosto y diciembre de 1990 el régimen de Fujimori subió la gasolina en 4,800%y el consumo con el tiempo se restableció e incluso subió por el incremento del parque automotor. Como el Estado participaba con el 50% de la recaudación por impuestos a las gasolinas, la idea de ligar el precio de las mismas al indicador West Texas Intermediate (WTI) se hizo realidad. En consecuencia,con el paso del tiempo, los precios no solo de las gasolinas, sino del diésel fueron in crescendo. Lo tragicómico era que cuando el WTI subía, los precios ex planta y en grifos se ajustaban hacia arriba. Cuando pasaba lo contrario, es decir bajaba el WTI, estos precios ni se movían Pero sucede que por una serie de motivos ligados al relativamente recientedescubrimiento del shale oil , al incrementode los inventarios mundiales y a los problemas que existen en Medio Oriente, además de la reconversión de la industria automotriz en general, el WTI bajó de niveles punta de US$ 145 el barril a US$ 100, para recientemente situarse a us$ 81 y con tendencia a la baja. La respuesta de la burocracia de Petroperú ha sido inusitada al no bajar los precios. Señalan que ellos compraron inventarios caros y que,además,la metodología de fijar precios de OSINEGMIN no es la adecuada. Algoincreíble y en las narices de Humala, quien prometía en su campaña el absurdo de que bajaría el balón de gas a 12 soles.

Asimismo, hay muchas otras cosas muy raras en este mercado de combustibles. Sucedió con el shock del 90, en el que una gasolina de 10 centavos de dólar subió repentinamente en su primer ajuste en 3,000%. Es decir, a 3 dólares y, lo que es sorprendente, el consumo no bajó sustancialmente. Ahora se da el fenómeno de que con una gasolina de 95 octanos en un grifo de San Juan de Lurigancho a S/. 13.99 y la misma en un grifo de Villa El Salvador a S/ 18.76 el galón, es decir, una diferencia relevante de S/.4.77, no se forman largas colas en ese grifo.

¿Querrá esto decir que hay un gran número de consumidores que no se ven afectados por precios tan altos y por ello el éxito de la venta de camionetas 4 x 4 “tragonas” de combustible?

La verdad es que hay mucho por investigar y analizar sobre los comportamientos de eso que se llama la “racionalidad del consumidor”. Tal vez por ello nadie se queja, y a pesar de la baja impresionante del petróleo a nivel mundial, Petroperú y su socio en el duopolio, la española Repsol con su Refinería La Pampilla, hacen lo que les viene en gana. Y a esto que es tan importante y que de hecho además afecta la medida de la inflación, que sigue midiéndose por Laspeyres, los gurús, los falsos profetas, no dicen esta boca es mía.

Las benditas reservas
Otro especie de “Elefante Blanco” que se le paso a los gurús y farsantes, es el tema de las Reservas del Banco Central. Pocos han mencionado que mucho de ellas no se explica por el tema de la Balanza de Pagos, sino por los ahora clausurados “Quantitative Easing Money” , que ha sido la increíble manera en que la FED de los EEUU aunado a una tasa de interés de casi cero, han manejado su espantosa crisis del año 2,008. Ha habido algunos que incluso señalaban que el sol era fuerte en relación al dólar. ¡Qué barbaros¡

Y es que en realidad, hasta la saciedad se ha promocionado el tema de las Reservas en el Banco Central como un indicador de prosperidad y eficiencia de nuestra economía. Si bien es cierto que el instituto emisor cuenta con buenos profesionales, todos conocemos que estuvo dirigido prácticamente en toda lo que va del presente gobierno con la mitad de su Directorio por la ineptitud del actual Congreso, al que incluso se le acusó de haber fomentado una “repartija política” de los puestos para esta institución y las plazas del Tribunal Constitucional. El caso es que mucho de lo que se tiene en reservas obedece al “señoreaje” del que gozan los bancos centrales y que les permite emitir, cuidando los riesgos de inflación, moneda doméstica a costos cercanos a cero. La inmensa emisión de dólares de parte del Federal Reserve (FED) norteamericana para comprar bonos y así solucionar sus graves problemas derivados de la crisis subprime del 2008, llegó a tener un “Quantitative Easing Money” de US$ 80,000 millones por mes, junto a una tasa de interés cercana a cero. Hoy, con eldenominado “Tapering”, esta cifra se ha diezmado y de seguro repercutirá en el valor del dólar, a no ser que los movimientos que en su contra hacen la Rusia de Putin y China puedan contrarrestar el poder de los EE.UU. para hacer lo que les viene en gana con su política monetaria.

Lo trágico de este episodio es que algunos analistas señalaban que el cada vez menor valor del tipo de cambio en el Perú denotaba un sol fuerte; incluso se pronosticaba - por un par de irresponsables opinólogos que el tipo de cambio se acercaría a los s/ 2.20 para finales de este año, ignorando que la FED ya no podía sostener sus Quantitative Easing como que ha sido el resultado hace muy pocos días.

Otro aspecto en este tema, y que jamás se ha discutido, pese a mis personales advertencias, es la tenencia de nuestras reservas en su mayoría en dólares, siendo la reserva en oro casi nada Verdad es que el oro, luego de llegar a precios de US$ 1,700 la onza troy, ha bajado sustancialmente y hay quienes predicen que incluso podría bajar aún más. Sin embargo, hace unos años, su nivel era muy bajo y se pudo hacer una excelente inversión en el metal amarillo, tal cual lo hiciera en el año 1980 don Manuel Moreyra Loredo con el metal plata.

Cabe aquí hacer una digresión. No todas las reservas son del Banco Central. Depósitos del Gobierno y los encajes que los bancos depositan en el mismo, son parte de ellas. Es así que la denominada “Posición de Cambio” es la que mejor mide la disposición real del instituto emisor. Asimismo, mucha gente confunde o cree que las reservas pueden ser utilizadas para gastos corrientes o por el Gobierno. La Constitución y la ley del BCRP prohíben tal fin.

Mucho de lo que se tiene en reservas obedece al “señoreaje”  del que gozan los bancos centrales y que les permite emitir moneda doméstica a costos cercanos a cero

Las AFP
Este sistema es perverso. Desde su inicio mostraba confusión. Pero aprovechándose de la ignorancia de supuestos líderes de opinión y de la viveza de empresarios que querían financiamiento barato y oportuno, ha durado 22años. Más de dos décadas en las que los accionistas se reparten utilidades; la plana directiva gana suculentos sueldos; muchos empresarios se financian emitiendo bonos; se saca ahorro nacional para alimento de inversión en el exterior; y las compañías de seguros pasan piola, embolsicándose primas capturadas que les ha dejado,además,ganar ingentes cantidades con la denominada “Renta Vitalicia”. Pero la codicia y la entrada de una AFP chilena los abrumó. Trataron de capturar a los trabajadores independientes sin miramiento alguno y por supuesto avaladas por una mayoría de congresistas que de finanzas saben poco o casi nada y solo repiten lo que su “sentido común” les advierte : “ Hay que ahorrar para la vejez “, como si nadie en el Perú lo hiciera. Y como ya es obvio, nuestros políticos y reguladores dejan que la contraparte, es decir, los créditos, se expandan sin límite y a tasas de más del 40% de interés efectivo anual.

Pero las AFP perdieron la batalla contra los trabajadores independientes, pese a que contrataron a un economista que ha hecho de todo y que no tuvo empacho en mentir que la rentabilidad era del 12% anual. Lo cual fue falso y ha sido públicamente desmentido y aceptado. Ya economistas de una universidad solvente han señalado que el sistema es un fracaso, pues de cada 4 trabajadores solo uno es formal. Además, las pensiones son ridículas. Para colmo de males,la ex superintendente Lorena Masías señaló que un trabajador que percibe el salario mínimo, es decir, S/. 750 mensuales, lo que equivale a un aporte de S/. 900 por año (además del pago de comisiones y seguro), y que aporta 20 años con una rentabilidad promedio anual del 5%,tan solo recibiría S/. 177 mensuales. Y si aporta 40 años,S/. 625 soles. ¡Qué crimen, ¿no?!

Pero hay más cosas que han salido al fresco. El Profesor Jorge Rojas de la Universidad Católica ha señalado que a esa rentabilidad hay que restarle la inflación y la comisión de la AFP, con lo cual cae al 5%. ¡Ojo!, allí no se ajusta aún la prima de seguro y lo que han dejadode pagar los empleadores públicos y privados, que el mismo sindicato de AFP estimaba en 10,000 millones de soles; es decir, un 10% de todo el fondo que hay en 25 años.

Otro economista, Carlos Palomino, ha escrito en el diario Gestión, que el Índice Industrial Dow Jones de New York (DJIA) dio en los últimos 4 años un retorno del 68.4% (14% anual), mientras que las AFP para su Fondo 3 (el de más riesgo) solo 21.71% (5.03% anual). Advierte, además, que la concentración de fondos en elexterior es del 86% en Fondos Mutuos, y como todo el mundo sabe, no se necesitan de conocimientos profesionales para invertir en esta modalidad. ¿A santo de qué entonces, pagar tan elevadas comisiones?

Adicionalmente, al decir de la economista Alejandra Zegarra, la obligación previsional disminuye el bienestar y hace que cuando un trabajador, al que compulsivamente se le baja su consumo, acuda a un crédito para sostener el mismo, este le cueste 5.5 veces lo que le da su retorno de AFP.

Finalmente, economistas –investigadores del nivel de Juan Mendoza y Bruno Seminario de la Universidad Pacífico han señalado, con base a un estudio de toda la existencia de las AFP, que este sistema es un fracaso por varios motivos. Entre ellos, como ya se mencionó, que en el Perú de cada 4 solo un trabajador tiene jubilación; que de los más de 5 millones de afiliados, ni la mitad pagan sus aportes; que las pensiones no llegan ni a la mitad del sueldo; que este aporte daña aún más la planilla y favorece la informalidad; y que es falso eso de que los trabajadores no ahorran, pues es es un invento que no tiene estudio ni base científica. Y, finalmente, que la solución es una pensión contributiva mediante el 10% de lo que se recauda por IGV.

Acorralados y preocupados por un planteamiento que puede tener cosas a favor y en contra, los que llenan sus bolsillos o ideología con el sistema de las AFP, contestaron con insultos y cálculos matemáticos absurdos de que se tendría que subir el IGV en 5 puntos para dar una pensión universal de 200 soles y que, además, ella se “politizaría”. Han llegado, incluso, a señalar que la Universidad del Pacífico no tiene nada que hacer en ese planeamiento y que ello es una “irresponsabilidad” de algunos profesores. ¡Qué tal cobardía de esta gente! ¿Con qué derecho se arrogan de tomar el nombre de dicha universidad para despotricar de dignos profesores, quienes sólo están presentando una propuesta para el debate?

Es por demás advertir que los que se vienen beneficiando en demasía con este sistema por largos 22 años harán lo imposible por mantener el statu quo. Utilizaran intensamente sus lobbies y “falsedades” para que todo quede igual. Pero ya un montón de gente tomo nota de varias cosas. ¿Cuál es, por ejemplo, el sustento para que a los 65 años el jubilado no pueda sacar ni siquiera un sol de su fondo, si es que se da la desgracia de queél o sus familiares desarrollen una enfermedad terminal? Felipe Morris Guerinoni, uno ligado ampliamente al plano asegurador y personaje de los más irrespetuosos en relación al estudio de los profesores del Pacífico, señaló en un programa de TV que en un caso como ese, el jubilado de 65 años podía usar dicho fondo como garantía para un préstamo bancario.¿Realmente así piensan estos fulanos, llenos de “Emoción Social”?.Tal vez por ello y “poniendo su respectivo parche” Danny Shydlowsky, el Jefe de la SBS, acaba de declarar que hay que relajar algunas rigideces del sistema pensionario.

Corolario
Se me acabo el espacio y quedaron muchas cosas en el tintero, como el tema minero, donde se evidencia enorme problema de tener un sistema jurídico (con su Poder Judicial, Arbitral, Ministerio Público y Tribunal Constitucional), que la verdad deja mucho que desear por su lentitud, amontonamiento de casos y posible corrupción, lo que de hecho viene atracando cualquier proceso de bienestar económico.

Ni que decir del horroroso problema de la regionalización, en que la gran irresponsabilidad de los políticos por ganarse algunas palmas trastocó departamentos en regiones. También preocupa la Policía, que hemos visto, por ejemplo, que ha venido siendo amparada por el Poder Judicialpara retornar a sus labores pese a graves faltas que habían determinado la expulsión de algunos de sus miembros. Y para ahondar en sus males, no se resuelve aún el tema de que un número de la Policía trabaje un día sí y un día no para el Estado.Y ni quédecir del Congreso y de la inmensa burocracia pública que todo lo relativiza y que cada día crece más.

Todo esto que he mencionado ata de manos a la economía. Y es por ello, que por más alto PBI que se tenga, por más rentable que sean las empresas, por mayor recaudación que haga la Sunat y los municipios, todo eso sirve de poco o casi nada si no hay liderazgo, transparencia, conocimiento y probidad, entre otros valores necesarios.Los evangelios están en el suelo. ¿Habrá quienes los levanten, limpien, muestren y, de manera ordenada y justa, luchen por su cumplimiento? Está por verse.

 

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