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La ciudad que no quieren curar

Foto: Flickr.

Hay muchas películas que cuentan historias de complots universales en los que algunos avaros millonarios esconden, por ejemplo, la cura a una terrible enfermedad para no perder las ventas inmensas de las medicinas paliativas que ellos mismos producen. A veces, esas películas son inspiradas, lamentablemente, en hechos de la vida real. De cuando en cuando yo me pregunto si nuestra capital no es escenario de uno de esos complots o quizá seamos parte de una broma o somos los conejillos de indias en un experimento social para ver cómo sobrevivimos en una ciudad que parece que nadie quiere resolver.

El futuro se avizora pesimista y no parecemos encontrar soluciones para los grandes problemas urbanos. Peor aún, entre ciudadanos no nos ponemos de acuerdo. Y no, no me refiero a quien prefiere que construyan ciclovías y a quien no, sino a que ni siquiera coincidimos en desear una ciudad sostenible. Sin embargo, hay una luz al fondo del túnel. En nuestra última encuesta de Lima Cómo Vamosel 87.3% de los encuestados en Lima considera que es importante que Lima cuente con un plan que guíe su crecimiento. Así es, la tan menospreciada planificación urbana resulta relevante para la gran mayoría de ciudadanos. ¿Y ahora? ¿Se atreverán los candidatos a plantear planes luego del terrible destino del PLAM 2035, que no fue ni reconocido y mucho menos aprobado?

Por supuesto, quien quiera asumir el reto de gobernar nuestra capital tiene la obligación de atender los dos principales problemas de Lima: la inseguridad ciudadana y el transporte público. En el primer caso, se debe buscar resolver tanto la percepción de inseguridad (es decir, el miedo que tienen las personas en la ciudad) como buscar reducir los incidentes delictivos. Así también debe reconocerse la importancia de la forma urbana y el urbanismo para incidir en la disminución de situaciones de violencia Por su parte, para mejorar la calidad del transporte público se debe incorporar un enfoque de movilidad sostenible que priorice a peatones, ciclistas y usuarios de los medios masivos (Metro de Lima, Metropolitano y buses) así como garantizar fluidez para todos los vehículos y seguridad vial. Para lograr mayor fluidez y menos congestión deben corregirse las pistas y la señalización, así como sincronizar realmente los semáforos. Bien harían también, en adoptar políticas como las de Visión Cero para disminuir las víctimas fatales de los accidentes de tránsito.

Pero, hay muchas cosas más que están pendientes en la agenda de la capital. Desde resolver la estructura de la gobernanza (la fragmentación distrital no ayuda) y lograr más ingresos e inversiones hasta atender temas específicos como, por ejemplo, volver a Lima una ciudad educadora, accesible, saludable, verde y productiva. Así como estos hay muchos temas más que el futuro alcalde o alcaldesa pueden priorizar. ¿Cómo viven la ciudad las personas con discapacidad? ¿Cómo la perciben los niños o los adultos mayores? Estos enfoques pueden y deben ser incorporados en la visión de ciudad que deberíamos tener. De esa manera, se pueden promover los lineamientos y las políticas para llevar a cabo acciones que apunten a lograr alcanzar la ciudad deseada. Sin embargo, esto casi parece utópico ya que no se puede resolver ni siquiera una intersección llena de tráfico. ¿Cómo liderar una transformación urbana?

Sin embargo, una acción que podría diferenciar a la próxima gestión es la revaloración del ser limeño. A través de los vínculos que los ciudadanos forjan con su ciudad, es posible propiciar importantes cambios. Para lograr esto, por supuesto, debe mostrarse solución para los problemas cotidianos. Pero también, debenimpulsarse emociones que hagan que los ciudadanos sientan afán de protección, de empatía, de cariño y de orgullo. Esto no es tan difícil, pues -a pesar de todo- más de la mitad de limeños (56.2%) se declaran orgullosos de vivir en Lima. Se debe afianzar ese sentimiento en estos ciudadanos y encontrar maneras de promoverlo en la otra mitad. Muchas ciudades han trabajado campañas dirigidas a promover sentimientos positivos para lograr transformaciones sociales. En la región, Medellín y Bogotá son ejemplos conocidos. La primera enfocada en la revolución educativa y la segunda a través de la movilidad urbana.

Por lo pronto, sólo queda desear que quienes postulan a la alcaldía lo hagan de verdad con vocación de servir pues los ciudadanos ya están cansados de líderes con intereses propios o, peor aún, con intereses perversos que no harán sino seguir hundiendo nuestra ciudad.Esto se evidencia en la última encuesta Lima Cómo Vamos, en la que la “corrupción de los funcionarios” -opción incluida por primera vez- se colocó como uno de los tres principales problemas de la ciudad, igualando a los problemas ambientales.Ojalá que al votar podamos saber reconocer a aquellos que buscan el bien común para elegir entre ellos y lograr alcanzar la ciudad que tanto queremos y que tan difícil se nos hace alcanzar.

Entrevista

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