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Sobre la informalidad

La economía informal es distinta del empleo informal. Según el INEI, en el 2016, el sector informal producía el 18.6% del PBI, mientras que el empleo informal llegaba al 72% de la PEA empleada. Dentro de éste, el 55% era empleo informal dentro del sector informal y 17% era empleo informal dentro del sector formal.

No es lo mismo ser una empresa informal que tener un empleo informal. En términos operativos, la informalidad empresarial está conformada por empresas no constituidas en sociedades y que no están registradas en la administración tributaria. Mientras que el empleo informal está conformado por trabajadores en empresas informales, sin seguridad social pagada por el empleador, por los trabajadores familiares no remunerados y por el autoempleo.

Es decir, son problemas distintos que necesitan intervenciones distintas. En general, la informalidad empresarial varía de sector en sector, dependiendo de la normatividad sectorial, el grado de cumplimiento de la misma (supervisión y control) y de la naturaleza propia de cada sector (su capacidad de generar utilidades). Es decir, hay minería informal, pesca informal, manufactura informal, construcción informal, comercio informal, servicios informales, etc. En el estudio de estas tres causas mencionadas se encuentra también el origen de las políticas públicas dirigidas a reducir la informalidad empresarial.

La informalidad laboral, a su vez, se puede dividir en dos grupos. El informal laboral que trabaja en una empresa formal y el informal que trabaja en una empresa informal.

El primer grupo existe por una combinación de rigidez laboral, elevado valor del salario mínimo (sobre todo fuera de Lima), baja productividad laboral y falta de control por parte de Sunafil. El segundo es consustancial a la existencia misma de empresas informales y por la baja productividad laboral. En el estudio de estas causas están también las pistas para el mejor diseño de las políticas públicas para reducir la informalidad laboral.

En los últimos cinco años (2014-2018), la informalidad económica y laboral se han estancado en alrededor de 18% y 70%, respectivamente. ¿Qué le podemos pedir al gobierno realmente existente? Que deje encaminado al país en una senda de crecimiento de más de 5% hacia el 2021 para romper la parsimonia de la informalidad. 

Entonces, en términos más analíticos, tanto la informalidad empresarial como la laboral surgen de una combinación de aspectos económicos y legales. En el primer caso, baja capacidad de generar excedentes y normas sectoriales y tributarias solo cumplibles por el sector moderno. En el segundo caso, bajos niveles de capital por trabajador y bajos niveles de capital humano (mano de obra poco calificada) y normas laborales sólo alcanzables para trabajadores que perciben un nivel suficiente de ingresos. Suficiente para cumplir las normas: vacaciones, CTS, aportes a Essalud y la jubilación.

Si recalibrásemos toda la normatividad empresarial, tributaria y laboral vigente podría reducirse en muchos guarismos la informalidad, pero no necesariamente las estructuras económicas subyacentes al problema. Para ello, es imprescindible aumentar la inversión privada y pública (infraestructura) y mejorar la educación. Se requiere un combo de políticas pro crecimiento.

Política económica

En los últimos cinco años (2014-2018), la informalidad económica y laboral se han estancado en alrededor de 18% y 70%, respectivamente. ¿Qué le podemos pedir al gobierno realmente existente? Que deje encaminado al país en una senda de crecimiento de más de 5% hacia el 2021 para romper la parsimonia de la informalidad. Para ello tendrá que junto con el Congreso de la República (allí donde se requieran leyes) definir una agenda mínima de mejoras sustanciales en las políticas de crecimiento económico.

En el caso concreto de la informalidad se requiere una nueva institucionalidad, una suerte de shock formalizador. El Estado debe crear un nuevo marco regulatorio para las micro y pequeñas empresas, tanto en los frentes sectorial, tributario y laboral. El actual marco está agotado.

Asimismo, actualmente existen más pobres urbanos que rurales. Ello se refleja en nuevos problemas de criminalidad, presión sobre servicios públicos, insalubridad y hacinamiento. Mientras que el MIDIS tiene una orientación básicamente rural.

El presidente Vizcarra tiene la popularidad y el tiempo suficiente para avanzar en estos frentes. El Congreso, ahora que no habrá reelección, no tiene razones para proponer políticas populistas. El poder político es efímero. Ejecutivo y Congreso aún pueden ser recordados como los políticos que cambiaron la economía del país luego de casi 25 años de vacíos reformistas. No hay excusas.

 

* Artículo basado  en columnas del autor en el diario El Comercio y Gestión.

 

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