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Un tren llamado deceso

Una obra destinada a solucionar el problema del tráfico en una de las arterias más circuladas de la capital, termina siendo rechazada por quienes deberían ser sus principales beneficiarios.

Violeta Pérez recibió con algarabía —al igual que la inmensa mayoría de vecinos del inmenso y mayoritario San Juan de Lurigancho— una noticia que iba a cambiar su vida de manera radical: el tren eléctrico surcaría sus calles. Las tres horas que les costaba atravesar la ciudad diariamente, en algunos años se iba a reducir a unos cuantos minutos. Violeta se acordó de esa propaganda del banco en la que dicen que el tiempo vale más que el dinero y sonrió.

Lo que nunca imaginó es que cambiaría su vida de manera catastrófica.

San Juan de Lurigancho es un distrito gigante que soñaba con ser provincia. Al menos ésa fue la promesa que le vendieron alcaldes y presidentes en tiempos electorales, pero que nunca se llegó a concretar. Se trata de un gigante pobre, aunque en los últimos años, con el crecimiento económico del país, esta situación ha comenzado a cambiar. Por décadas fue un espacio monumental adonde miles de inmigrantes llegaban con la intención de hacerse un lugar en la capital y poco a poco lo fueron logrando.

Hasta hace algunos años, San Juan de Lurigancho (SJL) era identificado por mucha gente como el distrito de la cárcel más tenebrosa del Perú: el Penal San Pedro, más conocido como Lurigancho. La relación era injusta, porque este distrito es mucho más que su bondadosa actitud de albergar, sin reclamos, a los condenados de la sociedad. En San Juan destaca una pujante actividad industrial. El sector textil y el maderero son cobijo y motor de una creciente economía metropolitana. A lo largo del tiempo se ha desarrollado en las orillas de la gran avenida Los Próceres una pujante industria de muebles de madera que dinamiza la economía del lugar.

Sin embargo, todo este desarrollo se ha visto ahora amenazado, cosa curiosa, en nombre del progreso. La modernidad ha adquirido una forma extraña en SJL: la llaman “orden de desalojo”.

Los maderos de San Juan
El importante comercio de muebles de madera que hoy abanderan parte de la avenida Los Próceres tiene los días contados por disposición municipal. Violeta Pérez se había equivocado: el sueño era una pesadilla. El 23 de enero de este año le llegó una orden de la Municipalidad de San Juan de Lurigancho: debían desalojar la zona para facilitar la construcción de las estructuras del nuevo tramo del tren eléctrico. No solo ella, sino todos los vecinos de las cuadras 28, 29 y 30 de la avenida Próceres, la arteria central de SJL.

“En enero del 2012 nos comunican que, de acuerdo a un convenio interinstitucional entre la Municipalidad de SJL y la Autoridad Autónoma del Tren, requieren que nosotros nos retiremos. Pero nosotros estamos durante años asentados en esta zona de manera formal y legal. El Alcalde, como autoridad edil, antes de otorgarnos licencia da conformidad del espacio, porque para eso nos cobra autovalúos, prediales, arbitrios, licencia de funcionamiento, defensa civil, letreros, etcétera. Tenemos todo conforme, porque en este distrito todo debe estar al día, porque si no te caen las notificaciones coactivas”.

Como señala Violeta Pérez, la orden no tiene en realidad ningún sustento legal; al menos, no debería tenerla. Se está tratando a dichos pobladores como invasores cuando en realidad son puntualísimos contribuyentes de una Municipalidad que no les perdona ni una. Resulta extraño que el alcalde Burgos les remita una orden de desalojo por ocupar indebidamente la vía pública, cuando todos los meses les exige pagar una de las más altas tasas tributarias de Lima por encontrarse en una zona comercial.

“Lo absurdo es que nos cobran 16 mil soles en autoavalúo, pero para el retiro de estas propiedades dicen que es una zona rústica, casi eriaza, y que por ser tal no nos tienen que pagar un sol y debemos retirarnos a título gratuito. No entendemos: si somos eriazos, ¿cómo nos cobran mes a mes esas abismales sumas de dinero?”, dice Violeta.

La situación, además de injusta, resulta un agravio, pues se trata de los colonizadores del distrito. Fueron ellos los que crearon a pulso esta parte de Lima que hoy alberga a más de un millón de personas. Cuando llegaron, hace más de cuatro décadas, lo que hoy es una próspera zona comercial era mayoritariamente chacras, fundos y ex haciendas. Urbanizar estos predios fue una tarea que hicieron muchos, de a pocos y con bastante esfuerzo. La planificación de Lima Metropolitana careció siempre de un plan, aunque suene contradictorio. Si SJL es el gigante que conocemos actualmente, es por la pujanza de gentes como los maderos de San Juan.

Precursores de Próceres
Cuando el Alcalde se empeña en afirmar que los comerciantes de estas tres cuadras de Próceres se encuentran en un sector rural, sabe bien por qué lo dice. Según la ley, si están en un área rural no tendrían derecho a ningún tipo de indemnización. Pero si es semirrural o urbano, otro sería el cantar (o el gastar).
“Ésta es una urbanización; cuando tiene todos los servicios, ya es urbano. Así no diga el título, se considera en forma inmediata, pero el Alcalde sigue insistiendo con rústico, rústico y rústico, que no sé de donde lo habrá sacado”, afirma Roberto Roca, un comerciante que vende insumos para muebles de madera y que ha vivido en SJL durante toda su vida. Tiene 47 años de edad y ha sido protagonista de todo este proceso.

“Esto nace el año 62. La proyección de la Vía Próceres se empieza a airear en la Municipalidad de Lima el año 71; aproximadamente 9 años después se planea la construcción de la avenida Próceres de la Independencia, porque antes se llamaba Wiesse. En el año 83 se ejecuta Próceres. Entonces la Urbanización estuvo antes que el planeamiento y ejecución de la avenida; por lo tanto, en ningún momento invadimos ninguna vía, porque se respetó lo que en ese momento se tenía que respetar. Se está malinformando a la población, y lo podemos demostrar con documentos”, relata Roberto.

La ley contempla la posibilidad de expropiación cuando se trata de necesidad pública. La construcción de un tren eléctrico que solucione el problema del transporte de los pobladores de SJL y de buena parte de Lima así lo ameritaría, al menos en teoría. Si el mantenimiento de las propiedades que bordean la avenida Próceres es un obstáculo para ello, se tendría que valorar aquellas propiedades que deban ser expropiadas y dar una indemnización que deje conformes a los propietarios. Pero la Municipalidad no quiere pagarles un solo centavo por el desalojo. En todo este trajinar de notificaciones, en ningún momento les han ofrecido conversar. Se les trata como invasores y se les quiere echar por la fuerza de una propiedad que les pertenece desde hace décadas.

Malos aires
Pero la demanda de los pobladores no es solo un tema pecuniario. La indemnización por el desalojo es un derecho y obviarlo sería un delito fragrante, pero los cuestionamientos a la obra no acaban ahí. Solo empiezan.

La denominación de “obra de interés público” para el tren eléctrico es todo un tema de discusión. Los pobladores con los que hemos conversado afirman que el perjuicio que les traerá será mucho mayor que el beneficio. San Juan de Lurigancho tiene solo dos vías de acceso y un solo corredor enorme que es la columna que vertebra todo el distrito.

Para poder ver el futuro que le espera a SJL no hace falta consultar a una gitana: basta con darse una vueltita por el otro cono. La avenida Los Héroes, en San Juan de Miraflores, bien podría ser el espejo de Los Próceres dentro de cuatro años. Actualmente Los Héroes está abandonada. Entre columna y columna se refugian fumaderos y basurales.

Peor aún: a diferencia de San Juan del Sur, su tocaya en el Este no tiene vías alternas: “Hemos hecho unas evaluaciones sobre los impactos que puedan generar los sistemas de transporte de superficie como los que están haciendo en San Juan de Lurigancho. Esto trae impactos en los aires e impactos en la proporción del espacio público. Ya no se construyen sistemas masivos por vías elevadas. Cuando yo intervengo una vía, lamentablemente tengo que cerrar otras que generan congestión, y no hay los estudios de los impactos que va a generar. Además, este proyecto no se integra con otros medios de transporte masivo en las zonas de Lurigancho”, explica el ingeniero Robert López.

Este tipo de vías se yerguen sobre la ciudad destruyendo su ya alicaída arquitectura. En el Este de Lima, sobre el caos actual se está planificando un monstruo de cemento que arrasará las viviendas, la historia y la industria de San Juan de Lurigancho.

Podría argüirse, sin embargo, que todo gran propósito tiene un costo y que el precio que se tendría que pagar por arreglar el tránsito en Lima bien podría justificar la arrimada brutal de los vecinos de San Juan. Pero esto no es del todo cierto. La congestión vehicular que va a generar esta obra va a terminar por empeorar la circulación vehicular en este distrito, ya que las calles se van a hacer más angostas, y si bien el tren eléctrico va a ser usado por muchas personas, a otras no les sirve.

"Un tren eléctrico es una megaobra vial que para ser posible debe concretar antes una serie de pequeñas obras. La primera de ellas ha sido depredar uno de los únicos espacios verdes de un distrito ya sufrientemente árido".

El Frente de Defensa de SJL, creado casi de emergencia a partir de la amenaza de desalojo, considera que existen otras alternativas de solución que permitirían la coexistencia de un transporte público moderno y rápido con la supervivencia de las miles de familias y comercios de la avenida Próceres. La solución sería un tren subterráneo, y por eso han mandado a hacer sus propios estudios técnicos según los cuales a largo plazo el proyecto subterráneo termina siendo más rentable, además de ser social y ambientalmente viable.

“A veces dicen: ‘Construir un sistema de transporte elevado es más barato y beneficia a toda la ciudad’; pero esto genera impactos urbanísticos. El costo del subterráneo está de 90 a 120 millones de dólares el kilómetro. Una vía elevada, como ha presupuestado el Ministerio de Transporte, cuesta 60 millones el kilómetro. Eso quiere decir que el sistema subterráneo vale más, pero a largo plazo ese proyecto se paga, genera beneficios a la ciudad, porque no provoca impactos negativos sobre su ornato. Argumentan que este distrito no se presta para eso, pero eso es falso, porque el terreno de San Juan de Lurigancho no es un terreno arenoso que se pueda derrumbar, sino que se pueden hacer cortes perfectos, y tenemos mucha experiencia en temas mineros que se puedan trabajar bajo tierra”, sostiene el ingeniero López.

La expectativa por un tren subterráneo no es un proyecto que les ha vendido una constructora, sino una idea que sembró el mismo Presidente cuando anunció que el tren urbano Ate-Callao sería subterráneo. El razonamiento de la gente de San Juan de Lurigancho fue: ¿Por qué para Ate- Callo sí y para nosotros no? Más aún si los estudios sobre suelo hacen menos complicado un subterráneo en SJL.

“Definitivamente, la propuesta del presidente Humala de un tren subterráneo Ate-Callao obedece obviamente a que hay un criterio técnico que así lo respalda. La misma autoridad autónoma ha estado repartiendo sus volantes diciendo que este nuevo sistema va a contribuir no solo a mejorar el tráfico sino el uso de superficie de la ciudad, permitiendo un mejor uso de esos espacios. Eso mismo aplica a la realidad de mi distrito. ¿Por qué la discriminación con San Juan? Nosotros merecemos una obra que pueda articular a la ciudad sin causarle prejuicios que están viviendo en el lugar”, se queja Violeta.

Oídos sordos
Pero no todo es responsabilidad de la Municipalidad de San Juan de Lurigancho. ¿Qué dice la Municipalidad de Lima? ¿Y qué la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico? Unos se lavan las manos, otros dicen yo no fui y otros que tranqui, que no va a pasar nada.

“Fuimos al Ministerio de Transportes para  preguntarles si en algún momento van a expropiar y nos contestaron que no. También fuimos a la Municipalidad de Lima y nos contestaron lo mismo. ¿Acaso el Alcalde Distrital tiene competencia en una avenida arterial metropolitana? Nosotros entendemos que esa competencia es de Lima; ellos deben haberse pronunciado, pero al no existir una respuesta fehaciente, San Juan ha tomado el rol que Lima tiene y ha seguido amedrentándonos. Por eso nos hemos visto en la imperiosa necesidad de defendernos y hemos acudido a la comisión del Congreso”, anota Violeta Pérez.

“Lo que dicen la Autoridad Autónoma y la Municipalidad no es real, porque van a requerir afectarnos de todas maneras en un determinado momento”, señala a su turno Roberto Roca.

“Existe una Gerencia de Transportes, un área de interferencia de vías, que no están coordinando como debería ser. La Municipalidad de Lima ni siquiera tiene conocimiento de los expedientes técnicos. Es lamentable que este estudio no tenga los expedientes técnicos definidos para poder hacer las intervenciones de la vía. Es un tema muy delicado el hecho de que se construya una ciudad muy importante como Lima y que no se tenga los expedientes técnicos definidos” (Robert López).

A pesar de las afirmaciones de los representantes de la Municipalidad y de la Autoridad Autónoma de que no van a tocar sus propiedades, los pobladores no les creen; y la suspicacia se justifica, pues de acuerdo con el proyecto en algún momento van a requerir tumbarse sus viviendas, que son a la vez sus centros de trabajo.

Los pobladores a los que hemos entrevistado y sus asesores técnicos creen que la actual obra está sobrevaluada. Observan con mucha desconfianza la defensa acérrima de esta obra por el Alcalde y dudan de su probidad.

Aquel arbolito
San Juan de Lurigancho no es un distrito que se caracterice precisamente por la amplitud de sus áreas verdes. Siendo el distrito más populoso del país y uno de los más extensos, sus parques y jardines son escasos. A diferencia de Villa El Salvador, SJL no fue una ciudad planificada en la que cada cuatro manzanas de cemento se diseñaba una manzana de parque. En SJL puedes caminar varias cuadras y no encontrar siquiera un arbolito. Sus grandes pulmones o espacios de esparcimiento son el Parque Zonal Wiracocha y la berma central de la avenida Próceres, la misma que actualmente está siendo desforestada.

Justamente para contrarrestar la falta de espacios verdes y públicos, se decidió remodelar la avenida Próceres de la Independencia y convertir el espacio central en una alameda. A los pocos años de inaugurada, los constructores del tren eléctrico están destruyendo decenas de árboles que aireaban esa arteria.

Un tren eléctrico es una megaobra vial que para ser posible debe concretar antes una serie de pequeñas obras. La primera de ellas ha sido depredar uno de los únicos espacios verdes de un distrito ya sufrientemente árido.

Los pobladores de SJL con los que hemos conversado puntualizan que no se oponen a este tipo de obras; por el contrario, les convienen, pero a la vez están convencidos de que la cura será mucho peor que la enfermedad. La noble preocupación por mejorar el tráfico en Lima no puede ser patente de corso para vulnerar los derechos de las personas que habitan los lugares por los que pasará la obra y que teóricamente deberían ser las principales beneficiadas.
Pasa en Conga, pasa en San Juan de Lurigancho, pasa en el país.

San Juan de Lurigancho está rumbo a una catástrofe vial, por los dizque constructores de un nuevo paradigma del transporte público. Como hemos visto, el modelo consiste en volarse calle, leyes y árboles. Violeta ahora piensa que es mejor el caos actual que la catástrofe futura.

Entrevista