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La hora del pescador artesanal

Ministra de la Producción, Gladys Triveño, presentó I Censo de la Pesca Artesanal en el Ámbito Marítimo (Foto: Andina).

En los últimos meses la pesca ha estado en el ojo de la tormenta: denuncias de corrupción contra las grandes empresas pesqueras y una férrea oposición de la Sociedad Nacional de Pesquería a la aplicación de un decreto que favorece a la pesca artesanal. En este artículo se resalta la experiencia de los pescadores de Marcona, que bien puede servir de ejemplo para la implementación de políticas públicas sostenibles.


Hace unos meses, con motivo del Día Mundial de los Océanos, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hizo un llamado a los gobiernos y a la comunidad en general a cuidar nuestros océanos, que son nuestra responsabilidad como ciudadanía en general. Siguiendo esta línea discursiva, el ministro del Ambiente, Manuel Pulgar Vidal, lo hizo durante la celebración de la “Semana de la Biodiversidad Marino Costera”, y lo mismo hicieron funcionarios del gobierno de dicho sector.  

La inclusión de este tema en el plan de acción anual del sector público se ve respaldada en tratados internacionales que llaman a la reflexión sobre el estado en el que se encuentra nuestra biodiversidad, y de lo importante que es añadir el “enfoque ecosistémico”, tal como lo dicen las metas de AICHI para el 20201. Se tiende a considerar que los conocimientos empíricos deben ser visibilizados para llegar a la meta de la sostenibilidad.

La opinión del “grupo objetivo” en el caso de lo hidrobiológico proviene del pescador o pescadora artesanal, pues él y ella interactúan con el recurso y, por tanto, son el principal responsable de lo que en el mar sucede. Ni las empresas extractivas ni la pesca industrial aparecen en ninguna cadena de causalidad: no han sido mencionadas en los eventos citados como otro agente de impacto, ni se ha dicho en los medios de comunicación masivos que el pescador también puede hallarse dentro de los actores sociales con una alternativa al problema. A ellos no se les pregunta eso.

Por ello es importante resaltar el caso de la Comunidad Pesquera Artesanal de Marcona (COPMAR), a quienes recientemente se les ha otorgado un premio en virtud del manejo responsable del recurso de la alga marina parda, que es colectada comunitariamente de las orillas del mar, cuando éste las vara.

Pero no es ésta una semblanza que idealiza al pescador como hijo del mar, como sabio depositario de mucho conocimiento inalcanzable; pretendo, más bien, acotar que este premio es el reflejo de una conciencia ecológica del grupo humano que ha sido adquirida a causa de un proceso histórico, político y cultural, que implica el pasar por la depredación del recurso del erizo ante la carta blanca que el Estado daba para ello, el aumento del sector pesquero por motivo de la migración generada por el terrorismo y la inestabilidad laboral entre los años 1985 y 1990, dos fenómenos El Niño (1983 y 1998) que llevaron a la escasez del recurso, entre otros eventos.

A raíz de tales carestía y crisis, los pescadores artesanales de Marcona comienzan aplicar modelos propios para lograr la sostenibilidad de sus pesquerías: crian pulpos, erizos, chanques en pozas naturales llamadas piscinas de marea. Sin embargo estas experiencias no daban ninguna seguridad sobre lo conseguido y por ello durante al año 2001 se proponen liderar un nuevo modelo de ordenamiento pesquero concebido desde el propio “grupo objetivo” lográndose la aprobación del “ Programa Piloto para la Recuperación de Ecosistemas Acuáticos y Uso Sostenible de su Biodiversidad en el distrito de Marcona “que a la fecha cuenta con 3 Decretos Supremos de respaldo y que le encarga a la Comunidad Pesquera Artesanal de Marcona la ejecución del Programa. Además se les otorgó facultades para que puedan establecer el ámbito geográfico en que cada una de sus 15 asociaciones afiliadas ejecuten proyectos específicos tendientes a hacer de la pesca artesanal una bioalternativa productiva y social capaz de mantener los recursos pesqueros de su zona de nfluencia, proteger el ambiente, generar empleo, ingresos y servicios estables. De esta manera se incrementa la calidad de vida de los pescadores artesanales.

No es realista de seguir considerando a los pescadores artesanales como poseedores de sabiduría espontánea o como depredadores gratuitos. Son actores sociales y políticos activos con demandas de por medio.

La actitud hacia el ecosistema marino-costero no nace de la noche a la mañana: es creada apoyándose en experiencias de vida y se asienta en una organización de base, por lo cual el recurso es respetado por la mayoría de los miembros de la Comunidad Pesquera Artesanal de Marcona (Copmar). Si bien es cierto que hay quienes infringen la norma, también lo es que nada es perfecto; pero también es un hecho fehaciente que lo “ecosistémico” no es un descubrimiento, sino que podría hasta ser una evidencia de lo ya existente.

Los pescadores artesanales en general no poseen una visión “ecológica”; la playa no es un paisaje: es un lugar de trabajo, de socialización y hasta de conflicto. No hay que perder esto de vista, y se debe considerar también que organizacionalmente no ha sido posible hasta el día de hoy consolidar un núcleo político dirigencial por motivos de la actividad misma, ya que la incertidumbre de la pesca conlleva que sean canceladas asambleas generales: a diferencia del sector obrero, aquí no existe una cuota para que el secretario general o el presidente puedan desenvolverse como tales, sino que deben estar atentos a sus labores como representantes de un grupo de base pero también a su pesca diaria:

“Me acuerdo que un día me fui a un congreso y había pesca… Yo tenía temor, porque a veces malogran el motor, malogran las redes. Entonces pasaron los cuatro días y llegamos al puerto y salgo a pescar y tuve suerte: cualquier cantidad de pejerrey. Entonces llegué al muelle y… ‘Compadre’, me has hecho perder plata, me hubieras dejado la llave para salir un día’: justo ese día había estado el mar cargado” (Victor Rucana, ex dirigente nacional)2.

Por otro lado, el escenario de inestabilidad política nacional que acecha al sector por el cambio constante de Gabinete, más aún con la desaparición de la Subsecretaría de Pesca Artesanal para convertirla en “Asuntos Alimentarios”, es otra arista que se debe tener en cuenta. Sin embargo, para el artesanal estas decisiones no son ya novedad, pues ha visto la cesión de grandes cuotas a los industriales en los años 60 del siglo pasado, la desactivación del Ministerio de Pesquería y los conflictos por cuestión de cuotas de pesca en el Norte, entre otras ocurrencias.

Analicemos el estado de nuestro mar y su recurso de una manera más compleja, no dando por inocente al pescador artesanal sino atendiendo todas las aristas de su realidad, para sacar una mejor conclusión y elaborar una estrategia conveniente y sobre todo viable.

Por lo tanto, es vital dar importancia a los asuntos históricos y políticos de las bases de la pesca artesanal y ver cómo se relacionan éstas con los diversos actores sociales que los rodean. No es realista seguir considerándolos como poseedores de sabiduría espontánea o como depredadores gratuitos. Son actores sociales y políticos activos con demandas de por medio. Esperemos que se vea más allá del recurso.

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1Meta 18: Para 2020, se respetan los conocimientos, las innovaciones y las prácticas tradicionales de las comunidades indígenas y locales pertinentes para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, y su uso consuetudinario de los recursos biológicos, sujeto a la legislación nacional y a las obligaciones internacionales pertinentes, y se integran plenamente y reflejan en la aplicación del Convenio con la participación plena y efectiva de las comunidades indígenas y locales en todos los niveles pertinentes.”

Entrevista de trabajo de campo. Fuente propia.

Entrevista