Arthur Schnitzler y su novela Relato soñado

Arthur Schnitzler y su novela Relato soñado

Ideele Revista Nº 205

En ideele me propusieron que escribiera sobre una novela impactante, singular y digna de elogio, escrita por un autor desconocido para el público peruano. Sin dudar, pensé en el escritor austriaco Arthur Schnitzler y su novela Relato soñado.

Schnitzler nació en 1862 en Viena y murió en 1931. Pertenecía a una familia burguesa judía. Aunque estudió y ejerció por un tiempo la medicina para continuar la tradición familiar, lo que verdaderamente atraía a Schnitzler era la escritura. En 1900 ya era un establecido miembro del grupo de escritores vanguardistas Jung Wien (Joven Viena).

Su trabajo captó mucha atención y controversias: las más famosas fueron los elogios de Sigmund Freud y el público desprecio de Adolf Hitler. Aunque Schnitzler nunca conoció a Freud, el psicólogo lo describió como su doppelganger (su otro yo fantasma): creía tener una conexión con el autor, ya que los dos empleaban un estilo muy parecido y radical para su época. Freud le llegó a escribir una carta en la que le expresó su parentesco y su admiración: “He tenido la impresión de que usted aprendió por intuición —aunque en realidad fue por introspección sensitiva— todo lo que yo he tenido que desenterrar mediante un labor agotadora en otras personas”. A pesar de las palabras halagadoras, Schnitzler prefirió no asociarse con las teorías y reputación de Freud, ya que él se consideraba escritor. En cambio, la reacción de Hitler resultó devastadora para el autor austriaco: prohibió sus obras cuando el Partido Nazi llegó al poder y catalogó su trabajo como “basura judía”.

Schnitzler era un hombre de varias profesiones, pero fue más conocido por su literatura. Escandalizó a la sociedad vienesa con relatos descarnadamente honestos. Poseía un talento poco usual; en sus obras hace alarde de una gran destreza para crear un realismo estilizado. Es decir, poseía la habilidad de interpretar y proyectar la verdad que lo rodeaba en la página, sin filtrarla para hacerla menos polémica. A pesar de su franqueza, sus obras no son amenazadoras. Sorprende la aceptación que uno siente mientras las va leyendo, no obstante que el contexto y los temas pueden resultar chocantes, escandalosos y hasta sucios. Un requerimiento fundamental al leer sus obras es que el lector sea honesto consigo mismo, “en estas páginas no se trata de aparentar, aquí nadie los ve”.

En sus obras Schintzler reflejaba las debilidades morales de la sociedad austriaca, incomodándola y generándole conflicto, ya que ponía en evidencia la superioridad del instinto sexual y los deseos sobre las convenciones sociales. Le intrigaba lo prohibido, quería saber cómo sería la gente si explorara sus deseos ocultos. Relata en detalle el proceso que tendrían que pasar para llegar al punto en que se despierta la curiosidad, qué verían y cómo reaccionarían al mirar a través de la cortina. Nos demuestra que no es tan difícil y que el acto en realidad requiere de un movimiento mínimo; que la curiosidad siempre nos lleva más lejos y nos hace transgredir los límites.

Relato soñado es la historia de una pareja que husmea en las profundidades de los pensamientos del uno y del otro. La curiosidad es responsable del desborde interno de la pareja. Al parecer, Fridolin y Albertine tienen una vida doméstica burguesa ideal: Fridolin es un doctor exitoso y padre de familia; Albertine es su bella y devota esposa. Todo parece perfecto. Pero la convivencia doméstica se rompe cuando la pareja empieza a contar lo que les sucedió la noche anterior en una fiesta de Semana Santa: Fridolin desapareció con dos dominós que le prometieron enseñarle “el final del arco iris”, mientras que Albertine se encontró bailando en los brazos de un atractivo húngaro que intentó con fervor convencerla de participar en un rendez-vous.

En ambos casos, el coqueteo no pasó a mayores: solo sirvió para subirle la autoestima a cada uno. Pero al estar solos empiezan a contarse los acontecimientos ocurridos. Esto los lleva a hablar de deseos ocultos, un giro en la conversación que termina siendo devastador. Es Albertine la que da el primer paso (Schnitzler decide otorgarle honestidad y valor al personaje femenino): ella le confiesa a su marido que ha sentido lujuria por un joven oficial danés cuando estuvieron de vacaciones. Con su confesión intenta demostrarle a Fridolin que ser mujer no quiere decir estar libre de deseos. “Me creía dispuesta a todo; creía estar prácticamente decidida a renunciar a ti, a la niña y a mi futuro, y al mismo tiempo (¿puedes comprenderlo?) me eras más querido que nunca” (p. 11).

Las confesiones de Albertine remecen a Fridolin: se siente engañado; para él, una traición consumada con la mente y fundada en el deseo es más contundente que cualquier infidelidad real. Pasa las noches siguientes tratando de encontrar una manera de vengarse. Cae en un estado de desesperación que lo lleva a adentrarse en el submundo de la ciudad, a relacionarse con prostitutas, borrachos y gente de mal vivir que oculta su identidad; la otra cara dela Vienaseñorial y elegante. Todo se ve distinto en la penumbra.

Queda la duda de si las aventuras de Fridolin son verdaderas o producto de un sueño; lo cierto es que comparte experiencias paralelas con su esposa. Albertine las sueña mientras que Fridolin las vive. Sin embargo, él solo observa, nunca llega a participar. El deseo está presente pero nunca lo realiza (¿miedo o conciencia?). Albertine, en cambio, se sumerge en sus sueños eróticos y extraños. Por más fría que aparezca, ella es honesta y segura de sí misma, y admite todos sus deseos y pensamientos ocultos. Fridolin se encuentra en un ambiente gobernado por las sombras, donde la muerte acecha en cada esquina, alumbrando lo decadente y lujuriosa que puede ser una ciudad como Viena. Entre las sombras de la noche, la estructura moral de una sociedad decae. Albertine se encuentra en un mundo de placer, un lugar de sueños, donde uno puede dejarse llevar sin miedo al prejuicio: ahí nadie es juzgado.

Schnitzler permanentemente nos cuestiona: ¿Qué es peor: buscar hacerlo o anhelarlo en nuestros sueños? En Relato soñado parece que la imaginación y las pasadas que nos juega nuestra mente son más crueles. Nuestra moral o el temor al “qué dirán” limitarán nuestras acciones, pero nunca nuestros deseos ocultos.

Aunque Schnitzler perdió notoriedad durante la Segunda Guerra Mundial, su estilo ha demostrado que perdura a través de los años y sigue siendo ocurrente y cruelmente contemporáneo. Tanto así, que el afamado director Stanley Kubrick escogió esta novela como la inspiración de su última película, Eyes Wide Shut, con Tom Cruise y Nicole Kidman interpretando a la joven pareja. En vez de Viena, los personajes se encuentran en Nueva York. A pesar de la atención que recibió la película por el reparto y la muerte del director, no fue un éxito taquillero. ¿Será porque Steven Spielberg, a quien se encargó terminar la película, se alejó demasiado de la historia de Schnitzler y del camino de Kubrick, o fue que la audiencia no la entendió? Lo cierto es que, al igual que Freud, Kubrick vio la genialidad y la atemporalidad de este autor austriaco.

Para finalizar, quiero resumir el estilo de Schnitzler tomando una pequeña frase que encontré en un artículo del New York Times del 2002 dedicado al autor: “Schnitzler adrede corta un momento de posible tragedia con una agudeza cruel y filosa”.

 

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