Carnaval/campaña

Carnaval/campaña

Jaqueline Fowks Periodista
Ideele Revista Nº 205

Escena I:

Luis Castañeda Lossio en la Candelaria, Puno. Forzada sonrisa Kolynos. Ecos de cuestionamiento de utilización política de la salud de la niña Milagros Cerrón (usualmente llamada Sirenita). Sombra continua del caso Comunicore. Dice que él solo habla a través de sus obras [“Soy un hacedor” (?)] Ataca a otros candidatos apenas puede, como cuando dijo: “¡Ésa es una loca!… afirmación”.

Escena II:

Keiko Fujimori en entrevista con Aldo Mariátegui y Mónica Delta. Le preguntaron por las esterilizaciones forzadas y dijo que eso se había investigado y que se trató solo de casos aislados. Ha aprendido a mentir con seriedad y tranquilidad. Tiene una gran variedad de simpatías en los medios de comunicación. Menciona cada vez que puede su condición de madre para justificar medidas como la pena de muerte en casos de violación de menores. Pese a sus ausencias en el Congreso, dice que ha dado prioridad al papel de representación y no a los de fiscalización y legislación.

 

 

Escena III:

Jorge del Castillo, acompañado de Mauricio Mulder, reaparece luego de un par de semanas ausente de los medios tras el enfrentamiento con Mercedes Aráoz. Muestra un texto de la revista Caretas y exige que Alejandro Toledo informe de dónde procede el dinero con el que paga la avioneta privada que usa para los viajes de la campaña. La revista hace años padece una influencia o dependencia excesiva para defender los intereses de JDC y los “cuarentones”.

 

Escena IV:

Alejandro Toledo en entrevista con Rosa María Palacios: “A Alejandro Toledo se lo quieren bojooorrr”. La periodista intenta que el candidato y ex presidente precise su postura acerca del aborto y las drogas. El entrevistado se desdice y se desdibuja; parece no tener respuestas para casi nada. Días después se conoce que Camargo Correa, entre otras empresas brasileñas, ha aportado a su campaña: ¿Cómo querrán cobrársela: concesiones y licitaciones de las hidroeléctricas controvertidas, más carreteras innecesarias?

 

Escena V:

Luego de las declaraciones de ATM sobre el “ojo analítico” en la despenalización de la droga, PPK dice que un día vamos a despertar todos coqueados y sumergidos en una piscina de whisky. Luego se reúne con Lourdes Flores Nano para mostrar su piel blanca en la playa Agua Dulce, caminan un rato con zapatillas y chapotean unos segundos con el pueblo.

 

Escena VI:

Ollanta Humala —con polo blanco, collar de flores y jean— toma cerveza, besa a las mujeres, da una palmada en la espalda y un apretón de manos a los hombres que va encontrando en su camino. Hace correr a los periodistas mientras sube una pendiente. Repite que no ha tenido nada que ver con Chávez, da la impresión de ser un ventrílocuo retrasado del Twitter de su esposa, Nadine Heredia. Dice que ella lo acompaña menos que antes en sus recorridos porque acaba de tener una cesárea.

Cumplimos un aniversario más de la banalización de la política y de deterioro de la imagen del Congreso. ¿Se trata solo de la última década, que empezó con los tránsfugas de la salita del SIN? Algunos personajes han ayudado —y ayudan— en el logro de ambos objetivos (banalizar-deteriorar): no solo los políticos sino también presentadores, periodistas, humoristas, artistas. En febrero, un cuy que anima campañas, cocinas para regalar a las mujeres, hombres que bailan pésimo, revelaciones truchas o no de aportes de narcotraficantes a los candidatos han tenido preferencia en las pantallas y portadas y han colaborado para que reflorezca un sentimiento familiar: querer votar otra vez por el mal menor. [Claro que el mal menor es un nombre distinto de acuerdo con cada elector.] ¿Hay algo rescatable del escenario político para no deprimirnos de aquí al 10 de abril? ¿En qué pensar mientras los candidatos anuncian lo que olvidarán una vez que lleguen a la Presidencia o al Congreso? Existe la tentación de mirar la política como un hueco negro sin fondo; sin embargo, un impulso me pide ir por una vía contraria, buscar si algo sano hay.

Hace algunos años la política en salud reproductiva era de esterilizaciones forzadas y “no” a la píldora del día siguiente. Ése ya no es más el interés del Estado.

Hace algunos años no había en el Congreso ningún parlamentario que quisiera intervenir en quechua en el hemiciclo. Ahora, Martha Hildebrandt intenta impedir que ello ocurra pero no tiene el derecho de hacerlo.

Hace algunos años, el golpe era visto como un incidente de humor en la política (Víctor Andrés García Belaunde, Mauricio Mulder, Fernando Olivera aparecían de vez en cuando mostrando los puños y gritando). Hoy las patadas y los golpes ya no son graciosos en la política: recordemos los casos de la cachetada de Alan en el Hospital Rebagliati y la agresión a Jesús Lora en la marcha de la CGTP.

Hace algunos años era más viable cometer algún tipo de fraude en las elecciones: había menos personeros, más miedo y desinformación en el electorado, menos capacitación técnica y cooptación de los organismos electorales; hoy no es imposible pero es más complicado: hay más alerta ciudadana ante un mal desempeño de la ONPE o el JNE (y también reconocimiento cuando lo hacen bien; si no, recordemos cuán favorablemente sorprendió el JNE con ciertas tachas antes de las elecciones municipales del 2010).

Hace algunos años no había tantas personas esperando que el Congreso discutiera y decidiera cómo administrar los recursos naturales. Ahora, el debate de la ley forestal y de los varios decretos suspendidos tras la tragedia de Bagua interesa a más ciudadanos que en años anteriores.

Y así… quizá haya más para contrarrestar los continuos malos momentos que seguirán durante esta campaña y en el entretiempo de la segunda vuelta. Aguante, elector; mantenga su entrenamiento.

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Entrevista