Compartamos nuestros secretos

Compartamos nuestros secretos

Ideele Revista Nº 284

Imagen: Capplannetta's.

“La verdad os hará libres” (Jn 8, 32)

 

Hace unos días tuve una discusión con una persona que aprecio, porque él consideraba que La tía Julia y El pez en el agua de Vargas Llosa eran exhibicionistas, pecaban de hacer público lo que es eminentemente privado. En mi modesta opinión, la verdad no tiene por qué incomodar a nadie o por lo menos no debería. El viejo refrán que reza que “los trapitos sucios se lavan en casa” es una muestra de que la costumbre de esconder las cosas ‘feas’ es más antigua de lo que creemos y que nuestra cultura esta en buena parte construida teniéndola en sus cimientos.

Considero que una de las causas de mayor infelicidad en el hombre son los demás. Como decía Sartre, ‘el infierno son los otros’, aunque habría que agregar que ellos pueden también ser el paraíso[1], pero esto último es tema de otra reflexión.

En este caso, como puede colegirse del primer párrafo, me refiero en especial al problema de las apariencias. Vivimos tratando de parecer. La civilización occidental pregona de una manera sutil la falsedad. Las personas vivimos tratando de que los otros seres humanos crean que tenemos más de lo que poseemos y que somos mejores de lo que en realidad somos. Las miserias, las desgracias y otras problemas se guardan en el fondo del clóset y a eso lo llamamos pudor. Quien se atreve a hacer públicos sus pecados es considerado exhibicionista, cuando hoy es aceptado en psicología que los procesos de sanación pasan por compartir nuestros secretos, claro que en el diván.

Si todos supiéramos de las dificultades y desdichas de los otros, para empezar, nos percataríamos de que todos sufrimos y que los íconos construidos por la publicidad no son más que ídolos de barro, como con frecuencia se descubre cuando se hacen públicas las vidas de algunos de ellos.

Quizá ayuden un par de ejemplos. Conozco a una persona que me contó que pasó muy mal su infancia y juventud, porque tiene un hermano esquizofrénico, pero es algo que toda la familia, incluido él habían tratado siempre de ocultar. En cambio, hay otro caso en que una familia de ocho hermanos nunca ocultó que uno de ellos tenía limitaciones cognitivas. Por el contrario, en este último, los padres lograron inculcar en sus hijos un cariño muy especial por el hermano en desventaja. Como es obvio la segunda familia había manejado con más verdad y sabiduría el problema y, por lo menos, en este aspecto la pasaba bastante mejor.

La psicología nos dice que muchas de nuestras patologías tienen origen en la represión y el camino que sugiero sería una válvula de escape. ¡Compartir!, no es solamente dar parte de lo que tenemos, sino participar en la solución de los problemas de otros y que ellos lo hagan en los nuestros. Muchas veces es también sólo escuchar o ser escuchados. ¡Estar presentes! Sufre menos el que comparte sus pesares y no sólo sus alegrías. Es más, también alegra a las otras personas que se percatan que no sólo ellos la pasan mal.

Pero hay casos más complejos, como el de un padre o madre homicida o el que ha violado a sus hijos. ¿Es conveniente que esto se mantenga oculto o es mejor que se haga público, tanto por el castigo a quienes corresponda, como por la curación de las víctimas? Dejemos estas situaciones extremas a los especialistas y concentrémonos en las más cotidianas.

Es común entre nosotros tratar de parecer más inteligentes, más cultos o más bellos de lo que somos. Y tal cosa cuenta con la aprobación pública, más aún es el caso de muchos negocios, como los del embellecimiento femenino, los cursos de cultura o incluso las universidades que otorgan títulos solo por negocio, facilitando su obtención a los estudiantes. Claro que en este último ejemplo el propio mercado suele encargarse con el tiempo de hacer su propia selección. La pregunta final es, como hemos sugerido al comienzo, si no es mejor compartir nuestros problemas en vez de ocultarlos. Estoy sinceramente convencido que es más sabio y una forma de ser más felices.

Para los creyentes, conviene recordar que lo expuesto concuerda con el evangelio de Juan donde se dice que “… la verdad se hizo realidad en Jesucristo”. Comentándolo José Antonio Pagola nos dice: “En el mensaje de Jesús hay una invitación para vivir en la verdad ante Dios, ante uno mismo y ante los demás.”[2]



[1] Aporte de mi hija Pamela Núñez del Prado.

[2] ‘El camino abierto por Jesús’, Juan 4. Pág. 227.

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