Conversaciones con José María Arguedas

Conversaciones con José María Arguedas

Ideele Revista Nº 205

Las conversaciones que sostuvimos con José María tomaron su tiempo. Todo se inició en la década de 1960, cuando lo conocí en las reuniones literarias de los poetas jóvenes y no tan jóvenes. En esas ocasiones yo era solo una estudiante de Letras dela PUCPy del Conservatorio de Música.

 

Las cosas cambiaron…

… cuando viajé a Chile para asistir a un curso de música antigua en la Facultad de Música de la Universidad Católica de Santiago, durante los meses de verano de 1965, y fui alojada en casa de Sibila y José María, en Santiago de Chile. Nuestras conversaciones tocaron diversos temas, no solo sobre música y cultura andina. Arguedas me ubicaba porque sabía que estudiaba en el Conservatorio de Lima. En las mañanas asistía a mis clases de música con Mirka Stratigopulus y durante las tardes, cuando José María me escuchaba practicar, me llamaba para contarme cómo aprendió la música en la sierra cuando era niño. Me contaba de su infancia y cómo todas esas experiencias le sirvieron para sus estudios de Antropología. Aquello que para él era inmóvil y definitivo, cambiaba con el tiempo; las costumbres que había vivido de niño se habían modificado y enriquecido con la introducción de las carreteras, las escuelas. Las conductas cotidianas de la mayoría de los sectores de la población andina de nuestro país seguían cambiando, de una manera distinta de las que él percibía en Lima o las capitales de provincias, por el pensamiento práctico, productivo, moderno, capitalista.

En forma recriminatoria señalaba que los sectores intelectuales y empresariales modernos que nos gobernaban desde Lima, conformados por la gente de la costa, desconocían las diversas culturas que albergaba el país. Me ilustró sobre las formas económicas, sociales y culturales andinas y cómo funcionaban a otro ritmo, pero de manera eficiente hasta el presente.

Abundaba en detalles sobre las maneras de manejar el medio ambiente y evitar los desastres naturales. Sostenía que hasta el último indígena tenía los conocimientos del manejo de las aguas, sabía aclimatar las especies agrícolas a diferentes alturas, conocía de las cosechas que se logran en nichos ecológicos inimaginables; a diferencia del hombre moderno, que tiene una agricultura extensiva y por tanto peligrosa para el futuro.

 

Parte de esta sabiduría

… fue material para el poema “Llamado a los doctores”, donde critica a los estudiosos extranjeros y aquellos “estudiosos peruanos seguidores de los extranjeros”; de cómo no saben mirar, entender, las grandes obras agrícolas, arquitectónicas, hidráulicas, la fina manufactura cerámica y textil que realizaron los antepasados y que los indígenas actuales todavía mantienen en valor. Los extranjeros se admiran de estos hechos, pero los observan con telescopios y de esta forma nunca van a conocer las formas del saber andino, pues ellos desean resultados prácticos, beneficios inmediatos.

Arguedas mencionaba la existencia de brechas y se refería a la exclusión de las poblaciones indígenas andinas que no tenían representación como personas. Por eso sus manifestaciones culturales debían complacer a los espacios oficiales del Estado.

La actual Constituciónacepta que somos una nación multiétnica y plurilingüística, pero esta premisa no se refleja en las políticas de desarrollo, y menos en la inexistente política cultural desde la fundación dela República.

En el Perú, las instituciones educativas y culturales fueron constituidas a imagen y semejanza del paradigma clásico/romántico del siglo XVIII, que fue el fundamento para la creación de las instituciones educativas europeas del siglo XIX; y, paradójicamente, estos paradigmas educativos y culturales son ahora obsoletos para el primer mundo. Infortunadamente, en el Perú no se han replanteado estos paradigmas obsoletos, y se sigue formando con ellos a la juventud en las instituciones educativas y en las de formación artística cultural.

Arguedas tuvo una gran intuición y se adelantó a su época: trató de encontrar puentes para difundir las manifestaciones culturales de las poblaciones indígenas entre los habitantes de los espacios urbanos, en especial costeños. Como Mariátegui, intuyó que los intelectuales podrían ser uno de los puentes entre las diferentes culturas que existían en el país. Fue un gran promotor cultural: su estrategia era una cruzada personal. Invitaba a los intelectuales de las generaciones del 40, 50 y 60 areuniones donde intentaba lograr un encuentro con los cultores de la música, las artes plásticas “cultas”, las artesanías y la música popular.

Intentó sensibilizar a los creadores e intelectuales de su tiempo sobre asuntos que ellos desconocían. Cuando estos personajes viajaban al interior del país, no tenían una formación apropiada para ver el arte indígena. Lo que fascinaba a la mayoría de las personas “cultas” era el arte barroco de los templos y mansiones y todo tipo de artefacto proveniente dela Colonia.

 

Recuerdo que…

… José me contó que llevó a Yauyos a E. Iturriaga, que como músico se asombró de la manera como cantaban las mujeres del lugar. De manera natural, en su vida cotidiana, ellas ejecutaban obras de arte lírico, para pedir ají de un extremo del pueblo al otro. Ese testimonio lo tengo en mi poder y lo uso para enseñarles a los alumnos del Conservatorio que, además de las técnicas vocales del bel canto “clásicas”, aquí, arriba de Lima, tenemos exquisitos creadores y creadoras e intérpretes de música muy elaborada y sofisticada.

José María intentó analizar la musicología y la interpretación musical desde una metodología multidisciplinaria en la que interveníanla Antropología,la Lingüística, las Ciencias dela Comunicación(que todavía no existían con ese nombre). Difundió el trabajo de la guitarra andina de García Zarate, creador del estilo regional huamanguino, quien con las cuerdas de su guitarra podía comunicar el drama de dos amantes que son sorprendidos o el sonido de los diversos instrumentos de una banda de una procesión religiosa.

 

Me deslumbró…

… cuando descubrió ante mis ojos las diferentes formas de resonancia en el canto tradicional andino, que son múltiples y difíciles de lograr.

Tuvimos que adentrarnos en la técnica vocal, en la calidad sonora, en la exploración sonora ancestral que se explica en el texto del CD y el libro que posteriormente publiqué.

Arguedas me explicó que, a diferencia de los artistas andinos en el escenario —es decir, de los huainos comerciales—, la población indígena cultiva una variedad de expresiones musicales en la vida cotidiana: la mayoría de las personas canta, baila y toca instrumentos en sus eventos rituales cotidianos y civiles. Muchos son intérpretes autodidactas; el conocimiento de la interpretación de los instrumentos y el canto pasa de generación en generación.

La resonancia del canto tradicional está referida al conocimiento de las poblaciones indígenas de su hábitat. Ellos conocen perfectamente en qué lugar del ecosistema, en qué piedra, en qué paccha, en qué torrente, se debe interpretar un género musical. La visualización de los elementos naturales, la observación del fenómeno agrícola nocturno de la quemazón del ichu para fertilizar la puna es un elemento creativo para aplicar una técnica vocal poderosa. El viento, la naturaleza, el eco de una quebrada, las montañas y el sonido del agua de los ríos son sus “equipos sonoros” que intervienen en el mejor resultado de la performance ritual. Este conocimiento ancestral de su hábitat hace que los habitantes de un valle puedan comunicar el éxito de su cosecha o la inminencia de un desastre natural a los habitantes de los poblados de zonas circundantes.

Existe abundante material en mis notas de las conversaciones y en el casete original que contenía material de campo y las canciones que grabamos. Me lo regaló al final de nuestra última reunión, en noviembre del 69.

Se trata de un casete de campo usado con grabaciones de diversa índole hechas por José María. Por ejemplo, se escucha a grupos de mujeres haciendo pedidos en quechua que utilizan la voz hablada de forma muy especial y cantan en tonos agudos y graves. Incluye varios harawis que él canta y están publicados como poemas en sus novelas.

Esperé 30 años para grabar las primeras canciones que me entregó Arguedas, y éstas mismas son las que por segunda vez han sido intervenidas por jóvenes instrumentistas con nuevas sensibilidades que exploran diferentes sonoridades conla guitarra. Elobjetivo de este CD era romper con la timidez de los maestros consagrados como guardianes dela tradición. Estosjóvenes demuestran una gran libertad para utilizar efectos audaces con su instrumento y gran solvencia técnica en la ejecución de la guitarra.

En el libro explico las pautas que Arguedas me dio para interpretar las canciones indígenas tradicionales (pautas de la emisión de la voz para las distintas ocasiones o “géneros” que son una invención mestiza). Se requiere saber interpretar las emociones y sentimientos que desean expresar los pueblos que no tienen voz en los espacios oficiales.

 

Él me pidió

… que las cante. José María usó esa grabación con toda la información que había en ella, para ilustrarme. Son 90 minutos de ejemplos de diversa índole, que me regaló para sensibilizarme sobre el canto indígena. (Yo acababa de regresar de Inglaterra, luego de estudiar mi posgrado de Musicología en la Universidad de Londres.) Al regalarme el casete me recomendó que estudiara Antropología aquí, en Lima, para entender la cosmovisión andina, el pensamiento indígena. Que leyera a Murra. Me regaló, además, una copia de la primera edición del libro Dioses y hombres de Huarochirí, que editó el IEP en 1966, la misma edición bilingüe quechua- castellano del manuscrito del extirpador de idolatrías Francisco de Ávila que Arguedas tradujo al castellano en un lenguaje que conservaba la ternura y la violencia en que los dioses proceden con los hombres en esa región andina.

Estos materiales y sus artículos publicados en forma dispersa en periódicos y revistas han incentivado un trabajo sobre la continuidad de las apropiaciones y los préstamos de las culturas ancestrales que se realizaron desde antes dela Conquista. Coneste modelo, los músicos de las comunidades y pueblos indígenas han continuado apropiándose y creando nuevas propuestas musicales, con modelos foráneos y tecnologías modernas que han llegado a dominar. Es un proceso intercultural que lleva centurias de práctica y aún no termina.

 

Todo esto lo conocí de boca del maestro…

…, que me hizo cantar como india sin haber pisado Parinacochas, la tierra de mi padre. Agradezco infinitamente la generosidad de José María por haberme inoculado la curiosidad y la paciencia para continuar con esta labor. Gracias también por haber sido tan sutil cuando me sugirió que debía desmontar mi técnica vocal lírica y emitir una voz tierna y a la vez poderosa.

Mientras tanto, lo recuerdo acariñando tiernamente a un perro chusco, rascándole la panza, sentado bajo el sol, feliz.

Espero haber cumplido de alguna forma con tus deseos,

Amigo, Maestro.

 

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