Día del Niño: Muchas celebraciones, pocos derechos

Día del Niño: Muchas celebraciones, pocos derechos

Teresa Carpio Especialista en temas de niñez
Ideele Revista Nº 287

Diario "El Peruano"

Sin embargo, ¿se encuentra el Perú en situación de celebrar los derechos de los niños y de las niñas? Creo que no. En este artículo explicaré por qué no estamos en condiciones de celebrar, muy por el contrario, estamos en un momento clave para reflexionar sobre cómo están los derechos de los niños y que consideraciones están a la base para que no avancemos en su realización plena.

En una entrevista dada en la radio de mayor cobertura a nivel nacional, con motivo del Día del Niño Peruano, me vi enumerando, una vez más, las estadísticas negativas sobre la protección contra la violencia que viven niños y, principalmente, niñas en el país:

81.3% de adolescentes de 12 a 17 años de edad alguna vez en su vida fueron víctimas de violencia física o psicológica por parte de las personas con las que vive[1].

51% de niñas y niños han sufrido violencia por parte de sus profesores,

1.048 denuncias de violencia sexual contra estudiantes en las escuelas. 712 tuvieron como agresores a integrantes del personal educativo. 336 victimarios fueron alumnos[2].

34.6% de adolescentes de 12 a 17 años alguna vez en su vida fueron víctimas de violencia sexual,

75% de las mujeres víctimas de violencia sexual son menores de 17 años,

76% de las víctimas de violencia sexual al 2017[3] fueron niños, niñas y adolescentes. De este total, el 90% son niñas y adolescentes mujeres, es decir: la violencia sexual tiene rostro de niña.

75 de cada 100 niñas y niños fueron víctimas de violencia física y psicológica por parte de sus propios pares.

-1% del total del presupuesto público asignado a la niñez está dirigido a Protección contra la violencia[4].

Los espacios menos seguros para niños y niñas son sus propios hogares y las escuelas

Lamentablemente, las respuestas de los propios niños a la Encuesta ENARES 2015 confirman que, en un altísimo porcentaje, sufren violencia en el propio lugar en el que viven, comen y duermen. Es decir, su hogar, el lugar en el que se supone deberían recibir amor, comprensión, cariño, respeto, acompañamiento, orientación y valores positivos; es, por el contrario, el espacio donde sufren humillación, amenazas, golpes y se les arrebata, desde muy temprana edad, la alegría, la seguridad, los sueños, la autoestima, aprendiendo a sentir y vivir el miedo, la violencia, el odio, la desesperanza, la frustración, la poca empatía y la indiferencia por el sentido de pertenencia a un colectivo mayor, a un sentido de familia, comunidad y de país.

El otro segundo espacio donde los niños y niñas pasarán la mayor parte de sus años de formación y aprendizaje es la escuela. Y, nuevamente, las estadísticas son como un gran golpe directo al rostro: la escuela definitivamente no es un lugar, tanto porque conviven con docentes agresores que cometen violencia psicológica, física y sexual, como con alumnos que también violentan a sus pares porque es lo que han aprendido en su hogar y en la escuela.

La niña es la más afectada tanto en el hogar como en la escuela

La realidad nos muestra que la niña es la más afectada en los espacios que deberían ser seguros para ellas.  Padres, abuelos, padrastros, tíos, hermanos, docentes y personal administrativo de las escuelas, así como sus propios pares, son sus peores abusadores sexuales.

Sin embargo, el Estado sigue dándole la espalda a la niña. Las políticas públicas del ejecutivo están dirigidas principalmente –aunque no en la medida que se requiere-, a la mujer adulta. El Congreso de la República bloquea cualquier política educativa o de salud con enfoque de género que empodere a las niñas en sus derechos, que acceda a servicios de salud sexual y reproductiva y que ayude a los hombres adultos y niños a construir relaciones sanas, de respeto y equidad con las niñas y mujeres. 

A pesar de la clara violación que niños y niñas sufren en sus hogares y en las escuelas, el Estado solo invierte el 1% del presupuesto público dirigido a la niñez en la protección contra la violencia; es más que evidente que hay una pésima decisión en la asignación presupuestal por parte del estado. Y si descomponemos el 1% asignado, encontraremos que este se distribuye en sectores y partidas que no tienen que ver, necesariamente, con la prevención a la violencia a los niños.

La realidad nos muestra que la niña es la más afectada en los espacios que deberían ser seguros para ellas.  Padres, abuelos, padrastros, tíos, hermanos, docentes y personal administrativo de las escuelas, así como sus propios pares, son sus peores abusadores sexuales.

Perú es el país que menos invierte en educación y salud en América del Sur

De acuerdo con Informes de la CEPAL y Planes e Informes elaborados en el país, tenemos un saldo negativo en la inversión en educación y en salud con un impacto en la calidad de los servicios que se brindan a niños y niñas:  

-       3.9% del PBI es lo que invierte el Perú en educación, el menor porcentaje en América del Sur. Mientras que Chile invierte 6.9% y Colombia, casi el 5%. El compromiso internacional de Perú, desde hace varios años atrás, es alcanzar el 6%[5].

-       43% de niños de 6 meses a 3 años sufren de anemia[6]

-       Según Informes de CEPAL, tanto en la desnutrición como en la anemia existe una marcada brecha territorial. Las poblaciones indígenas son las más afectadas; un ejemplo claro es Huancavelica con 54% de niños afectados y Tacna con el 34,9%.

-       93 bebes han fallecido entre Arequipa y Lambayeque en lo que va del año por falta de equipos e incubadoras.

La corrupción, la mala gestión institucional y la baja asignación presupuestal son las causas de las recientes muertes neonatales, según el personal del sector Salud.

Respuestas integrales a problemas multifactoriales

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado, en una serie de informes, la necesaria atención que los Estados deben dar al problema de la violencia hacia la niñez ya que ésta repercute en su salud física y mental y tendrá graves consecuencias en su futuro a nivel individual y a nivel de su desarrollo en la sociedad. La violencia física tiene, también,  consecuencias negativas en la asimilación de los alimentos y en el desarrollo cognitivo, si le sumamos a esto la desnutrición, anemia, el no acceso a agua y desagüe –factor que contribuye a la desnutrición, enfermedades-, ni a una educación de calidad, inclusiva y con enfoque de ­­­género; si no aumentamos el presupuesto asignado a la prevención y protección contra la violencia, a la educación y a la salud, ­­la celebración de los derechos de los niños será una realidad permanente postergada en nuestro país.

 

 



[1] ENARES. Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales, encuesta aplicada a los propios niños, niñas y adolescentes. INEI 2015.

[2] SISEVE, MINEDU 2018.

[3] Observatorio de la Criminalidad del Ministerio Público.

 

[4] Taxonomía del Gasto Público. MEF. UNICEF.

[5] CEPAL. Malnutrición en América Latina y el Caribe, 2018

[6] Plan Nacional de Lucha contra la Anemia, 2018.

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