Doe Run: La contaminación invisible

Doe Run: La contaminación invisible

Alonso Burgos Antropólogo
Ideele Revista Nº 215

Tragedia humana. Los niños de plomo juegan a unos pasos de los hornos de fundición.

En la refinería de la Oroya se funden además de metales preciosos, conflictos sociales, laborales y medio ambientales.

El caso de Doe Run, en La Oroya, es mundialmente conocido. Es la quinta más contaminada del mundo, según el Ministerio de Salud, el 99,1% de los niños oroínos tienen promedios altos de plomo en sangre, 33,6 ug/dl (microgramos por decilitro), lo que sobrepasa los límites máximos permisibles de la Organización Mundial de la Salud: 10 ug/dl.

Entonces, ¿cómo es posible que se afirme que existe una contaminación invisible, cuando esto está probado con evidencia científica. Pareciera ser algo ilógico, pero explorando el trasfondo nos daremos cuenta de que no es así.

La acción de Doe Run en La Oroya
La primera impresión que se tiene al llegar a la ciudad de La Oroya es que se trata de un pueblo fantasma. Uno no puede dejar de observar que la fundición está ahora inactiva y que la ciudad parece extinguirse lentamente. Y es que hace ya dos años que se inició el conflicto entre la empresa Doe Run y el gobierno del presidente Alan García.

La empresa pedía al gobierno una nueva ampliación del plazo del Programa de Adecuación y Manejo Ambiental (PAMA) y un salvataje económico de más de 150 millones de dólares para continuar con sus operaciones; de lo contrario cesaría sus actividades y dejaría sin trabajo a 3.500 obreros de su planilla y a otros 6.000 cuyo trabajo dependía indirectamente del complejo metalúrgico.

El gobierno de García decidió no renovarle la licencia y someter el complejo metalúrgico a un proceso concursal ante INDECOPI. La interesada en adquirir la fundición fue la empresa Cormin, parte de la corporación Trafigura, que mantiene hasta hoy una disputa legal con Doe Run.

Todo esto trajo consigo una serie de medidas de fuerza —movilizaciones, bloqueos de pistas, marchas de sacrifico, paros regionales— realizadas por los trabajadores de la empresa y las organizaciones sociales locales para exigirle al gobierno pronta solución al problema. El pico más alto de estas acciones fue el 2009.

Los antecedentes del conflicto se remontan al año 1997, cuando el gobierno de Alberto Fujimori privatizó el complejo metalúrgico, antes propiedad de la empresa nacional CentrominPerú. El multimillonario estadounidense Ira Rennert, dueño del grupo transnacional Renco, adquirió el complejo y estableció la empresa Doe Run Perú, que opera en Cobriza y La Oroya.

Desde que se instaló en La Oroya, Doe Run ha tratado de evadir, mediante postergación, sus compromisos ambientales: ha solicitado varias veces la extensión del plazo del cumplimiento del PAMA. Su única oposición ha sido un grupo de ONG agrupadas en el Consorcio Unión para el Desarrollo Sustentable de la Provincia de Yauli, La Oroya (UNES), que fundaría el Movimiento por la Salud de La Oroya (MOSAO) con algunos pobladores.

Los gobiernos que sucedieron al de Fujimori le permitieron a Doe Run seguir funcionando a pesar de que la contaminación que producía sobrepasaba los límites máximos permisibles (LMP). Pese a la oposición de las ONG y el MOSAO, en el 2006 la empresa logró que el gobierno de Alejandro Toledo le concediera la ampliación del PAMA hasta el 2009. Este último año, el gobierno de García cuestionó la renovación de la licencia a Doe Run. Pero todo indica que no fue precisamente por su gran vocación ambientalista —recordemos las tesis del “perro del hortelano” —, sino porque habría de por medio el interés de favorecer a la empresa Cormin, si nos atenemos a las versiones de los voceros de Doe Run, los trabajadores y representantes de la sociedad civil de La Oroya.

Ojos que no ven
Lo más sorprendente en este caso no es precisamente el aspecto objetivo, determinado por la existencia de una contaminación que supera los LMP y que está envenenando a la población, sino la dimensión simbólica, constituida por las representaciones de los pobladores afectados por la contaminación sobre la empresa y el conflicto. (Se usan nombres ficticios para proteger su integridad.)

Cuando se pregunta a los pobladores acerca del problema ambiental que los aqueja, suelen responder que la contaminación en la ciudad es mínima y que, por el contario, la empresa ha ayudado a reducirla, en relación con los niveles anteriormente existentes: “Aquí nadie se ha muerto o se ha vuelto mongolito o ha tenido cáncer. La empresa Doe Run se ha portado bien. Ha limpiado la ciudad”, sostiene Otilia, una comerciante de abarrotes de la ciudad.

Juana, una vendedora ambulante, afirma que “la contaminación es puro cuento. Yo he nacido y crecido en La Oroya y no me ha pasado nada ni a mí ni a mi familia. Centromín contaminaba más, el gas de las chimeneas llegaba a todo el pueblo. Doe Run nos ayudaba con la limpieza del pueblo”.

A su vez, los dirigentes de los sindicatos de la empresa manejan un discurso similar al de los pobladores: “La contaminación no mata. Tantos años que vivo en La Oroya y no pasa nada. Que me traigan un niño o un anciano que tenga plomo (en la sangre)”, dice Mauro, un dirigente del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos. Pedro, otro dirigente, asegura que “Doe Run está haciendo obras. Ha limpiado el río Mantaro”.

Es claro que, a pesar de los exámenes clínicos que prueban la existencia de plomo en la sangre de las personas, para los pobladores y trabajad ores de La Oroya que fueron entrevistados la contaminación no es un problema visible que deba ser tratado con inmediatez.

Los antecedentes del conflicto se remontan al año 1997, cuando el gobierno de Alberto Fujimori privatizó el complejo metalúrgico.

Lo sustancial para ellos es mantener la fuente de trabajo y el flujo comercial. Para Rebeca, una de las dirigentas del Comité Provincial de Lucha, la empresa “está dando muestras de que sí quiere continuar operando con toda su planilla de trabajadores para bien de La Oroya”. Juana, la vendedora ambulante antes consultada, está preocupada porque siente que la situación la perjudica: “Las familias de los trabajadores se van a Lima o a otras partes porque no ven solución. Solo los trabajadores se quedan para marcar tarjeta. Eso nos perjudica a nosotros. ¡Ya no vendemos como antes! La empresa tiene que abrir de nuevo”.

Para decirlo de otra forma: un grueso sector de los trabajadores y pobladores de La Oroya ha “naturalizado” la contaminación, la ven como algo “normal” e incluso inexistente. En todo caso, sería el precio que hay que pagar para contar con un trabajo y un ingreso y mantener activa la ciudad. La percepción de sus derechos es fragmentada. Su derecho al trabajo y a contar con ingresos dignos no es visto en conexión con otros derechos, como el de la salud, del que incluso parecen dispuestos a prescindir.

“Las ONG y los curas antimineros contra La Oroya”
“¡Fuera las ONG anti-mineras de La Oroya!”, es una de las pintas que se encuentra en una de las fachadas de la empresa en la entrada de La Oroya antigua. Y es también la opinión de los dirigentes de las organizaciones sociales y trabajadores entrevistados, quienes culpan a las ONG de haber magnificado el tema de la contaminación ambiental: “Las ONG antimineras mienten. Vienen a confundir, a decir que somos la ciudad más contaminada del mundo, pero no es así”, asevera Mauro, dirigente del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos.

Pero no solo las ONG son percibidas como enemigas de La Oroya, sino también cierto sector de la Iglesia católica que por largo tiempo venía exigiendo a Doe Run que cumpla con sus compromisos ambientales. Un comunicado del Comité de Lucha publicado el 2009 llama a “cerrar filas ante los enemigos de la clase trabajadora […] supuestos defensores de la salud […] como el Arzobispo, Monseñor Pedro Ricardo Barreto Jimeno, S.J. […] Que se atengan a las consecuencias porque todo tiene su límite”.

Lo paradójico de todo esto es que quienes defienden el medio ambiente y la salud son percibidos como los enemigos de La Oroya, mientras la empresa, que contamina y es la responsable de los altos niveles de plomo en la sangre de los pobladores, es vista como la defensora de los intereses de la ciudad.

La Oroya es Doe Run
Para entender por qué los pobladores de La Oroya cierran los ojos ante un problema objetivo como la contaminación, resulta pertinente citar el testimonio del periodista Mario Huarcaya, publicado el 3 de junio de este año en Correo Huancayo: “De niño escuchaba decir a mi abuelo: ‘El día que deje de salir humo de las chimeneas de la fundición, la ciudad desaparecerá’”.

Para el abuelo de Huarcaya la fundición era la ciudad. Es decir, el complejo metalúrgico es lo que le da sentido e identidad a La Oroya. Ésta es exactamente la misma percepción que tienen los pobladores entrevistados. Para ellos, La Oroya es tal porque existe el complejo metalúrgico. Sin éste, la ciudad simplemente desaparecería. Y si bien esto tiene una explicación material —el complejo metalúrgico ha sido y es hoy la fuente de subsistencia de los trabajadores y comerciantes que habitan en La Oroya—, también estructura la identidad de los oroínos. Así, el complejo es mencionado siempre por los programas de las radios locales como el “orgullo de La Oroya y de la región Junín”.

El complejo metalúrgico, desde que se fundó en 1922 con la empresa Cerro de Pasco, hasta que se nacionalizó con CentrominPerú en los 70 y se volvió a privatizar con Doe Run en los 90, ha contaminado permanentemente el medio ambiente. La única diferencia es que antes de los 90 no existía una normatividad ambiental. Es decir, durante casi 70 años el complejo y las empresas a su cargo han contaminado La Oroya sin que nadie les diga nada.

La contaminación es así, para los oroínos, invisible. Porque es normal. El humo de las chimeneas siempre ha estado ahí como parte de la vida de los pobladores. Lo raro, lo anormal, es que no haya humo.

La necesidad económica de los pobladores y este elemento identitario han sido muy bien aprovechados por Doe Run, que ha ofrecido mantener el puesto de trabajo de todos los trabajadores de su planilla y garantizar la estabilidad económica de la ciudad, con lo que ha aislado a las ONG y la Iglesia y su discurso ambientalista.

De hecho, la incidencia sobre el tema ambiental realizada por las ONG y cierto sector de la Iglesia católica no articuló el plano laboral y económico. En cambio, Doe Run lo hizo en todo momento, apareciendo como la representante no solo de sus intereses como empresa, sino también de los intereses de toda La Oroya, al ser la que tiene en su poder el complejo metalúrgico, fuente de trabajo y a la vez elemento constitutivo de la identidad oroína.

Doe Run consolida su poder teniendo como principales aliados a los dirigentes de los sindicatos, organizaciones sociales y un sector de la población, que, como se ha visto, reproducen su discurso, ya que para ellos La Oroya es el complejo metalúrgico y el complejo metalúrgico es Doe Run.

Un conflicto no resuelto
Hasta el momento el conflicto sigue activo, ya que la situación de Doe Run es aún incierta. La empresa ha presentado una propuesta de reestructuración que incluye a todos sus trabajadores en planilla. Por su parte, según las declaraciones del presidente Ollanta Humala, el Gobierno pareciera querer darle una solución al conflicto. Sin embargo, la propuesta de solución aún no está clara, ya que más allá de decir que “deben seguir laborando los trabajadores” y que “tiene que resolverse el problema medioambiental”, no dice cómo lo va a hacer.

Sin duda, la solución al conflicto debe ser integral y articular la demanda del respeto al trabajo y la vigencia de La Oroya con el respeto a la vida, la salud y el medio ambiente. Doe Run debe cumplir con sus compromisos ambientales. A su vez, el Gobierno está en la obligación de hacer valer la legislación ambiental vigente.

Generar nuevos sentidos comunes que valoren y defiendan la vida, la salud, el medio ambiente y el trabajo digno para las personas, que se materialicen en políticas concretas de desarrollo para La Oroya, es la ardua tarea que tiene el nuevo Gobierno de la mano con las organizaciones de la sociedad civil. El reto está planteado.

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El Río Mantaro Se Resiste A

El Río Mantaro Se Resiste A Morir
Dr. Godofredo Arauzo

Los ríos juegan papel esencial en el funcionamiento eficiente de los ecosistemas terrestres y acuáticos; son los sistemas de drenaje de agua, humedad, cuencas y subcuencas que propician un equilibrio preciso de los niveles y volúmenes de los medios líquidos, humedad y suelos. Toda la red de lagos, lagunas, riachuelos y el río mismo mantienen este equilibrio. El río entonces no sólo es el cuerpo de agua que atraviesa una región sino todo el área de absorción de agua y humedad que puede ser enorme como el río Mantaro o puede ser menor como el caso de tributarios: Toda actividad que ocurre en esta área o cuenca influye sobre el río y todo cambio en el río por pequeño que sea influye sobre la cuenca.
El río Mantaro llamado también Hatunmayo (río Grande) nace contaminado el 100% del lago de Junín, Chinchaycocha o de los Reyes que está a 4081 msnm, que se halla en los departamentos de Cerro de Pasco y Junín; después de recorrer 724 kilómetros los departamentos de Junín ayacucho y Huancavelica, se une al río Apurimac, para formar el río Ene, tributario del río Amazonas. Al atravesar el Valle del Mantaro; con sus aguas contaminadas se irrigan las 11,000 hectáreas de la superficie agrícola del Valle; investigadores canadienses y noruegos recomendaron no utilizar estas aguas contaminadas especialmente con metales pesados sino previo tratamiento. Sus aguas se utilizan también para generar electricidad, en las hidroeléctricas de Malpaso Oroya y Santiago Antúnez de Mayolo y Restitución, Huancavelica, que producen 350 MW y proporciona el 50% de la energía eléctrica del país.
El río Mantaro que brindaba gratuitamente a sus pobladores agua limpia para consumo humano, de los animales, irrigación de los cultivos y fuente de proteínas en forma de peces, aves y anfibios; manejaba los desechos de los pueblos y proporcionaba transporte y recreación; por su belleza estética inspiraba la imaginación, impartía tranquilidad y promovía la paz entre los habitantes de su ribera. En un país como el nuestro donde la mayoría de la población sigue pobre, el río, sus servicios y sus productos son importantes. El no tener plata cuando abunda la leña, los peces y el agua pura no era tan grave como ahora que no hay leña, ni peces, ni agua para beber e irrigar los cultivos.
El río Mantaro es la cloaca o desagüe de las mineras: Volcan, Brocal, Huarón, Animón, complejo metalúrgico de la Oroya, San Cristóbal, Carahuacra, Morococha, Austra Duvas, Manuelita, Anticona, Calera Cut-off, Andaychaua, Marta, Huachocolpa, Recuperada, Julcani y Cobriza y los 67 centros mineros cerrados. Se calcula que estas mineras eliminan cerca de 100,000 toneladas sólo de relaves por año.
El río Mantaro nace del lago de Junín ya contaminado el 100% especialmente por metales pesados que no se alteran y en cantidades elevadas: cobre y cadmio 4 veces más que lo permitido, plomo 13 veces más y hierro más de 30 veces y en ciertas veces del año 130 veces más ( Horgan 2001). Las concentraciones delos metales pesados son elevados: plomo en vegetales a 12 kilómetros de la Oroya 1750 ppm, Pilcomayo 113 ppm y Chupuro 60 ppm, permitido 10 ppm; manganeso en vegetales a 12 kilómetros de la Oroya 1375 ppm y Chupuro365 ppm, permitido 200 ppm; fierro río Anticona 4450 ppm, en vegetales Pilcomayo 2375 ppm, Sicaya 3045 ppm y Chupuro 2710, permitido 600 ppm; zinc en vegetales a 12 kilómetros de la Oroya 1060 ppm, Pilcomayo 595 ppm y Chupuro 410, permitido 120 ppm; plomo en los suelo a 12 kilómetros de la Oroya 3010 ppm, Pilcomayo 2070 ppm y Chupuro 1150 ppm, permitido 200 ppm; cadmio en los suelos a 12 kilómetros de la Oroya 55 ppm, Pilcomayo 14 ppm y Chupuro 10 ppm, permitido 0.5 ppm; zinc en los suelos Upamayo 1145 ppm, a 12 kilómetros de la Oroya 2090 ppm, Pilcomayo 7700 ppm y Chupuro 5000, permitido 250 ppm; materia orgánica Upamayo 25 %, Huayre 24.5 %, Pilcomayo 1.5 %, permitido 1.5%; en el sedimento del río Mantaro después de la fundición de la Oroya arsénico 9000 ppm, margen izquierda del río Mantaro a 200 metros aguas abajo del Puente Stewart 1050 ppm, bocatoma del canal del margen derecho del río Mantaro antes del Puente Stewart 1000 ppm, Sicaya 900 ppm y Chupuro 850 ppm, permitido 50 ppm; plomo en río Quiulacocha 99000 ppm, río Yauli antes de llegar al Mantaro 98000 ppm, río Mantaro después de la fundición de la Oroya 30,000 ppm; río Mantaro a 500 metros aguas debajo de la confluencia con el río Huari 10000 ppm, permitido 600 ppm; sólidos suspendidos totales río Yauli antes de su confluencia con el río Mantaro 750 mg/l, río Mantaro antes de su confluencia con el río Huari 900 mgs/l, Sicaya 800 mgs/l y Chupuro 800 mgs/l, permitido 100 mgs/ ( Contraloría General de la República. Proyecto Alfa 2000)
El 3-10-2003 se publicó la Ley N° 28082, que declaraba en emergencia la cuenca del río Mantaro; hasta la actualidad las autoridades locales, regionales y nacionales no hicieron absolutamente nada; el río Mantaro sigue profundizándose su contaminación. Las autoridades de Sierra Exportadora aseguraron descontaminar el río Mantaro en 2 a 3 años y descartaron que la contaminación ambiental del Valle del Mantaro perjudique la producción de alcachofa para la exportación; es un exceso de optimismo. La ONG Cáritas pretende descontaminar el río Mantaro por la persuasión a razón del 18 % por año (Cáritas. Proyecto Mantaro Revive 2006). Las actividades para disminuir la contaminación deben ser realizadas por el estado; el estado esta ausente en los problemas medio ambientales por no tener política medio ambiental de estado. El lago de Junín, el río Mantaro, las subcuencas del río San Juan, río Anticona, río Yauli y otros forman una unidad hídrica; sí se tiene la intención de disminuir la contaminación del río Mantaro, se deben realizar gestiones para disminuir la contaminación de todos los componentes de esta unidad hídrica y sus alrededores.
El río Mantaro nace contaminado en el 100% del lago de Junín; al inicio de su recorrido recibe las aguas contaminadas del río Anticona que trae los agentes contaminantes de las minas Huarón y Animón; al llegar a la Oroya profundiza su contaminación al recibir las aguas contaminadas del río Yauli y del complejo de la Oroya. El complejo de la Oroya, según su PAMA elimina tóxicos líquidos por 37 afluentes, solamente monitorea 12 (Cederstav 2002) y en toneladas por día eliminaba cerca de 3000 de bióxido de azufre, 2500 de plomo, 2500 de arsénico, 20 de cadmio, 20 de material particulado y otros solamente por la chimenea más grande de 167.500 metros de altura; además elimina 24,000 tonelada de tóxicos de la fábrica de coke, más lo que se elimina por las 94 chimeneas pequeñas y del incinerador industrial ( PAMA 1996). Otra fuente que aumenta la contaminación a la altura de la Oroya es el Túnel de Kingmill por donde eliminan sus agentes tóxicos las minas que trabajan en las inmediaciones de la laguna de Huascacocha; tiene un caudal promedio de aguas ácidas de 1.16 metros cúbicos por segundo, que desagua al río Yauli. El río Yauli es represado con fines energéticos y cada mes esta represa que está a la altura de Cut-Off es abierta, eliminándose los sedimentos y el agua almacenada; intensificándose más aún la contaminación y adquiriendo el río un color marrón anaranjado.
La compañía minera Chinesco que compró la mina de Toromocho en 792 millones de dólares a la minera Copper que pagó 2 millones de dólares, ocasionará mayor contaminación del río Mantaro, a pesar que esta compañía dijo que ocasionará cero contaminación. Esta mina tiene las reservas de minerales más elevadas del mundo; superan los 2 mil millones de toneladas de mineral principalmente cobre, molibdeno y plata; procesará por año 54 millones de toneladas, durante 33 años. Con esta contaminación colapsará el río Mantaro; contaminará el aire, suelos, el agua subterránea y generará la lluvia ácida.
La muerte del río Mantaro, de su biodiversidad y alteraciones de los ecosistemas por la contaminación ha ocasionado también la muerte de la cultura, identidad e historia wanca, que nacieron del río; para entenderlo hay que amarlo.
Dr. Godofredo Arauzo
Teléfono 051064252052

Entrevista