Falsas percepciones

Falsas percepciones

Ideele Revista Nº 234

(Foto: noticias24.com)

Hace unos días se ha publicado la encuesta de poder que, equivocadamente, pretende responder a la pregunta: “¿Quiénes son las personas más poderosas del Perú?”. Como indiqué en una entrevista en RPP hace algún tiempo, cuando se publicó una encuesta similar, se contesta en verdad a otra cuestión: ¿Quiénes son los más poderosos en opinión de los encuestados? Y, aunque parezca una perogrullada, es importante porque, tal como se publicita, la población entiende que, en realidad, el poder radica en los seleccionados.

La forma en que se presenta es una manera de engañar a las mayorías que no tienen elementos que les permitan dilucidar la sutil diferencia que enfoca las luces en los que parecen tener el poder, lo que también lleva a los seleccionados a creerse semejante fábula y a actuar en consecuencia hasta que se estrellan con la realidad, que es algo que también pasa cuando alguien ajeno a esos trajines accede a un puesto de importancia como la Presidencia de la República. En el ínterin, los que en verdad tienen el poder permanecen en las sombras y juegan a los títeres con los que se creyeron el cuento mientras el gran público aplaudía.

Por supuesto, tampoco se puede negar que los políticos y muchos de los escogidos en la encuesta tengan poder, porque de hecho lo tienen, solo que en dosis bastantes inferiores a las que desde abajo se cree o ellos mismos suponen.

En general, las encuestas, pero en especial éstas, crean ante el público una falsa sensación de poder, ya que permiten suponer que es él quien decide quién tiene poder, cuando es en realidad el sometido que tiene poco que ver en este asunto. Las encuestas pueden tener utilidad para medir la aceptación de algunas medidas que se tomaron o se pretenden tomar, o la popularidad de un político, y son herramientas interesantes y convenientes para los negocios, especialmente para el marketing, pero resultan engañosas para responder a la pregunta de quiénes son los que tienen más poder. Como lo son cuando se realizan para saber si alguien miente, como se pretende cuando se publica que un alto porcentaje de la población cree que fulanito es un mentiroso. Podría o no serlo, sin importar lo que piense la población. En estos casos, la sentencia que reza “Vox populi, vox Dei”, no es aplicable.

 Los que en verdad tienen el poder permanecen en las sombras y juegan a los títeres con los que se creyeron el cuento mientras el gran público aplaudía.

La verdad es diferente, y el verdadero poder en nuestro país y en el mundo no es el político, sino el económico, que, de una u otra manera, le dicta las pautas al primero, ayudado por los medios que le son afines. Y estos mismos son otro de los grandes poderes, en especial en el Perú, donde pretenden dictarle la agenda al Gobierno de turno, y con frecuencia lo logran. Si tratáramos de identificar a estas personas, también nos encontraríamos con dificultades, ya que una primera alternativa respecto del poder económico sería buscarlo en los gremios empresariales, pero en verdad está detrás de éstos.

El gran poder no da la cara, salvo casos y circunstancias excepcionales. Como sabemos, el dinero no tiene patria y el poder económico peruano está subordinado al internacional al que, le guste o no reconocerlo, tiene que rendirle pleitesía, porque con frecuencia depende de él.

La pregunta final es: ¿Qué se pretende al hacer encuestas de todo? ¿Engañar a la gran masa social? ¿Hacerle creer que su opinión cuenta? Y parte de la respuesta es que lo que miden este tipo de encuestas es hasta qué punto son exitosos los circos psicosociales que nos arman los interesados en mantenernos entretenidos mientras toman decisiones que en realidad nos corresponden a nosotros.

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