Keiko y la inseguridad ciudadana

Keiko y la inseguridad ciudadana

Ideele Revista Nº 205

La mentira y la poesía son artes… que requieren el más atento estudio, el fervor más desinteresado. Poseen, en efecto, su técnica, igual que las artes más materiales de la pintura y de la escritura tienen sus secretos sutiles de forma y de color, sus manipulaciones, sus métodos estudiados.

La decadencia de la mentira

Oscar Wilde

Los problemas ocasionados por la inseguridad ciudadana se han convertido desde hace unos años, junto con el desempleo, en la principal preocupación para los peruanos. Por eso sorprende, para esos pocos que aún creemos que en la campaña presidencial deberían debatirse propuestas, la ausencia de discusión en materia de seguridad.

Sin embargo, hay una candidata que intenta posicionarse, más por la torpeza de los otros que por sus propios méritos, como la “salvadora” para solucionar los problemas de inseguridad; y lo hace con una receta conocida, ineficiente pero popular: las políticas de “mano dura”.

Nos referimos a la candidata por Fuerza 2011 Keiko Sofía Fujimori, quien ha hecho del tema de orden y seguridad lo más importante de su discurso. Keiko señaló en una entrevista: “Detrás de mi sonrisa hay una mujer fuerte, que se enfrentará a los delincuentes. Seré mala con ellos”; además, agregó que quiere ser recordada “por gobernar con mano dura”; y terminó diciendo: “Yo voy a derrotar a la delincuencia. Yo soy la China con mano dura”.

Esta última frase esconde una contradicción o una mentira camuflada, disfrazada, al más puro estilo fujimorista. ¿Dónde las políticas de mano dura han sido eficientes para solucionar los problemas de inseguridad? ¿No han traído acaso mayores problemas en América Latina? Un ejemplo es nuestro país, donde legislatura tras legislatura se aprueban leyes más “duras” para los delincuentes, no obstante lo cual cada uno puede dar fe, desde su propia experiencia y sin tomar como referencia necesariamente las estadísticas oficiales, de que se siente más inseguro al salir a la calle.

 

Mano dura… y mentirosa

Las políticas de mano dura, si bien pueden ser rentables electoralmente, en materia de seguridad ciudadana responden a un populismo punitivo, consistente en dar penas desmedidas por delitos menores, y terminan creando un sistema de seguridad mucho más represivo e ineficiente.

Los paquetes de políticas de esta naturaleza son diversos y los políticos los escogen sobre todo en las campañas electorales, cuando mayores réditos les pueden traer. Entre las principales: pena de muerte, castigos excesivos por penas menores, mayor cantidad y más represivos centros penitenciarios, reducir la edad de imputabilidad penal para que niños sean juzgados como adultos, sancionar a personas simplemente por pertenecer a pandillas, utilizar a las Fuerzas Armadas en problemas de orden interno, entre otras.

Pero hay también otro tipo de políticas de mano dura, ilegales, ésas que la familia Fujimori conoce bien aunque ahora mire para otro lado: desapariciones forzadas, eliminación de presuntos delincuentes, uso de la fuerza por elementos de Seguridad del Estado de forma ilegal y arbitraria.

En América Latina se han aplicado diversas políticas públicas de mano dura, legales o ilegales. Sin embargo, no existe prueba fehaciente de que hayan reducido los índices de criminalidad. Todo lo contrario: estas políticas hacen que los delincuentes actúen de forma más violenta y organizada, de modo que generan efectos contrarios a los deseados.

¿Propondría la señora Fujimori aplicar esta misma política de mano dura contra los delincuentes de cuello blanco; por ejemplo, políticos o empresarios corruptos que roban millones a los peruanos? Cuando señala que los presos no la pasarán “bonito” en su gestión, ¿se referirá a los que están en San Jorge o enla DIROES? ¿Algún político estará preocupado porque le descubran las bolsas de dinero que reciben por narcotráfico y otros delitos, como en el sector Construcción?

 Mano limpia y no dura

La corrupción es el problema central de nuestras principales instituciones encargadas de la seguridad: Policía, Justicia y Sistema Penitenciario. La corrupción ha invadido de manera casi total estas instituciones; ya no hace falta escarbar profundamente para que brote como el pus: basta con establecer el menor contacto para darnos cuenta de que la corrupción y la delincuencia forman parte de la idiosincrasia de muchos individuos que trabajan en estas instituciones.

Sabemos que combatir la corrupción no es una lid que la señora Fujimori haya librado durante su vida; “herencia familiar”, le dicen. Por eso estamos de acuerdo cuando sostiene que “siempre ha sido coherente con sus actos”. ¿Qué mayor coherencia en materia de seguridad ciudadana que llevar a Octavio Salazar en su plancha congresal?

El flamante refuerzo naranja es el recordado ministro pishtaco, el mismo que quería encarcelar a los consumidores de droga, el que “autorizó” a los vigilantes privados a usar sus armas (si no las podían usar, ¿para qué las tenían?), el mismo oficial policial implicado en la investigación por el escuadrón de la muerte en Trujillo, el Ministro en cuya gestión se compraron portatropas sobrevalorados parala Policía, el mismo que propuso “brillantemente” que los efectivos policiales escoltaran a su domicilio a personas que retiran dinero de instituciones financieras de los centros comerciales para acabar con los “marcas”.

Entonces, ¿qué se esconde detrás de la política de mano dura contra los delincuentes comunes?: los delitos de cuello blanco, los actos de corrupción y la falta de propuestas para romper con la plácida convivencia de las principales instituciones del Estado con la corrupción.

 

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