La ciudad acorralada

La ciudad acorralada

María Eugenia Ulfe Docente en el departamento de Ciencias Sociales y directora de la Maestría en Antropología y la Maestría en Antropología Visual de la Pontificia Universidad Católica del Perú
Ideele Revista Nº 265

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La primera versión que leí del libro de Dynnik fue en setiembre de 2012 en el marco de reuniones que sosteníamos como Grupo Memoria. En el Grupo Memoria buscábamos crear un área de investigación que permita promover, compartir y reflexionar críticamente temas de memoria y violencia. En el Cono Sur se han abierto campos de estudio sobre la memoria y creo que en los tres años que sostuvimos de reuniones, dos veces al mes, logramos abrir un espacio de debate y de interés académico, de compromiso político y activismo.

Dynnik continuó trabajándolo y logró sustentarlo como tesis en la Maestría en Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Cuenta el propio autor que el trabajo en realidad comenzó en el año 2007. Es decir, estamos frente a un libro académico riguroso, de largo aliento y reflexión que combina la sociología con la antropología y que nos permite conocer y comprender la heterogeneidad de integrantes, militantes, simpatizantes y combatientes de Sendero Luminoso en una ciudad acorralada como era la ciudad de Lima a fines de los años 80 e inicios de los 90.

Dynnik nos ofrece volver sobre una pregunta vital ya antes subrayada por Carlos Iván Degregori en Qué difícil es ser Dios[1], que es tratar de comprender cómo son estos jóvenes, quiénes son, qué piensan aquellos que asumieron el camino de la violencia al tomar la decisión de formar parte del Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso. Carlos Iván Degregori traza un perfil sociocultural, de una generación que no se sentía parte de la comunidad de sus padres y que tampoco se sentía acogida en la ciudad. Una generación en transición y cambio que abraza la ideología maoísta-marxista-leninista-Pensamiento Gonzalo para llevar acabo el cambio del país. Casi como abrazar una ilusión. En este libro Dynnik vuelve sobre aspectos fundamentales de la Sociología y de la Antropología, que es colocar al sujeto como protagonista. Y mediante preguntas iniciales fundamentales (¿Quiénes son? ¿Cuáles fueron sus razones? ¿Cuáles sus motivaciones?) Conversa con más de treinta militantes y exmilitantes, dentro y fuera del penal, que son quienes dan cuenta de una composición heterogénea de Sendero Luminoso que no permanece igual en el tiempo, que es extremadamente precaria. Es en este sentido que discrepo del prólogo presentado por José Luis Rénique porque si bien el libro de Dynnik Asencios nos sitúa en otro momento de la posguerra y nos permite acercarnos a los sujetos de quienes conocemos tan poco, no es un texto equiparable con las narraciones de José Carlos Agüero, Lurgio Gavilán, menos Renato Cisneros que son más de corte autobiográfico. Dynnik nos entrega un trabajo de investigación de largo aliento sobre la composición social de una organización política precaria que puso en jaque al Estado peruano, que logró a pesar de su violencia (y demencia) captar adeptos y adeptas en medio de la violencia y que aún más, en condiciones de disminución del trabajo ideológico, consiguió que sus esfuerzos en captar nuevos miembros se mantuvieran. La dimensión subjetiva del sujeto moral emerge como eje que articula el argumento del libro, pero en su dimensión política.

Destaca la composición juvenil de los cuadros de base del PCP-SL. El grupo de personas con quienes trabaja Dynnik ingresan a Sendero Luminoso en un periodo crítico que ha sido descrito en el Informe final de la CVR como periodo de “ofensiva subversiva y contraofensiva estatal” (p. 33). A la par que el autor trabaja con los testimonios, nos ofrece una mirada fresca y renovada sobre la organización en sí y su funcionamiento. Sobre quiénes eran militantes, quiénes pasaron a ser denominados combatientes, quienes tomaban las armas –como tantas veces nos han dicho en nuestra investigación en Huancasancos.  Una organización concéntrica como ya lo describiera uno de sus miembros fundadores, Oscar Ramírez Durand, al centro el Partido, alrededor el Ejército Guerrillero Popular (EGP) y luego el Frente Nuevo Estado.

Autoritario –las partes no se conocen entre sí solo bajo apelativos. Pero en el relato de los militantes y ex militantes que recoge Asencios, no se percibe esa nostalgia que hemos encontrado en nuestro trabajo en el sur-centro de Ayacucho. Donde el hecho de haberse sentido parte de una organización que los hacía, a su vez, sentirse parte del Estado-nación, les produce nostalgia en sus relatos. En los relatos de Dynnik hay convicción, voluntad y temor. Un universo subjetivo amplio. El testimonio de Ana creo que sintetiza la precariedad de la organización. Dos meses después de haber sido incorporada, cae detenida. Ese mismo día le habían preguntado si sabía usar armas, ese mismo día cae. Reconoce que no tuvo mayor formación ideológica. Ana tenía 19 años de edad y cae en 1993. 34 años era la edad que tenía cuando conversó con Dynnik. Gran parte de su vida ha transcurrido en prisión y fue en la cárcel, más bien, donde recibió su formación.

La revolución de los manuales de la que hablaba Carlos Iván Degregori para los años 1970 e inicios de 1980 había dado paso a “cursos acelerados” pero no por ello menos autoritarios ni doctrinarios.[2] El trabajo de captación e incorporación se dio a través de los organismos generados –el movimiento de artistas populares, el movimiento feminista popular o el de obreros y trabajadores clasistas o campesinos pobres. Poco sabemos sobre el funcionamiento de estos organismos de fachada y poco sabemos también sobre su actual reinterpretación en el nuevo escenario nacional.

El libro es un gran aporte para conocer quiénes eran estos militantes, qué pensaban cuándo tomaron la decisión de formar parte de Sendero Luminoso, qué piensan sobre el país. Pero en el libro el autor nos presenta una paradoja que nos invita también a mirarnos como espejo en el largo proceso que es el de nuestra historia contemporánea. Y es que hacia fines de los años 80 e inicios de los 90, los medios y políticos del momento contribuyeron en azuzar el cuco senderista construyendo una imagen de un Sendero Luminoso “victorioso” o “ganador” que significó que muchos jóvenes, a través de este relato, quisieran acceder al triunfo y al mismo tiempo, al prestigio, a las oportunidades y el poder, que esta narrativa les significaba.  Cuando en realidad esa no era la situación. La precariedad de la organización de Sendero Luminoso era calamitosa. Era más bien el fantasma levantado desde ciertos sectores sociales –como hasta ahora—para alimentar el temor. Y bajo ese temor se ajustaron cuentas, se dieron las peores medidas y leyes anti-terroristas y también se cedieron derechos constitucionales. Bajo esa misma lupa, pero del otro lado, Sendero Luminoso ganaba adeptos. Para mi este es un tema crucial que nos debería llevar a reflexionar sobre nuestro papel en ese momento. Y que hoy nos exige a reflexionar sobre cómo llevamos a cabo la reinserción de ex-militantes y combatientes que han pasado por la cárcel.  La idea de reconciliación como pacto social aún aguarda su propia construcción.



[1] Carlos Iván Degregori, Qué difícil es ser dios. El Partido Comunista del Perú –Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-2000 (Lima: IEP, 2010).

[2] Degregori, Carlos Iván (1990a). La revolución de los manuales. La expansión del marxismo-leninismo en las Ciencias Sociales y la génesis de Sendero Luminoso. Revista Peruana de Ciencias Sociales 2(3), pp. 103-126.

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