La ideología de la calidad educativa

La ideología de la calidad educativa

Juan Rivera Palomino Filósofo y educador
Ideele Revista Nº 234

(Foto: Andina)

Vayamos directo al punto. No es posible alcanzar la calidad educativa si el sistema contiene falencias estructurales que lo impiden. Creer que una mejora en los puestos que ocupa el país (nuestros niños) en las pruebas Pisa de Comprensión Lectora y Matemática implica una señal de que avanzamos hacia una educación de calidad que forma parte de esa construcción que llamo “ideología de la calidad educativa”. Me explico.

Veamos primero los aspectos conceptuales. La educación ha sido reducida, en la práctica y en la teoría, al concepto de instrucción, de modo que ha perdido, denotativa y connotativamente, su sentido más amplio y comprensivo. Por definición, la educación es un proceso social, humano, cultural e histórico que se da no solo en la “escuela” (mal llamadas instituciones educativas), sino también en los espacios semiescolarizados y no escolarizados, como la familia, la comunidad, los medios de comunicación masiva (MCM) y la sociedad toda.

La educación de hoy ha quedado restringida a la escuela instructiva y el espacio escolarizado, que se dedica a impartir conocimientos previamente decididos y programados sin tener en cuenta los intereses, necesidades y capacidades de los educandos, niños y jóvenes, quienes no participan en la toma de decisiones curriculares que les convienen y competen. En un proceso autoritario y coactivo, los educandos tienen que adaptarse a esta especie de algoritmo instructivo que es lineal, homogéneo, que no toma en cuenta las diferencias, las capacidades individuales ni las variaciones psicosociales y étnico-culturales.

¿Qué hay de los derechos a la libertad, a la creatividad, a la originalidad, a la comunicación, a la expresión y a la diferencia que pueden manifestar los niños y jóvenes de la costa, la sierra y la Amazonía? Se asume y se supone, falazmente, que todos los educandos y los docentes son iguales. Se pretende estandarizarlos, homogeneizarlos; se los iguala, erróneamente.

A esta realidad se agrega otro aspecto gravísimo: que la instrucción está centrada en la lectoescritura y las matemáticas, y se deja en un segundo nivel las áreas vinculadas a las ciencias biológicas, naturales, sociales, las humanidades y las artísticas, que son más importantes para la constitución, estructuración y desarrollo de la personalidad de los educandos.

Tampoco se toman en cuenta los aspectos socioemocionales y psicomotrices de los alumnos y alumnas. Es increíble, pero sucede. ¿Qué dicen los llamados expertos de la educación? Que lo emocional influye determinantemente en el aprendizaje del educando hasta el nivel de la educación superior.

Hasta aquí podemos concluir que los desaprobados (“jalados”) son en primer lugar el “sistema educativo” y quienes lo dirigen, lo gerencian o gestionan. Es el sistema el que produce la baja o casi nula calidad educativa, y no los educandos o los docentes. Porque, con respecto a estos últimos, es el sistema el que los malforma, los deseduca, los maltrata y los culpa de la mala calidad educativa. Esto solo puede ocurrir en el país de los zorros de arriba que responsabilizan y culpabilizan de los errores que cometen a los hijos de los zorros de abajo. ¿No es desde “arriba” que se diseñan, dirigen y gestionan las instituciones de formación magisterial?

Es necesario enfatizar este último punto. La mayoría de las facultades de Educación y los institutos pedagógicos emplean el modelo de formación magisterial tecnocrático, que entrena a maestros y maestras como técnicos instructivos para trabajar principalmente el área intelectual como producto y no como proceso heurístico e histórico. Muchos centros han retrocedido a la educación de los años 60 del siglo pasado: instrucción escolarizada con niños sentados con sus textos escolares, material estructurado, fabricado. Uno se encuentra con escuelas donde los docentes del nivel Inicial no hacen que los niños salgan de las cuatro paredes del aula (con excepción del recreo) para ir a visitar, explorar, conocer, interactuar con las familias y las comunidades circundantes con el fin de que realicen acciones educativas socializadoras, de interacción con los demás (los padres de familia, los vecinos, los trabajadores, los transeúntes; los carros, las carretillas, los semáforos y otros), todo lo cual les daría seguridad, confianza, facilidad para comunicarse, gusto de explorar, tocar, conocer el mundo social, relacionarse con lo que los rodea y, a partir de ahí, los docentes puedan trabajar todas las áreas de desarrollo articuladas, integradas.

Es el sistema el que produce la baja o casi nula calidad educativa, y no los educandos o los docentes. Porque, con respecto a estos últimos, es el sistema el que los malforma, los deseduca, los maltrata y los culpa de la mala calidad educativa

En la educación científica se repite el enfoque de la ciencia como producto lógico-formal, con su método hipotético-deductivo, y así se deja de lado lo heurístico, el contexto del descubrimiento, que, con los ejemplos y experimentos adecuados, conducen al educando a la curiosidad, la exploración, actitudes heurísticas, al pensamiento divergente, a la creatividad e innovación. Esto sucede desde el nivel Inicial hasta la Universidad.

En el ámbito del espacio educativo no escolarizado, la función de la familia es muy importante cuando está bien estructurada, cuando existe un buen clima familiar, una buena dirección y orientación axiológica, con técnicas de crianza definidas pero, a su vez, flexibles. Desde finales de los años 80, las familias se han desestabilizado, los padres se ven obligados a trabajar de 8 a 8 de la noche y dejar el cuidado y la educación de los hijos a terceras personas: empleadas, abuelos. Esta situación es producida sobre todo por el ensayo neoliberal, para cuya matriz el ser humano importa básicamente como capital capaz de aumentar la tasa de productividad. La persona humana es vista así como una mercancía con valor de uso y valor de cambio. Como sostenía Portantiero, se mercantilizan las relaciones sociales y las relaciones familiares. Se pierde la magnitud y la intensidad de las relaciones afectivas y axiológicas entre padres e hijos. Por tanto, el poder de la familia de influir en la educación de los hijos disminuye drástica y radicalmente. Se desestructura a la familia como agente de socialización de los hijos. Esta situación produce una serie de problemas intrafamiliares y educativos como los de bajo rendimiento y el “mal comportamiento”. Los padres ya no tienen tiempo para atender a sus hijos, para comunicarse con ellos, para jugar, y por eso en la escuela surgen los problemas de desatención, falta de confianza, pobre autoestima o autovaloración.

Esta situación familiar negativa influye en el rendimiento de los hijos-educandos. ¿Quién ha evaluado la influencia de esta situación en materia educativa? ¿Qué y quién tuvo la responsabilidad de esta situación y del bajo rendimiento de los educandos? Hay que tomar en cuenta que hoy en día tanto la escuela como la familia están sometidas a las reglas y leyes inhumanas del pragmatismo neoliberal.

La influencia de los medios de comunicación masiva también es negativa, pues transmite y fomenta conductas y valores mercantilistas, consumistas, individualistas, egoístas, cosificantes; un culto hedonista al cuerpo y al placer por sobre el amor y los valores humanos superiores. La pregunta es quién evalúa la nefasta influencia de estos medios. Y quién evalúa su influencia negativa en el rendimiento de los educandos o en el “logro de los objetivos de aprendizaje” del Ministerio de Educación.

Finalmente, a toda esta situación se agregan los bajos e indigentes sueldos de los maestros, que se ven obligados a trabajar en más de un lugar, situación que no va a mejorar sustancialmente con la última ley de formación magisterial.

Entonces, la pregunta cae por su propio peso: ¿Es posible avanzar hacia la calidad educativa cuando el sistema adolece de fallas estructurales? ¿Es posible hablar de que tal o cual medida permitirá mejorar la calidad educativa mientras no se haya decidido solucionar ninguno de los aspectos antes mencionados? Si nuestros niños de los primeros niveles de Educación Primaria mejoran en las pruebas Pisa en Comprensión Lectora y en Matemática, ¿podemos afirmar que vamos camino hacia la construcción de una mejora de la calidad educativa?

Mientras no se solucionen los problemas estructurales bajo los cuales se ha concebido y constituido el sistema educativo (que está ligado a la construcción de una noción falsa y manipulada de lo que implica un modelo de libre mercado), la palabra calidad no será más que una utopía que seguirá formando parte de la “ideología de la calidad educativa”. Una más de las ideologías imperantes.

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