Los protopersonajes en el libro “De la ternura y la guerra”

Los protopersonajes en el libro “De la ternura y la guerra”

Ideele Revista Nº 287

Tal vez pocos libros de relatos sobre la época de la violencia política peruana hayan retratado o descrito, con diestra solvencia literaria, situaciones y escenas tan propias de aquel contexto duro, caótico y violento de los años ochenta y noventa de nuestro país. Por ello, el autor Óscar Gilbonio, como testigo de parte y escritor de oficio, ha puesto el dedo en la llaga, solo para recordar, reflexionar y aprender a evitar aquel dolor que llevó a muchos peruanos ―¿y por qué no a todo el Perú?― al pie del abismo.

 

Lo que  salta a la vista en la entrega de De la ternura y la guerra (Editorial Amarti, 2019), son la configuración prototípica o modélica de los personajes que poblaron aquel contexto lleno de tragedias. En efecto, desde senderistas encubiertos de ambulantes, médicos que respaldaban su causa, jóvenes listos para atentar; hasta policías decadentes y torturadores.

 

Sin embargo, el espacio explorado con mayor precisión y destreza, es la cárcel; es decir, la represión prisionera. Desde el primer relato “La otra cara de Huamán”, aquel joven personaje que por azares dirigidos ha caído detenido en la comisaría y es testigo de un atentado que lo pondrá en una encrucijada del destino, hasta aquel bello cuento “Últimos albores con Livia”, donde una pareja de presos y ex senderistas, se enamoran y viven un romance casi platónico; o aquel terrible cuento “Semilla”, narrado en primera persona por lo más puro de una madre embarazada a punto de ser torturada salvajemente, o en “La tórtola”, donde de manera subliminal y metafórica, límpida y prístina, un vigía penitenciario asesina a balazos una ave libre, mansa y despreocupada.

 

E incluso los personajes que no están confinados en las cuatro paredes, son personas encadenadas a piedras más pesadas que los torturan o despiertan psicológicamente; es decir, aquellos que sufren las consecuencias del peso de sus ideales y pensamientos; como los revolucionarios de fuerte carga ideológica, como los camaradas de “La cacería”, las torturas de la depresión de la madre anciana que recuerda a su hijo en “El Jairo”, o el recuerdo aventurero de un sobreviviente de guerra, como aquel personaje de “El redivivo”.  

           

Como bien destaca en el prólogo de este libro, el crítico literario estadounidense y gran conocedor de la literatura de la violencia política peruana Mark Cox: “Para ser un escritor, hay que tener talento, experiencias y persistencia. Óscar Gilbonio Navarro (Lima, 1966) lo tiene todo”. Asimismo, como recuerda el maestro y docente universitario, el autor de De la ternura y la guerra fue prisionero del penal Miguel Castro Castro, donde, como Dostoievski, Solzhenitsyn o Joseph Brodsky, fue gran lector de humanidades y, especialmente, de literatura.

 

Por eso, aseguramos que la lectura de estos nueve relatos será provechosa, placentera y enriquecedora. O, como diría Mark Cox: “Como literatura, estos cuentos de Oscar Gilbonio son una contribución importante a la literatura peruana, especialmente a la escrita sobre el tema de la guerra interna”.

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