No se escucha, Lucho

No se escucha, Lucho

Daniel Yovera Periodista del diario Perú.21
Ideele Revista Nº 205

Cuando el candidato presidencial Luis Castañeda lanzó su programa Lucho escucha, dijo que no había mejor forma de solucionar los problemas que con el diálogo y la concertación. Vinieron entonces varias preguntas: ¿Cuándo le nació al candidato solidario el don de escuchar y dialogar? ¿Por qué cuando fue Alcalde de Lima por dos periodos no hizo de la concertación y la democracia una práctica saludable? La respuesta es que Lucho, realmente, no escuchaba.

Solo por mencionar un ejemplo emblemático: el Alcalde no escuchó cuando, durante todo el 2010, el diario Perú.21 y algunos poquísimos políticos le dijeron que lo de Comunicore era una operación fraudulenta y perjudicial para los intereses de la Municipalidad. ¿Qué hizo? Se tapó los oídos y acusó a todos de “guerra sucia”. Ahora vemos que la Fiscalía Anticorrupción y la Contraloría de la República han detectado dolo por varios lados.

Claro, ahora el candidato ya no defiende la operación financiera; ahora dice que “no sabía nada porque delegó funciones”. Si fuera así, entonces al Alcalde “se la hicieron”, y estaríamos ante un gestor despistado cuyos gerentes principales —de toda una vida— habrían hecho un “faenón” de 36 millones de soles en sus narices.

La verdad es que no es novedad que los responsables de las instituciones públicas deleguen funciones. Lo hacen siempre. Pero eso no los hace incólumes cuando ocurre algún hecho irregular o delictivo. Y si lo vemos al revés, ¿por qué cuando el Municipio inauguraba obras el alcalde Castañeda sí era el principal y único gestor?

Si Castañeda llegara a ser presidente y en su gobierno se produjeran otros Comunicore o faenones con grandes sobrevaloraciones, ¿también tomaría distancia y culparía a sus subordinados?

 

Yo no, ¡tú sí!

El jueves 17 último, el candidato Castañeda anunció que debatiría con su rival Toledo si éste se hace, “de todas maneras”, un examen antidoping. Vale ser exigente en política. Pero viniendo del candidato solidario, sencillamente sorprende, pues cuando fue Alcalde algunos periodistas y opositores le pidieron cuentas claras y él hizo caso omiso.

Como alcalde, Castañeda nunca se sometió a entrevistas serias e independientes. Nunca fue, por ejemplo, al set de Rosa María Palacios; solo acudió —y lo sigue haciendo— donde los amigos.

Claro, fue al Congreso a “explicar” el caso Comunicore a una comisión de fiscalización presidida y mayoritariamente compuesta por amigos suyos —solidarios, apristas y fujimoristas—, quienes lo defendieron y, por eso, salió airoso.

Uno se pregunta, por ejemplo, por qué al empezar su segundo mandato como Alcalde sus regidores cambiaron el Reglamento del Municipio para que él pudiera ausentarse de las sesiones de Concejo las veces que quisiera, dejando en su reemplazo a Parra; por qué sus regidores nunca permitieron que se conforme la comisión investigadora del caso Comunicore; o por qué hizo sus obras sin consulta ciudadana. ¿Realmente Lucho escuchaba?

Que lo digan, si no, los dos únicos regidores opositores a su gestión —Marisa Glave y Germán Aparicio—, quienes hicieron durante los últimos cinco años, en vano, pedidos de información y aclaración de asuntos sospechosos de color gris (léase, costos de obras que se disparaban sin explicación). Allí Lucho tampoco escuchó.

El aspirante presidencial ha criticado a Susana Villarán por constituir una comisión para investigar el escándalo Comunicore, olvidándose de que el 2003 su entrante administración investigó la gestión de Alberto Andrade, y nadie lo criticó por ello.

 

¿Y el estadista?

Está claro que el diálogo, el ejercicio democrático, la tolerancia y el respeto por las minorías, fueron grandes vacíos durante los casi ocho años de Castañeda como alcalde.

A su favor tiene importantes y emblemáticas obras como el Metropolitano y los intercambios viales. Pero sobre el transporte caótico, la violencia juvenil, el medio ambiente, la actividad cultural, no hay mucho que decir. Prefirió lo efectista y el discurso de dudoso valor político y cultural.

Un problema que a lo mejor tendría que resolver es cómo lograr que un poblador rural del Perú sienta la necesidad de tener escaleras amarillas o intercambios viales. Lucho, el ahora todo oídos, ha dicho que quiere hacer por el país lo que hizo por Lima. Cuidado, porque algunos podrían pensar que se vienen obras por todo el Perú ejecutadas por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación (OEI), con costos en alza imparable, plazos de nunca acabar, sin la menor fiscalización de la Contraloría de la República, y dejando puertas abiertas a posibles “faenones”. Ojalá que no sea ésa la idea.

Probablemente los electores de Castañeda esperen más de su candidato que un simple político criollo que llama “loca” a su adversario o “mujer del presidente” a otro. ¿El estadista? Por ahora no se escucha, Lucho.

 

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