Pobreza y desigualdad. Desafíos en la hora actual

Pobreza y desigualdad. Desafíos en la hora actual

Ideele Revista Nº 243

(Foto: La República)

El contexto de desaceleración de la economía nacional pone sobre el tapete los desafíos que enfrentamos como país en materia de lucha contra la pobreza y desarrollo humano. El problema de fondo es que lo avanzado en reducción de pobreza en estos años de crecimiento económico puede perderse porque los factores estructurales que están a la base de las situaciones de pobreza en que viven amplias capas de nuestra población no han sido superados.

La pobreza en el Perú va de la mano y está marcada por profundas desigualdades que tienden a reproducirse en el tiempo y en el espacio. Y, aun cuando en estos años de crecimiento económico algunas de las desigualdades puedan haberse moderado, éstas siguen siendo muy significativas en el país; amén de que otras nuevas han ido apareciendo y creciendo en el proceso.

La población es consciente de esas desigualdades y, en un contexto de crisis, la frustración de las legítimas expectativas de inclusión y bienestar social, pueden contribuir a un incremento de la anomia y la conflictividad social y la inestabilidad política de pronóstico reservado para el desarrollo humano.

Pobreza(s). Realidades y percepciones
En el Perú hemos usado esos diversos métodos para dimensionar la pobreza y su impacto sobre las condiciones de vida de la población nacional. Están allí las mediciones de desnutrición crónica, anemia, de las llamadas “necesidades básicas insatisfechas”, muy asociadas al acceso a servicios públicos, vivienda, y por cierto las crecientes mediciones de los niveles de ingresos y gastos…como aproximaciones a una situación que a lo largo del mismo periodo de tiempo pasó a ser un tema central de preocupación cotidiana de la población y de la agenda pública: la “masificación” de la pobreza.

Cualquiera de estas metodologíasprioriza un factor o un grupo de factores que por diversas consideraciones son valorados como importantes por los analistas o los estados para caracterizar una situación y de cada uno de ellos se derivan campos de acciones o intervenciones que resultan importantes para definir una política pública o un conjunto de políticas públicas. El queha destacado y ganado terreno en el país es el de “línea de pobreza”.Se ha generalizado asíel uso del indicador de “pobreza monetaria” sea esta “total” o “extrema” como medida sintética de la situación de pobreza en que han vivido y aún viven amplias capas de la población nacional de acuerdo al gasto per-cápita del hogar del que forman parte. 

El problema surge cuando nos quedamos con la atención puesta en el indicador y perdemos de vista el conjunto -lo que puede pasarcon cualquier método que usemos-, y terminamos teniendo un mirada quiérase o no reduccionista, incluso unidimensional de la pobreza, cuando esta es una situación a la vez de naturaleza estructural, multidimensional y multicausal. Al ocurrir ello, corremos el riesgo de no tener una política de lucha contra la pobreza sostenible y con probabilidad de éxito. Algo de ello está a la base de la llamada trampa de los países de ingresos medios.

Una aproximación crítica a esa mirada reduccionista la tenemos en la reacción ciudadana que ha acompañado los periódicos anuncios sobre la evolución que ha tenido la pobreza monetaria en el país, del 2000 en adelante.“¿Quién le cree al INEI?” es una expresión que a lo largo de los años, nos ha tocado escuchar tras las presentaciones de “las cifras de la pobreza” basadas en información de la ENAHO. Una expresión que a su vez da cuenta de una intuición, cuando no de un conocimiento directo de la complejidad de la pobreza.

Otra manera de mirar lo mismo la ofrece la propia ENAHO, cuando comparamos la medición de pobreza monetaria con la auto-calificación de los entrevistados. Así por ejemplo, según las cifras de INEI, la proporción de población “no pobre”, es decir con un gasto per-cápita por encima de la línea de pobreza monetaria, ha venido creciendo para llegar en los años 2012/2013, a representar las tres-cuartas partes de la población total; de estos, solo uno de cada diez entrevistados se reconoce o se considera NO pobres.

El descreimiento ciudadano que subyace a la interrogante mencionada está fundado en una intuición correcta: la pobreza monetaria no refleja suficientemente bien el conjunto de factores que la gente asocia en su vida diaria con pobreza. Esto se puede verificar al incorporar en el análisis otros indicadores de bienestar/malestar como por ejemplo los vinculados a medición de necesidades básicas insatisfechas, el déficit calórico, entre otros. Así, mientras que de acuerdo al método de línea de pobreza solo uno de cada cuatro hogares sufre de pobreza monetaria, el índice de bienestar/malestar aparente que se utiliza en la MCLCP, nos dice que dos de cada cuatro hogares del país sufre al menos una de las privaciones antes mencionadas.

Es importante destacar que el comportamiento conjunto de los factores que la gente asocia en su vida diaria con bienestar/pobreza es más lento que el que muestra el indicador de pobreza monetaria. Un caso concreto de la historia reciente del país es Madre de Dios uno de los departamentos con más bajas tasas de pobreza monetaria a lo largo del periodo, pero sumido en una diversidad de situaciones (desde carencia de todos los servicios básicos, hasta explotación sexual infantil y trata, pasando por deterioro ambiental) que distan mucho de poder ser caracterizadas como de bienestar.

La pobreza monetaria no refleja suficientemente bien el conjunto de factores que la gente asocia en su vida diaria con pobreza

Expectativas y desafíos
Una de las cosas más valiosas que ha tenido el ciclo de crecimiento registrado en los años precedentes ha sido el demostrarnos a todos los peruanos y peruanas que las cosas pueden ser diferentes. Esta parte de la lección parece estar aprendida, lo que es positivo, y tiene como corolarioel incremento de las expectativas ciudadanas.

Hay sin embargo otras lecciones a sacar del proceso y que aún no están suficientemente aprendidas y que pueden hacer la diferencia entre convertir las expectativas en el impulso a la acción o hacer de ellas la antesala de una nueva gran frustración nacional, con los desenlaces a que las frustraciones colectivas pueden llevar a una sociedad poco cohesionada, con baja autoestima, con profundas desigualdades no resueltas como aún tenemos como país.

Entre estas lecciones son de destacar, entre otras, las siguientes:

      • La democracia y la descentralización han sido el marco de uno de los ciclos de crecimiento económico que hemos tenido como país. Debemos cuidar y consolidar ese marco, como se establece en las políticas de estado del Acurdo Nacional.
      • La diversidad es un activo muy importante para el país y cuando lo tomamos en consideración podemos producir grandes saltos como ha ocurrido con la gastronomía, el componente más reconocido internacionalmente de la marca país. 
      • La inclusión es una demanda vigente. Lo avanzado en este campo aún no cubre la demanda.
      • A su vez, un componente clave de la demanda de inclusión es la demanda de equidad social tal como se plantea también en las políticas de estado de Acuerdo Nacional. 
      • Un solo motor no es suficiente para sostener el desarrollo nacional en el largo plazo. La diversificación productiva y el empleo de calidad son condiciones claves para ello.
      • Como lo es que las actividades se realicen en armonía con el medio ambiente.
      • Tenemos que invertir más y más en el desarrollo de capacidades humanas. Esta es la inversión estratégica que un contexto adverso no debe poner en peligro. Las debilidades que hoy tenemos en estas áreas son resultado de malas políticas del pasado que no debemos repetir en el presente o en el futuro. La protección del gasto social del que dependen la identidad, la salud, la nutrición, la educación o la seguridad de la población, es fundamental.

En este contexto y ad portas de las elecciones regionales y locales, es importante promover los Acuerdos de Gobernabilidad para el periodo 2015-2018 con propuestas en las dimensiones social, económica, ambiental e institucional, como parte de un esfuerzo para construir consensos básicos para la acción conjunta entre estado y sociedad civil.

 

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