¡Tú te callas!

Luzmila Mendívil Trelles de Peña Profesora principal del Departamento de Educación de la PUCP
Ideele Revista Nº 273
Foto: Pantopía.

El autoritarismo en el Perú está marcado por una historia signada por relaciones de imposición, y por ende de ausencia de diálogo y participación a diversos niveles.

El autoritarismo implica obediencia, sujeción, imposición, sometimiento, por tanto, es totalmente contrario al reconocimiento del ser humano como sujeto de derechos. El autoritarismo parte de una negación de la condición humana, la cual se instrumentaliza al asumir a la persona como un objeto en tanto carece de voluntad, de autonomía y de opinión.

En el contexto peruano el autoritarismo con frecuencia ha sido naturalizado, es decir, asumido como natural de modo que el ser autoritario se constituye como un hábito, una conducta aceptable y en determinados contextos hasta socialmente esperada.

El autoritarismo se forma desde las primeras socializaciones, desde los primeros contactos. Siguiendo el modelo ecológico este aprendizaje se inicia en la familia y evoluciona más tarde a la institución educativa, los amigos, la comunidad y el país. Es decir, progresivamente va comprometiendo los diversos ámbitos de socialización hasta alcanzar los más altos niveles. De esta manera se constituye un espiral de relaciones autoritarias que progresivamente va conquistando diversos ámbitos.

Cuando en el hogar, el padre o madre imponen su punto de vista por la sola condición de ser progenitores, están enseñando al hijo o hija -así como al resto de la familia- que la condición define la concentración de poder en determinadas personas, que esto es un hecho natural, y además que el poder se ejerce de una determinada manera. Esto puede hacerse con un bebe, un niño o niña, un adolescente, una persona adulta y aún con alguien de la tercera edad. El patrón de base siempre es el mismo: uno ejerce poder sobre el otro y esto se aprende desde el seno familiar, que es el espacio de los primeros aprendizajes. ¿Quién domina? ¿Quién es dominado? ¿Quién y por qué tiene derechos sobre otros? ¿Cómo se vinculan poder con saber? ¿Cómo se vincula poder con poder económico? Podría citarse una serie de aprendizajes domésticos en una primera instancia que luego se transfieren a la esfera social llegando a configurar parte del imaginario colectivo.

¿Quién no ha escuchado o se ha enfrentado a frases tales como “Tú te callas”; “En esta casa se hace lo que yo digo”; “Si no te gusta ¡te vas!”, “¿Quién eres tú para decir que esto es así?”? Generalmente estas frases son empleadas por alguno de los miembros de la familia que coincidentemente son quienes brindan el sustento económico, y se dirigen a quienes carecen de medios para manejarse independientemente. Son frases que parten de una posición de inequidad,desde una posición de poder, frente a alguien que no lo tiene. Son por tanto frases que parten de un profundo desconocimiento del interlocutor como un “otro” sujeto de derechos. Son frases que humillan y socavan la autoestima del otro y que en el caso de las relaciones parentales proceden de quienes deberían otorgar la seguridad emocional básica necesaria para cimentar personalidades resilientes y equilibradas.

"Estos sistemas escolares punitivos reafirman los aprendizajes domésticos verticales y gestan personalidades violentas, amenazantes, poco tolerantes y fundamentalistas".

El autoritarismo en sí mismo constituye una forma de violencia que adicionalmente se vincula con un castigo impuesto por quien ejerce autoridad. De esta manera, desde un inicio se aprende que uno obedece ante la potencial amenaza o castigo, pero lo más delicado es que cada uno aprende que las conductas socialmente esperadas no son necesarias para la convivencia, y menos son producto de la convicción, de la autonomía o del autocontrol. Esto progresivamente impactará en el desarrollo moral que el sujeto alcance.

Muchas veces las instituciones educativas reproducen estos mismos patrones con la presencia de docentes y personal directivo autoritarios que no favorecen el diálogo, ni los acuerdos, sino más bien fomentan la imposición de actividades, el castigo y el control como ejercicio cotidiano. Estos sistemas escolares punitivos reafirman los aprendizajes domésticos verticales y gestan personalidades violentas, amenazantes, poco tolerantes y fundamentalistas. De esta manera, la institución educativa pierde la oportunidad de constituirse en un espacio de formación ciudadana, de ejercicio de derechos y de convivencia democrática.

Como sostiene Barreto (2013:239) “autoritarismo implica el desconocimiento del otro”; implica concentración del poder y supone un punto de partida errado: existe una verdad absoluta que es incuestionable y, lo que es peor, existe un poseedor de dicha verdad.

Desde la esfera social y política cabe preguntarse: ¿Es posible vivir en una sociedad democrática si se desconoce al otro? ¿Es posible vivir en democracia sin reconocimiento de derechos fundamentales? ¿Puede existir democracia sin participación? ¿Puede existir democracia sin respeto? ¿Qué demanda la participación política? ¿Qué tipo de ciudadanos requiere el Perú para pasar de una conducta moral controlada por otro, a una conducta auto regulada?

El hogar, la institución educativa, la calle, el barrio, la ciudad, las organizaciones sociales, las instituciones públicas, la realidad cotidiana del país son espacios habituales de aprendizaje. Son espacios dinámicos que interaccionan diariamente, se imbrican y potencian entre sí. Estos espacios modelan conductas dependientes o autónomas; respetuosas o faltas de respeto; tolerantes o intolerantes, de monólogo o de diálogo; de verticalidad o de horizontalidad; de responsabilidad o de irresponsabilidad.

¿Qué país somos y qué país queremos ser? La respuesta a estas preguntas depende de la acción cotidiana, desde el micro, hasta el macro nivel. Es un aprendizaje del día a día, que debe interpelar las prácticas de relación entre las personas. independientemente de la edad y del ámbito de socialización en el que se encuentren. Para ello es preciso recuperar la capacidad de asombro como mecanismo para cuestionar, criticar y motivar el cambio de aquellas conductas autoritarias naturalizadas. Ni la más mínima concesión debe ser admitida. Como sostiene Burt (2011), “solo así podrán construirse otras formas de convivencia que permitan vivir una sociedad civil sólida e independiente” que dé lugar a la acción colectiva libre, y organizada en torno a intereses, propósitos y valores compartidos, caracterizada por la tolerancia, la democracia y la ciudadanía.

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En realidad lo que niega el

En realidad lo que niega el autoritarismo es que el ser humano es un ser intencional constructor de su propia realidad. El autoritarismo refuerza la creencia de que la conciencia es pasiva y que el que tiene el "poder" tiene el derecho de llenar de "información", "modelos conductuales" etc. a quienes están en formación imponiendoles su propio paisaje, es decir la sensibilidad social y cultural en el cual crecieron y se formaron. De esta manera el sistema de cosificación del ser humano se retroalimenta. Salir de este circulo vicioso requiere la construcción genuina de un diálogo intergeneracional en el cual se promueva el aprendizaje intencional, es decir se reconozca al otro como ser humano con intención y capaz de aportar en la humanización de la tierra. Estos espacios de aprendizaje, como lo refieren enel artpiculo, trasciende a la escuela pues todo adulto que entra en contacto con las nuevas generaciones educa.

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