El cambio climático y la revolución energética

Jorge Andrés Guerra Físico de la Pontificia Universidad Católica del Perú
Ideele Revista Nº 271
Foto: Revista Eólica

Cuando hablamos del cambio climático, típicamente nos referimos al  incremento del CO2 en la atmósfera debido a la actividad humana y los desastres naturales de los que somos responsables debido al calentamiento global por el efecto invernadero[1]. Sin embargo, ¿realmente nos sentimos responsables?, la respuesta inicial para una gran mayoría seguramente es sí, pero luego de un rato la mayoría lo olvidamos y no volvemos a pensar en ello. Por eso creo que es importante hacer una breve revisión del impacto que ha tenido nuestra especie en su corto recorrido a lo largo de la historia de la vida en el planeta para sentar las bases de nuestra responsabilidad con las generaciones futuras.

Las catástrofes ecológicas de las que nuestra especie es responsable no se limitan al impacto de la revolución industrial de hace unos 200 años, sino que remontan a la época de cazadores y recolectores, hace más de 70 000 años[2]. Sin ánimos de atribuirnos culpas, los seres humanos, debido a la caza excesiva, hemos acabado con casi la mitad de toda la mega-fauna terrestre y 2/3 de todos los géneros de los grandes mamíferos, en un lapso de tiempo extremadamente corto en la escala geológica. Con la revolución agrícola, la domesticación de algunos animales y plantas hace unos 10 000 años, los seres humanos comenzamos una explosión demográfica y un crecimiento que cambió irreversiblemente la faz del planeta y para la cual elequilibrio del ecosistema no es capaz deajustarse2,[3].

La revolución industrial trajo consigo una incontable serie de innovaciones tecnológicas que han facilitado aunmás el crecimiento de nuestra población. No obstante, como ya sabemos, estas revoluciones ocurrieron a costa de la explotación humana y degradación del medio ambiente.Los seres humanos no hemos pasado estas revoluciones realmente siendo conscientes del impacto adverso que tendrían sobre nuestro entorno y generaciones futuras. Sin embargo, hoy la evidencia de nuestro rol en el cambio climático es abrumadora, por lo que es nuestra responsabilidad invertir esfuerzos en alternativas que frenen el tren del cambio climático inducido por el hombre.

Recientemente, el banco mundial a través de un policypaper, insta a Australia y Nueva Zelanda a elaborar un programa de migración para trasladar a los habitantes de Tuvalu y Kiribati, dos islas del Pacífico que actualmente se encuentran  en peligro de desaparecer por la elevación del nivel del mar. Esta medida de adaptación, representaría la primera gran movilización de refugiados por causa del cambio climático[4]. Pese a que estamos situados en el otro extremo del Pacífico, el cambio climático no es un evento ajeno a nuestro país. Hace solo unos pocos meses vivimos un “Niño costero” que dejó 84 fallecidos, 269 heridos, y más de 111 mil damnificados, sin contar el número de afectados por el incremento de enfermedades posterior[5]. Y si Lima lo vivió de cerca con los cortes de agua e inundaciones, es importante resaltar que el 60% de damnificados se encuentran en el norte del país.

 

"Los costos de una demora en la implementación de estas políticas están asociados no sólo a los daños directos debido al cambio climático, sino  también a la inevitable implementación posterior de medidas tardías".

La revolución energética

Hoy en día existen cada vez más intentos por frenar la degradación de nuestro ecosistema. Con el fin de que estos esfuerzos logren el impacto deseado, es necesaria la cooperación y voluntad política de todas las naciones. De ahí la importancia, por ejemplo, del acuerdo de París, o previamente el protocolo de Kyoto. La demora en la implementación de políticas para la reducción de la emisión de CO2 tendría efectos adversos sobre la economía. Los costos de una demora en la implementación de estas políticas están asociados no sólo a los daños directos debido al cambio climático, sino  también a la inevitable implementación posterior de medidas tardías[6].

A través de medidas planificadas y políticas de inversión en tecnología para el uso de recursos renovables, es posible fomentar el uso de fuentes de energías alternativas. Por ejemplo, las tarifas de reembolso por la producción de energía inyectada a la red de suministro eléctrico usando paneles solares ha sido una estrategia utilizada ya por varios países, e.g. China, Alemania, EEUU,México, Chile, etc. Estas han tenido un impacto favorable en la economía, reduciendo el costo de los sistemas de paneles solares e inversores en el mercado hasta en un 30% en la última década. Lo cierto es que desde ya hace dos décadas existen reportes que muestran que la implementación de políticas medio ambientales locales favorecen la innovación y transferencia de tecnologías[7],[8]. Es decir, favorecen el incremento en el número de nuevas patentes publicadas en respuesta a las políticas medio ambientales internas para alcanzar las metas establecidas por las mismas. Este ha sido el caso del desarrollo de tecnologías para el control de SO2 y NOx en el aire, en EEUU, Alemania y Japón8.

Actualmente, China se encuentra invirtiendo cientos de miles de millones de dólares en energía limpia. Recientemente ha inaugurado la mayor planta solar flotante del mundo. De hecho, y muy contrario a lo que el Presidente Trump expresa regularmente, la inversión en energía limpia genera empleos. China posee 3.5 millones de puestos de trabajo en el rubro de energía solar. Esto representa el 43% de puestos de trabajo en el mundo en este rubro, de los cualessolo 11% se encuentran en EEUU. La inversión China del 2016 al 2020 pretende crear 13 millones de trabajos en el sector de energías renovables[9]. Se estima que para el 2020, en lugares de alta irradiancia solar como los Emiratos Árabes Unidos, Chile e India, el costo de energía solar será menor que el de carbón, petróleo y gas. Dentro unos años más, lo mismo sucedería en países con menor irradiancia, como Alemania[10]. En otras palabras, estamos viviendo los inicios de una revolución energética sin precedentes.

 

 "La generación de empleo debe ir acompañada por la formación de personas que puedan ocupar esos empleos y ese es un reto adicional que debe abordarse en el país".

Uno de los principales retos en el uso de energía solar es su almacenamiento. Si bien con la legislación e infraestructura apropiadas es posible abastecer la red de suministro eléctrico con electricidad producida por paneles solares, instalados por ejemplo en hogares, esto tiene un límite. En este escenario aparece el hidrógeno como una alternativa atractiva como medio de almacenamiento y transporte de energía. El hidrógeno es abundante en forma de agua, su combustión con oxígeno produce la misma y no es tóxico.

Son tres las ramas de investigación en cuanto al hidrógeno y su potencial uso como fuente energética: producción, almacenamiento y combustión. Existen varios métodos para la producción, pero el principal objetivo es aumentar la eficiencia y reducir costos en los procesos de producción para hacerla competitiva. En cuanto al almacenamiento, se busca explotar técnicas que permitan guardar/extraer suficiente hidrógeno de manera segura. Finalmente, la combustión hoy en día se enfoca en la tecnología de las celdas de combustible para producir electricidad usando hidrógeno. El objetivo en esta rama es reducir los costos y aumentar la durabilidad de las celdas. La economía del hidrógeno aún tiene que superar los costos en comparación a otras fuentes energéticas para ser competitiva y por eso hay que impulsarla.

¿Por qué invertir en energías renovables en el Perú?

Actualmente en Perú consumimos alrededor de 50 000 GW/h al año. Este consumo ha exhibido un incremento constante en los últimos 20 años. En 1997, el 74% de la energía del país provenía de recursos hídricos de un total de 15 000 GW/h. Hoy, debido a la creciente demanda, solo el 47% corresponde a recursos hídricos, mientras que el resto se obtiene a través del gas natural. Solo el 0.5% de nuestros ingresos energéticos son producidos por energía solar. Sin embargo, en el Perú tenemos una de las irradiancias solares más altas del mundo, mayor a los 2500kWh/m2 en Arequipa, Moquegua y Tacna. Estos niveles son similares o ligeramente mayores a las registradas en el desierto del Sahara[11].

El Perú tiene un potencial energético enorme. De hecho, el grupo ENEL tiene estimado culminar el proyecto Rubi para el año 2018, en el marco del cual se instalan alrededor de 3 500 paneles solares al día. Esta planta espera producir 440GWh al año, suficientes como para abastecer 350 mil hogares peruanos y contribuir con una reducción de 211 mil toneladas de CO2 al año[12]. Después de lo discutido en párrafos anteriores, es natural pensar que el impacto de este tipo de inversión ha de ser muy favorable para la economía del país. Sin embargo, solo podremos aprovechar las oportunidades que estas inversiones crean si éstas son acompañadas por políticas y reformas en el sector educativo. La generación de empleo debe ir acompañada por la formación de personas que puedan ocupar esos empleos y ese es un reto adicional que debe abordarse en el país. A puertas de esta revolución energética, en Perú vale la pena invertir en energías limpias, pues este es un mecanismo de transferencia de tecnología, generación de empleo y desarrollo de actividades de innovación locales.

 



[2]Yuval Noah Harari, “Sapiens: Una breve historia de la Humanidad”

[7] A. B. Jaffe and K. Palmer (1997), “Environmental Regulation and Innovation: A Panel Data Study.” Review of Economics and Statistics79(4) 610-619.

[8] D. Popp (2006), “International Innovation and Diffusion of Air Pollution Control Technologies: The effects of NOX and SO2 Regulation in the U.S., Japan, and Germany.” Journal of Environmental Economics and Management51(1) 46-71.

 

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