El prólogo que no escribí

César Bazán Seminario Ex coordinador del Área de Seguridad Ciudadana del Instituto de Defensa Legal
Ideele Revista Nº 269

Invitación a la lectura de Cuando los cerros bajan, de Arturo Huaytalla Quispe


Dejé la coordinación del área de IDL-Seguridad Ciudadana en junio de 2016 y el libro bajo comentario fue publicado varios meses después. Pero como los partos editoriales suelen ser largos, la decisión institucional de publicar el libro y, lo más difícil, asegurar su financiamiento fueron victorias conseguidas mientras aún dirigía el área. Si no hubiera dejado el IDL, sin dudarlo me hubiese ofrecido para escribir un prólogo parecido a este.

 

Las publicaciones académicas sobre temas relativos a la seguridad ciudadana y violencia criminal son escasas. Mientras que la inseguridad y el delito se consolidan como uno de los principales problemas del país, las universidades rehúyen de su tarea de producir investigación sobre aquello que preocupa prioritariamente a las peruanas y peruanos. Salvo excepciones, como algunos institutos, grupos de estudios o programas académicos, la producción, reflexión y debate de ideas en torno a la seguridad han sido ajenos al mundo universitario. En su lugar, como lo advierten Zárate, Aragón y Morel (IEP 2013: 37-38) el interés por la seguridad ciudadana se ha canalizado a través del trabajo voluntario de algunos académicos, a la par que los esfuerzos más sistemáticos por actualizar la dinámica de la seguridad provienen de los trabajos del área de seguridad ciudadana del Instituto de Defensa Legal (IDL).

Bajo esta constatación, uno de los retos del activismo en seguridad ciudadana es motivar que las universidades y centros superiores asuman su papel como lugar de producción y reflexión de ideas. Si bien es meritorio que se reconozca académicamente al IDL, el liderazgo científico debe ser asumido por las universidades y escuelas policiales. El motivo es una verdad de Perogrullo: sin estudios de calidad, que nos muestren las diferentes aristas del problema de la inseguridad, es imposible generar respuestas eficaces.

A partir de lo dicho, voy a resaltar algunas de los motivos por los que invito al público en general y al público especializado a que lea la publicación de Arturo Huaytalla, Cuando los cerros bajan. Estudio de la violencia delictual de dos barrios limeños: los cerros San Cosme y El Pino (IDL: 2017).

La primera razón para leer este trabajo es que aporta información y análisis de calidad sobre varios asuntos. Si bien, como decía, las publicaciones académicas sobre seguridad ciudadana y violencia criminal en el Perú son escasas, Huaytalla ha hecho un esfuerzo descomunal para seguirles la pista. Como buscando agujas en un pajar, Huaytalla halla textos y elabora una línea histórica sobre lo que llama Los cambiantes abordajes de los estudios de la delincuencia en el Perú. Esta sección del capítulo 1 resultará de interés para los investigadores, puesto que es una valiosa sistematización de lo producido intelectualmente durante más de un siglo en el Perú.

Igualmente, las personas que buscan miradas diferentes al problema de la seguridad, encontrarán en el capítulo 1, sección 1, un debate interesante sobre la teoría con que Huaytalla analizará San Cosme y El Pino: la ecología del delito, teoría que presta atención al ambiente y su relación con la delincuencia. Este abordaje estudia el barrio para entender la violencia delictual que hay en él. ¿Por qué en San Cosme la violencia se manifiesta de tal o cual manera? ¿Por qué es de otra manera en El Mirador El Pino? Una mirada a las particularidades nos permite dar respuestas específicas de seguridad para cada localidad.

 "¿Por qué en San Cosme la violencia se manifiesta de tal o cual manera? ¿Por qué es de otra manera en El Mirador El Pino? Una mirada a las particularidades nos permite dar respuestas específicas de seguridad para cada localidad".

El capítulo 2, 3 y 4 fueron escritos tras un conocimiento profundo de lo que sucede en El Pino y San Cosme. Para ubicar al lector –y sin adelantarme a lo que Huaytalla reseñará en el capítulo 5–, El Pino y San Cosme son conocidos en el imaginario limeño como barrios peligrosos, en realidad como muy peligrosos. Pero no solo eso, también son emblemáticos. Huaytalla nos dice para justificar porqué eligió ambos lugares que Los barrios de San Cosme y El Pino son de los más emblemáticos de la ciudad de Lima. La historia del primero empieza en 1946 y se considera la primera invasión planificada por personas organizadas en una propiedad privada. Por su parte, El Pino fue inicialmente constituido como una cooperativa en 1967 y en 1972 se convirtió en “Pueblo Joven”. Ambos comparten mercados, historia y connotación social de ser “muy peligrosos" (2016: 18).

Si el lector está interesado en los hallazgos de Huaytalla Quispe, pero sobre todo en comprender el ambiente en el que se producen las relaciones sociales, especialmente la violencia delictual en San Cosme y El Pino, recomiendo revisar los capítulos 2, 3 y 4. Esas páginas son de lectura obligatoria para promotores de derechos, como comisarios y policías de esas localidades, gerentes y serenos de seguridad ciudadana municipal, asistentes sociales, etc. Sobre estos capítulos, que son la “carnecita” del libro, no escribo más. Para no quemar la película –decía cuando era chico. Para no spoilear –se dice ahora huachafamente en Lima.

En el capítulo 5 Huaytalla revisa la prensa escrita: la construcción de San Cosme y El Pino como barrios peligrosos. Este capítulo es un estudio interesante sobre qué dicen los medios escritos sobre ambos barrios. Evidentemente el análisis arroja estigmatización, pero también otros hallazgos. Aquí expongo una crítica que le hice a Huaytalla cuando leí un manuscrito del libro en julio de 2015. El capítulo 5, que intenta vincularse a la cotidianidad de las vecinas y vecinos de El Pino mediante una encuesta aplicada a ellos, se siente desconectado de la lógica del estudio. El libro pudo haber terminado en el capítulo 4 y guardado coherencia. El capítulo 5, que evidentemente suma, no entra en la estructura que concatena los capítulos anteriores. Por otra parte, hubiera sido interesante –bajo la idea de mantener el capítulo 5- utilizar otras aproximaciones teóricas, como el análisis crítico del discurso.

"El tercer motivo para leer este libro es que se trata de una suma de esfuerzos. Mucha gente, muchas instituciones aportaron para que el texto de Huaytalla pueda ser difundido en formato libro".

La calidad del libro es el primer motivo para leerlo. El segundo motivo se asemeja a una falacia de autoridad, sin serlo. El autor es un sociólogo de la universidad pública más importante del país y el libro es su tesis de pregrado, valorada con la máxima calificación. Sin duda, Huaytalla es de los más destacados de su código (generación). En el 2017 suma más de tres libros publicados y varios artículos académicos y periodísticos, a la par que sus apariciones en prensa van haciendo de él un referente ante la opinión pública en cuestiones de seguridad.

El tercer motivo para leer este libro es que se trata de una suma de esfuerzos. Mucha gente, muchas instituciones aportaron para que el texto de Huaytalla pueda ser difundido en formato libro. Bajo el liderazgo de Huaytalla, estudiantes realizaron encuestas, aportaron para el trabajo de campo y análisis de la información. Otras personas le ayudaron en la corrección de estilo. Asimismo, vecinas, vecinos y policías, entre otros, entregaron su tiempo y conocimiento para el éxito del proyecto académico. Tras el investigador se aglutinaron no solo el respaldo financiero de la Universidad Mayor de San Marcos, sino también el apoyo académico de su tutor de tesis y sus profesores universitarios, la colaboración del Instituto de Defensa Legal –especialmente del área de Seguridad Ciudadana, que incorporó la labor de redacción de la tesis como una de las tareas laborales de Huaytalla–, la de la agencia Cities Alliance –que aceptó gustosamente financiar la publicación del libro– y la de otras agencias de cooperación. Los libros suelen ser proyectos colectivos, en el que muchas personas e instituciones aportan. En el caso de IDL-Seguridad Ciudadana nos sumamos a un trabajo que avizoraba ser valioso. Sin esa convicción no hubiéramos entrado al proyecto. Creo hacer honor a la verdad, cuando digo que no nos equivocamos. El IDL no se equivocó.

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