Para que no se repita...

Ideele Revista Nº 232

Celebración del décimo aniversario de la entrega del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. (Foto: Andina)

Ahora que se cumplen 10 años de la presentación del Informe finalde la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) y que hay intereses en refundirlo en el fondo del olvido, se me ocurre recordar que, mirado a la distancia, lo que vivimos durante ese largo y difícil periodo de nuestra historia lo incubamos a través de los años previos, cuando las estructuras injustas hicieron posible el surgimiento y desarrollo de un grupo terrorista.

A la luz de la historia, los hechos tienen causas y, mirados con alguna distancia, podemos verlas con cierta nitidez. La aparición de Sendero Luminoso fue el resultado de varios intentos fallidos de reformas que empezaron con el primer gobierno de Belaunde y siguieron con la revolución velasquista. Creo que podríamos incluir también el primer gobierno de García, en quien el pueblo puso grandes esperanzas que fueron motivo de uno de los mayores desengaños.

Las cosas no pasan porque a alguna persona o a varias se les ocurren. De tal modo, por ejemplo, a pesar de su genio, Napoleón no hubiera sido posible en Inglaterra, ni Hitler en los Estados Unidos; y así podría seguir enumerando ejemplos. Se tienen que dar las circunstancias para que algo ocurra; incluso la historia de las ideas, la filosofía, resulta de ciertas coyunturas. No quiero restar importancia a la capacidad y grandeza de algunos de los grandes hombres, pero me temo que son mucho más las condiciones sociopolíticas y culturales, entre otras, las principales causas de los acontecimientos históricos.

Es evidente que Sendero no hubiera sido posible en Suiza, para repetir una frase que he usado en otras oportunidades. Tenemos la costumbre —bastante miope, por cierto— de culpar a algunas personas de nuestros males. Así, hay sectores que responsabilizan a Velasco, otros a García y, por supuesto, muchos a Fujimori, olvidando que a todos ellos los “produjimos” nosotros, ciudadanos y ciudadanas, como sociedad incapaz de resolver sus propios problemas. Sin embargo, si alguien tiene que reconocer su mediocridad y falta de visión de futuro es la clase dirigente que ha gobernado nuestro país durante la República y que, con pocas excepciones, ha actuado mezquinamente y pensando en sus intereses de corto plazo, porque ¿a quién le convendría más que a ésta que hoy tuviéramos un país más desarrollado? A diferencia de las de Chile y Colombia, nuestra clase dirigente es, por desgracia, bastante ignorante, porque, con pocas excepciones, lee muy poco.

La tarea que tenemos por delante —y es de todos, pero en especial de la clase dirigente— consiste en construir un país donde lo ocurrido “no se repita”, un Perú predecible en el que podamos planificar con ciertos márgenes de seguridad nuestra propia vida y la de nuestros hijos, una patria con instituciones sólidas que eviten desagradables sorpresas. Mas hay que tener presente que uno de los más importantes ingredientes con los que deberá contar es la tolerancia y el respeto por la opinión ajena. Ninguno de nosotros es dueño de la verdad, de modo que resulta absurdo descartar a los otros por el simple hecho de no estar de acuerdo con lo que pensamos. A los únicos que no tenemos por qué aceptar es a los intolerantes y fundamentalistas. Nuestros derechos terminan donde empiezan los de los demás, pero también los de ellos acaban donde comienzan los nuestros.

En este décimo aniversario del Informe de la CVR tendríamos que hacer una promesa como país comprometiéndonos “para que no se repita”, para que nunca más Sendero sea posible en el Perú… Y eso nos obliga a construir una sociedad más justa.

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Es justamente lo que necesita el Perú, gente decidida y con dignidad, que pueda unirse en una sola voz, y con el corazón en la mano, para defender nuestra patria y ciudadanía y así, construir el futuro del país con justicia e igualdad.

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