PPK: ¿hipo o repunte?

José Carlos Requena Socio principal de 50+1, grupo de análisis político
Ideele Revista Nº 269
Foto: Presidencia Perú/Flickr.

Las cifras de las recientes encuestas de opinión pública han dado mucho que hablar. Como se sabe, entre marzo y abril, según el sondeo de Ipsos-Perú, el presidente Pedro Pablo Kuczynski tuvo un incremento significativo de once puntos porcentuales, el mayor en lo que va de su gestión.

Así, los desastres causados por huaicos y desbordes no solo terminaron salvando a uno de sus ministros, sino que le dan un nuevo aire a una breve trajinada gestión, que aún no completa un año en funciones. Aunque algunos entusiastas se centran sobre todo en las posibilidades que esta coyuntura brinda, es necesario sopesar los retos que implica: de ello dependerá saber si lo que se observa es un repunte sostenible o solo una temporal mejoría.


La política

Un primer detalle que salta a la vista es la distancia que ha primado hacia el ejercicio de la política en la administración Kuczynski, desde su instalación en julio del año pasado. Distancia que puede complicar las cosas cuando vuelvan a la normalidad y el ánimo solidario de la emergencia vire a uno de impaciencia durante la reconstrucción.

A la composición mayoritariamente técnica del gabinete le han seguido sucesivas menciones en que se desdeña la importancia de la política. Por ejemplo, en diciembre del año pasado, Fernando Vivas le preguntaba al primer ministro Fernando Zavala sobre las lecciones que había sacado de sus meses en el puesto. “Es una gran oportunidad trabajar en el gobierno del presidente Kuczynski, que tiene unas ganas de hacer las cosas diferentes. No somos políticos tradicionales, no esperen que me comporte como un político tradicional, yo soy más del lado técnico: muchas veces tengo que generar habilidades políticas para moverme en un mundo político”, indica Zavala. Y luego agrega, quizás sin percatarse que gobernar es hacer política: “Pero no estoy acá para hacer política, estoy acá para llevar a cabo un plan de gobierno centrado en los ciudadanos”. ¿Prima la gestión sobre el gobierno?

No precisamente, según Zavala, que insiste: “La política la vamos a hacer, tengo admiración por ella, es importante. Pero la haremos de forma diferente, gestionando para las personas”.

Es esto, precisamente, lo que parece haber percibido la gente durante la emergencia: la cercanía de los funcionarios hacia las personas. ¿Se mantendrá durante la reconstrucción? Algo difícil, considerando los numerosos problemas que tienen que atenderse.

El 17 de abril, el presidente Kuczynski dio un atisbo de lo que parece retornará en breve: la terca distancia a la política. “Ahora [vamos] a trabajar, no vamos a hacer política, siempre nos dicen que no somos políticos, yo creo que el pueblo peruano no quiere política, quiere desempeño, éxito, quiere ver que se hagan las cosas”, dijo en una visita al norte del país.

Habría que decir, sin embargo, que la política no tiene por qué estar reñida con el buen desempeño ni con el éxito.

 

El gabinete

Otro frente a considerar es el gabinete, compuesto en su mayoría por personas sin recorrido político, con una dilatada experiencia en el sector privado. En lo que va de la administración, han dejado su puesto dos ministros y uno ha cambiado de cartera. Como se recuerda, el entonces Ministro de Educación Jaime Saavedra fue censurado en diciembre, mientras que, días antes, Mariano González, había tenido que abandonar el Ministerio de Defensa envuelto en un escándalo de índole personal. Como si el abanico de posibilidades fuera limitado, Jorge Nieto tuvo que dejar Cultura para hacerse cargo de los asuntos militares.

Más recientemente, el vicepresidente y Ministro de Transportes Martín Vizcarra se salvó de una eminente censura, cuando el desborde de manifestó incontenible.

Como se ve, y sin contar los apremios originados por funcionarios de menor rango (viceministros, secretarios generales,procuradores: dispendios, cuestionables nombramientos, acusaciones infundadas, entre otros) en casi todos los sectores, las respectivas carteras parecen haberse manifestado más como una carga y no, como se espera, como un pararrayos a la figura presidencial.

Esta situación cambió, de alguna manera, durante la imperiosa emergencia. Pero en días más recientes ha regresado la apatía. ¿Cuál será el ánimo que brinde en los meses próximos?

"De los pocos voceros parlamentarios de la bancada oficialista, solo Juan Sheput hace una defensa coherente y casi permanentes de la figura presidencial, a pesar de sus roces con algunos miembros del Ejecutivo o de su propia bancada".

La bancada

Un espacio poco explotado y que aparece muy relegado en la agenda presidencial es el rol de su bancada. Esta distancia se manifiesta, por un lado, en la producción legislativa de la bancada de Peruanos por el Kambio, que pocas veces parecen sintonizadas con el Ejecutivo; y, por el otro, en la labor de vocería de algunos congresistas.

De los pocos voceros parlamentarios de la bancada oficialista, solo Juan Sheput hace una defensa coherente y casi permanentes de la figura presidencial, a pesar de sus roces con algunos miembros del Ejecutivo o de su propia bancada. Los otros congresistas oficialistas con importante presencia mediática (el vocero Carlos Bruce, la vicepresidenta Mercedes Araoz o el proactivo Alberto de Belaunde) parecen empujar agendas algo ajenas a los intereses del Ejecutivo.

Además, salvo el rol de vocería que tienen Sheput y Bruce, que, por ende, los ubica como una suerte de gatekeepers delos proyectos de ley, es poca la coordinación que parece existir entre los miembros de la bancada, lo que se ha hecho patente en algunas votaciones emblemáticas, como la elección del Defensor del Pueblo o de algunos miembros del Banco Central.

¿Se mantendrá este aparente divorcio entre el Ejecutivo y (la que debería ser) su bancada?

 

El espacio subnacional

Desde antes de su juramentación, el presidente Kuczynski le prestó particular atención a los gobiernos regionales y locales. Ello se prolongó con las reiteradas reuniones con los gobiernos regionales y locales, el primero de los cuales despertó gran entusiasmo en algunos observadores.

Con el tiempo, sin embargo, esta relación parece haberse estado enfriando. Algunas decisiones se habrían tomado lejos del ánimo consultivo que había primado en las primeras reuniones. Por ejemplo, en marzo, el gobierno oficializó la creación de un nuevo ministerio al interior de la PCM.

Por otro lado, con la reciente propuesta del Ejecutivo para la creación de una Autoridad para la Reconstrucción, no termina aún de quedar del todo claro cuál será el rol de los gobiernos regionales y locales en la etapa de reconstrucción.

Así vistas las cosas, ¿serán los gobiernos subnacionales aliados colaboradores u más bien actores con grandes demandas y, en varios casos, con gran impaciencia?

           

Un repunte, un hipo

Vistas así las cosas, con poca expectativa de que cambien, lo más probable es que el notable repunte experimentado por la popularidad presidencial no sea más que hipo, la reedición de hechos similares en gobiernos precedentes que han tenido que enfrentar desastres. Alan García, por ejemplo, García subió 10 puntos entre agosto y septiembre del 2007, tras el terremoto de Pisco.

Que la situación sea distinta solo depende de un viraje en el énfasis que plante el presidente. Viraje que parece muy lejano. 

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