Venezuela en el espejo de la región

Santiago Mariani Coordinador en la Maestría de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Ideele Revista Nº 269
Foto: El Nacional

Aunque a finales de los años setenta del siglo XX comenzó el más largo y extendido ciclo democrático en la historia de América Latina, esa positiva continuidad, alcance y persistenciadebemos circunscribirla esencialmente a la dimensión electoral de nuestros regímenes. La nota distintiva es que hemos sido capaces de cerrar filas en torno al principio del acceso al poder solamente a través de procesos electorales celebrados con regularidad y sin restricciones, pero esa circunstancia que representa una condición necesaria aunque no suficiente para transformar a un régimen en democrático, nos obliga a una nueva revisión a la luz de lo que está sucediendo en la región en general y en Venezuela en particular. El colapso del régimen democrático en Venezuela y su retroceso hacia un ramplón régimen autoritario es acaso la peor imagen que devuelve el espejo de una región con democracias precarias. Es esa sustancia que permanece latente en nuestras entrañas y que se cuela entre las grietas e intersticios de nuestros regímenes. Son las corrientes subterráneas putrefactas, que por tanto tiempo nos agobiaron y que emergieron nuevamente al calor de ciclos expansivos de nuestras economías.

En Venezuela, el chavismo supo consolidarse como eje dominante de la política a través de un liderazgo que pudo conectar con los sectores más postergados. Esa demanda estaba pendiente después de un ciclo que giró sobre una democracia con partidos que se alternaban el poder, pero que había sido restringida en sus alcances. La competitividad electoral de ese ciclo, que sobrevino como resultado de un pacto entre las principales fuerzas políticas,perdió credibilidadcuando la ciudadanía comenzó a percibir que no había cambio alguno entre las opciones que se turnaban en el poder. Ya no importaba el partido que llegar a gobernar desde Miraflores, los sectores populares sentían que susituaciónno cambiaría en modo alguno. Esa democracia se fue vaciando así de contenido y su legitimidad crujiendo en una alternacia con falta de opciones reales de cambio.

En ese remolino sin esperanzas, Chávez irrumpió en escena con un intento violento de ocupar el poder,pero el fracaso de su intentona golpista lo fortaleció. La democracia en declive y desgastada lo liberó de la condena que había recibido para pacificar las almas y dejó su camino libre para que, mediante otra táctica, lograra su objetivo estratégico mayor. Una vez en el poder, al que llegó por una impecable elección democrática, hizo de las elecciones el mecanismo legitimador de su “revolución”. La táctica rendió sus frutos y un espacio de tiempo mayorque en un golpe logródominar de manera excluyente la escena política. Con cada confirmación que recibía en las urnas daba otro paso sobre una pluralidad que el régimen acorralaba en nombre de la justicia social. Las maniobras que fueron socavando lentamente los diques de contención a su liderazgo hegemónicose apalancaron en los recursos extraordinarios que Venezuela obtuvo en la más favorable bonanza petrolera de su historia. El costo de esa pretendida dominación sin fisuras fue la dilapidación de una cantidad multimillonaria de recursos que, administrados bajo otros criterios y con otros fines, hubieran dejado a Venezuela muy lejos de la dramática crisis económica y humanitaria en la que ha quedado sumida.

"El colapso del régimen democrático en Venezuela y su retroceso hacia un ramplón régimen autoritario es acaso la peor imagen que devuelve el espejo de una región con democracias precarias".

Cargar las tintas del desastre venezolano solamente sobre el chavismo, o peor aún bajo un marco ideológico que pretenda explicar la dinámica como resultado de un gobierno de izquierda, sería parcializar el asunto y errar en la cuestión de fondo. Es preciso incluir en el análisis la trayectoria de un sector importante de la oposición que nunca reconoció al chavismo y que de hecho intentó, a través de un acto de fuerza, sacar a Chávez del poder. Al no poder desplazarlo de la escena, la oposición posteriormente volvió a la carga e intentó desconocerlo mediante una renuncia colectiva a participar en las elecciones en la Asamblea. El único resultado de ese torpe accionar antidemocrático fue dotarlo de fortaleza al chavismo en el escenario político venezolano.

En la cultura política venezolana faltó ese componente que hace factible a la democracia según Schmitter y Karl, esto es, “por un consentimiento contingente de los políticos que actúan bajo condiciones de limitada incertidumbre” (Schmitter y Karl, 1995). Según estos autores en una democracia el acuerdo informal que la sostiene supone que quienes ganan las elecciones no deben aprovechar esa superioridad temporal para dejar sin margen a los perdedores de poder ser opción de poder en el futuro o de tener influencia real en el sistema político.  Ese acuerdo a su vez establece que quienes pierden respetarán y dejarán gobernar a los ganadores sin conformar una oposición irresponsable y destructiva. El chavismo etiquetó como “escuálidos” a los opositores y no escatimó ningún esfuerzo para descalificar y desconocer a sus rivales como un cuerpo ajeno a la Patria. El último ejemplo más patético de esa puesta en escena ha sido la decisión de vaciar a la Asamblea Nacional mediante una maniobra legal. El encarcelamiento y persecución de los opositores ha sido también parte de ese menúautoritario en la cual pretenden gobernar sin reconocer la existencia de alternativas y haciendo todo lo posible para cerrarles el camino en el juego político.

"Cargar las tintas del desastre venezolano solamente sobre el chavismo, o peor aún bajo un marco ideológico que pretenda explicar la dinámica como resultado de un gobierno de izquierda, sería parcializar el asunto y errar en la cuestión de fondo".

La oposición, que desplegó también durante un largo tiempo un juego desleal que imposibilitó una democracia basadaen consentimientos tácitos, intentó iniciar una era distinta con su regreso al juego electoral y la conformación de una mayoría parlamentaria. El chavismo nunca reconoció la existencia de esa pluralidad legitimada en las urnasy aplicó toda zancadilla a su alcance para desconocerlacomo parte del sistema. La caída de la máscara democrática dejó a la oposición sin demasiadas alternativas.

En el plano multilateral, el Secretario General de la OEA no pudo doblegar, en el ámbito del Consejo Permanente, el blindaje que construyó el chavismo mediante la compra del voto de los países que se han visto beneficiados con el dispendio del oro negro a precios subsidiados, algo tan vital para sus pequeñas y dependientes economías. En el plano bilateral las sucesivas condenas en la región y el retiro de embajadores tampoco tuvieron mayor efecto sobre Maduro y los militares que lo rodean en esta cuesta en la que descienden exponencialmente hacia mayores niveles de autoritarismo.

El régimen pareciera estar entrando en su fase terminal y se muestra dispuesto a todo para sostenerse en el poder. La brutal represión a la movilización que despliega la oposición en las calles como último recurso para resistir es una muestra de la debilidad intrínseca del chavismo y de sulegitimidad en picada.  En este espiral no parece haber una solución pacíficaa la vista y el único resultado que se avizora es el incrementando de la lista de víctimas y los pacedimientos colectivos en la crisis humanitaria en la que navegan sin rumbo. Los aliados que lo mantienen respirando son el régimen chino, la rusia de Putin y la cuba de Raúl Castro. Es un final abierto en el que se pone en juego la suerte de una construcción democrática endeble que en la región podría sufrir otros retrocesos.

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