Añadir nuevo comentario

Los Mundos de Sigo Siendo

Javier Corcuera

“Esperen un momento, por favor. Le estamos tomando fotos para una entrevista.” Javier Corcuera enfrentaba la cámara con una mirada melancólica, casi indiferente. Llevaba puesta una chompa, jeans, zapatos de trekking.Si uno no lo conociera, hubiera pensado que se estaba fotografiando a un viajero, un poco a regañadientes, antes de tomar el bus. La vida de cineasta de Corcuera es la de un peregrino: transita entre Lima y Madrid, y sus filmes retratan los mundos de Palestina, los Estados Unidos, Irak, España, Turquía, Colombia y el Perú. Es reconocido por ser fundador del primer festival de cine de Sahara, tierra de nómadas por excelencia.

Sigo siendo, su última película, nos permite acompañar a Corcuera en uno de sus viajes. Con él recorremos las tierras del Perú, de la selva a la sierra, de los pueblos a las ciudades, de las casas a las plazas. Es una sucesión vertiginosa de lugares, colores y sonidos, en la que cada encuentro nos transmite la alegría de vivir de naciones variadísimas, que resultan estar rodeadas por las mismas fronteras. Al terminar la travesía, sentimos que hemos compartido algo irremplazable con cada una de estas personas, y queremos volver. Esto prueba quizá lo que hace de Corcuera un viajero excepcional: sabe sacarle el jugo a sus encuentros, y logra compartir su riqueza con quienes lo acompañan.

Sin embargo, el proyecto del viaje que es Sigo siendo empezó de forma completamente distinta. Tiempo atrás, el cineasta tenía planeado filmar el viaje de Amador Ballumbrosio y su familia a la tierra de sus ancestros: el Congo. Allí, querían festejar el retorno haciendo un concierto de música afroperuana. El sueño nunca pudo concretarse: la súbita enfermedad del célebre músico frustró ese épico regreso. Corcuera no olvidó la idea, y años después, en un encuentro en Ayacucho con el músico Luciano Chano Díaz Limaco, le contaría de la aventura truncada al África. Chano le propuso entonces retomar el tema del retorno a las raíces contando la obra de los grandes maestros ayacuchanos. La conversación pronto trascendió Ayacucho, y se habló de hacer descubrir todos los mundos del Perú. De esa charla entusiasmada nació Sigo siendo.

Una vez iniciado, el proyecto duró cuatro años: un plazo bastante cómodo para la elaboración de un documental tan complejo: “El tiempo siempre juega a favor del filme, porque es un proceso que requiere maduración”. Pero la producción de una película siempre cuenta con el azar de las circunstancias: “La realidad peruana nos dio regalos durante el camino. Cosas como el paisaje sonoro, los ruidos de Lima, de los pájaros, del viento, acabaron formando parte integral de la música de la película”. Gracias a esa aceptación de lo inesperado, Sigo siendo es un viaje lleno de sorpresas: pasamos de figuras conocidas y emblemáticas, como Máximo Damián o Carlos Hayre, a menos conocidas pero igualmente talentosas, que comparten ese mismo afán por dar más vida a la vida. Y es que Corcuera nunca buscó darnos un panorama exhaustivo de todos los músicos y todas las naciones del Perú, sino que “fue una elección desde el autor: escogí las canciones que más me gustaban, las que marcaron mi infancia, o tan solo las que enriquecían el relato que quería contar”.

Así como la película es un mosaico de culturas y de sensibilidades, el equipo que lo ayudó es también una mistura de organizaciones y de países. El trabajo de Corcuera para conseguir apoyo y financiamiento no fue fácil: “Hacer cine, y que sea visto, es muy difícil: es una industria dura, dominada por las grandes multinacionales”. Si bien el premio CONACINE para documental lo ayudó a financiarlo, tuvo que completar el costo con el premio Ibermedia, el apoyo de la televisión española, de la Junta de Andalucía, de las productoras “Laberinto”, “Vértigo” y “La Mula”, así como de la Universidad de Ciencias Humanas. A su vez, el trabajo de difusión y publicidad es apoyado por la Municipalidad de Lima (con anuncios en el Metropolitano y un preestreno en el Teatro Municipal) e Ibermedia, que transmitirá la película en los canales ibéricos internacionales.

“La mayoría de países provee una ayuda al cine: incluso en los tratados económicos más liberales existe la idea de la excepción cultural, la protección del arte nacional. No puede ser que el cine peruano, que se hace con dinero de los ciudadanos, no lo pueda ver nadie.” En efecto, Corcuera lamenta que la ayuda al cine peruano por el Estado se limite al premio CONACINE: si bien admira la política cultural de la Municipalidad de Lima, que no tiene precedentes, el cine nacional no puede subsistir solo de ella. En el mercado en el que vivimos, la inversión más importante es la publicidad, pues un riesgo mortal para una película es que nadie se entere de que existe: “Si una película no atrae el público suficiente durante su primera semana, la sacan de cartelera. Eso ocurre en el mundo entero: películas extraordinarias pueden desaparecer para siempre porque no tuvieron el dinero para pagar la publicidad”.

Javier Corcuera no cree en el argumento de que películas puedan sobrevivir exclusivamente de dinero privado y marketing, como Asumare: “También tuvimos una película que por primera vez en nuestra historia fue candidata a los Oscars, y se financió con dinero público”. El cine es una industria frágil, a la que se debe proteger sin discriminar géneros: desde el cine de animación al documental. “Hay que repensarlo todo, hacer una ley de cine, ver cómo poder hacer un cine mejor, para que llegue a las salas, a la televisión pública. El Perú debería inspirarse en la televisión nacional española, que transmite cine de su país en su programación. Necesitamos una escuela de cine; solo así podremos compartir experiencias entre cineastas peruanos.”

En su libro ¿Donde está el pirata?, el cineasta peruano Alberto Chicho Durant propone que la piratería favorece al cine peruano, pues permite al cine nacional e independiente llegar a un público más amplio. Javier Corcuera está de acuerdo: la piratería cumple un rol que otros ignoran. “Mis películas, por ejemplo, no han sido distribuidas por nadie: ni por un periódico, ni por un sello… no están en la colección de cine peruano. Los que conocen mis películas las han visto comprándolas en Polvos Azules.” Sin embargo, Corcuera no apoya toda forma de piratería: si el filme pirateado es distribuido antes de que termine de transmitirse en salas, puede significar un daño para las productoras más pequeñas, como las peruanas.

"Una película, sin importar el género, es una obra de arte, producto de un autor. No es un ejercicio de objetividad. Hay una mirada, que no tiene que ser ni puede ser objetiva"

El futuro va más allá de Polvos Azules: están apareciendo nuevas formas de hacer y ver cine. La pantalla grande está mudándose a la Internet: van a aparecer formas cada vez más baratas de proyectar películas. A su vez, el material de producción y posproducción cuesta cada vez menos, por lo que la creación audiovisual va a multiplicarse. “La era digital está marcando un antes y un después para el consumo de cine. Se vienen tiempos interesantes.” Gracias a esta revolución, el deseo del cineasta de crear arte, y el del consumidor de acceder a la cultura, encontrarán nuevas formas de conciliarse.

Esa futura explosión del cine le haría un bien inmenso no solo a esta industria, sino también al Perú en general. Corcuera cree en el valor de cada género del cine, entre ellos el documental, que es un medio indispensable para la memoria. Como dice el cineasta chileno Patricio Guzmán: “Un país sin documental es una familia sin álbumes de fotos”. El Perú adolece de falta de memoria porque no ha tenido los medios ni la voluntad de registrar lo que es. Muchas historias nunca podrán ser contadas, porque no se registraron cuando aún se podía: “Nadie hizo un documental sobre grandes personajes como Yma Sumac o Humareda. La memoria va desapareciendo conforme la ignoramos”. El deterioro de los archivos audiovisuales es otro problema gravísimo: los registros están dispersos y en mal estado. Por falta de cuidado, las antiguas cintas peruanas se van perdiendo y deteriorando.

El cine documental es un género especialmente frágil, que requiere de un apoyo específico: sufre compitiendo contra el cine de ficción, además de la obvia presión de los filmes internacionales. La década de 1970 fue una edad dorada para el cine documental peruano, gracias a la ley del cine del régimen militar, y Corcuera opina que sin una nueva ley este género seguirá condenado a la precariedad.

Sigo siendo fue un proyecto concretado gracias a la voluntad del equipo de Corcuera, pero también, y sobre todo, a las personas que protagonizaron su historia. Para el cineasta, estas personas son el público y la critica que él valora más: “Cuando alguna gente te regala un trozo de su vida, uno piensa mucho en la película que ellos quieren ver. Si no se terminan reconociendo en la película, si no se dicen ‘ésta es mi historia, ése soy yo’, entonces es una película equivocada”.

En cuanto al resto del público, aquéllos que van a ver la película atraídos por lo que promete, Javier Corcuera solo espera una cosa: que la experiencia los conmueva. Para él, el documental no es un simple ejercicio de registro objetivo: es, sobre todo, poesía: “Una película, sin importar el género, es una obra de arte, producto de un autor. No es un ejercicio de objetividad. Hay una mirada que no tiene que ser ni puede ser objetiva”. Un documental puede buscar una reacción del público, como la indignación, la curiosidad o el rechazo, pero esto es secundario. El documental no tiene que ser comprometido: existen documentales maravillosos que tan solo relatan el proceso de creación de un cuadro. La esencia del documental, como arte, consiste en regalar nuevas miradas.

Un documental, como toda obra de arte, tiene vocación de ser universal. Para Corcuera, no existe tal cosa como un “cine para festival”, totalmente hermético para el público comercial. “Sigo siendo, que tiene una identidad local muy fuerte, emocionó al público español. Pronto se proyectará en el festival de San Sebastián, y luego en toda España. Y también lo presentaremos en el festival de Corea del Sur, que es el más importante del Asia. Una película puede contar tu historia, hablar de tu identidad y ser apreciada por gente de otros países.” La misma universalidad existe en tópicos que se repiten en muchos de nuestros filmes, como el conflicto armado interno: “Eso me hace pensar en España, donde muchos dicen que se hacen demasiadas películas sobre el franquismo y la guerra civil. Yo pienso que, por lo contrario, ¡se deberían hacer más! La violencia política marcó profundamente nuestro país, y es perfectamente válido seguir hablando de eso”. Además, con el paso de los años nuevas generaciones y nuevas historias aparecen, con enfoques originales y muy suyos… Según Corcuera, el cine sobre el terrorismo está lejos de morir. Ésa es una gran noticia, porque la catarsis aún no ha terminado.

Los protagonistas de Sigo siendo pueden no parecer de características demasiado comunes: gran parte de ellos son personas ya mayores, que están tratando de conservar y valorar sus raíces. Esto, sin embargo, se explica tomando en cuenta el mensaje de la película. Sigo siendo es un título que remite a la memoria, a aquéllos que ya no están físicamente, pero siguen con vida en nuestra memoria e identidad, como José María Arguedas, Felipe Pinglo, Yma Sumac o Chabuca Granda. Para los protagonistas del documental, seguir siendo implica encontrar un relevo, pues, como dice Amelia Pandulo al principio de la película: “Si lo jóvenes no aprenden lo que hago, cuando descanse será como dejar mis cosas desordenadas”. La edad y la vida de viajes de esos protagonistas los hace merecer su lugar central en el relato: solo la distancia de las raíces hace que nuestra identidad crezca.
La juventud en Sigo siendo es receptora de esta tradición, y es con su energía y frescura que la renuevan y hacen suya, como la muchacha danzante de tijeras, o el pequeño aprendiz de Chimango Mares, que toca el violín en San Juan de Miraflores. La película de Corcuera cree en una tradición viva, que evoluciona y fusiona, vibrante y feliz, como el violín de Máximo Damián, que canta tanto a Arguedas como a los zapateadores de El Carmen. El Perú es una nación de naciones, y Corcuera sabe que es un proyecto posible.

No es sorpresa que la obra de José María Arguedas se presienta como el alma del documental. Incluso su título, Sigo siendo (kachkaniraqmi), son palabras suyas. Y es una exclamación vibrante que suena a una respuesta a la utopía arcaica de Mario Vargas Llosa, según la cual las tradiciones de las naciones del Perú terminarían por uniformarse para conseguir entrar a la modernidad. “Yo, la verdad, no entiendo lo que entiende Vargas Llosa por modernidad. Si significa perder la identidad, es algo muy preocupante. Carlos Hayre lo explica muy bien: ‘La música se defiende sola, y va evolucionando’. Seguir hablando en mi lengua materna es modernidad, que siga existiendo la poesía de Amelia Pandulo es modernidad”.

Por el contrario, Sigo siendo nos prueba que Arguedas tenía razón, que “una persona liberada del egoísmo puede ser de todas las patrias”. Ser un país de naciones no es lo mismo que ser un país dividido. El valor de un Perú que sabe mantener el color de sus tradiciones reside en que podrá dar más vida a la vida, con la poesía de todas sus sangres.

Entrevista