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Control de logros

Cuando el gobierno aparecía acorralado en una conga sin salida y empezaba a ser blanco de los mismos que impulsaron su campaña, incluso miembros de su propia bancada y cuando aún no acababa de recuperarse del sinsabor que dejó en algunos la salida del primer gabinete, de pronto una serie de éxitos comenzaron a sucederse:  las reuniones internacionales en donde se volvía a exaltar la fortaleza económica del Perú, la captura de Artemio y una recuperación, nada despreciable en los índices de aprobación presidencial. Algún columnista agudo y aguafiestas apuntó: cuidado con los triunfos que  algunos no los saben administrar bien y se marean. El antropólogo Ramón Pajuelo y el escritor Eduardo Adrianzen analizan este y otros temas de actualidad. 

¿Cómo crees que debería el presidente Ollanta Humala entender los logros que va consiguiendo en materia económica, con la captura de Artemio y sus índices de aprobación?

Ramón Pajuelo: Su aprobación tiene que ver con el hecho de que, a pesar de los cambios que ha habido en el gobierno, la gente haya sentido que se trata de una gestión responsable que no ha puesto en riesgo una serie de cosas como la estabilidad macroeconómica, por ejemplo. Pero los logros económicos son el resultado de haber puesto la economía del país en piloto automático. El logro consiste en la inacción. En mantener el orden de cosas y rumbo de ese orden de cosas. Sin embargo hay mucha expectativa en que este crecimiento económico que se ve muy claramente en el país, pueda ir de la mano con una serie de políticas de alivio a sectores de pobreza, políticas efectivas. Luego generación de economías locales y regionales que acompañe eso.

Hemos magnificado el significado de la captura de Artemio. La amenaza principal de SL consiste sobre todo en que se está reconstruyendo una fuerza política que más allá de la legalización por el JNE. Hace política todos los días disputando justamente sentidos comunes, sentidos políticos, organizaciones sociales frente a distintas instituciones y liderazgos políticos concretos. Frente a eso, no veo en realidad una estrategia. No veo que se trate de un gobierno que intente asimilar críticamente lo aprendido en esos años de guerra para poder alentar en el país una conciencia crítica respecto al pasado reciente y avanzar en términos de consolidar sentidos democráticos.

Eduardo Adrianzen: Los va a capitalizar para enfrentar problemas no resueltos todavía, sobre todo los que vienen por el lado de las regiones. A su favor tiene la mayor parte de gente de Lima, que no es precisamente de izquierda, que está tranquila sintiendo que el gobierno se ha desizquierdizado. Definitivamente los fantasmas que había en la segunda vuelta ya los disipó, se formó una imagen mucho más amable o mucho más fácil de digerir para los sectores que tenían medio de cambios radicales. Es en el interior de donde que van a venir las tensiones sociales de los próximos años.    

En la segunda vuelta se dijo más o menos, cómo iba a ser el plan económico y creo que se está llevando. No tiene nada que ver con las propuestas iniciales de Humala de hace unos años, pero sí se trata de lo que hablaba en la segunda vuelta. Siento que sí se está postergando o dejando de lado otros tipos de cambios en términos de inclusión. Me da desconfianza que los que eran sus enemigos ahora lo adoren. Dentro de esos enemigos políticos hay mucha gente que en realidad es la responsable que el país se encuentre en una situación de crisis política generalizada y de desconfianza. Estas alabanzas no me simpatizan mucho. Por otro lado, se ha dejado gente muy interesante por lo que hubiera podido ser un devenir en el gobierno un poco más tirado para la gente de izquierda. 

En el plano de gabinete se dieron varios cambios. Uno de ellos, la designación de Valdés como Premier. ¿Qué tan funcional le está siendo al Presidente?

Ramón Pajuelo: Le está siendo más funcional a los poderes desarrollados en el Perú durante 20 años de desarrollo de un modelo económico hegemónico en el país y que se ofrecía mejorar, reformar en lo que había que reformar.

Se trata de un personaje que expresa muy bien un tipo de político construido en  esos años de desaparición de ideologías y organizaciones políticas en el país. Un tipo de político cuyo sentido común es un sentido común muy poco democrático, que tiene una noción de resultados muy pragmática junto a una suerte de visión retrograda de lo que debe ser la organización de las cosas. En este sentido me parece un retroceso absoluto. Está bastante lejano de representar una articulación ideológica en el gobierno. Las inconsistencias del discurso nacionalista se reflejan finalmente en correlaciones de fuerzas en las cuales un sector tecnocrático, neoliberal, está logrando tener mayor hegemonía en el gobierno actualmente.

Eduardo Adrianzen: Es parte de ese viraje más hacia la centro derecha. O no sé si centro. Es un premier que va a hacer un poco lo que le diga (el presidente). Hay una confianza ciega que no le va a discutir y se va a verticalizar todo más. Insisto: a muchos sectores eso les fascina. No hay una cultura democrática todavía de que un gobierno no es un solo coro a la misma nota sino que podría haber también gente que quiera evaluar las cosas de otra manera y no por eso se la tiene que sacar. Dentro de esa lógica es un premier funcional a pesar que no tiene mucho de concertador. 

¿Consideras que la decisión de Javier Diez Canseco y Rosa Mávila de quedarse dentro de la bancada nacionalista es síntoma de madurez u oportunismo?

Ramón Pajuelo: Expresa la debilidad de la izquierda. En un país que fue un país en el que se desarrollaron las izquierdas políticas más fuertes de América Latina, fue un verdadero sopapo lo ocurrido en las décadas de 1980 y 1990 que generaron una crisis absoluta en sus formas de organización, en sus discursos políticos, pero sobre todo en el vínculo con los sectores sociales excluidos del país. Eso es lo que no se ha logrado reconstruir. Fue de una ingenuidad enorme que los sectores de izquierda considerasen que el discurso nacionalista del Presidente consistía en una alternativa de izquierda, que podía ser asimilable a una alianza más amplia con la izquierda. La salida de Lerner y de todo el sector de izquierda expresa muy bien eso, y ese cambio de la correlación de fuerzas al interior del gobierno. Si permanecen todavía es efectivamente por oportunismo político.

Eduardo Adrianzen: Javier Diez Canseco es un tipo que ha llevado una consistencia y una conciencia política toda su vida, le podrían acusar de cualquier cosa menos de oportunista. Piensan que es mala idea en este momento declararse enemigos al régimen u oposición de frente. Es como deslegitimar también tanta confianza que se tuvo. Todavía sienten que no suceden cosas que ameriten una ruptura tan radical. Están dándole un poco más de chance, un poco más de tregua a ver cómo va la cosa. Finalmente es muy difícil contentar a todo el mundo.

En la segunda vuelta no se enarbolaron los postulados de la izquierda más ortodoxa, sino de un liberalismo más light, más al estilo del liderazgo brasilero o argentino. El que ellos se queden da como una oportunidad de que las cosas no se radicalicen.

¿Consideras que el gobierno ya puso la última palabra respecto al Proyecto Conga?

Ramón Pajuelo: Hay una decisión política clara en el sentido de que Conga va. En relación a Conga tenemos nada menos que el cambio de un gabinete por intervención directa, además de los grupos económicos vinculados a Conga, de modo que allí hay una decisión política muy clara. Lo que se busca hacer ahora es legitimar una decisión política con resultados técnicos que de las evaluaciones en los distintos campos. Eso está bastante lejos de un escenario que pasa por el dialogo, por la búsqueda de consensos con los actores en relación al tipo de desarrollo que se quiere construir en el país.

No veo en los sectores sociales movilizados en las protestas sociales del país un sentido completamente anti minero o anti desarrollista. Lo que veo es el reclamo de pertenencia en igualdad de derechos y el reclamo de que sus nociones de desarrollo sean escuchadas y tomadas en cuenta. Sin embargo, desde la lectura del gobierno, lo que hay es un extremismo de talente izquierdista anti desarrollismo, cosa que no es cierto en todos los casos. Creo que eso es un error político grave. Y lo que está haciendo finalmente el gobierno es convalidar la continuidad del orden de cosas impuesto en el país desde 1990.

Eduardo Adrianzen: El problema con Conga también es que lamentablemente el opositor no es un líder que las tenga todas consigo. No creo que Gregorio Santos sea también el hombre más querido y popular de Cajamarca, ni creo tampoco que lo que él dice represente a todo Cajamarca. Si fuera alguien con el cual hay un consenso, la cosa sería distinta.

Los que rechazan Conga tienen muy buenas razones para rechazarlo. Están defendiendo su forma de vida, su sistema de vida, su economía domestica, están defendiendo cosas que van más allá de la prosperidad al estilo moderno. La gente del campo no quiere Conga, la gente de la ciudad de Cajamarca sí quiere. Para lo que es agro, para lo que es naturaleza, evidentemente Conga es letal. Para lo que es desarrollo es términos de dinero, de canon, todo eso, es buenísimo. Pero no necesariamente lo buenísimo es lo mismo para todo el mundo. Lamentablemente el líder que tienen tampoco es buenísimo para todo el mundo.

No creo que se haya dicho para nada la última palabra con nada de eso. El gobierno quiere que vaya Conga, evidentemente. En la medida en que sus rivales no tengan el consenso, lo va a lograr. Eso sí creo. Será la responsabilidad, finalmente, de la propia gente que no tiene líderes a la altura de sus reclamos.

Se pensaba que la campaña en contra de Susana Villarán era producto de un grupo derechista. Ahora que se han difundido los audios de  Gutiérrez ¿cuál es tu percepción al respecto?

Ramón Pajuelo: Hay que leer la situación del gobierno municipal de Lima en relación a las agrupaciones políticas que participan del consejo municipal. Éstas no están apoyando la idea de una revocatoria. Me parece que la gestión de Susana Villarán se encuentra bastante lejos de ser una gestión que colme las expectativas que había levantado pero de ninguna manera se trata de una gestión peor que la anterior. Creo que resulta todavía una gestión joven, pero hay ya ideas, proyectos muy interesantes y una perspectiva de ciudad diferente a la que había venido construyéndose.

La revocatoria responde a intereses más personalistas de grupos interesados en ganar notoriedad allí y creo que no va a ser posible recoger la cantidad de firmas necesarias, ni cuenta con el respaldo político para una cosa así. Lima no es una de las pequeñas capitales de distrito de provincia en el país donde se montan muy rápidamente procesos de revocatoria que resultan exitosos.

Ha cumplido en instalar una ética de la gestión pública con transparencia, con capacidad de dialogo en la gestión municipal, con posibilidad de generar una visión de ciudad, que sin embargo no es vista suficientemente. Pero creo que todavía no se han generado instrumentos específicos para implementar eso. Y allí resulta interesante ver una de las dificultades de la gestión: ¿cómo implementar ideas, intereses que resulten novedosos en la política peruana?

Eduardo Adrianzen: Dentro de lo terriblemente difícil que puede ser manejar Lima, no le van a perdonar el estilo de trabajo que ella tiene. No existe en el Perú una voluntad de querer ver las cosas en términos democráticos. Les fascina la cosa vertical. No hay todavía una mayoría que le guste el intercambio de ideas para hacer algo mejor, sino que se prefiere lo impositivo. Y como su estilo de trabajo no es así y, evidentemente, la concertación demora, los diagnósticos tardan y las cosas se tienen que hacer con tranquilidad para que salgan bien, jamás va a gustar el estilo de Villarán.

Nunca tuve duda de que todo esto eran unas ganas de fastidiar simplemente, de boicotear. El trabajo que se hace en la municipalidad me parece que es lento pero va seguro. Está enfrentándose con problemas que tienen demasiados años y las cosas no se resuelven de la noche a la mañana y finalmente son muchas mafias allí. No la tiene para nada fácil. Tampoco tiene un gran manejo político todavía. Es gente con buenas intenciones que quiere trabajar con buenas intenciones y evidentemente se tropieza con todo lo que eso significa dentro de un medio acostumbrado a manejarse de otra manera: a la coima, a callarse y dejar que el otro mande.

Si Susana Villarán quisiera contentar a todo el mundo, tendría que dejar de ser ella. Tendría que convertirse en una dictadora y eso no lo va a hacer. Ella dijo desde el principio que no iba a ser una dictadora, y la gente votó por ella y ganó, hay que dejar que trabaje como dijo que iba a trabajar. No vendió nada falso, no vendió mentiras.

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