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Cultura: Puntos de partida

El ex ministro de Cultura, Luis Peirano Falconí, presentó en enero la versión preliminar de los Lineamientos de Política Cultural 2013-2016 (Foto: mcultura.gob.pe)

Desde hace muchos años, intelectuales y trabajadores de la cultura y las artes de nuestro país han venido reflexionando en torno a los asuntos culturales y reclamando la urgencia de una política de Estado que enmarque la acción de planeamiento y gestión de proyectos culturales de distinta naturaleza.

Hace pocas semanas, el Ministerio de Cultura ha presentado una versión preliminar del documento “Lineamientos de política cultural, 2013-2016”. En él se encuadra el concepto cultura en dos definiciones, la primera referida a los usos y costumbres, formas de vida de una comunidad, y la otra más bien relativa a los objetos y prácticas fruto de la creatividad humana. Con este horizonte se proponen siete lineamientos a los que se le incorporan algunas acciones para impulsarlas.

Todos abren intensos escenarios de trabajo hacia adelante; baste mirar el primero de ellos: “impulso de una perspectiva intercultural”. La interculturalidad, aspecto central para poder reconocernos en nuestra diversidad, no es un tema sencillo: tiene que ver, entre otras cosas, con establecer relaciones democráticas entre culturas, superar la discriminación, el respeto a las minorías, la consulta a los pueblos sobre su proyecto futuro cuando éste pueda ponerse en riesgo de ser afectado, a no imponer un credo sobre el otro.

La interculturalidad supone inclusión social. Difícil punto. Nuestra rica pluriculturalidad torna más lento el proceso de asumirnos como parte de una misma colectividad. Valoramos nuestra artesanía pero no a quien la crea; apreciamos nuestra belleza natural, pero no al campesino que la cuida. Disociamos un valor del otro. Y eso no ayuda a crear conciencia del “nosotros”.

En ese sentido, la gastronomía, que en pocos años se ha posicionado excelentemente como bien cultural, ha acertado al ser presentada desde sus inicios como concepto de mixtura, es decir, todos los sabores, todos los estilos, todas las regiones, todas las sangres, en igualdad de condiciones en cuanto a propuestas culinarias. La comida está íntimamente ligada a su gente. Siempre hay un peruano o una peruana, de aquí o de allá, tras un plato de cebiche, frente a la sartén donde se fríe el tacacho o removiendo una vasija de chicha de jora. No hay modo de mirar los picarones sin mirar la mano que les da forma antes de soltarlos al aceite caliente. Y eso es, sin duda, una manera de ir asociando el valor del resultado con el valor de la gente que lo genera.

Por otro lado, los espacios públicos de entretenimiento, como los parques y las plazas, pueden también cumplir con esa fusión. Así, cuando vemos en el malecón de Miraflores que en los días domingos llegan a pasear todo tipo de personas, niños y niñas, jóvenes en patines, enamorados, adultos en bicicleta, provincianos, ancianos, vendedores, mimos, encontramos que de modo natural se adhieren al espacio, formando un único paisaje.

Somos todos. Somos uno.

Los lineamientos son puntos de partida que suponen un trabajo paciente y largo para el que habrá que encontrar estrategias de concreción.

Los gobiernos locales, que son las instancias estatales más próximas a las demandas ciudadanas, tienen un rol fundamental que cumplir, promoviendo las expresiones artístico-culturales de su comunidad, creando espacios y servicios culturales, velando por la defensa y protección del patrimonio, visibilizando a sus actores culturales, destinando presupuestos para la ejecución de esas actividades y no desviándolos, como suele ocurrir en la realización de ferias eventuales o fiestas en las plazas con animador contratado para que de tanto en tanto lance vivas al alcalde.

Poco o nada se podrá hacer si el ejecutivo no otorga los recursos que requiere para poder realizar sus planes y proyectos. En ese punto el Ministerio de Cultura tiene otro de sus grandes retos

Las artes, que tradicionalmente sirven de embajadoras para hermanar países, son excelentes herramientas para las acciones municipales orientadas al desarrollo. La promoción de las artes que ha puesto en marcha la Alcaldía de Lima, a través de un programa ambicioso para el impulso de las iniciativas de grupos de la periferia; la participación de artistas nacionales e internacionales en festivales como el FAEL, brindando incluso apoyo económico a proyectos creativos, entre otras acciones, demuestran con su práctica que el teatro, la danza, la música, y quizá más adelante las artes plásticas, como ya experimentó antes el mismo Municipio durante la gestión de Andrade, son maravillosas convocadoras no solo de intérpretes absolutamente diversos tanto en su etnia como en sus expresiones artísticas, sino del público que asiste, igualmente diverso. Todos juntos en una sola emoción. Todos juntos en un solo aplauso. Valioso referente.

El Gobierno chileno, a través de su Consejo Nacional de la Cultura, diseñó en el año 2009 un material realmente ejemplar y para tomar en cuenta si no queremos quedarnos rezagados. Se trata de la Guía metodológica para la elaboración de Planes Municipales de Cultura, con la intención de orientar la gestión cultural de los gobiernos locales, evaluar sus procedimientos y resultados con periodicidad, corregir el rumbo cuando sea necesario, visualizar nuevas oportunidades de desarrollo y apostar por ellas en pro del desarrollo cultural del país. Un documento detallado, preciso y didáctico de 59 páginas para que cada gobierno local pueda elaborar, ejecutar y evaluar sus acciones culturales.

Establecer vínculos estrechos con los gobiernos locales podría acortar distancias en la labor que tiene por delante el Ministerio de Cultura. Guiar a las propias autoridades municipales sobre el enorme potencial de la cultura para el desarrollo de sus pueblos; capacitarlos para el diseño, gestión y evaluación de planes y programas culturales.

Pero también es cierto que poco o nada se podrá hacer si el Ejecutivo no otorga los recursos que requiere para poder realizar sus planes y proyectos. En ese punto el Ministerio de Cultura tiene otro de sus grandes retos. En primer lugar, crear conciencia en el propio seno del Ejecutivo, para que sus congéneres logren entender que una opción de desarrollo no es sostenible sin la incorporación de la dimensión cultural; que el teatro, por ejemplo, tiene por misión mostrar comportamientos humanos, y que éste es una de las formas más entretenidas y didácticas de aprender a ser mejores personas; que la música, la poesía, la danza, las artes plásticas han sido creadas por el hombre para comunicarse con sus semejantes por otras vías que escapan a las racionales, y que no impulsarlas es quitar al pueblo una opción de crecer individual y socialmente.

Importantes son los lineamientos presentados por nuestra primera entidad cultural; ahora a trazar nuevos derroteros, nuevos puntos de partida.

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