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Javier Cercas: “El estado de bienestar es una conquista de la humanidad”

Ha escrito el libro más vendido en España, y no nos referimos a un libro de autoayuda ni esos de fácil lectura que han sido escritos luego de un estudio de mercado. Es uno que toca fibras muy sensibles de la sociedad española y que reflexiona sobre la historia y la guerra civil. Cercas es crítico, punzante y nada ortodoxo. Habla con una velocidad impresionante que no le resta profundidad ni agudeza a su análisis político y a su reflexión sobre las zonas grises y complejas del ser humano.

¿Con qué te confronta la fama?
Es que los escritores no somos famosos. Bueno, Vargas Llosa es famoso.

Sí, pero el éxito de Soldados de Salamina fue avasallador.
Es una cosa rara. Yo era un escritor completamente desconocido, y pasé de eso a ser demasiado conocido por la gente. Yo era escritor de provincias, no conocía a los escritores españoles ni a los de ninguna clase. Por una parte es una cosa fantástica porque de repente te ganas la vida como escritor, tienes lectores. Porque yo había escrito antes y no me leía nadie.

Y pasaste a vivir de eso.
Sí, me volví un escritor profesional, dedico mis mejores energías a escribir. Luego te creas tus enemigos, cosa inesperada sobre todo para un tipo que nunca había tenido un enemigo y que no tenía por qué tenerlos, ni sabía muy bien qué significaba eso. Y de repente los tengo y muy serios.

¿Qué cambia?
No cambia nada esencial. La presión, puede ser.

¿La has sentido?
Sí, en aquel momento decía que no, pero sí. Sabes que tus libros van a ser muy leídos, sabes que hay gente que te espera con toda la artillería.

¿Pensabas que tenías que sacar otro libro tan exitoso como Soldados de Salamina?
Ese planteamiento me parece erróneo. Lo que hay que hacer es intentar escribir el mejor libro que puedas. Yo si hubiese buscado el éxito con Soldados de Salamina no lo hubiese encontrado. Me sorprendió como a todo el mundo.

¿Qué es lo que ha calado del libro?
En Europa y Latinoamérica el libro ha sido muy elogiado, pero nunca fue un bestseller. En Inglaterra se vendieron 30 mil ejemplares, eso no es un bestseller. En España sí se vendieron 1 millón de ejemplares. Eso era inimaginable, nunca había ocurrido. Es que en España sí tocó una fibra que pertenecía al país y su relación con la historia, y en particular a la relación con la Guerra Civil. La literatura es forma y en Soldados de Salamina había una visión formalmente diferente, con unos instrumentos técnicos distintos y había una sensación de querer desenterrar el pasado.

La literatura te permite acercarte a personajes con los que no comulgas para nada, como Sánchez Mazas, el poeta falangista.
Me han tratado de revisionista, de medio fascista porque dicen que trato muy bien a Sánchez Mazas que es una persona. ¿Porque qué era Sánchez Masas, por cierto?¿Qué era Hitler? Era un ser humano como nosotros, y su mujer le quería, su secretaria decía que era muy simpático, y quería mucho a su perrita Blondie. Lo otro es hacer panfleto. Es que hay mucho idiota en el mundo. Como decía Hannah Arendt, nuestra obligación es comprender, lo que no significa justificar. Si comprendiésemos a Hitler sabríamos qué carajo había en ese tío. Había millones de comunistas que morían gritando el nombre de Stalin, y era gente idealista. Dostoevsky trata de comprender a psicópatas, a asesinos, muestra toda la complejidad del ser humano. La realidad en toda su complejidad está llena de sombras.

La Guerra Civil todavía sigue dando que hablar, y después de tanto tiempo todavía genera pasiones encontradas que han sido exploradas en el cine.
En el cine fue tremendo. Claro, y el libro contribuyó a la revisión del pasado. Mi generación no había hablado de la guerra civil. Simplemente no era un tema literario, era algo pasado.

Tampoco era un tema político. Hicieron la transición sin una Comisión de la Verdad, por ejemplo.
Pero que no hubiera Comisión de la Verdad no significa que se obviara. Al contrario, la transición se hizo porque se recordaba muy bien la guerra. Hay gente que dice que de la guerra no se habla en España. Eso es una mentira. Nuca se habló de otra cosa, tanto dentro como fuera. En el país el deporte más popular no es el fútbol sino la Guerra Civil o, en su defecto, el golpe de estado. El problema es cómo se trataba. Antes de que la censura se abriera, en España no se escribían novelas desde el punto de vista republicano. Había una visión monolítica, encerrada, una visión desde los vencedores.

¿Después de la muerte de Franco recién se puede hablar más claramente e incorporar la visión de los vencidos?
Solo en el momento en el que acaba la guerra. Porque la Guerra Civil no acaba en 1939, ése es un error gravísimo. En mi opinión acaba en 1981. De eso trata Anatomía de un instante, mi otro libro. En ese momento, con el golpe de estado se acaba la Guerra Civil. El franquismo no fue más que la prolongación de la guerra por otros medios. Cada día los vencedores seguían imponiéndose a los derrotados.

¿Y con el pasar de los años se hizo algo por esos derrotados, por las víctimas?
Toda la clase política en el país, los franquistas y no franquistas, desde los comunistas, socialistas, demos, todos estuvieron de acuerdo en que lo que urgía era crear una casa para todos que es la democracia. Sí, se trató de ayudar a las víctimas, porque tampoco es verdad que no hubo ayuda.

Fue un pacto nacional.
Sí, eso se hizo. No es verdad que hubiera un olvido. La gente no se olvidó, lo que no se hizo fue una utilización política del pasado que es muy distinto. Solo que eso no tenía que haberse prolongado en el tiempo como ocurrió. No puede ser que en el año 2000 España tuviera no sabemos cuántos cadáveres en las cunetas. No puede ser que no se haya resarcido por completo a las víctimas, aunque hay que ser justos y decir que sí se le dio pensiones, dinero. Pero sobretodo en el plano simbólico no fue suficiente. No hubo una reparación moral.

Uno de tus intereses más fuertes tiene que ver con la revisión de la historia reciente española para darle una nueva interpretación.
De hecho el libro que estoy escribiendo ahora tiene que ver con esto. Pensad una cosa: ¿quién ha lidiado mejor con su pasado en Europa y en el mundo? Sin duda los alemanes. Habermas crea una palabra - que no la puedo decir porque no sé alemán- que es la revisión permanente del pasado. Ellos empiezan en los años 60 a limpiar el pasado, revisarlo permanentemente y afrontarlo con ojos limpios. Eso no ocurre en los años 40, sino veintitantos años después.

Eso no se hizo radicalmente en España.
Soldados de Salamina aparece en el año 2001,y se forma un movimiento de proceso de la memoria histórica. Por si acaso a mí no me gusta nada esa expresión, creo que es equivocada. Este proceso consistió en liquidar el franquismo, resarcir a las víctimas, afrontar el pasado con todas las de la ley. Eso no se hizo en los años 60 y 70, y no sé si se debió crear una comisión de la verdad. Se hizo una ley de la que estoy en contra, porque una ley sobre la memoria me parece muy peligrosa, me suena a estado totalitario.

¿La ley era de reparación?
Sí, era para resarcir a las víctimas del franquismo, para desenterrar los cadáveres y que la gente pudiera honrarlos. Eso no requería una ley. Yo voté a Zapatero dos veces, que era el que impulsaba esto, pero igual estoy en contra. Lo que sí se debió hacer es que el Estado, o sea todos, cuando teníamos dinero – porque ahora ya se acabó- mandara desenterrar a toda esta gente. Bueno, con el consentimiento de los familiares, porque algunos consideraban que el mejor lugar donde podían estar enterrados era en el mismo lugar donde se cometió esa infamia asquerosa, donde los mataron como a perros.


Se generó algo terrible: una industria de la memoria

Has dicho que estás escribiendo sobre este proceso de la memoria.
Sí, porque ¿sabéis qué pasó? Se generó algo terrible: una industria de la memoria. Hay un escritor que ha hablado de la industria del Holocausto. No hay causa más justa que el Holocausto, pero hay quienes viven de eso y necesitan prolongarlo. El libro que estoy escribiendo es precisamente contra eso. Va a ser muy duro, así que no sé si deba escribirlo. No es un ensayo, es un libro raro que tiene partes de ensayo.

¿Quiénes se han beneficiado o han lucrado?
Mucha gente. Lucrar no significa necesariamente lucrarse económicamente ni moralmente. Voy a poneros un ejemplo: La ley de memoria esa- a favor de la que deberíamos estar en teoría- aunque era fría, tímida, distante con las víctimas, en realidad era un instrumento para prolongar esa situación en vez de solucionarla por la vía rápida, poniendo el dinero y luego empezar de nuevo nuestra relación con el pasado. El juez Garzón la ha llamado ‘la privatización de esta cuestión’ porque se hizo mediante un proceso larguísimo de subvención a las asociaciones de víctimas. Apenas se han hecho exhumaciones; ahora todo eso está paralizado.

¿Había un motivo para actuar así?
Estaba oculto. Desde la izquierda se trataba de mantener esa herida abierta para seguir aprovechándola políticamente. Yo les llamo los canallas de las buenas causas.

¿La guerra es consustancial al ser humano, o hemos entrado a un periodo de paz?
Que hemos entrado a un periodo de paz lo dice gente muy serie y yo no me lo creo. Cómo no va a ser consustancial al ser humano. Es verdad que hemos mejorado mucho. Por menos de la crisis de Crimea estalló la Primera Guerra Mundial. Nos hemos dotado de mecanismos de control. Yo le digo siempre a mi hijo que pertenezco a la primera generación de europeos que no han conocido una guerra. Durante mil años los europeos nos hemos estado matando sin parar. Hemos asimilado que la guerra no es un instrumento de solución de los problemas, pero de ahí a creer que todo está controlado no me lo creo.

¿Estarías de acuerdo con que en algunos momentos se deban dar procesos de amnistía en el Caso de ETA para cerrar las heridas?
Depende, cada caso es distinto. Por ejemplo, la amnistía que se dicta en el año 77 no era para los franquistas sino para la gente de izquierdas. No era una ley de punto final, sino exactamente lo contrario. ¿Sabéis cuál era el lema de los demócratas que venían del exilio durante la transición? Libertad, amnistía, estatuto de autonomía. Se pedía una ley para que la gente que estaba en la cárcel saliera. No se pueden hacer normas generales. Con los de ETA hay que ver.

Tú tenías un planteamiento concreto referido a la amnistía para ETA.
A mí me pegan unos, otros. Bueno, es igual. Lo que yo dije es que a los franquistas la democracia no les pidió que se hicieran demócratas, simplemente les pidió que dejaran de hacer el bestia, que dejaran el poder. Si querían seguir siendo franquistas allá ellos, siempre y cuando no tuvieran delitos, y a veces ni eso. Lo que yo digo de ETA es que no les podemos pedir lo que no les pedimos a los franquistas. Si ellos creen que ganaron o que han hecho bien no importa, con tal que dejen las armas, que dejen de matar.
Un momento crucial para los españoles, tan decisivo como el encuentro entre Sánchez Mazas y el soldado republicano que le salva la vida en Soldados de Salamina, es de la Transición. Cambió el país, pero no tocó algunas instituciones que se pudieron reformar.

Me gusta mucho esta idea de Berling sobre las verdades contradictorias, es decir, hay objetivos que son igualmente nobles pero que a veces no se pueden conseguir al mismo tiempo. La libertad y la igualdad son igualmente nobles pero al mismo tiempo contradictorias. Lo sensato es encontrar un equilibrio entre ambas. En el caso de la Transición española había que elegir entre la justicia absoluta y la libertad. La justicia absoluta era restituir el régimen que había sido abolido por el golpe de estado en 1936 y acabar con la Monarquía, juzgar a los que todavía estaban vivos. La clase política de ese momento, en primer lugar los comunistas – Santiago Carrillo, un personaje fundamental – y los socialistas dijeron ‘no vamos a hacer justicia absoluta, vamos aceptar la monarquía, pero vamos a obtener la libertad para todos con una democracia’.

¿Te parece correcto ese planteamiento?
En ese momento creo que ésa fue una solución adecuada, no me parece insensato. De ese modo se consiguió restituir la legalidad republicana sin decir que estábamos en una república. Yo no soy monárquico, pero me da igual una monarquía o una república. Ése no es el problema real. Prefiero vivir mil veces en una monarquía como la inglesa o la sueca que en una república como la siria. El problema es que quedaron cosas sueltas como, por ejemplo, la situación de las víctimas. Si Adolfo Suárez en 1977 planteaba una Comisión de la Verdad lo bombardeaban, habrían habido golpes de estado por todas partes.

¿Y cuándo fue el momento de plantear esa justicia absoluta: con Felipe Gonzáles?
No lo sé, o con Aznar. El mismo Felipe Gonzáles ha reconocido que debieron hacer mucho más. Aunque hay que reconocer que nadie lo pidió, ni siquiera las propias víctimas. La gente quería vivir bien, vivir en libertad, prosperar.

¿Cuál es tu posición respecto del independentismo del País Vasco y de Cataluña?
Soy antinacionalista, creo el nacionalismo es una peste. Yo soy un fricky de la democracia. Si en Cataluña hay más del 50%  que está a favor, iros tranquilos. Y tenemos un instrumento jurídico maravilloso que es la ley de claridad del Canadá, que plantea algo que todavía no se ha hecho en las democracias que es la posibilidad de secesión. La cosa es que esa mayoría no existe. En el parlamento catalán sólo el 19% de los diputados son inequívocamente independentistas. En Canadá y en Escocia son mayoría absoluta. Yo creo que la independencia de Cataluña y del País Vasco no les va a solucionar ningún problema. Lo importante es la democracia, a pesar de que en España tenemos una mierda de democracia, una democracia pobre que hemos ido estropeando.

Eres muy crítico de la izquierda de tu país.
Porque yo soy de izquierdas, también soy muy crítico con mi familia. La crítica empieza por uno mismo.

¿Qué es ser de izquierda para ti?
Yo sostengo que en Europa ser de izquierdas tiene algo de conservador en cierto sentido. Porque hay cosas esenciales que es necesario conservar: Debemos conservar el planeta, y esto no es una mariconada, esto es así. Yo detesto el ecologismo ornamental. Se trata de un tema central, Hay que conservar el estado de bienestar que es una hazaña, una conquista de la humanidad, y que en Europa nos lo estamos cargando. Hay que conservar Europa que es la única utopía razonable.

¿Has sido militante?
Nunca. En mi caso ha sido al revés. Los de mi generación fueron muy políticos en su juventud y luego se desilusionaron. A mí siempre me interesó la política pero nunca milité, siempre he sido una mierda socialdemócrata o algo así.

¿Un eurocomunista?
Es que el eurocomunismo no es más que una forma de la socialdemocracia: la aceptación de la democracia como sistema político, y la creencia de que el Estado desempeña un papel. La crisis que hemos padecido es la demostración absoluta de que el liberalismo bestia no funciona. Ésta se produjo por una desregularización de los mercados donde cada uno hacía lo que le daba la gana.

¿Cuál fue el mayor error de la izquierda española?
Un error fue el no haber valorado lo suficiente a los comunistas. Lo que ellos hicieron fue extraordinario. La Pasionaria, Santiago Carrillo que estuvo cuarenta años en el exilio, vieron morir a tanta gente. Pero el mayor de los mayores errores de la izquierda ha sido dejar la transición política en manos de la derecha.

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Entrevista